“Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”. (Federico García Lorca)
“Vivo en otra dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma.” (Charles Bukowski)
Hoy no me voy a explayar demasiado. Simplemente me paso por aquí para dejar el último poema que he escrito. Se titula: Si fuera perfecta y nació de una idea aparentemente sencilla, pensar en todas esas cosas que no formarían parte de nosotros si hubiéramos atravesado la vida sin equivocarnos, sin rompernos, sin amar de la manera incorrecta alguna vez, sin tomar decisiones que después hubiéramos querido cambiar.
Supongo que durante mucho tiempo nos enseñan a relacionar la perfección con no fallar. Con acertar a la primera. Con no desviarnos demasiado del camino previsto y poder mirar hacia atrás sin encontrar demasiadas cicatrices. Pero creo que una vida así tendría muy poco que contar. Hay aprendizajes que llegan precisamente porque nos equivocamos. O puertas que solo descubrimos después de haber abierto otras que quizá nunca debimos cruzar. Hay partes de nosotros que aparecen cuando algo se rompe y hay heridas que terminan convirtiéndose también en lugares desde los que mirar de otra manera.
No sé si hacerse mayor consiste, entre otras cosas, en reconciliarse con todo eso. En dejar de observar nuestra historia como una sucesión de aciertos y errores y empezar a contemplarla como el extraño recorrido que nos ha traído hasta quienes somos hoy. Seguramente yo tampoco sería la misma sin aquello que salió mal. Sin todas las versiones de mí que fui dejando atrás por el camino. Por eso cada vez me interesa menos ser perfecta. Me interesa mucho más ser verdadera. Y desde ese lugar nació este poema.
Un abrazo.
Si fuera perfecta
Es una prueba.
Prende un impulso de fuego
y déjalo arder
hasta que nieve.
Acaba pronto.
Empieza tarde.
Enciende dentro.
Revélate fuera.
No te dejes callar
por quienes han perdido
su voz.
Todo lo escondido
termina pidiendo un cuerpo.
Un secreto no tiene otra razón
que el instante
en que deja de serlo.
La ropa envejece.
Tu cuerpo, en cambio,
es lo único que sé amar
mientras desaparece.
Entre las cuerdas
me escondo
para rozar los acordes que tocas.
Como si la música supiera
más que nosotros.
No existen laureles
capaces de alcanzar tu éxito.
Mi principal logro
es llegar a ser quien soy.
Parece sencillo
y cuesta vidas aprenderlo.
Mantente quebrado.
Hay voces
que solo atraviesan grietas.
Dan ganas de salir corriendo
de todo aquello
que no tiene corazón.
Pero a veces,
también se huye
permaneciendo.
Hace un viento horrible
en mi cabeza.
Me lleva hasta espejos
que no recuerdo haber colgado
frente a mi ventana.
En ninguno
consigo
reconocerme del todo.
No hay sombra que huya de mí
tan deprisa
como mis pensamientos de mis actos.
Veo umbrales
donde otros ven finales.
No espero misericordia
de quien
no ha vivido.
¿Para qué serviría la vida
si no dejara,
al menos,
una herida por donde mirar?
Si fuera perfecta
no gastaría esta carne.
No tendría cicatrices.
No conocería el hambre.
No habría amado mal.
No habría abierto puertas
que no supe cerrar.
No me hubiera equivocado tanto.
Si fuera perfecta
sería intacta.
Y las cosas intactas
no saben nada
de estar vivas.
He conseguido callarme
fuera.
Desde dentro
se vive mejor.
Beatriz Casaus 2026 ©
