jueves, 19 de enero de 2023

Felicidades


El profeta” Sobre el amor y el matrimonio: (Khalil Gibrán)

 “Nacisteis juntos y juntos para siempre.

Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.

Sí; estaréis juntos en la memoria silenciosa de Dios.

Pero dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

Llenaos el uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.

Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga,

porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos,

porque los pilares del templo están aparte.

Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.”

(Khalil Gibrán)


Te celebro

 

No solo eres el protagonista de tu historia,

también lo eres de la mía.  

No sé cuántos eones hace 

desde que te conozco.

Probablemente nunca lo sabré

bajo este paraguas de existencia.

Solo sé que la primera vez 

que rozaste mi brazo

una energía que nunca antes había sentido,

lo recorrió de arriba abajo

y me di cuenta de ese hecho,

de que te conocía de antes.

Siempre noté familiaridad en tu mirada

y me he sentido cálida dentro de ella.

Amarte es un deber de mi alma.

Una brisa que refresca mi realidad,

que la hace más llevadera 

y mucho más bonita.

Estar solo es mejor que estar mal acompañado,

pero también es mejor

estar bien acompañado,

y tú eres esa compañía

que siempre nutre, cuida y reconforta.

No puedo agradecerte cada segundo

que me has dedicado,

o cada caricia que me hace sentir

tan cerca de ti.

He aprendido mucho contigo.

Las experiencias difíciles

han sido una bendición incluso,

a fin de cuentas,

me han traído hasta aquí,

hasta el ser humano que soy hoy.

Y me gustan mis cicatrices.

Las bendiciones que me has regalado

son incontables.

La mayoría no tienen un precio

y por eso su valor es incalculable.

Juntos, bebemos de este cáliz de amor

en copas separadas,

pues como bien decía Khalil Gibrán,

“llenaos el uno al otro vuestras copas,

pero no bebáis de la misma copa”,

esa es la forma más sana de amar,

del bien querer.

Y yo te quiero bien

incluso si no fueras mi carne.

Porque el lazo no es de aquí,

sino de nuestra verdadera naturaleza.  

Gracias,

por abrirme la puerta de par en par

y por brindarme la oportunidad 

de esta experiencia

a tu lado.


No hace falta decir te quiero,

he gastado esas palabras de tanto usarlas.


Hoy te celebro yo a ti.

 

 

Beatriz Casaus 2023 ©



martes, 17 de enero de 2023

Cuerpos

Primera entrada de este año. 

Me siento muy agradecida por vuestras lecturas. Por cada palabra leída que os haya evocado imágenes lejanas de la cotidianidad y hayan hecho caer el fino velo que existe entre el mundo de la poesía y el real, porque en el primero, todo es posible. 

Solo la imaginación da alas para volar. Y a mí la imaginación me ha ayudado tanto...

El verdadero éxito es conquistarse a uno mismo. Dominar, o al menos aprender a gestionar las emociones y empaparse de amor. 

Gracias a la poesía, uno está más cerca de eso.

 

Abrazos. 



Cuerpos

 

El silencio

imita losas de labios cerrados

corrompidos

por miradas dormidas

en un final que ya estaba

escrito

desde el principio.

 

Se repite el confinamiento,

esta vez de una mente

aprisionada en un cuerpo.

Como un esbozo

de un trazado mejor,

y un calabozo sin rejas.

 

Percibo cuerpos líricos

anidados

con lo inefable.

Vivir entre sus límites

es comprender

las fronteras desde dentro.

 

La lejanía de llegar a comprenderse

cuando se tarda una vida entera.

Y mientras inseguridad,

más dudas,

o más cansancio.

 

Liviana

formada

la sapiencia de un estado

más grande de conciencia.

Ser un sujeto sutil,

ser,

un fragmento

de un tapiz

o una célebre imagen

con la que se forma

una misma 

alma.

 

No hay guía

con rutas jalonadas.

La misma sepultura

entierra sueños,

desafíos,

gravedad

y los transforma

en simples ilusiones

que se hacen innecesarias

en el ahogo

de los años.

 

Los niños crecen,

los adultos,

envejecen.

Sus enemigos

son ellos mismos

en su afán de amar a otros

quedan abandonados

en horas desiertas.  

 

Levantan

cuerpos vacíos,

los inmortalizan

para la mente fidedigna

de un parámetro perpetuo.

Recordar

que nunca se podrá

dejar de nacer

o descubrir

que se nace

para dejar ir.

 

Pocos saben erigir

bases sólidas

sobre corazones edificables.

Los corazones no bombean

solo reparten ganas.

La mayoría se construyen

bajo un interés

tan indómito

como famoso,

la felicidad.

Pero esta se escabulle

entre los dedos

que tratan de retenerla,

solo existe

detrás de nuestro

rincón secreto.  

 

Sentidos hablan

de realidades individuales.

Se oyen

mentiras,

se ven atrocidades,

se tocan sin sentir,

no saborean

la verdad

ni se percibe el amor

con el cerebro.

 

Una montaña blanca

de deseos

que se sacrifican por una vida

conveniente.

Antes de ser clavados

sobre un suspiro sin aliento.

 

Estos, no son casas,

son ataduras de hábitos

que con en el transcurso

de los años,

pierden hasta la capacidad

de vivir.

Son como campanas

que resuenan

con los daños de otros,

como un rezo quebrado,

atado al dolor

que alguna vez 

se causó.

 

 

Beatriz Casaus 2023 ©


domingo, 25 de septiembre de 2022

Vale ser yo

 


Cumplir años me ha enseñado entre otras cosas, que la opinión de los demás, es solo es eso, la opinión de los demás. Hay casi ocho mil millones de opiniones como personas existen en el mundo. Solo son opiniones y cada cual tiene la suya. Ninguna tiene más valor ni es más verdadera que la otra. Por lo tanto, no darle importancia es una muestra de inteligencia. Siempre he basado mi valor en opiniones ajenas y eso solo me ha llevado a apartarme cada vez más de mí misma. A traicionarme de algún modo, descentralizarme y a proyectar en los demás una idealización más allá de toda realidad y lógica. Al darme cuenta de este nimio pero revelador detalle, la liberación que va a asociada a ello, es lo más esclarecedor que me ha pasado. No importa lo que hagas, la gente opinará sobre ello, y puedes ser malentendida/o, criticada/o, cuestionada/o, juzgada/o e incluso atacada/o. Y da igual, es solo su opinión. Ahora hago lo que siento y creo que es correcto basado en la creencia de que tomo las decisiones acertadas en las diferentes áreas de mi vida. Yo soy como yo soy y eso, y creedlo o no, es lo más importante que hemos venido a hacer. Ser quienes somos, saber de nuestro valor y simplemente, ser. Actuar según uno siente, cree y piensa, se llama coherencia y practicarla, es un hábito que otorga salud y un valor que suele faltar en nuestros comportamientos. Un abracito.


Vale ser yo.

A veces se hace difícil

apuntar la dirección de una lanza sin punta.

No se puede ser tan cobarde

como para no escucharse a uno mismo.


¿Y si el fin del mundo se produjera en mí misma?

Pues es solo mi mundo el que se rompe

dentro de un alegato encerrado

en una sepultura de por vida.


Nos han enseñado a resignarnos

mientras perdemos las ilusiones

que nos han permitido crecer

y no solo la comida,

cómo nos hicieron pensar.

“Para crecer tienes que comer”,

nos han dicho siempre.

Pues no.

Yo me nutro de esperanza, sueños e ilusiones

y si no las albergo en mis células,

mi vida no se puede pronunciar en mi boca.


Se desvanecen las palabras antes

de pronunciarlas porque me quedaría sin voz.

Muda y despierta a la vez no se puede estar.


He conocido las gestas de los héroes

que claman su verdad

y estas no son oídas por todos,

porque todos tenemos una idea diferente

de cómo deberían ser las cosas.


No es un fatuo final pronunciarse,

es no hacerlo y vivir bajo los entresijos

de los manejes ajenos.  


Yo solo sigo las exigencias de la justicia,

que no perdona ni un acto en el olvido.

No somos bellos por lo que callamos,

sino por lo que decimos en alto,

y, sobre todo,

por lo que nos decimos a nosotros mismos.


Luces y sombras son ajenas entre ellas.

Los cumplidos me encarcelan

y manejan a sus anchas.

Las críticas sin embargo son amigas,

porque siempre he sido mi principal verdugo.


No quiero integrarme en el río

de las opiniones de los demás,

porque me pierdo

y no sé dónde queda mi límite 

entre los otros y yo.


Se me hace difícil liderar mi vida de ese modo.

La vida no se puede transitar en modo pasivo.

O se vive, o se muere en vida

y yo ya he muerto tantas veces 

que me sé el camino.


Me suelo regañar a menudo por no entender

que el mañana no se puede regalar,

así que intento con arduo 

y casi hercúleo esfuerzo 

de hacer valioso cada despertar.


Beatriz Casaus 2022 ©




domingo, 26 de junio de 2022

Nadir

 "¿Estás seguro de que estamos despiertos? me parece que aún dormidos, soñamos" (Sueño de una noche de verano, William Shakespeare)


Sueños de una mañana

se acercan en la misma posición celeste

en la que sale el sol.

No es el zénit lo que acaricia el deseo,

sino lo diametralmente opuesto.

Su nadir, me atrae más y me embarca 

en dulces ironías

flotando como el aire 

enmarañado de pensamientos.

Se acerca esa marejada,

su mirada oculta y perdida

en los albores de mi memoria.

Allí donde caen los recuerdos al ser olvidados.

Todo lo recoge ese sol del horizonte,

se lo lleva el recuerdo palpitante.

Voy construyendo los pasos en libertad

mientras me levanto sola en esta habitación,

donde se han perdido los gemidos de un placer lejano.

Ya no me levanto por las noches

a contemplar las vísceras de los días caídos.

Los ojos me pesan como losas cargadas de costumbres.

Vivo sin esperar nada a cambio.

Vivo, por si pueden cambiar las cosas.

Las esperas nunca han sido lo mío

y sin embargo son mi mejor costumbre.

Es la noche la que me acoge

entre sus infatigables brazos de descanso.

Allí me puedo derrumbar si quiero

y ser un huésped en mi propia casa.

Lo más lejano del punto opuesto,

brillante, luminoso, soy,

porque no puedes ser amanecer

sin haber tocado el ocaso.

El mismo punto conecta entre una y otra cosa.

Es el declive del éxito lo que hace saborear la gloria.

Aguas bravas empapan los tiempos

en los que los soñadores

mirábamos por la ventana.

Todo es cuestión de intención.

Qué alimentar en los castillos

que cada uno se ha construido.

Las noches más oscuras acompañan 

a las mañanas más luminosas.

Luces y sombras son la misma cosa.  

No hay nada más placentero

que adentrarse en el propio hecho

de perderse para saber tu procedencia.

Solo los valientes caen para levantarse,

los que indagan en las profundidades

para conocer las superficies 

con soberana facilidad y desapego.

Todo llega cuando estás más lejos de algo.

Vuelve,

para tocar los oscuros espejos del nadir.

Robados de esperanza y consuelo.

De esa esperanza

de llegar a lo alto

para saborear el suelo.

 

Beatriz Casaus 2022 ©




domingo, 15 de mayo de 2022

La chica del fondo


Nunca se sintió princesa, sino más bien un G.I. Joe. No le gusta el rosa, ella prefiere vestir de blanco. No le gustan las joyas, ni la bisutería. Odia los pendientes de perlas. No le gusta hablar mal de otras mujeres. Si le preguntan cuál es su mejor complemento en un look, ella dice que un libro.

Le gustan los niños, los perros y los bebés, es lo único que ve por la calle. Pero nunca tuvo un sentimiento maternal muy desarrollado. Su anhelo u objetivo en la vida no ha sido casarse sino aprender más sobre la consciencia y sobre cómo evolucionar como ser humano y como alma. Se aburre soberanamente cuando los únicos temas de conversación de la mayoría de las mujeres con las que se relaciona giran en torno a sus hijos. Le gusta hablar de ideas suyas o de las que otros han escrito antes, cultura en general o sobre temas tabú como la muerte y las experiencias cercanas a la muerte, porque cree que son los únicos momentos en los que el velo se cae y se muestra la verdad.

No le gusta cocinar, ni compartir recetas. La pasta o la pizza no es su comida favorita. No le gusta la música salsa, el reggaetón o la bachata. Le gusta Chopin, el rock y las letras comprometidas o las creaciones originales. No le gustan los tíos cachas. Ni los muy guapos. Encuentra sumamente atractiva la bondad y la vulnerabilidad. No le gusta alardear de nada. Le gusta ser humilde. No le gusta ser el centro de atención. Se le facilitó un ego como quien reparte caramelos a la salida de un colegio y a ella le tocó uno lo suficiente básico como para que le permitiera utilizarlo para no llegar tarde a los sitios, saber la fecha que es o cosas mundanas por el estilo, porque si no, ella se considera de otro planeta. No se siente irremplazable o el ombligo del mundo. Cosa inhóspita en ese reparto de egos superlativos. Se queja de que conoce muy poca gente con poco ego.

Le gusta ser considerada con los demás y no hacer sentir de menos. Todo lo contrario, le gusta hacer sentir bien a todo el mundo a su alrededor. Su propósito es ser feliz haciendo feliz. No le gusta el idioma francés. Le gusta la sutil musicalidad y delicadeza del idioma portugués. Cuando algunas mujeres le indican sus gustos sobre Netflix y todos giran en torno a telenovelas sudamericanas que ni siquiera aparecen en su lista de sugeridos (la propia plataforma sabe que no le despiertan ni el más mínimo ápice de interés) ella les comenta para su sorpresa, que lo último que ha visto en Netflix han sido cuatro documentales, el último, muy interesante, trata sobre un ensayo clínico con setas alucinógenas en personas que sufren depresión desde hace más de dieciocho años y la frustración que sienten tanto doctores implicados en el estudio como los propios voluntarios al no poder continuar con esos tratamientos que han comprobado que sí funcionan pero que están prohibidos.

Disfruta mucho estando con gente, pero ama estar sola. Se considera honesta y sincera, leal y devota. Si alguien no le cae bien se le nota, no puede ser hipócrita. No le gusta hablar de la gente a sus espaldas. Vive sola y sin embargo lleva diez años con su pareja. Cree que la convivencia es un error. Pasa muchos días seguidos junto a su pareja, pero el espacio de cada uno, así como el tiempo de cada uno cuando lo necesite, le parece vital. No le gusta mandar a los demás o hacer que hagan lo que quiera. No es sutil ni sibilina. No le gusta convencer a alguien de nada. Si tiene un mal día no lo paga con nadie, en el peor caso, no sale de casa y así no tienen que aguantarle. Le gusta sudar, hacer ejercicio y no poder hablar si va corriendo. No le gusta hablar hasta por los codos. Le gusta el silencio y a veces hace ayunos de silencio. Le gusta hablar bajito. Le gusta viajar, pero no le gusta aparecer en las fotos de sus viajes. Nunca ha estado en París, y sin embargo muere de ganas de ir a Nueva Guinea o los destinos de los que nadie habla. No le gusta planear los viajes. No le gusta planear nada. Le gusta la improvisación y no saber qué va a pasar. No le gusta hablar por teléfono ni por WhatsApp. Le gusta mirar a la gente a los ojos y cogerles de la mano si comparten con ella algún dolor. Le gusta ir a los restaurantes caros, pero disfruta igual en una tasca o una franquicia. No se fija en los detalles de las cosas, no es observadora. No necesita nada caro en su vida. No distingue una gama cromática más allá de los colores primarios.  No le gusta criticar, juzgar o analizar la vida de nadie. Le gusta decir a las demás cosas bonitas. No le gusta que las personas tengan que adivinar qué le pasa. Le gusta la vida sana, pero se ha emborrachado en incontables ocasiones en su vida. Alguna vez le han tenido que llevar a casa y acostarle o sostener su cabeza para vomitar. No le gusta decir no, cuando quiere decir que sí. Le gusta hablar diciendo palabrotas. No le gusta ser políticamente correcta todo el tiempo. No le gusta opinar igual que la mayoría. Le gusta pensar por sí misma, por eso no ve la televisión. No le gusta sentirse la más guapa, ni tiene esa necesidad. Sus inquietudes son intelectuales y espirituales.

Es como esa chica del fondo de un local de moda, que se esconde tras una copa cargada de ron y poco Sprite, y que no para de tocarse el pelo porque se siente nerviosa si le observan. Lleva aún el abrigo en la mano porque no sabe cómo marcharse de una fiesta que no va con ella. La que se obliga a socializar. La que intenta pasar desapercibida, la que no necesita estar en la primera fila. De la que nadie habla al entrar. Pero de la que nadie se olvida, y no por lo bonita que es, sino porque cuando se la conoce, te das cuenta que no quedan muchas así.

 

Beatriz Casaus 2022 ©


**** Documentales y series recomendados de Netflix: End Game, Extremis, Surviving death, Doing Good, Magic Medicine, The Last Shaman, La asistenta, Pretend it´s a city, Life after death, El dilema de las redes sociales, After Death (con Ricky Gervais) The Crown, Anne with an E, Lo que el pulpo me enseñó, Stranger Things....***




viernes, 8 de octubre de 2021

Soy el camino

 "La vida de la mayoría de la gente está abarrotada de cosas: cosas materiales, cosas que hacer, cosas sobre las que pensar. Tienen la mente llena de pensamientos; un pensamiento tras otro. Esta es la dimensión de la consciencia del objeto, que es la realidad predominante de muchas personas, y por eso, su vida es tan desequilibrada" (Eckhart Tolle)


Soy el camino

 

¿Te vas a rendir justo ahora? ¿Ahora que has llegado hasta aquí?

No tengo fuerzas ya. No puedo seguir. Siento que todo es cuesta arriba, 

como si fuera a contracorriente. ¿Para qué seguir?

Porque no hay otra alternativa. Seguir, es el único camino.

¿No me puedo rendir? ¿Qué otro juegue por mí?

No existe ningún otro.

Entonces me rindo, sin más. No tengo fuerzas.

No hay opción. Rendirse no existe tampoco.

¿Entonces qué es lo que existe?

Tú. Siempre. Por eso no te puedes rendir. Nunca acabas.

¿No hay final?

Solo eres y al ser, siempre existes. Por eso solo se puede seguir. Lo único que es, es el cambio.

Me apunto al cambio. ¿Cuándo llega?

Cuando sepas que tú lo eres. Porque eres todo lo que es.

Si yo soy el cambio, quiero verlo ya.

El cambio y el final, el inicio y el medio. Todo es. Mira dentro de ti. ¿Lo ves?

Solo veo una gran maraña, aquí no hay orden.

Por eso no ves el cambio.

Si no me puedo rendir, y si no veo el cambio, que pare todo ya.

¿Te das cuenta que no puedes parar lo que no eres?

Creí entender que era todo lo que es, y quiero que pare todo lo que soy.

Lo empiezas a entender. Ahora, sigue.

¿Y tú quién eres?

Otra parte de ti. Aquella que no conoce la confusión. Todo lo que no eres. Lo que no puedes parar.

¿Cómo puede existir lo que no soy, si soy todo lo que es?

Lo que es, también es lo que no eres.

Pues entonces siempre tuve razón, porque siempre me gustó lo que no soy.

En realidad, aunque no lo entiendas, incluso eres lo que no eres.

Si lo entendiera, dejaría de ser yo.

¿Ya tienes ganas de seguir?

Qué remedio. Es lo único que hay. Yo soy el camino.

 

Beatriz Casaus 2021 ©




sábado, 28 de agosto de 2021

Parece que el verano se ha acabado

“Si nunca te vuelvo a ver siempre te llevaré conmigo; adentro, afuera, en mis dedos, y en los bordes del cerebro y en centros de centros de lo que soy y de lo que queda.” (Charles Bukowski)


Dos noches opacas

disfrutan de este momento.

Pero no es disfrutar,

es matar la costumbre de sufrir.


He caído y reído a partes iguales,

como dos mitades de un precipicio.

Ahora lo nuevo llega tarde.

Y yo me sigo alimentando de ilusiones.


Es querer comerte crudo,

sin parabenos ni venenos varios.

Las superficies nunca me parecieron tan atractivas

como la propia esencia,

esa que deja de ser

cuando no he llegado aún a hacerme

una conclusión de ti.


Pues parece que se ha quedado buena noche

o que el verano se ha acabado

y a mí se me ha quedado una cara de tonta

con tu sonrisa…

esa que me dio de comer en su momento

y que aún me sigue dando hambre.


Ya toca recogerse,

apagarse la luz de este éxtasis

que ha durado más bien poco.

Da igual, 

me quedo con lo se queda,

tu mirada vacía de mí.


Pronto o tarde, 

pero siempre

hagamos de la felicidad

nuestra mejor costumbre.

 

Beatriz Casaus 2021 ©