sábado, 12 de octubre de 2013

Animadversión a lo mejor


Desmitificar la idea de que algo o alguien es mejor que otra cosa o persona es un arduo trabajo. Estamos acostumbrados a catalogarlo todo, incluido al género humano, reduciendo nuestro objetivo a convertirnos en lo mejor y a querer destacar por encima de los demás. De ahí las continúas listas que nos bombardean en todos los ámbitos de nuestra vida.
Sin duda, vivir sin buscar la fama, el reconocimiento o el dinero, es sinónimo de calidad y de personas que basan su criterio más allá de su propia estima o del propio dinero y no como hacen la mayoría de los escritores, pintores, directores de cine, actores y guionistas actuales que priorizan lo primero ante todo. Si la fama llega o el dinero llega, bienvenido sea, pero que no sea el único propósito y por supuesto, no es sinónimo de ser mejor que alguien que no lo ha conseguido.

Hay personas que no buscan ni han buscado tal finalidad. Véase el caso de José Luis Sampedro quien aún teniendo la posibilidad de vanagloriarse en vida eligió vivir de forma modesta mientras sus colegas de profesión se mofaban de él por tal decisión. Incluso, a sabiendas de que su muerte podría convertirse en un acto mediático, pidió a sus allegados que no publicasen la noticia hasta que hubieran sido exhumados sus restos y así evitaría la mitificación de su persona y toda la parafernalia del espectáculo una vez muerto, como suele pasar.

Otros ejemplos son Jorge Luis Borges, quien decía que se sentía orgulloso de que no le hubieran otorgado el Nobel de Literatura porque así estaba en la misma lista que Kafka o Proust quienes no lo habían recibido tampoco. O el propio Jean Paul Sartre, que rechazó el prestigioso premio en 1964 y en una entrevista a una revista francesa aclaró su gesto:

"¿Por qué rechacé ese premio? Porque estimo que desde hace cierto tiempo tiene un color político.

Si hubiera aceptado el Nobel (y aunque hubiera hecho un discurso insolente en Estocolmo, lo que hubiera sido absurdo ) habría sido recuperado. Si hubiera sido miembro de un partido, del partido comunista, por ejemplo, la situación hubiera sido diferente. Indirectamente hubiera sido a mi partido que el premio habría sido discernido; es a él, en todo caso, que hubiera podido servir. Pero cuando se trata de un hombre aislado, aunque tenga opiniones "extremistas" se lo recupera necesariamente de un cierto modo, coronándolo. Es una manera de decir: "Finalmente es de los nuestros". Yo no podía aceptar eso.

La mayoría de los diarios me han atribuido razones personales: estaría herido porque Camus lo había obtenido antes que yo...tendría miedo que Simone de Beauvoir se sintiera celosa, a lo mejor era un alma bella que rechazaba todos los honores por orgullo. Tengo una respuesta muy simple: si tuviéramos un gobierno de Frente Popular y que me hubiera hecho el honor de discernirme un premio, lo habría aceptado con placer. No pienso para nada que los escritores deban ser caballeros solitarios, por el contrario. Pero no deben meterse en un avispero.

Lo que más me ha molestado en este asunto son las cartas de los pobres. Los pobres para mí son las personas que no tienen dinero pero que están suficientemente mistificadas para aceptar el mundo tal cual es. Esa gente forma legión. Me han escrito cartas dolorosas: "Deme a mí el dinero que rechaza".

En el fondo lo que escandaliza es que ese dinero no haya sido gastado. Cuando Mauriac escribe en su agenda: "Yo lo hubiera usado para arreglar mi cuarto de baño y el cerco de mi parque", es un maligno: sabe que no provocará ningún escándalo. Si hubiera distribuido ese dinero habría chocado más a la gente. Rechazarlo es inadmisible. Un norteamericano ha escrito: "Si me dan 100 dólares y los rechazo, no soy un hombre". Y además está la idea de que un escritor no merece ese dinero. El escritor es un personaje sospechoso. No trabaja, gana dinero y puede ser recibido, si lo quiere, por un rey de Suecia. Eso ya es escandaloso. Si además rechaza el dinero que no ha merecido, es el colmo. Se considera natural que un banquero tenga dinero y no lo dé. Pero que un escritor pueda rechazarlo, eso no pasa.

Todo esto es el mundo del dinero y las relaciones con el dinero son siempre falsas. Rechazo 26 millones y me lo reprochan, pero al mismo tiempo me explican que mis libros se venderán más porque la gente va a decirse: "¿Quién es este atropellado que escupe sobre semejante suma?". Mi gesto va pues a reportarme dinero. Es absurdo pero no puedo hacer nada. La paradoja es que rechazando el premio no he hecho nada. Aceptándolo hubiera hecho algo, que me habría dejado recuperar por el sistema".


 Nada es mejor que otra cosa, ni nadie es mejor que otra persona. Las listas forman parte de una absurda obsesión. La diversidad es lo único que hay, calificar según una escala no suma, en realidad reduce. Reduce porque deja de lado injustamente a una mayoría, basándose en los criterios personales y subjetivos de quien fabrica esas listas. Propicia el enjuiciamiento y arraiga la idea de competitividad en la sociedad. Esto también, es sólo una opinión más, así que la podéis tomar en consideración o no. Pero muchas gracias por leerme.

Beatriz Casaus 2013 ©


Gozo de no ser mejor

El mejor trabajador del año,

la mejor periodista de la televisión,

el más acertado científico,

el más prodigioso atleta,

el mejor bailarín de la compañía,

la cantante del año,

el más rico del mundo,

la canción de la década,

la empresa que más beneficios ha adquirido,

la mejor vestida de entre todas las famosas,

el mejor cuerpo del verano,

la sonrisa del año,

el más alto de la clase,

la más guapa del mundo,

el mejor amante,

el premio nobel al mejor escritor del año,

el político del milenio,

el óscar a la mejor película,

los premios, el reconocimiento,

el mejor, la mejor, el más, la más.

 
Me agotan los sufijos -ísimo, -ísima.

 
Lo mejor que he hecho

ha sido darme cuenta

de que nunca he hecho nada mejor

que nadie.

 
Bienvenido al reposo de quien canta, ríe, baila, escribe,

por el simple gozo de hacerlo.

 
Beatriz Casaus 2013 ©

miércoles, 2 de octubre de 2013

Prisionera y un poema corto


“Me aparto de la gente que considera a la insolencia valor y cobardía a la ternura. Y también me aparto de aquellos que consideran charlatanería a la sabiduría e ignorancia al silencio” (Khalil Gibrán)

Prisionera
Dejadme tranquila ahora que puedo no ser,
ahora que puedo volar con el nombre pegado
a una boca que no es mía,
agarrada a un destino de abrazos

que aprietan tanto,
que duelen y asfixian.
¿Dónde está la libertad de haber nacido libre?
La princesa se ha convertido en reina
de su propia mazmorra.
Pero ser reina tiene mayor jerarquía

que ser princesa,
aunque sea dentro de una cárcel de oro.
Dejadme tranquila ahora
que he visto morir el verano en las hojas caídas.
 Las mismas que cubrirán mi corona
cuando me case de negro,
como las noches sin estrellas

de las ciudades vacías.
Suceden muchas cosas,
ahora mismo sucede que estoy envejeciendo.
El silencio tal vez nos enseñe
que callar nuestra voz es morir en un mar frío.
Dejadme quedarme quieta sin deshojar los días.
No quiero saber nada del arrepentimiento,
de esa espiga en un zapato nuevo,   
de permanecer entretenida

en fábricas de estabilidades ficticias,
ni de olvidar quién soy
aunque la mayoría lo haya hecho.
No tengo nada que ver con vivir sin estar vivo.
Dejadme tranquila
que he decidido volver a nacer ahora mismo
para no perder más el tiempo.
No seré más una reina prisionera,
me voy,
no porque no me guste este sitio,
sino porque me gustan

todos los demás.

Beatriz Casaus 2013 ©
 
Conformidad
Pocas cosas me han dicho tan poco,
pero con lo poquito que me dicen algunas cosas,
esas pocas cosas,
ya me dicen mucho.

 Beatriz Casaus 2013 ©

 

domingo, 15 de septiembre de 2013

2 + 2 son 5

 
“Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto” (Aristóteles).

2 + 2 son 5
 
Los años bisiestos,

los días contados con los dedos

de las mañanas cogidas

por tus manos impares,

los cambios que el viento trae a fin de mes

o los 16.000 besos vividos

que dejan paso a los incalculables,

que me quedan aún por darte.

Todos los minutos pasados de las 12.00h

me recuerdan a tu voz de lluvia,

atada a mi cuello hueco en los paseos

a solas que dan los números primos.

Nos dijeron que 2 + 2 son 4

pero también nos dijeron

que la vida era fácil si te esforzabas,

y esforzarse no es sencillo,

si se te dan mal las matemáticas.

Se me ha pasado la vida en un segundo

a las 5 de la mañana,

tres horas antes de que mi mano

se hiciera pasar por la tuya

y nos quedáramos sólo nosotros dos

retrocediendo en el tiempo

hasta la edad de piedra,

cuando los besos duraban más

porque no se contaban los minutos

y nosotros,

acabamos por multiplicarnos.

2 + 2 son 5,

desde que me da igual el perímetro de tu anatomía

porque me resultas tan perfecto

como el número Pi(π)

o desde que la lluvia,

son gotas de ti que caen encima mía

en una combinación aleatoria bailando

sin razón alguna.

Por un lado mi mente me martiriza con números

por el otro,

mi corazón sólo entiende de lo eterno

y eso me da una tranquilidad…

Llevo escrito un límite finito en mi persona,

mi nombre y mi edad,

etiquetas marcadas a fuego

en la geometría irracional de mi piel.

Sólo tú me ves como soy,

infinita, indefinible, abstracta

porque si me defines, me concretas.

Me limitas.

Lo fundamental,

es el trabajo final de la poca memoria

de aquellos locos que no saben sus años

de las casualidades al azar

y de los que no buscan la perfección matemática,

pues la mayoría de las veces

ni una docena de decimales,

son exactos.

Beatriz Casaus 2013 ©



 

domingo, 1 de septiembre de 2013

Algún día, entonces cuando


“Veo mucho potencial, pero está desperdiciado. Toda una generación trabajando en gasolineras, sirviendo mesas, o siendo esclavos oficinistas. La publicidad nos hace desear coches y ropa, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos, no hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual,  nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine, o estrellas del rock. Pero no lo seremos, y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados”. (El club de la lucha)

(Extraído de “El incendio de un Sueño” de Charles Bukoswki)
“-¿Por qué no te buscas un trabajo decente?
-No hay ningún trabajo decente. Si un escritor abandona la creación, está muerto.
-¡Oh, vamos, Carl!Hay millones de personas en el mundo que no trabajan en la creación. ¿Quieres decir que están muertas?
-Sí.”


Algún día entonces cuando

Algún día, entonces cuando

levante bien mi cabeza

porque supe decir lo molesto en alto.

Algún día, entonces cuando

el primero al que comience a enseñar un maestro

sea a sí mismo.

Algún día, entonces cuando

la verdad brote en palabras 

de corazones coquetos

porque piensen mejorarse.

Algún día, entonces cuando

me sienta desnuda vestida

y comience a desvestirme

de mis ideas.

Algún día, entonces cuando

pretenda querer sin tener,

sino amar dando.

Algún día, entonces cuando

el poder sea original y no se le antoje mandar.

Algún día, entonces cuando

amar

sea un verbo conjugado por todos.

Algún día, entonces cuando

la educación no sea el adoctrinamiento

de la esclavitud.

Algún día, entonces cuando

el intelectual deje de darle vueltas a la cabeza

mientras el ignorante sigue votando.

Algún día entonces cuando

ser aceptado no sea condición indispensable

para quererse a uno mismo.

Algún día entonces cuando

lo único que de verdad necesite sea oxígeno

y personas que sepan respirarlo.

Algún día entonces cuando:

 Los filósofos no encuentren trabajo porque cada uno sepa sus respuestas.

Las religiones no sean necesarias y no precisen creer en un Dios sino en uno mismo.

Los pesimistas dejan a los optimistas sonreír sin razón.

Los gobiernos no existan porque no sea necesario que una mayoría sea representada por un pequeño grupo de ineptos.

Las clases no se estratifiquen por poderes adquisitivos sino por lecciones de humildad.

Los banqueros sean los que se sientan en los bancos de los parques.

El capital sea la bondad y todos seamos inversores de sus acciones.

El trabajo cambie de nombre, que lo llamen ir a jugar a las 8 de la mañana para convertirte en un profesional de a lo que cada uno le guste.

La igualdad tumbe a las jerarquías y las haga comer de su mano.

Los niños y los ancianos sean los sabios y no los adultos miedosos y parlanchines que hablan mucho sin decir ni hacer nada.

El único dogma a seguir sea vivir según se es y no según pretenden que seas.

El cielo sea un espacio interior y no un sitio que busquemos fuera.

La sociedad se base en buenos valores y prevalezca el corazón a la razón.

La globalización y el sistema de mercados tenga aspiraciones humanas.

La fidelidad sea a la pareja y no a la empresa.


La familia sea un término tan amplio que abarque todo el cielo del planeta y por lo tanto, todos seamos parientes.

 Algún día, entonces cuando

todo esto pase,

yo estaré aquí sentada

probablemente

con una cerveza bien fresquita en la mano,

afirmando que lo he soñado.


Beatriz Casaus 2013 ©


viernes, 23 de agosto de 2013

Cuando las vidas no cuentan

"No hay bandera suficientemente grande para cubrir la vergüenza de matar inocentes" (Howard Zinn)



Desde que hace dos años, en marzo de 2011, se comenzaran a producir manifestaciones pacíficas en busca de una soñada democracia en Siria como un brote más de la primavera árabe, Siria se ha convertido en un infierno que ha ocasionado más de 100.000 muertes, superando ya el conflicto de Libia donde sí se produjo una respuesta internacional inmediata, y 2.000.000 de refugiados, de los cuales, entre ellos la mitad son niños que sufren el desarraigo, y están expuestos a innumerables calamidades. Estamos ante un suceso alarmante que presenta cifras desorbitadas y de un auténtico crimen contra la humanidad, el ataque con un gas químico a 1.300 personas, del que parecemos ni inmutarnos, sobre todo en las redes sociales en las que casi no se comenta del tema.
Antonio Guterres, el alto comisionado de Naciones Unidas para los refugiados de ACNUR ha proclamado: “ Lo que está en juego es ni más ni menos que la supervivencia y el bienestar de toda una generación de seres humanos inocentes” y “los niños y niñas y jóvenes de Siria están perdiendo sus hogares, sus familiares y su futuro. Aunque crucen las fronteras y se pongan a salvo, esos menores están traumatizados y deprimidos y necesitan urgentemente razones para sentirse esperanzados”.
Hace justo un año, Barack Obama declaró que el uso de armas químicas en Siria era una línea roja que determinaría una intervención estadounidense. Pues bien, este pasado miércoles 21 de agosto, la oposición a Bachar El Assad acusó al régimen de lanzar un ataque químico cerca de Damasco, causando 1.300 muertos, los cuales eran civiles no combatientes convertidos en víctimas inocentes y que supondría haber superado con creces esa línea roja marcada por Estados Unidos. Sin embargo, aún son patentes las inacciones internacionales en este terreno hostil y de difícil solución. Este hecho atestigua que las líneas rojas marcadas por la comunidad internacional no son más que una pantomima sin práctica más que en el discurso diplomático y que las atrocidades perpetradas contra los civiles están dejadas de la mano de Dios.
Aún no se sabe la autoría de este crimen masivo pero parece que la única intención internacional es en estos momentos que los expertos en investigar el uso de armas químicas de la ONU, quienes precisamente estos días estaban en Damasco autorizados por el régimen, investiguen si se trata del uso de gases lacrimógenos o de armamento químico y sobre la autoría, de la que se acusan los dos bandos combatientes. Es cierto que urge sin demora una investigación, tal y como ha exigido la comunidad internacional , pero lo que es aún más cierto es que el hecho deleznable de estas innumerables muertes (mujeres, niños, ancianos) no puede quedar impune y no debería repetirse bajo ninguna circunstancia y sobre todo, que se asegure la seguridad de los dos millones de refugiados que malviven en las fronteras y que llegan en condiciones insalubres tanto físicas como mentales y de los que sólo se hacen eco las asociaciones no gubernamentales.
Mi intención no es más que informar sobre este caos lleno de abusos y corrupción al que son expuestas directamente las víctimas, en este caso, desgraciadamente demasiadas, y para que tomemos conciencia desde la comodidad de nuestras casas de la relevancia del asunto. Los países implicados, empezando por EEUU y Rusia (que apoya a El Assad), deberían unir esfuerzos para buscar una solución política ante esta aberración. Pero ni siquiera eso parece al alcance de la mano por el momento... Siria, es un infierno y las vidas allí no cuentan. Nosotros por lo menos, tomemos conciencia de ello, aunque poco podamos hacer.
Fuentes:
“Un hito histórico vergonzoso, un millón de niños refugiados por la crisis de Siria” (Página oficial de UNICEF) http://www.unicef.es/actualidad-documentacion/noticias/crisis-de-siria-un-millon-de-ninos-refugiados
“Un millón de niños huyen de la guerra como refugiados” (Artículo de El País) http://internacional.elpais.com/internacional/2013/08/23/actualidad/1377238682_594891.html
Beatriz Casaus 2013 ©

miércoles, 14 de agosto de 2013

Viaje a ninguna parte

"Tu tarea no es buscar el amor, sino buscar y encontrar dentro de ti, todas las barreras que has construído contra él" (Rumi)




Viaje a ninguna parte

 
Bajo un cielo roto,

trozos de cristales suaves

caen sobre mí

cuidando lo poco que queda sin herir

aún.


Tendrías que ser del agua,

y no del cielo.

De este cielo roto se caen muchas cosas,

demasiadas tardes,

hasta la noche cuando cae

se duerme.

 
Del agua, son lágrimas las que resbalan cuando ríes,

es tu calor cayendo en gotas de rocío,

o tu saliva meciéndose en besos de praliné,

que son el aceite esencial de mi piel

llenándose de azul profundo,

como una sobredosis de océano.

 
La bóveda celeste se transforma

según cambio mi perspectiva,

convexa desde fuera o cóncava

desde dentro de mí. Tu hogar,

donde todo se agranda con lentes de lupa

y la tierra es débil pero infinita.

 
He de aprender a viajar sin moverme,

a repartir semillas de amor

como frutos de haba tonka

para que cuando las huelas,

te acuerdes de mí.

 
Una voz se despide,

un sonido vacío que no cabe en el aire.

Te alejas pero nadie se acerca a consolar.

Encerrada en una dicotomía gris,

quedan los segundos que compartimos a distancia.

Tan simultáneos y diferentes como nosotros.

 
Mañana es atrasar la felicidad,

porque siempre creo que mañana te veré,

y los días siguen siendo blancos,

con momentos oscuros

en los dos hemisferios.

 
Verde es la llegada,

como el fondo del mar

donde todo es lento y parece eterno,

o como cuando te vuelvo a ver,

en verde esmeralda.

 
El amor va a ser nuestro único medio de transporte.

Tu viaje de ida a ninguna parte

comienza en mí y acaba en mi memoria.

El olvido también es pasajero de este tren del tiempo,

pero no se baja en ninguna estación.

 
Cuando me mires, estarás cerca,

tan cerca que no me hará falta ni mirarte,

pero quiero que sepas que aunque no me veas,

también seguiré viva en tu recuerdo azul

observando este cielo roto

que ha perdido su color en tu ausencia

pero que sigue siendo

un palacio de innumerables estrellas.

 

Beatriz Casaus 2013 ©



viernes, 9 de agosto de 2013

Las dos caras de la luna


“No hay maquillaje en el mundo que pueda embellecer un corazón feo”. (Kevyn Aucoin)

“Los que te odian, son admiradores secretos que no entienden por qué tantos te aman”. (Paulo Coelho)
El siguiente artículo publicado en el periódico El PAÍS el pasado 31 de julio “Lápiz y papel, mercromina para las heridas” cita lo siguiente: “Un estudio de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, demuestra que expresar por escrito los sentimientos acelera el proceso de cicatrización” o, “la escritura sirve en ciertos momentos como terapia”. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/07/31/actualidad/1375306460_460795.html



Esta idea es algo que llevo largo tiempo defendiendo sin ningún estudio científico que lo avalara más que por mi propia experiencia e intuición al respecto. Escribir, ya sea de forma pública como es mediante la escritura de un blog, de redes sociales o de manera privada, a modo de diario o textos que nunca verán la luz, es la forma más sencilla e idónea, para plasmar pensamientos y emociones que de otro modo no saldrían de uno mismo y que una vez exteriorizados, se curan y se disuelven. Por ello mismo, me he puesto manos a la obra y he cogido lápiz y papel, o más bien me he plantado delante de una pantalla de ordenador desafiando una vez más a una hoja en blanco para soltar una injusticia que he padecido y que me ha hecho daño, pero de la que ahora me dispongo a liberar de una vez. Como bien decía Jung, La iluminación es traer la oscuridad a la luz”, todos tenemos una sombra o padecemos por algo en alguna ocasión, por ello el hecho de aceptarlo y de sacarlo, nos hace mucho bien y nos ayuda a seguir adelante dejándolo atrás, no sin antes habiéndolo reconocido para superarlo.
Disculpad mi honestidad, pero en este caso no espero que os guste lo que he escrito, no me gusta ni a mí, he escupido mucha bilis reprimida porque se trata de un ejercicio personal para soltar y liberarme que he querido colgar públicamente porque el compartirlo también es quizás, parte del proceso de curación. Eso sí, aprovecho para enviaros un cálido abrazo y daros las gracias por leerme. La próxima entrada prometo que os dejará un mejor sabor de boca :)
Todos tenemos algún asunto reprimido aunque no hablemos de ello y hoy, se trata de liberarlo. ¡Besitos!

 
Las dos caras de la luna

-(Aceptamos las cosas como vemos,
pero,
¿y si lo que vemos no fuera la realidad?
y si la luna,
¿no fuera la luna?)-
Sólo puedes brillar en la noche, luna, porque durante el día pasas inadvertida.
Fiel a tu naturaleza de impávida frialdad, con aire altivo te elevabas ante mí mostrando dádivas de envidia, afanada en representar la imagen impostora de dulzura femenina, de arquetipo de maternidad entrañable.
Un incendio se produjo en mi conciencia con tu mirada poseída en celos de fuego. Me incriminaste por algo de lo que no era culpable, pues en el amor no se es culpable, y sin entenderlo, callé mi inocencia.
Golpeó el abandono en tu orgullo, haciéndote caer hasta llegar a la ignominia.
Te hiciste enemiga en secreto del sol y durante milenios has perseguido su luz dorada que todo ilumina, su calidez honesta que regala con el brillo que sale de un corazón puro.
La soberbia pretendió captar el protagonismo y no aguantaste el segundo plano. Intentaste imitar sus rayos con atuendos que no lucías igual y con perfumes que taparan tu verdadera esencia gris. Pero nunca llegaste a parecerte a él.
Atrapada en la oscuridad de la noche, con pensamientos infectos provocaste violencia, partos, inundaciones y mareas, proyectando fuera lo que tenías dentro, sentimientos oscuros y un gran caos.
Con una cara, sonreíste delante de todos, pero una sonrisa no es una sonrisa si no tiene intención de serlo. Con otra cara, escondías las turbias miradas hacia mi persona.
La mayoría desconoce tus intenciones, que te sumergen en un mar profundo sin un timón que guíe las desidias de ilusiones zafias, excepto tus enemigos íntimos, quienes como yo, las hemos padecido y aguantado de forma estoica.
Sólo das una cara bonita y escondes la otra. Has engañado a muchos, pero resulta que yo soy lista y veo más allá de lo que mis ojos me permiten ver.
No eres una luna como las que tiene Júpiter. Ni tan siquiera creo que seas un satélite artificial, no me fío de ti. Más bien me pareces ficticia, como un trozo de metal gigante atrapado en nuestra órbita con intenciones desconocidas.
Ocultas tus verdaderas emociones, lo que considero lícito si no fuera porque ese amor idealizado, producto de ensoñaciones platónicas irreales, son la fábrica de odio y de celos que albergas hacia cualquier mujer que contemples como contrincante.
Odiar no es mi estilo, el tuyo sí, aunque lo hagas en silencio. Debe ser una condena ser así, vagando a la deriva del descontrol emocional y del rencor.
He sido engañada cada noche pensando que tu presencia provocaba romanticismo en los enamorados y evocaba sueños a los marineros.

Eres opaca y reflejas una luz que no es tuya. Ansío que el hombre vuelva a pisar tu tierra para poder por fin conocerte y desvelar tu cara sin rostro. Yo mientras estaré esperando el nadir en un nuevo día, resplandeciente de sol.
¿Un gesto tierno lo sigue siendo si se da sin amor? ¿Una sonrisa pierde su valor cuando esconde turbias intenciones o cuando se da sin ganas?¿Un apelativo cariñoso de alguien que te tiene rabia sigue teniendo validez?¿Y si la luna no fuera la luna? ¿Y si el sol la hubiera desterrado?¿Y si lo que parece bonito a simple vista, no lo es tanto en realidad? ¿Y si quien te muestra una cara gentil y sonriente hablase de ti a las espaldas?

Beatriz Casaus 2013 ©