lunes, 7 de septiembre de 2026

Si fuera perfecta

 “Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida”. (Federico García Lorca)

“Vivo en otra dimensión y no tengo tiempo para cosas que no tienen alma.” (Charles Bukowski)


                                    


Hoy no me voy a explayar demasiado. Simplemente me paso por aquí para dejar el último poema que he escrito. Se titula: Si fuera perfecta y nació de una idea aparentemente sencilla, pensar en todas esas cosas que no formarían parte de nosotros si hubiéramos atravesado la vida sin equivocarnos, sin rompernos, sin amar de la manera incorrecta alguna vez, sin tomar decisiones que después hubiéramos querido cambiar.

Supongo que durante mucho tiempo nos enseñan a relacionar la perfección con no fallar. Con acertar a la primera. Con no desviarnos demasiado del camino previsto y poder mirar hacia atrás sin encontrar demasiadas cicatrices. Pero creo que una vida así tendría muy poco que contar. Hay aprendizajes que llegan precisamente porque nos equivocamos. O puertas que solo descubrimos después de haber abierto otras que quizá nunca debimos cruzar. Hay partes de nosotros que aparecen cuando algo se rompe y hay heridas que terminan convirtiéndose también en lugares desde los que mirar de otra manera.

No sé si hacerse mayor consiste, entre otras cosas, en reconciliarse con todo eso. En dejar de observar nuestra historia como una sucesión de aciertos y errores y empezar a contemplarla como el extraño recorrido que nos ha traído hasta quienes somos hoy. Seguramente yo tampoco sería la misma sin aquello que salió mal. Sin todas las versiones de mí que fui dejando atrás por el camino. Por eso cada vez me interesa menos ser perfecta. Me interesa mucho más ser verdadera. Y desde ese lugar nació este poema.

Un abrazo.




Si fuera perfecta



Es una prueba.


Prende un impulso de fuego

y déjalo arder

hasta que nieve.


Acaba pronto.

Empieza tarde. 

Enciende dentro. 

Revélate fuera.


No te dejes callar 

por quienes han perdido 

su voz.


Todo lo escondido

termina pidiendo un cuerpo.


Un secreto no tiene otra razón

que el instante

en que deja de serlo. 


La ropa envejece.


Tu cuerpo, en cambio,

 es lo único que sé amar

mientras desaparece. 


Entre las cuerdas

me escondo

para rozar los acordes que tocas.

Como si la música supiera

más que nosotros. 


No existen laureles

capaces de alcanzar tu éxito.


Mi principal logro 

es llegar a ser quien soy.


Parece sencillo 

y cuesta vidas aprenderlo.


Mantente quebrado.

Hay voces 

que solo atraviesan grietas.


Dan ganas de salir corriendo

de todo aquello 

que no tiene corazón.


Pero a veces, 

también se huye

permaneciendo.


Hace un viento horrible 

en mi cabeza.

Me lleva hasta espejos

que no recuerdo haber colgado

frente a mi ventana.


En ninguno 

consigo 

reconocerme del todo.


No hay sombra que huya de mí 

tan deprisa

como mis pensamientos de mis actos.


Veo umbrales 

donde otros ven finales.


No espero misericordia 

de quien

no ha vivido. 


¿Para qué serviría la vida

si no dejara,

al menos, 

una herida por donde mirar?


Si fuera perfecta 

no gastaría esta carne.


No tendría cicatrices.

No conocería el hambre.

No habría amado mal.

No habría abierto puertas

que no supe cerrar.

No me hubiera equivocado tanto.


Si fuera perfecta

sería intacta. 


Y las cosas intactas

no saben nada 

de estar vivas.


He conseguido callarme

fuera.


Desde dentro 

se vive mejor.



Beatriz Casaus 2026 ©