jueves, 20 de octubre de 2011

Poesía en imágenes


Debo confesar que cuando salí de la sala de cine lo hice un poco aturdida. Acostumbrada a ver cine convencional, como una narración de historias con una línea narrativa central  enmarcada en un espacio-tiempo, mi cerebro aún no asimilaba muy bien lo que acababa de ver. Pero es ahora, dos días después cuando me doy cuenta de la belleza y el arte sublime que envuelve a la película. ¡Arte en estado puro!. Terrence Malick, el director y guionista de la cinta es un hombre enigmático que no concede entrevistas públicas, así que yo como soy muy curiosa me puse a investigar sobre su vida. Resulta que esta película es una pequeña autobiografía de la propia vida del director quien siendo joven perdió a su hermano menor y se sentía de algún modo culpable por ello. Una descarga emocional del propio Malick. Quizás Sean Penn sea su alter-ego, un hombre con un trabajo de buena posición pero infeliz en cuanto a su existencia. Las voces en off salen de la conciencia de los personajes y hay una evocación continua al sentido de nuestras vidas y la búsqueda de Dios. ¿Quiénes somos?¿Qué sentido tenemos?¿Dónde vamos?¿Qué papel jugamos en el universo? Cada vez que pienso más en la película me gusta más y me siento más identificada. ¡Es como ir  a ver un poema del gran Walt Whitman en imágenes!. Desde luego, es una apuesta innovadora de cine en el que no se concibe como una narración clásica, sino como todo un empape de sensaciones y significado trascendental. ¡Me encanta! Sobre la técnica, me apasionaron los planos contrapicados y picados. Malick utilizó mucha cámara en mano para hacer más íntimas las escenas con los protagonistas, y las imágenes de la naturaleza son prácticamente como estar viendo el poema “Hojas de hierva” de Whitman. Belleza pura y dura. Deja un sabor dulce de boca porque habla del perdón como la única forma de amar.
Esta película es una nueva concepción de cine que no a todo el mundo le va a gustar (algunos incluso abandonarán la sala) porque no es una película para ver un viernes por la noche con amigos y luego salir de copas.
Siento una gran empatía por Terrence Malick después de ver este largometraje, es posible incluso que si yo filmara una película, fuera parecida a ésta...me quito el sombrero ante la valentía de este hombre por rodar una película así en todos los sentidos.
¡Besitos gigantescos!
Beatriz Casaus 2011 ©

viernes, 14 de octubre de 2011

Sal a la calle, crea otro mundo

Hoy es la víspera del 15-O, fecha en la que se ha convocado a los ciudadanos a que se manifiesten pacíficamente por un cambio global y alzando la voz ante la situación actual del mundo.
Igual que se unen los depredadores del sistema financiero y se coordinan las estrategias de quienes controlan la política, así tendremos que unirnos las personas para alzar la voz por nuestros derechos.
Para quien le interese, os adjunto un vídeo del escritor Pedro Olalla explicando el otro lado de la crisis de Grecia y advirtiéndonos sobre el peligro mundial de que el control finaciero se haga cargo del control político, de cómo somos esclavos de los magnates del dinero, de que la crisis es un ataque organizado y la deuda un arma de sometimiento que nos afecta a todos. Merece la pena verlo y reflexionar sobre su llamamiento a ser disidentes. También os dejo el texto del vídeo. ¡Abrazos!






"En los últimos tiempos, el discurso político y mediático en España y en otros países europeos ha sido decir en tono de alivio: “que nosotros no somos Grecia”. Que nuestra cuenta de resultados es mejor, que los griegos en el fondo se merecen lo que ahora les pasa por ser vagos, rebeldes, propensos a huelgas y manifestaciones. Esperemos que ahora que la marea ha llegado a España y a otras latitudes, ahora que comienzan a recortarse allí sueldos, pensiones, derechos, prestaciones... los españoles y los europeos sopesen mejor su juicio sobre Grecia y tomen consciencia de la verdadera naturaleza de la situación que nos amenaza a todos y de su verdadero alcance. ¿Qué es lo que está pasando? En términos históricos lo que está pasando es que quienes controlan en el mundo el poder financiero se están haciendo con el poder político a través de la creación y explotación de la deuda. Y que lo están haciendo con la convivencia de nuestros gobernantes y ante la incapacidad de una reacción organizada de los ciudadanos. Por eso, el problema de Grecia, no es un problema de carácter local. Es la cara visible en Europa de una tragedia que nos afecta a todos. El progresivo desmantelamiento del estado y la democracia por parte de los agentes de la globalización económica. Lo que está pasando es muy grave, porque cuando las fuerzas económicas y financieras hayan conquistado por completo el poder político, desaparecerá la política como ejercicio de soberanía. La democracia será solo una grotesca quimera. Y gobierne quien gobierne, seremos todos esclavos de un puñado de magnates del dinero.

Resistir como ciudadanos frente este proceso, es el sentido profundo de todas las movilizaciones que desde hace año y medio aprox. ocupan día a día a gran parte de los griegos. El pueblo griego está dispuesto a hacer sacrificios, y muchos, pero poco a poco se está dando cuenta de que todos los sacrificios que se le exigen y se le imponen no van encaminados a acabar con un sistema perverso sino a alimentarlo y perpetuarlo. ¿Por qué? porque el plan de rescate organizado por el núcleo duro de la UE y el FMI que se nos impone como única y desesperada solución ante una bancarrota segura, es un plan diseñado para salvaguardar el beneficio de los especuladores, para minimizar sus riesgos y para abrirles el camino a apropiarse de la riqueza nacional. No es un plan para aliviar la situación del país, ni para generar desarrollo, ni para redistribuir más justamente la riqueza de todos. Al contrario, es un plan para que injustamente la riqueza de todos siga fluyendo cada vez hacia menos manos. Seamos claros. Lo que se nos presenta como crisis es en realidad un ataque económico organizado, y lo que se nos presenta como deuda, es un producto cuidadosamente diseñado como arma de sometimiento que da continuidad al colonialismo y perpetúa la misma violencia. Uno de cada 5 dólares de la deuda mundial se lo debemos al FMI y al banco mundial. Para quien tenga nociones de historia contemporánea, las prácticas de estas instituciones son de sobra conocidas en los países donde han operado hasta el momento. Si no, que se lo pregunten a Latino- América, África subsahariana, El Magreb, y países del sudeste asiático o a todos los del llamado “Tercer mundo”, que durante las últimas décadas, viven desangrados por un proceso creciente de acumulación de deuda. Mientras pagan por ello al primer mundo, siete veces más de lo que reciben en concepto de ayuda al desarrollo. Estas instituciones actúan como intermediarias financieras haciendo que a través de sus créditos, los inversores tengan mayor garantía de cobro frente a los países en los que invierten. La razón de los inversores es cobrar, pero como inversores privados no tienen ninguna garantía de que los países en los que invierten produzcan los esperados beneficios. Están sujetos al riesgo de la apuesta, y su derecho al cobro se limita a una parte de los beneficios y nunca, claro está, a una parte del patrimonio del país en el que invierten. Así pues, para cobrar con garantías, su objetivo es introducir en el país un agente de cobro capaz de transformar la especulación privada en deuda pública en su país. Esto es lo que hace la fundación del Fondo Monetario Internacional desde su creación. Para conseguir esto, hay que conseguir la convivencia de determinados políticos. Y esto es lo que han conseguido en Grecia. Ahora, gracias al efecto conversor del FMI, Grecia ya no le debe dinero a los especuladores privados directamente sino a otros estados, lo que hace el pago más complicado. Ahora hay que responder a esta dudosa deuda con el sudor de los contribuyentes, y lo que es más atractivo para los inversores, con la riqueza nacional que el propio gobierno se ha encargado de comprometer como aval más allá de lo recomendable del texto de los protocolos que hace poco acaban de firmar. Vamos a ver: ¿es Grecia el país más endeudado de Europa o del mundo como quieren hacernos creer desde hace tiempo? por supuesto que no. En deuda externa en millones de dólares ocupa el puesto 18, en deuda externa con relación al PIB ocupa el puesto 9. En deuda per cápita, ocupa el puesto 15, bien por detrás de Francia, Alemania, Inglaterra y Suiza, incluso bien distanciado de España. Tampoco ocupa el primer puesto en términos de deuda en cuanto endeudamiento privado, en cuanto a gasto público ni siquiera en cuanto a número de funcionarios. Eso sí, es el país de Europa con más alto índice de precios al consumo en artículos de primera necesidad y la mayoría de los griegos lleva mucho tiempo teniendo que recurrir a la familia, al pluriempleo y al trabajo precario para poder llegar a fin de mes. ¿Qué es entonces esa deuda? Esa deuda, en nombre de lo cual Grecia está siendo obligada a pagar el mayor préstamo de la historia de la humanidad, es en un 90% bonos del estado. Y los bonos del estado no son exactamente deuda, son mecanismos de inversión, libremente negociables en el mercado de valores. Es decir, apuestas con dinero en las que se puede ganar o perder y en esto hay una gran diferencia. Actualmente, el capital que se mueve en el mercado de préstamos a nivel mundial es de mil millones de dólares, mientras que la producción anual del planeta es de solo 57. Esta abismal diferencia es lo que explica la causa del endeudamiento. La causa no radica en el déficit real, sino en la necesidad de los 1600 inversores tienen que explotar el capital. En las últimas décadas, económicamente hablando, hemos construido un mundo que no es solo es injusto sino absolutamente absurdo. Sin embargo, parece que hay que hacer todo lo posible para que este sistema no se venga abajo. Así, sin ir más lejos, hace justo dos años, Grecia, rescató a los bancos con 70.000 millones de euros de los contribuyentes, dicen que para evitar desastres mayores. Y ahora, hay que rescatar también al sector financiero, nuevamente con el dinero de los impuestos de los contribuyentes. Mientras tanto, (atención) el 50% del dinero que se mueve en el mundo, lo hace a través de compañías offshore creadas en paraísos fiscales para evadir impuestos y para mantener el total anonimato de sus propietarios. Solo en Grecia operan más de 4.000 offshores y en los últimos diez años  se han fundado en el mundo, más de 1.000.000 de estas empresas, inventadas por los especuladores anglosajones. Al pueblo griego, siguiendo los dictados de la Comisión europea, del Banco Central y el FMI, se le suben los impuestos, se le recortan los sueldos, se les expulsa del trabajo, se le arrebatan sus necesidades sanitarias y sociales, se le impone la privatización de sus empresas estatales, se le obliga a poner en manos de inversores extranjeros la riqueza nacional de su país, se le fuerza a comprar armamento a sus acreedores y se le pide encima que pague “tasas solidarias”. Mientras, se está subvencionando a los bancos y ni siquiera se plantea la imposición de una mínima tasa del 0,1% sobre las transacciones financieras internacionales. Una tasa con la que podrían recaudarse anualmente más de 600.000 millones de euros, más de la supuesta deuda de Grecia, sin tocar el bolsillo de los contribuyentes ni el hambre de los pobres. Pero  esto no se hace, debe de ser inmoral. Mientras el mundo funcione así, ni los políticos ni los financieros tienen autoridad moral para imponer los sacrificios que plantean. ¿Qué podría hacerse? Me diréis. ¿Qué es lo que no se hace? Ante todo, llamar a la ciudadanía europea, (si es que existe), en Grecia, en España, en otros países europeos es hacer frente común contra el abuso. Exigir a los gobiernos que frenen a los especuladores o que se vayan a casa, que obliguen a los inversores a asumir el riesgo de sus descabelladas operaciones en vez de acudir en su auxilio con el dinero público cada vez que sea necesario para que siempre salgan ganando. Hay que pedirles que gobiernen en definitiva para el pueblo que les confía el poder y no para sus propios intereses. En el caso de Grecia, la ciudadanía europea debe apoyarla a negarse al reconocimiento de esa deuda. Cualquier plan de renegociación de la deuda será para terminar en quiebra y sometidos a las condiciones de los prestamistas. Todos, no solo Grecia. El camino del endeudamiento es un pozo sin fondo, como ya ha demostrado en repetidas veces. Así pues, hay que exigir que cambie la práctica política actual. Hay que detener de inmediato el pago de deuda. Hay que esclarecer el origen y naturaleza de esa deuda. Ver si hay culpables de delito entre los responsables del endeudamiento determinando en precisión qué parte de esa abultada cantidad no es sino una deuda odiosa contraída contra los intereses de la población de un país con el completo conocimiento del acreedor de acuerdo como Estados Unidos definió este concepto, lo acuñó en su propio beneficio tras la guerra con España por la independencia de Cuba. Una vez esclarecido todo esto, una vez castigados los culpables, se decidirá entonces con serenidad y con justicia, por medio de qué préstamos y de qué  medidas habrá que hacer frente a la deuda legítima. El déficit real del país en la última década, es solo un 4% de esa supuesta deuda. Una de esas medidas, por ejemplo, podría ser reclamar contundentemente las indemnizaciones de guerra que Alemania fue obligada a pagar a Grecia tras el final de la II G.M.  pese a la ocupación militar, las deportaciones masivas a los campos de exterminio, y a los más de un 1.000.000 de muertos que aún no han sido satisfechas. Otras medidas, más económicas y menos históricas, serían para empezar prohibir la operación de empresas offshore en suelo griego, bloqueando sus bienes y obligando a sus accionistas anónimos a identificarse y a tributar para poder desbloquear su propiedad. Es probable que la mayoría no se atreviera a dar la cara. También habría que exigir a los bancos que devolvieran sus rescates, habría que imponer tasas sobre las transacciones financieras internacionales, tasas justas sobre los vergonzosos depósitos en Suiza y en otros paraísos fiscales. Toda una serie de medidas tributarias para evitar el verdadero fraude, que es el que se produce a través de la banca, de las bolsa y de los offshore. Junto a todo esto, habría que replantear la propia relación con la UE con una moneda, el euro, que está diseñada con criterios neoliberales para la conveniencia prioritaria de Alemania, y otros socios. Si no reconocemos la deuda nos expulsarán de los mercados de un tiempo, nos boicotearán en lo posible, pero también nos ahorraremos el dinero de la especulación con los bonos, salvaremos gran parte de la riqueza nacional. Solo los intereses de los bonos para el año en curso son de 16.000 millones, lo mismo que se dedica en Grecia a la educación y a la sanidad. Si no reconocemos la deuda, en vez de alimentar la especulación, podremos hacer frente al déficit. Podremos respaldar la economía real del país, aliviar la presión sobre los ciudadanos, revitalizar el comercio, fomentar el ahorro. Sobre todo, nuestro sacrificio sí será entonces para echar abajo un sistema injusto y construir algo mejor. Y ahora, viniendo estas palabras desde Atenas, es cuando deseo pediros algo importante: que ante los abusos de la globalización económica, ayudéis a globalizar también la resistencia. La sociedad europea está muy dormida y acomodada en la gestión política de sus deficientes democracias. Sin embargo, necesita con urgencia hacerse progresista en sus convicciones y reaccionar con decisión ante los nuevos golpistas. Combatir con eficacia la injusticia y la ignorancia en vez de encubrirlas o favorecerlas de acuerdo con los oscuros intereses. Y esto debe hacerlo por el bien de todos, porque quienes disfrutamos más que otros de la libertad, del bienestar, de la cultura, tenemos esa deuda moral con el resto la humanidad.  Sí, reconozco que soy anti-sistema, porque no entiendo como en un mundo en el que 50 empresas acumulan mayor riqueza que 100 países, alguien solidario puede seguir siendo pro-sistema. En los tiempos que vivimos, nuestro sistema necesita, más que nunca, disidentes: gente dispuesta a pensar alto, a sentir hondo y a hablar claro. Un abrazo muy fuerte desde Grecia". 
Pedro Olalla. 5 Octubre 2011.

martes, 11 de octubre de 2011

Stay hungry, stay foolish

Una breve historia del autor OSHO sacada de su libro: “Coraje, la alegría de vivir peligrosamente” dice así:
“Un hombre que caminaba por la noche se resbaló de una roca. Creyendo que podía caerse miles de metros porque sabía que había un profundo valle, se agarró a una rama que colgaba encima de la roca. Lo único que podía ver por la noche es que estaba en un abismo sin fondo. Gritó, un eco respondió a su grito. No había nadie que lo escuchara. Podrás imaginarte la noche de tortura que pasó este hombre. La muerte estaba al acecho a cada momento, sus manos se estaban enfriando, perdía la sujeción, y cuando empezó a salir el sol, miró hacia abajo asombrado y se rió. No había ningún abismo. Diez centímetros más abajo había una roca. Podía haber descansado toda la noche, podría haber dormido bien pues la roca era bastante grande. Sin embargo había pasado una pesadilla de noche. A través de mi experiencia te puedo asegurar que el miedo no tiene más de 10 centímetros. Pero todo depende de ti: puedes agarrarte a una rama y convertir tu vida en una pesadilla, o soltar la rama y valerte por ti mismo. No hay nada que temer”.

El miedo es aquella sensación que nos paraliza en muchas ocasiones de nuestra vida. Mediante esta sensación nos creamos excusas para no hacer lo que realmente queremos y así vivir de forma segura y no arriesgarnos. Nos permite seguir manteniendo el tipo de vida fácil de la que tanto nos quejamos y la consecuencia directa de ello es que no evolucionamos ni crezcamos. Es una energía baja que genera en el individuo un estado en el que no nos sentimos capaces y en el que nos vemos poco valiosos tanto para amar, como para trabajar en lo que nos guste, o en última instancia, para vivir como realmente anhelamos. Nos hace seres vulnerables y manejables, marionetas para una sociedad basada en el miedo ya que, como bien saben los que mueven los hilos, mediante el miedo se nos puede manipular. Olvidamos nuestro verdadero potencial y por ello conviene saber que para vencer el miedo sólo hace falta lo contrario, el amor. El amor que encontramos cuando nos escuchamos en silencio y conectamos con nuestro corazón. Haciendo caso a nuestra intuición, que es la que nos susurra lo que queremos hacer tal y como apuntó Steve Jobs en su memorable discurso en la Universidad de Stanford en 2005: “Tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser. Todo lo demás es secundario.”
Yo personalmente intento combatir mis miedos enfrentándome directamente a ellos.  Cuando algo me da miedo lo hago hasta que se me vaya, e incluso lo hago miles de veces (aunque parezca incluso masoquismo) para restarle importancia. Por ejemplo, en 2009 viajaba en un vuelo a Londres y pasamos por unas turbulencias bastante malas, recuerdo que lo pasé muy mal, iba con una amiga y ni siquiera podía hablar. Desde entonces desarrollé una animadversión a volar cuando a mí desde pequeña siempre me había encantado. Así que desde entonces me propuse quitármelo y para conseguirlo, utilicé el avión como medio de transporte en cualquier ocasión que tuviera que viajar (si mi economía me  lo permitía claro), y puedo decir que aniquilé esa sensación completamente y que ahora disfruto muchísimo cuando viajo en avión porque siento como si de algún modo me metiera en una máquina del tiempo que me lleva a un lugar diferente del que procedo. Además lo de verlo todo desde la altura proporciona otra perspectiva de las cosas y el hecho de sobrepasar las nubes, me parece el mayor placer del mundo.

La mayoría de las veces nuestros miedos no son reales, son proyecciones negativas de la mente que nosotros nos imaginamos y que nos hacen vivir un auténtico calvario, tal y como le pasaba al protagonista de la historia de OSHO. Vivamos plenamente ofreciéndonos de corazón a nuestros seres queridos sin miedo a ser dañados y haciendo lo que realmente nos hace felices, porque cuando hacemos eso, se abren todas las puertas. Paulo Coelho en su archiconocido libro de "El Alquimista" así lo dice: “No te entregues a tus miedos, si lo haces, no podrás hablar con tu corazón”. y no hay nada que nos haga sentir más fuertes y poderosos que escuchar nuestra voz interior, nuestro corazón. Como decía Steve Jobs: “You´ve got to find what you love” y para eso hay que romper las barreras mentales que nos paran y arrojarse a la aventura de vivir ¡con OPTIMISMO!.

A continuación dejo el discurso de Jobs, os pido que lo veáis porque es 100 % motivador y revelador. Descansa en paz :) ¡Besitos a todos y feliz día libre mañana!

Beatriz Casaus 2011 ©

viernes, 7 de octubre de 2011

Marrón oscuro como el chocolate

Soy un hombre afortunado, nada en la vida me ha sido fácil”, Freud.

 Madrid, 1988.
En las intrincadas paredes de las habitaciones se esconden historias que entierran los fantasmas del pasado. Historias que se recubren de un tono crema pastel. Los recuerdos, como heridas manchadas de tinta negra que impregnan con su color los corazones de quien los albergan, existen en cada familia por acomodada o humilde que sea y muchos de ellos han sido enterrados en la mía. Me dispongo a ser la memoria perdida de mi abuela, quien parece no tener conciencia del transcurrir del tiempo mientras se pasa las interminables horas en su mecedora negra de madera. Mecedora de la que ni mi madre se ha conseguido librar tirándola a la basura. Como hace casi con todo en su particular afán por intentar deshacerse de sus preocupaciones.

Oviedo, 1971.
 
   Los colores vestían cada rincón de la casa. La cocina, pintada con un tono verde cálido como si de un cafetal colombiano se tratara, envolvía los aromas de las especias que mi madre impregnaba en demasía en todas sus comidas caseras. La biblioteca, el único lugar de la casa al que mi padre no pisaba, daba sensación de hastío nada más entrar. Estaba atestada de libros con tapas rojizas que mi padre se obsesionó en forrar, al igual que las paredes, recubiertas de una madera rígida de tonalidad roja cereza. Conocedor de que el rojo producía la sensación visual de acercar los objetos y de frenar impulsos, y que por ello se utilizaba a modo de stop en la luz de los semáforos, pensó que si forraba todos sus libros de ese color, podría parar el hambre atroz que mi madre albergaba por la lectura. Los cuartos de baño, decorados con muebles refinados de un blanco inmaculado al igual que las baldosas de mármol y los azulejos, trataban de emular un aspecto virginal para mostrar decoro en el único sitio de un hogar en donde uno podía estar totalmente desnudo. Los pasillos, largos y estrechos y en donde siempre hacía mucho frío, parecían templos griegos por la multitud  de columnas jónicas innecesarias que lo adornaban. Los marcos de las puertas estaban pulidos a mano y bañados en oro. La casa estaba repleta de muebles de estilo isabelino y decorada con un gusto exquisito por mi abuela que fue decoradora de joven, y era motivo de envidia para la gente del pueblo, en especial para las señoras que a veces le pedían sal o limón a mi madre como excusa para entrar y ver la casa.
 Sin embargo, aquella gente no sabía que en ese hogar se enterraban cosas, sentimientos. Mi padre provenía de una familia militar y cuando hablaba, lo hacía como si estuviera dando órdenes constantemente. Daba igual lo que pasara o cómo te sintieras porque todo estaba bien y si no era así, no se decía. No se podía hablar de nada más que del tiempo, o de temas triviales. La política era un tema tabú al igual que lo relacionado por supuesto con el sexo o las emociones.  Allí nunca pasaba nada, o más bien, se ignoraba. A veces a mi madre le daban ganas de aporrear las puertas de aquella carísima madera de roble o de romper a pataletas los baldosines de gres esmaltados y gritar a pleno pulmón, pero tenía la extraña sensación de que aunque lo hiciera, nadie le daría importancia y de que los tabiques eran demasiado anchos para que nadie en el exterior oyera lo que pasaba ahí dentro.
Yo aún estaba en el vientre de mi madre pero intuía a ciencia cierta que no era un bebé deseado. Mi madre no dejaba de fumar e incluso lo hacía mientras cocinaba y mi padre le gritaba constantemente que apagara el cigarrillo. Mi padre odiaba el tabaco, le recordaba a la gente de la ciudad y él odiaba la ciudad. No aguantaba la polución ni la gente desconocida, así que cuando le diagnosticaron a mi abuela su enfermedad respiratoria, encontró la excusa perfecta para mudarse a un pueblo. Aún no sabían cómo iban a decorar mi cuarto ni de qué color iban a pintar las paredes y discutían entre el rosa o lila por si naciera niña o el azul o verde claro, si fuera varón. Peleaban por todo  y mi madre se empezaba a esconder en la cocina a llorar. Mientras tenían sus discusiones, mi abuela deambulaba por la casa hablando sola. Decía que perdió muchas cosas en la vida, un novio en la guerra que se parecía a Clark Gable, a su madre cuando era muy joven y a una media-hija por un mal hombre. Cuando mi madre intentaba consolarla, ella le repetía que no hacía falta, pues la vida se le asemejaba a aquellas películas de Nicholas Ray de los 50, en las que los finales no siempre eran felices. Por eso rehusaba ver películas. Una vez vio “55 días en Pekín” y no concebió que Ava Gardner al final de la película se muriera, así que desde entonces se negaba a ver las películas terminar, incluso si estaba en el cine. Bastante tenía ya con la vida real como para pagar para ver dramas, le decía.
Mi madre lloraba mucho, empezó a hacerlo no sólo en la cocina, sino en toda la casa pero lo hacía a escondidas, tragándose los sollozos. Comía mucho chocolate por sus antojos y por la pequeña satisfacción instantánea que le daba y engordó unos kilos. Mi padre le decía que aunque estuviera embarazada no le gustaban las mujeres gordas y que cuando diera a luz empezara una dieta estricta y se quedase tan delgada como cuando se conocieron. Aquello provocó más ansiedad en mi madre y siguió comiendo chocolate, en mucha más cantidad.

Madrid, 1988.
Me pregunto cuál es la razón por la que algunos padres tienen hijos. Algunos tratan de arreglar sus matrimonios con una inocente criatura de por medio y eso les convierte en cobardes y en crueles. Debería existir una ley que prohibiera a las personas no cualificadas para ello tener descendencia, una ley que promulgara unas condiciones mínimas de afecto y una educación adecuada y específica para cada niño. Es injusto cómo algunos padres tratan a sus hijos. Mis padres fueron modélicos a los ojos de los demás, una familia perfecta en la que ninguno de sus miembros daba problemas, pero detrás del color crema pastel de los tabiques de la casa, se escondían muchos gritos y emociones castradas.
Cuando yo nací, mi madre pintó mi habitación de un color diferente al que tenían pensado aunque le costara una bofetada de mi padre. Rehusó del dulce rosa pastel con el que querían adornar sus vidas, y decidió pintarlo todo de un color feo y nada correspondiente a la habitación de un recién nacido: de marrón oscuro, como el chocolate que tanto placer le daba. Le parecía un color honesto, capaz de expresar cómo de verdad se sentía. Ahora entiendo por qué mi madre se identificaba con ese color. Cuando las emociones se guardan y no se sacan a la luz se vuelven oscuras y carcomen por dentro.  Mi abuela dice que el chocolate es uno de los mayores placeres de la vida porque es el único alimento que te hace sentir instantes de felicidad, aunque su color sea feo. A veces las cosas que nos hacen felices no son bonitas a los ojos de los demás. También me dice que  todas las emociones son buenas, porque sino... ¿para qué están?.
FIN.
Beatriz Casaus 2011 ©
Inspirado en la obra de teatro "Todos eran mis hijos" de Arthur Miller.


jueves, 22 de septiembre de 2011

La astrología, o la ciencia más antigua del autoconocimiento

(Después de que varias personas me lo pidieran, por fin me decido a hablar por escrito a “grosso modo” de este tema que me fascina y del que estoy segura que todos sienten aunque sea como mínimo, un poco de curiosidad. Espero que os guste y que toméis en cuenta que lo hago desde el más profundo  respeto y sin ánimo de ofender a nadie, justo al contrario, intentaré que se despejen dos puntos que han hecho mucho daño a este saber ancestral, el cual, los que me conocen un poquito saben que me apasiona, ¡Abrazos!.)

  La astrología es una ciencia antiquísima que se utilizaba y calculaba en diferentes partes del mundo y en culturas tan dispares como la antigua Mesopotamia, Babilonia, Egipto, Grecia o la India, hace ya más de 5000 años. Por aquel entonces no existía distinción entre astronomía y astrología pues ambas corrían a la par para los sabios y entendidos. Para Platón incluso, los estudios de astrología, geometría, y la música eran los grandes umbrales a la realidad eterna.
Existe una gran confusión en torno a este saber milenario así que me centraré en aclarar dos puntos: el primero, la injusta mala fama que le precede y el segundo, la identificación total que se hace con el signo solar.
 Prácticamente desde sus propios orígenes, constatamos una triple perspectiva en lo astrológico: la científica, adivinatoria, y la supersticiosa. Las dos primeras se fueron separando entre sí y se divorciaron de la tercera que fue repudiada por los practicantes cultos del saber astrológico. El objeto de su conocimiento es el universo que habitamos y su relación directa con los seres humanos. Es decir, el universo como cosmos, que conlleva la idea de armonía cósmica. La astrología es una apuesta de conocimiento, una apertura desde lo racional a los nexos Hombre-Cosmos o Tierra-Universo :)
Sin embargo a lo largo del tiempo, ha sufrido el impacto del mercantilismo y las ansias futuro-mánticas. En la actualidad, está considerada como la hermana pequeña de la astronomía e incluso no está reconocida como ciencia ni goza de muy buena reputación debido a que estamos acostumbrados a relacionarla directamente con el mal-logrado horóscopo de los periódicos. Desafortunadamente, es utilizado por personas sin conocimientos que se llenan los bolsillos haciendo predicciones al azar o el tipo de astrología tan al gusto de los medios de comunicación que es una caricatura esperpéntica de la astrología cabal.
La astrología es todo un saber enfocado al autoconocimiento y un camino para el entendimiento de nuestra propia psique. La persona estudiante de astrología tiene que tener un gran apetito de conocimiento porque lleva décadas conocer en profundidad sus intrincadas combinaciones. Interpretar una carta astral es casi un arte por toda la investigación y el tiempo que requiere. El conocimiento astrológico, está actualmente bajo reconocimiento oficial con su correspondiente titulación en diferentes universidades de Inglaterra y engloba la actividad investigadora, el compromiso formativo y el interés por la práctica. Esta formación abarca desde las matemáticas y la astronomía hasta la historia de las religiones, psicología, simbolismo y técnicas y metodologías astrológicas.
  El otro tema a aclarar, en el que todos hemos caído alguna vez en él debido a nuestro desconocimiento, es el de la identificación con nuestro signo solar. Es decir, si una persona nace entre el 24 de septiembre al 23 de noviembre se le reconoce como Libra y se debe identificar con todos los atributos del signo sin tener en cuenta todos los infinitos detalles y especificidades del resto de planetas y signos y casas que configuran toda su carta astral.
El sol en nuestra carta es de suma importancia, una similitud con el Sol de nuestro mundo físico, pues porta vida y luz a toda la tierra y es por ello el astro más importante. Pero para comprender la astrología y en concreto nuestra carta astral personal, no es más que un detalle en el conjunto del entramado. Así son de suma importancia la posición de nuestra Luna, el Ascendente, Marte, Mercurio, Venus, Saturno o de los planetas trans-personales como Neptuno, Urano y Plutón. Además de las casas en las que se encuentran dichos planetas o de los aspectos que se producen entre ellos, es decir: conjunciones, oposiciones, cuadraturas, trígonos, quincuncios, sextiles, semi-sextiles... por ello, una persona Sagitario puede ser la pareja ideal para una persona de signo solar Piscis porque puede que el conjunto de sus respectivas cartas astrales estén en armonía o se complementen. Hay personas que dicen: “Yo me llevo genial con los Tauro, todos mis mejores amigos son Tauro pero yo soy Géminis.” Quizás ello sea debido porque aunque se trate de un signo solar Géminis,  diferente del elemento de Tauro, que es Tierra, es posible que su Luna o su Venus estén en Tauro o en un signo compatible con él... y así podríamos hablar de millones de combinaciones.
Es importante que se aclare por ello, que aunque una persona tenga su signo solar por ejemplo, en Capricornio, no significa que sea únicamente reservado, frío, trabajador hasta la extenuación y responsable. Todos conocemos personas de las que nos hemos preguntado si realmente nacieron en esa fecha porque no nos cuadran con el estereotipo de su signo. Por ello repito que es muy importante conocer todos los demás detalles de su carta. No todos los Géminis son mentirosos, falsos y con tendencia a la bipolaridad, así como no todos los Virgo son perfeccionistas, detallistas, y críticos al extremo. (Si no, que me lo pregunten a mí porque no me identifico para nada en esos atributos...) Es cierto que algunas configuraciones provocan desequilibrios. En el caso de un Géminis con una difícil configuración, pueden ser muy sonrientes pero poco fiables o falsos. Un acuario con alguna configuración difícil puede tener brotes de neurosis o ser lo más excéntrico del mundo o un Leo puede ser un tirano y egocéntrico. Es importante investigar todos los componentes de la carta, reconocerlos y saber sacar partido de los buenos. A grandes rasgos el signo solar Géminis es tremendamente divertido, Acuario es innovador y comunicador y Leo es extrovertido y leal pero hay mucha más información detrás que se debería apreciar y conocer.
Me gustaría aclarar que aunque sea un tema interesante no nos debería condicionar. No nos debemos limitar por la astrología ya que sólo debe ser una herramienta más para conocernos. La verdadera máquina que mueve nuestras vidas es nuestro propio pensamiento y la fuerza de nuestra voluntad. Somos mucho más que un zodiaco y nuestro valor es incalculable. Todos somos dueños de nuestra vida y nuestro destino lo construímos día a día, así que pongámonos manos a la obra con toda la positividad posible y construyamos una vida que nos satisfaga. La astrología puede ayudarnos a tener consciencia de algunos detalles de nuestra personalidad, pero esos detalles, es importante señalar que se pueden mejorar o cambiar. El poder es nuestro y nosotros los auténticos portadores de todo lo bueno que queramos en nuestras vidas.
¡Namasté!
Beatriz Casaus 2011 ©

jueves, 15 de septiembre de 2011

Una bola que ha tenido mucho bolo: "La media naranja"


Ya el concepto en sí, basado en la metáfora de una media naranja, en vez de una fruta completa, me parece desacertado.

El dramaturgo Aristófanes en la Grecia Clásica fue el que introdujo el término, refiriéndose al principio de los tiempos cuando los seres eran esféricos como las naranjas enteras, pero su vanidad les llevó a enfrentarse con los dioses y Zeus los castigó partiéndolos en dos, por lo que en adelante quedaban condenados a buscar entre sus semejantes a su otra mitad. En nuestra cultura, esta expresión ha quedado muy enraizada y se nos habla acerca de esa pesquisa o de la suerte que tienen los que la han encontrado. Sin embargo, he llegado a la conclusión, a base de unos cuantos tés y de alguna que otra charla distendida, que es casi una quimera encontrar a lo que se conoce coloquialmente como nuestra “media naranja”, sencilla y llanamente, porque somos naranjas enteras.

Desde nuestro prematuro contacto con el exterior, se nos ha alentado con el pensamiento de que hay alguien allí fuera que contiene todos los componentes que faltan en nuestro puzzle. Esta concepción, alude a una falta de plenitud en nosotros mismos que solo podemos hallar mediante la unión con otra persona. Yo creo que esta idea es completamente falsa y perjudicial para la construcción de una relación sana. En primer lugar, cada ser humano es completo en sí mismo y goza de atributos positivos (conocidos por virtudes, fortalezas…) y componentes negativos (defectos, cualidades a mejorar o de las que aprender, rarezas) además de componentes neutros (los que hemos aprendido de la sociedad para vivir y que han sido imitados en el aprendizaje y que no consideramos ni buenos ni malos) si bien es cierto que en la interacción con nuestras personas más allegadas tendemos a contrarrestar nuestros desequilibrios en consonancia con los desequilibrios de los otros, no es cierto que nuestra media naranja nos complete y nos proporcione la tan ansiada plenitud.

Durante la fase espléndida y mágica del enamoramiento, el cuerpo percibe cómo a nivel físico, somos más vulnerables y estamos más expuestos ante los peligros del exterior, así que de forma natural, el cuerpo en aras de su supervivencia, intenta que esta fase no se prolongue demasiado en el tiempo. Todos hemos experimentado (y algunos en varias ocasiones, en las que me incluyo) la sensación de estar temporalmente en una nube y en apreciar a la pareja como un ser perfecto. Durante este idílico período no estamos al 100% de nuestras posibilidades y andamos todo el día embobados en  nuestro peculiar mundo sin darnos mucha cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor. Por ello, el propio organismo humano es el encargado mediante la homeostasis, de regular este descontrol hormonal y comenzar a producir otra hormona, la que en adelante nos provocará una mayor paz y felicidad, la oxitocina, o también conocida como “la hormona del amor” relacionada con la fase posterior al enamoramiento, la del amor verdadero o real, que es la fase que de verdad importa, en la que nos enamoramos con una mayor dosis de realismo de la persona que tenemos delante y no de la ilusión que nos provoca. Es cuando empezamos a valorar a la pareja tal cual es, con todas sus peculiaridades personales. Sin embargo,  puede empezar a ocurrir que todo aquello cuanto antes nos parecía perfecto, ahora descubramos con sorpresa que no lo hace tanto. Cuando al principio nos llamaban la atención y nos hacían gracia, con el tiempo, comienzan a parecernos extraños porque no se asemejan a los nuestros. Es decir, nuestra “media naranja” nos completaba con rasgos que considerábamos atractivos por ser opuestos a los nuestros, pero puede surgir que a medida que se va afianzando la relación se nos haga más difícil adaptarnos a ellos. En este momento, entran en juego actitudes como la comprensión, la paciencia y la empatía para poder encajar y adaptarnos al otro. En todo momento debemos recordar que cada ser humano es un mundo complejo y único, y como tal, posee una inmensidad de cualidades de las cuales muchas nos pueden gustar y otras menos. Se trata de un pequeño microcosmos al que debemos conocer y nunca intentar cambiar. Para llegar a este nivel de superación es el amor que circunda a la relación el que toma partido demostrándolo de forma concreta.

En ocasiones nos hemos podido sentir decepcionados por estas diferencias y creemos que quizás la culpa sea nuestra por no ser de una manera determinada. Podemos intentar cambiarnos a nosotros mismos para encajar con los desacuerdos que nos perturban, pero esto no funcionará .El quid de la cuestión no es ese, se trata más bien de apreciar a las personas como un todo completo y entero. Aceptarla tal cual es e intentar encajar del mejor modo posible en esa unión siendo exactamente como somos. Nada es tan complicado que sea irreversible. Ni ninguna pareja es tan perfecta que no haya discutido alguna vez. Esto es así porque nadie es perfecto del modo en que concebimos la perfección. Que por ser perfecta, es hasta aburrida. Por otro lado, son las relaciones imperfectas las que más nos aportan.

El concepto de la “media naranja” puede causar múltiples daños en nuestro nivel más esencial, nuestra propia identidad, por hacernos creer que debemos buscar en el exterior la felicidad, en este caso, enfocada en la que nos aporta la pareja. Es verdad que somos seres sociales y que necesitamos la interacción con los otros, pero esta interacción debe ser una interacción basada en el intercambio. Y el intercambio sólo se da entre seres completos conscientes de su totalidad. Cuando el intercambio se hace desde el nivel de la necesidad del otro, todo falla, se desmorona y perdemos el norte.

Es muy lícito pensar que hay alguien que posee todo aquello que nos falta  y nos completa. Pero este pensamiento es muy primario y una forma muy infantil  de reducirlo todo. Enfocando en el otro nuestra propia búsqueda de la felicidad sólo conseguimos limitarnos y hacernos dependientes emocionales. La mayor libertad la da el conocimiento de nuestra propia autonomía y poder personal y el saber que podemos llegar a ser felices por nosotros mismos.
La mayor riqueza se extrae en las dificultades y es de las diferencias, de lo que se aprende. Los conflictos traen cambios necesarios, los polos opuestos se atraen, los retos promueven un mayor esfuerzo personal que nos hace crecer.

Que las medias naranjas sólo sirvan para exprimir el zumo en el desayuno y no para compararlas con los seres completos, únicos y especiales que somos cada uno de nosotros :)

Beatriz Casaus  2011 ©

jueves, 8 de septiembre de 2011

Ilusión de invulnerabilidad


Ilusión de invulnerabilidad

Todo parecía igual pero no lo era

el día se hizo noche

ya no tocabas

los acordes que me envolvían

la lluvia de la calle

me recordaba que el cielo estaba llorando

las paredes se derrumbaban

yo no me movía

¿acaso te habían hecho más feliz que yo?

¿alguna te había susurrado al oído algo eterno?

¿te habían tapado las noches de frío?

un dolor que nace en el estómago

desde las entrañas

manchada la perturbable conciencia

conozco un sabor amargo

caricaturesca presencia

de sonrisas que no son mías

 un grito a bocajarro

nacido en un escritorio

testigo de un caparazón de belleza

pido auxilio

pero nadie contesta

¿acaso alguna te ha mirado con dulzura?

¿o te ha devuelto una caricia?

maltrecha y sin aliento

con ganas de no ser yo

caída por el agujero de gusano

no me mires más

pues yo ya no soy real

mi ilusión de invulnerabilidad

perdida en imágenes

y dos caminos a escoger

quizás si yo fuese distinta

me mirarías como las miras a ellas

en silencio

¡¿acaso alguna te ha dicho que te quería!?

ya no hay tiempo

convaleciente

callo sin memoria

yo ya no soy real.



Beatriz Casaus 2011 ©