"El propósito de la vida es vivirla, saborear cada experiencia." (Eleanor Roosevelt)
"La alegría es la forma más sencilla de gratitud." (Karl Barth)
"La vida es demasiado importante como para tomársela en serio." (Oscar Wilde)
"Baila como si nadie te estuviera mirando." (William W. Purkey)
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| Foto de la conjunción exacta de Venus-Júpiter |
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| Disfrutando la vida. Un saludo a los haters |
Estas últimas semanas hemos disfrutado de una de las configuraciones astrológicas más bellas y esperadas del año: la conjunción entre Venus y Júpiter. Para quienes amamos observar el cielo y comprender sus símbolos, este encuentro tiene algo de mágico. Venus representa el amor, la belleza, el disfrute, los vínculos, el placer de estar vivos. Júpiter, por su parte, simboliza la expansión, la abundancia, la suerte, la confianza y la protección divina. Cuando ambos planetas se unen, parece que el universo nos recuerda que la vida también está hecha para ser disfrutada. Es como una preciosa danza cósmica.
Es una energía que suele traer oportunidades afectivas, reconciliaciones, encuentros afortunados, prosperidad y una sensación de optimismo difícil de ignorar. Por eso se considera esta conjunción una de las más auspiciosas del año y los bebés nacidos bajo este influjo reciben una impronta especialmente favorable para desarrollar cualidades relacionadas con el amor, la alegría, la generosidad y la capacidad de atraer experiencias positivas. Evidentemente, una carta astral es mucho más que un solo aspecto, pero tener a los dos grandes benefactores del zodiaco unidos es, sin duda, un regalo del cielo.
La cantante británica Dua Lipa parece saber bien de estas energías. Precisamente estos días se ha hablado de su reciente matrimonio y no me sorprendería que la fecha hubiera sido cuidadosamente elegida. Ella misma ha reconocido públicamente que consulta habitualmente a una astróloga personal para tomar determinadas decisiones importantes en su vida. Y me gusta que lo diga sin complejos. Porque durante mucho tiempo hablar de astrología, espiritualidad o energía parecía algo reservado a círculos muy concretos. Hoy, sin embargo, estamos entrando en una época en la que estos temas comienzan a normalizarse. Ya no resulta extraño escuchar conversaciones sobre propósito vital, intuición, sincronías o crecimiento espiritual.
Y eso, sinceramente, me alegra profundamente. Cada vez veo más personas interesadas en comprender que somos algo más que un cuerpo físico. Palabras como alma, contratos álmicos, almas afines, llamas gemelas o propósito de vida aparecen con frecuencia en conversaciones cotidianas y en redes sociales. Si os parece interesante, puedo hablar de ello en otros posts...
Hace veinte años, quienes leíamos a Brian Weiss o a Michael Newton éramos vistos casi como una rareza. Libros como "Muchas vidas, muchos maestros", "Lazos de amor" o las investigaciones de Dolores Cannon abrían puertas a preguntas que muchas personas ni siquiera se atrevían a formular. Hoy esas preguntas ya están sobre la mesa. Y aunque cada uno las responda desde sus propias creencias, siento que algo importante está cambiando en la conciencia colectiva. Como si poco a poco recordáramos que la vida tiene una dimensión más profunda de la que nos enseñaron. Quizá por eso cada vez más personas buscan respuestas dentro de sí mismas en lugar de buscarlas únicamente fuera.
Precisamente mientras escribo estas líneas recuerdo otro regalo que nos ofreció el cielo hace apenas unas horas. Ayer Alberto y yo pudimos contemplar, la hermosa conjunción entre la Luna y Venus en Leo. Y sí, voy a llamarle por su nombre. Después de tantos años escribiendo sobre mi vida, ya me resulta absurdo seguir ocultándolo. Muchos de vosotros ya sabéis de quién hablo y le queréis un montón. Y quien no le quiere es porque no le conoce bien. Sabéis que hace unas fotografías espectaculares y que compartimos una de nuestras grandes pasiones: observar el firmamento. Tenemos un telescopio que nos permite acercarnos a los astros con una claridad asombrosa y cada vez que ocurre algún evento celeste importante intentamos salir a contemplarlo.
La conjunción entre la Luna y Venus también posee una energía especialmente armónica. Habla de afecto, de familia, de belleza emocional, de ternura y de disfrute compartido. Y al producirse en Leo, signo asociado al corazón, la creatividad, la alegría y la celebración de la vida, parecía invitarnos a recordar algo muy sencillo: la felicidad también es un camino espiritual.
Por eso he querido dejar aquí una fotografía mía viviendo y sin intención de parecer una flipada. Porque aunque soy una persona profundamente introspectiva, sensible y espiritual, también celebro la vida como la que más. Por eso las reuniones que hacemos en casa suelen ser buena prueba de ello. Siempre terminan con la misma pregunta: “¿Cuándo repetimos? “Y creo que hay algo muy valioso en eso.
Durante mucho tiempo se ha asociado la espiritualidad con la solemnidad, la seriedad o incluso el sacrificio constante. Sin embargo, cuanto más avanzo en mi propio camino interior, más convencida estoy de que una de las formas más elevadas de espiritualidad es la alegría. La alegría auténtica. No la superficial ni la impostada, la que nace de estar en paz con uno mismo. Por eso me gusta rodearme de personas que suman, que inspiran, que aportan luz. Personas con las que se puede hablar de ideas, de proyectos, de sueños, de aprendizajes o simplemente reírse sin motivo aparente. No me interesan las conversaciones basadas en criticar a otros, en juzgar constantemente o en alimentar conflictos que no conducen a ninguna parte.
Con los años he aprendido que proteger la energía también es una forma de amor propio. No todo el mundo debería tener acceso a nuestra intimidad. No todo el mundo merece sentarse en primera fila de nuestra vida. Y eso está bien. Hay personas con las que puedo ser completamente yo misma: cantar, bailar, bromear, hacer el ridículo y mostrar esa parte espontánea que tanto disfruto. Acceso a mi "personalidad premium", como yo suelo llamarla. Otras simplemente no generan ese espacio de confianza, y entonces prefiero guardar silencio. La energía siempre habla antes que las palabras.
Una de las cosas que más valoro de Alberto es precisamente que comparte conmigo esa forma de mirar la vida. Su capacidad para interesarse por temas que van más allá del entretenimiento superficial, su curiosidad por comprender el mundo y su disposición a cuestionarse las cosas. Y, también, que no le gusta el fútbol. Ahora que nos están dando tanto la tabarra con el mundial... aprecio mucho que no forme parte de ese pan y circo.
Vivimos en una sociedad que nos invita a funcionar en piloto automático. Trabajar, consumir, distraernos, repetir rutinas y volver a empezar. En algunos círculos espirituales he escuchado llamar a esa parte de la población los NPC, (Non Player Character), tomando prestado un término del mundo de los videojuegos para referirse a quienes aún no saben que viven dentro de algo parecido a un guión y todavía no conocen las reglas del juego. Precisamente la cábala se dedica a estudiar esas reglas, las leyes ocultas que sostienen la realidad. Es como las personas que aún no se han despertado de la Matrix. Curiosamente, la película Matrix se convirtió en un símbolo de esa búsqueda, planteándonos una cuestión fascinante: ¿y si la realidad no fuera exactamente como creemos? Resulta que los directores y guionistas de esa película, los hermanos Wachowski, estudiaban cábala en el Kabbalah Centre de Los Ángeles cuando la hicieron, y sin duda, la película es una muestra de ese conocimiento.
Sin embargo, existe otro camino. El de quienes se hacen preguntas. El de quienes desean comprender por qué están aquí. El de quienes intuyen que la realidad es mucho más amplia de lo que perciben nuestros cinco sentidos. Esa pregunta sigue siendo igual de poderosa hoy. Y quizá por eso tantas personas están despertando del automatismo cotidiano para comenzar a explorar su mundo interior.
En nuestra casa intentamos cultivar precisamente eso: alegría, autenticidad, risas sinceras y ganas de vivir. Y cuando alguien entra por la puerta con una energía más pesada, solemos intentar que salga un poco más ligero de lo que llegó. Porque existe una verdad sencilla que he comprobado muchas veces en mi vida: la luz es contagiosa, y la alegría también. Y ambas tienen una capacidad extraordinaria para transformar cualquier espacio.
Al final, la vida no consiste únicamente en descubrir los secretos del universo. También consiste en celebrar el milagro de estar aquí. En disfrutar de una conversación, de una puesta de sol, de una canción, de un abrazo, de una noche observando las estrellas o de una simple carcajada compartida. Investigar la realidad es importante. Pero vivirla plenamente también. Y quizá la verdadera sabiduría consista en encontrar el equilibrio entre ambas cosas. Entre mirar al cielo buscando respuestas y, al mismo tiempo, agradecer profundamente el hecho de estar vivos bajo él.
¡Un abrazote!
Beatriz Casaus 2026 ©


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