sábado, 24 de noviembre de 2012

Gente pequeña


"Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo"(Eduardo Galeano).

(La inocencia civil no tiene cabida en el diccionario del odio y la sinrazón. Este es mi pequeñísimo homenaje a estas personas dejadas de la mano del destino.Gente pequeña y sin importancia para los verdugos de su pueblo vecino, que sufren los ataques armados y gente pequeña y sin valor para el panorama internacional que no hace nada al respecto. Desde aquí y aunque no sirva de nada, les mando todo mi amor y deseos de que la situación cambie a mejor).



El miedo nos paraliza y no sabemos qué hacer. Llevamos así seis días. Este es nuestro hogar y no queremos dejarlo, pero a nuestro alrededor ya casi no queda nada, solo hay escombros. No sabemos dónde caerá el siguiente misil. Intento adquirir la perspectiva de ese objeto destructor lanzado indiscriminadamente solo para saber cuál será su diana la próxima vez. 

Cuando alguno se queda dormido, los demás le miramos relajados porque sabemos que al menos está sintiendo algo de paz en ese momento. El poco sueño que he podido conciliar es el único instante en que olvido dónde estoy. Estar despierto es estar viviendo una pesadilla permanente. 

Se oye una canción que alguien está cantando en la calle. Me asomo a la ventana con cautela para ver quién la canta porque en la radio están anunciando que no han cesado los ataques y que no se han podido interceptar dos misiles que han caído en edificios civiles a apenas 300 metros de aquí. Las explosiones hicieron que el suelo se tambaleara y nos pusimos debajo de la puerta  porque es el único sitio de la casa en donde se está a buen recaudo. Desde entonces no nos hemos movido de allí. 

Hay un niño sentado en la acera que la está cantando a todo pulmón mientras tiene tapadas sus orejas con las dos manos. Está solo. Debería ir a buscarle. Es cierto que ni el muro más fuerte de este edificio es seguro, pero al menos no estará desamparado. Mi mujer me grita que no les deje y me recrimina que les abandono. Mis dos hijos tienen los ojos cerrados, tratando de jugar a que no están aquí. Les aterra el sonido de los cohetes y tenemos que abrazarles fuerte y besarles para que no les den ataques de nervios. Daría lo que fuera por salir de esta ciudad de cenizas y ofrecerles un  futuro, pero salir de aquí es imposible. Las fronteras están cerradas y dicen que quien intenta salir ya no regresa. Estamos acorralados y dejados a nuestra suerte. El azar es lo único que nos queda. Es nuestro único aliado y de él dependen las posibilidades remotas en las que nuestro hogar no sea el blanco de un helicóptero. Me aferro al él como me aferro a la vida. 

En nuestra calle quedan sólo cuatro casas en pie y no hemos oído ni un alma desde hace horas. Aquel niño también es hijo de un padre y una madre que estarán preocupados, si siguen con vida. Tengo que tranquilizarle. Mi mujer empieza a llorar y dice que mejor baja ella a buscarle porque yo siempre he sido muy torpe. No se lo permito porque es a la única persona a la que puedo confiar mis hijos. Le pido que sea comprensiva y que solo van a ser unos minutos. Bajo las escaleras a zancadas y salgo del edificio. 

No hay nadie en la calle más que aquel niño que no para de cantar tratando de frenar el silencio abrumador, aquel que precede a la fatalidad. Me dirijo corriendo hacia él. Le digo que le voy a llevar conmigo, que no puede quedarse solo pero él no para de cantar, es como si no me viera. Sin más vacilaciones, le agarro y le levanto. Me doy cuenta de que está sangrando. No sé exactamente de dónde procede esa sangre. Le examino su pequeño cuerpo mientras oigo un helicóptero acercándose. Debería llevarle al hospital, pero queda lejos y no tengo coche. 

Un ruido ensordecedor me aturde. Hay fuego a mi alrededor. Nos llevan a un hospital a mí, a mi mujer y a mis tres hijos pequeños. Escucho hablar a un médico del hospital con la cara desencajada. No entiendo muy bien qué dice pero creo que es algo más o menos así: “Nosotros no tenemos armas. No somos unos contra otros. Son unos, contra nosotros”. Mientras, una mujer periodista apunta sus palabras pero me temo que no saldrá en ningún periódico. 

Mi familia y yo estamos sonriendo, vemos nuestros cuerpos tendidos en camillas del hospital. Juntos ya no tenemos miedo. Por fin nos vamos de aquí.


Beatriz Casaus 2012 ©




domingo, 18 de noviembre de 2012

Escuchando La Voz Interior


"Es un privilegio haber vivido una vida difícil" Indhira Gandhi.

Qué importante es encontrar la voz interior, por zen o hippie que parezca esta frase. La creatividad por medio de la escritura para mí ha sido el camino de acceso a ella, pero para otra persona puede ser cualquier otra cosa. Lo interesante de la creatividad, es que como no puedes escapar de ti, sacas lo que llevas dentro  y es la vía directa para conocerse mejor y descubrir la propia voz. En ocasiones la confusión nos lleva a buscar el silencio y es en ese silencio donde se puede encontrar nuestro centro, con el que seremos capaces de escuchar nuestra verdad.

Las mujeres necesitamos especialmente encontrar nuestra propia voz, no sólo en la sociedad, la cual nos bombardea con la presión mediática de los cánones de belleza y demás roles sociales  injustos, sino incluso en nuestras relaciones personales, en las que tendemos a darnos enteramente amando de manera desproporcionada y de paso perdiéndonos a nosotras mismas por el camino. Lo primero no es la pareja, o el trabajo, o lo que sea que sea externo a nosotras mismas, lo primero es una misma y sería adecuado sustituir el pensamiento negativo que hay asociado a él, el de parecer unas egocéntricas por darnos esa importancia a nosotras primero, por el de darse el valor que todo ser humano merece y debe reconocer en primera instancia. Encontrar nuestro centro, nuestra voz, y ser fieles a ella es vital, pues cuando una/o descubre quién es y lo que quiere, adquiere irremediablemente el poder en su vida. Nada rebajará nuestra autoestima porque sabremos quiénes somos y aunque nos adentremos en una relación sentimental, lo haremos de forma sana, con desapego, enriqueciéndonos mutuamente y desde un corazón sin necesidades emocionales.

Otro modo de conocernos a nosotros mismos, aunque pueda sonar masoquista, es a veces el sufrimiento, pues por mal visto que esté, es el principal aliado de la madurez al aportar sabiduría una vez se haya superado. Puedo decir con la mano en el pecho que soy lo que soy gracias a todas las experiencias que he pasado, hayan sido buenas y malas, pero sobre todo las que me han pulido han sido las malas. Por ello intento no encasillar nada en esa dualidad malo/bueno. Lo que a primera vista se consideraría malo o negativo, como pueda ser un dolor por una situación desagradable, en algún nivel nos aporta aprendizaje, nos vuelve empáticos, más comprensivos con las personas que sufren y nos hace crecer, los cuales son aspectos buenos o positivos. Es decir, el hecho de catalogar algo como bueno o malo es una pérdida de tiempo ya que todo lo malo, conlleva finalmente a algo bueno. Las cosas son como son y sólo las personas las juzgamos o encasillamos. Una verdad irrefutable es que de todo se aprende y de todo se sale fortalecido.

Siempre me han interesado más las historias de los personajes que han tenido vidas difíciles y turbulentas, que los que han tenido una vida “happy forever” porque no son ni la mitad de interesantes que las personas que han padecido más pero que han sabido superar los obstáculos mediante la auto-superación. Cuando les oyes hablar a este tipo de personas o lees algo de ellos, no dejan de sorprender y se aprende una barbaridad. Un ejemplo de ello es el escritor francés Marcel Proust, uno de los escritores más destacados del S.XX y reconocido como uno de los grandes genios literarios (con permiso de Shakespeare), que tuvo una vida marcada por la enfermedad, el asma. Era homosexual y tuvo muchos amantes, pero no llegó a tener ninguna relación satisfactoria y se tiró veinte años escribiendo “En busca del tiempo perdido”. Al final de su vida y echando la vista atrás, se dio cuenta de que “todos aquellos años en los que sufrió fueron los mejores de su vida porque lo moldearon, y que los años de felicidad fueron perdidos, porque no aprendió nada”.

No pretendo dar consejos a nadie, bastante he hecho ya soltando estos parrafazos autobiográficos, pero he encontrado unos trucos personales que me han llevado a vivir en un estado de liberación y paz interior de los que me veo en la obligación de compartir por si a alguien también le sirven. Esos trucos serían los siguientes: Escucharnos a nosotros mismos encontrando nuestra propia voz, darnos el valor que merecemos desapegándonos de los condicionamientos aprendidos, no identificarnos con el dolor pero ser lo suficientemente valientes como para  atravesarlo para salir de él fortalecidos, no tomarse nada como algo personal y sobre todo, DISFRUTAR DE LA VIDA. Y para disfrutar de la vida, es conveniente un poquito de locura para no tomarnos las cosas demasiado en serio. Una dosis de locura y sabiduría es la combinación perfecta.

¡Que tengáis un muy feliz domingo!

Beatriz Casaus 2012 ©


Mi verdadero hogar

Conozco muchos lugares
y en ninguno he encontrado un hogar.
Lo único que se asemejaba a ello,
me lo parecías tú.
Mi vida sin ti,
es como una oración sin palabras
que caótica y plena
no mantiene sentido sintáctico,
pero reposa verdad en su contenido.
La vivo según lo que es,
la aventura de un viaje instintivo,
sin planos que indiquen el sendero.
He observado que alrededor mío
por extraño que parezca,
no hay nada.
Buscaba las llaves en el lugar equivocado.
Mi casa soy yo,
y la llevo dondequiera que yo  esté.

Beatriz Casaus 2012 ©


El  tiempo mal interpretado

El pasado es ególatra y se cree que todo es debido a él.
El presente es inseguro y humilde, porque duda de su existencia permanentemente y aunque es lo único que hay, nadie se percata de ello.
El futuro es arrogante, porque cree que traerá todo lo bueno que necesito.
El pasado es pretencioso porque hace sentir culpable.
El presente es escurridizo porque de un momento a otro, se convierte en pasado.
El futuro es descuidado porque no llega nunca.
El pasado es amigo del futuro, y ambos son enemigos del presente.
El presente es un regalo, como su propio nombre indica.
El futuro es adulador porque nos hace soñar con él.
El pasado es rencoroso porque recuerda las experiencias dolorosas.
El presente es paciente y nos da todo el tiempo del mundo.
El futuro es optimista porque mira más allá de sus posibilidades.
Vivir en el pasado es un tormento.
Vivir en el futuro, es vivir en una ilusión.
El tiempo lineal ha perdido la vigencia de antaño,
quien vive en el presente adquiere la libertad,

AHORA.

Beatriz Casaus 2012 ©


jueves, 8 de noviembre de 2012

La cultura, el nutriente con mayores vitaminas

DISCURSO DE FEDERICO GARCÍA LORCA AL INAUGURAR LA BIBLIOTECA DE SU PUEBLO (FUENTEVAQUEROS, GRANADA, SEPTIEMBRE DE 1931)

MEDIO PAN Y UN LIBRO


"Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada. 

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? 

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida. 

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

(Federico García Lorca)


POEMAS,LIBROS (PRINCIPALES NUTRIENTES)


Olvido
Y el silenció calló al oír su nombre…

El tono imperativo
me lo guardo en el armario
junto a su recuerdo,
para que no estorbe.
Busco la palabra que define
al castrado emocionalmente
que intenta querer y no puede,
porque le guardo empatía.
Como los amantes
que apelan a las excusas
y olvidan la realidad obvia
al ser descubiertos,
yo te he olvidado tantas veces,
que aún consigo recordarte.
No logro liberarme
aún como quisiera,
de cogerte de la mano.
Perdón,
por no saber cómo dormir sin ti,
por creer que el mar termina
en la línea del horizonte,
por creer,
en las cosas simples,
como los sucedáneos del amor.
El siguiente apelativo de mí,
que sea consecuente
a este delirio mundano,
donde envuelvo entrelazados
los suspiros,
que una vez fueron tuyos
y ya no.
 Beatriz Casaus 2012 ©
  
La Salvación
Repartir,
 el alimento del alma
como trozos de pan y agua
entre los pobres de espíritu.

Todos buscamos paz,
pero muchos se equivocan
para encontrarla.

Beatriz Casaus 2012 ©
ARTE,CINE, TEATRO,MÚSICA (NUTRIENTES ESENCIALES PARA UN CORRECTO Y SALUDABLE FUNCIONAMIENTO VITAL)




viernes, 2 de noviembre de 2012

Tener o no tener, esa es la cuestión

"Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo desaforadamente lo que no tengo" León Tolstói.

Siempre me ha interesado un tema que hasta nuestros días sigue siendo un misterio sin resolver y permanece en el cajón desastre de los antropólogos y científicos: el eslabón perdido de la humanidad. Es decir, el enlace entre el Homo-Neardenthal y el Homo-Sapiens, o el actual ser humano con su correspondiente bipedismo, tamaño cerebral, comunicación simbólica y desarrollo cultural. Nadie sabe cuál de las antiguas especies, si es que fue alguna, pues algunos incluso apuntan a que este salto evolutivo corresponde al origen extraterrestre, pudo ser el antepasado directo de los humanos modernos. Actualmente, la teoría más aceptada consiste en que África ha podido ser la fuente principal de nuevos genes y combinaciones genéticas  de los humanos, debido a que la realización de análisis genéticos apuntan a que podríamos descender de una población ancestral que vivió en África hace al menos 200.00 años. En todo caso, yo tengo una teoría particular ante este respecto. Según ésta, un hombre prehistórico primer consumidor originario de las cavernas, se apareó con una simia de menos de 180 kg y dieron lugar al actual ser humano: el “Homo-PocoSapiens-Consumens.”

Ahora sí y bromas aparte, parece que hace falta un esfuerzo intelectual para no caer de forma exacerbada  en el consumismo imperante de esta sociedad. Compramos de forma mecánica y la mayor parte del tiempo lo hacemos  con productos que no necesitamos. El miércoles pasado leyendo El País, en la contraportada, aparecía una entrevista del prestigioso economista francés Serge Latouche, quien  lleva desde los años 70 abogando por el “decrecimiento” como nuevo sistema económico. Para él, el decrecimiento “es una posibilidad de atreverse a pensar en un mundo diferente y sobre todo de salir de la economía.” Es por todos sabido pero por la mayoría no reconocido, que la forma de vida actual y el modelo económico no es sostenible y es causa actual de terribles desigualdades a escala local y global. Pensamos que el crecimiento puede ser infinito y vivimos ignorando el hecho de que vivimos en un planeta finito, con recursos naturales finitos, que debiera ser respetado y del que extraemos todos sus recursos sin dejar el debido tiempo para que vuelva a restablecerse por sí mismo.

Por otro lado,  el crecimiento económico ha dejado de ser una manera de satisfacer necesidades reales para generar en cambio necesidades innecesarias que son fuente de frustración y ansiedad por conseguirlas. El Ipod 5 es un ejemplo de ello. Una persona se compra un móvil  de última generación y momentáneamente el aparato nuevo parece hacer sentir al sujeto un poco más feliz, (a veces utilizamos las compras como terapia) pero al poco tiempo, sacan un modelo más moderno que gracias a los carísimos anuncios publicitarios de los medios de comunicación incitan a desearlo y de pronto, el móvil de última tecnología parece obsoleto y a la persona le apetece invertir su dinero en comprarse el cacharro nuevo que le han vendido como mejor que el anterior. Puede que en realidad el móvil nuevo lo sea, pero la pregunta que aquí cada cual debería hacerse es: ¿lo necesito y lo quiero realmente? En este mecanismo consumista entra en juego la avaricia para conseguir siempre lo mejor posible y todo lo que nos ofrecen. Juegan con nuestras debilidades primarias para ganar dinero y seguir manteniendo una sociedad infeliz que necesita comprar para rellenar vacíos existenciales.

Volviendo al ejemplo anterior del origen del ser humano, es necesario destacar que aquellos primarios seres humanos subsistieron y fueron capaces de evolucionar sin necesidad de lo que ahora nos dicen que necesitamos. Durante la mayoría de la existencia del hombre en la tierra no hemos necesitado ninguno de los productos con los que ahora nos bombardean. Fue a partir del fin de la segunda guerra mundial que se comenzó  a instaurar el sistema consumista en el que estamos envueltos. Nuestros dioses hoy en día nada tienen que ver con un verdadero sentimiento elevado que nos haga comportarnos de forma fraternal con nuestros semejantes y ser mejores personas, sino con la adoración a la belleza y a la adquisición de bienes materiales y económicos. Esta manera de vivir desarrolla el egoísmo y la total indiferencia hacia las demás personas que se muestran como anónimas en sociedades de millones de habitantes donde nadie conoce a nadie. Nos interesa más comprar ropa que la precariedad económica que nuestros vecinos puedan estar padeciendo. Es irreal y poco humano. Por  ello, Serge Latouche no se anda con rodeos y nos advierte que “vamos directamente hacia la catástrofe".

No pretendo ser pesimista, pero me veo en la obligación de señalar que debemos tomar conciencia de estos asuntos. No podemos seguir siendo marionetas de este juego ad infinitum que no nos reporta felicidad sino todo lo contrario. Cuando tomamos conciencia tomamos poder y somos capaces de decidir si algo nos conviene o no y eso es un gustazo para la vida de cada uno. Yo he tomado varios detalles que hacen que mi vida sea un poco más libre de estas imposiciones que son muy sencillos y que por supuesto recomiendo. Tomé la decisión de no ver la televisión y sólo lo hago de vez en cuando si sé que hay algo en la programación que me va a interesar. También, si voy a un centro comercial o a cualquier supermercado a comprar, voy con mi lista programada previamente en la cabeza para no dejarme llevar por las tentaciones (aunque alguna vez caigo, vale), y sobre todo intento informarme y leer sobre estos temas para saber sobre ello y desarrollar una opinión propia y criterio personal. Con estos sencillos hábitos puedo decir que me siento un poco más libre y menos inmersa en un mecanismo en donde la publicidad y algunos programas de TV absorben mis deseos y mi forma de ver el mundo. Yo creo que un mundo mejor es posible, tengo además la total convicción pero para ello, debemos ser ciudadanos conscientes. Como bien decía Gandhi, “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo” . ¿Quién iba a decir que Gandhi, un hombre menudo, sin contactos, y con el único discurso de la "no violencia" pudo cambiar la historia de toda una nación? Intentemos poner más atención en volvernos mejores personas y en intentar construir un mundo mejor con lo que está en nuestras manos que en adquirir lo último del mercado. Muchas gracias por vuestra lectura.

Recomiendo leer un artículo que escribí en este blog el año pasado que trata sobre el mismo tema: “Menos es más” http://www.nosoyyosomosnosotros.blogspot.de/2011/04/menos-es-mas.html

Que tengáis un feliz fin de semana ;)

Beatriz Casaus 2012 ©



domingo, 21 de octubre de 2012

El pianista ciego



El concierto se había acabado y aún el eco de los acordes del piano resonaba entre la memoria de los asistentes. La música lánguida repleta de expresión, la infinidad de matices de sus melodías y su originalidad y sensibilidad estética, provocaron que la emoción se materializara en los átomos de la atmósfera de aquella sala de conciertos. Los aplausos del público fueron eternos y por ello su primer concierto tuvo tanto éxito, que se convirtió en el tema de conversación de toda la ciudad durante semanas. Su nombre sonaba en los corrillos de intelectuales, empresarios y aristócratas y en poco tiempo se le reconocía como el joven pianista ciego que había sido capaz de conmocionar a toda una ciudad entera. Sin embargo, aquella fama no aturdía al joven pianista, quien a lo único a lo que prestaba atención era en componer.

Acababa de llegar a la ciudad y pronto pasó a formar parte del ambiente musical y artístico que la envolvía. La gente le admiraba no sólo por la genialidad de su virtuosismo sino por demostrarlo a pesar de su gran dificultad. El joven había aprendido a tocar el piano casi al mismo tiempo que aprendió a hablar. Al nacer y enterarse su padre que tenía un hijo ciego, pensó que la mejor manera de hacer su vida más llevadera y menos dramática sería de la mano de la disciplina musical del piano. A los pocos años de enseñarle, había demostrado para asombro suyo y de su propia familia, ser un virtuoso del instrumento. Su don era manifiesto al leer las partituras en braille a enorme velocidad, componer a muy temprana edad o tocar el piano con la sutileza que aporta unas manos guiadas por los ojos del corazón.

En la capital, unas mujeres que habían asistido a su primer concierto, le ofrecieron alojamiento en el barrio antiguo. Se habían quedado tan prendadas de él que una de ellas, la más lozana, se ofreció a asistirle como criada y ayudarle en todas las tareas del hogar a cambio de un sueldo económico. Le visitaba con frecuencia para limpiar la casa y de vez en cuando pasaba por la iglesia para coger agua bendita y llevársela. Creía que su virtuosismo era un milagro divino y que por ello debía mostrarle agradecimiento lavándole las manos con agua sagrada. La muchacha se percató de su sensibilidad, virtud tan poco desarrollada en los hombres que había conocido y quienes la habían tratado de forma grosera o meramente sexual. El hecho de que captara las cosas más allá de los sentidos y de que mostrara cierta emotividad, era como un soplo de aire fresco ante la masculinidad imperante a la que estaba acostumbrada. Ella era muy bella, y la mayoría de los hombres caían rendidos bajo sus pies sólo al mirarla, pero el pianista no podía contemplar su belleza y aquello hería hondamente su orgullo. Intentó por todos los medios llamar su atención sin éxito: se perfumaba con agua de rosas, le llamaba con apelativos cariñosos y finalmente pensó, que como el joven dormía poco y era intelectual, entretenerle en conversaciones durante la noche podría encandilarle. Pero tras unas pocas, él se negó a seguir manteniéndolas porque la muchacha sólo hablaba sobre el futuro o las preocupaciones triviales del día a día y aquello le aburría tremendamente y le quitaba tiempo para componer. La muchacha cayó presa de otra ceguera más despiadada aún que la del pianista, la del amor, y se vio con la necesidad de enamorarlo y de retenerlo a su lado, pero no encontraba la manera de despertar en él su admiración. Se dispuso a usar un método que nunca le fallaba. Un día, al lavarle las manos con agua bendita, recurrió a las caricias íntimas. El joven sintió que recorrían su cuerpo con prisa y sin tomarse el debido tiempo para explorarlo delicadamente. Se sintió amenazado y sin pensarlo dos veces, la echó de su casa. La bella muchacha le gritó:

-Te quiero y estoy segura que si no fueras ciego y vieras lo bella que soy, te enamorarías tú también de mí.

Sin inmutarse, el pianista esbozó una leve sonrisa y le contestó:

-He sido bendecido con el mayor de los dones, y no es mi virtuosismo. Mi gran virtud es mi ceguera porque me hace ver más allá del mundo de las formas. No necesito belleza para componer, mi inspiración proviene de mi interior.

La muchacha no daba crédito ante aquellas palabras de rechazo y le reclamó:

-Pero yo te amo y lo haré para siempre si me dejas.

-Esa palabra no existe más que en tu pensamiento, todo cambia y es perecedero. Un buen día tu belleza también lo será.

La muchacha se sintió humillada. Enfurecida recogió sus cosas mientras le gritaba toda clase de improperios y se marchó.

 Meses después estalló un brote de cólera en la ciudad y la gente pudiente se mudó al campo para no contraer la enfermedad. La mayoría de la población la padeció y hubo muchas víctimas mortales. El joven pianista tuvo que enclaustrarse en su casa y aquello le sirvió para dejar de lado su vida social y dedicarse en cuerpo y alma a la composición. Sin embargo, su estado de ánimo decayó y emocionalmente se llenó de ansiedad por la triste situación a su alrededor y por el desconocimiento sobre su familia, de la que no sabía nada desde hacía mucho. Era un joven ultrasensible y cualquier preocupación le hacía caer enfermo así que funestamente y a pesar de sus cuidados higiénicos, contrajo aquella terrible enfermedad.
La muchacha que le había servido, por aquel entonces se casó con un conde adinerado y durante su exilio en el campo se dedicó a fomentar en las reuniones sociales de los salones mala fama al pianista. Convirtió en negativas las virtudes que le habían enamorado y enfatizó que era un lunático, débil y un sentimental. Los mismos que le alabaron al principio en los círculos de entendidos, le empezaron a criticar también y su nombre se vio envuelto bajo las turbias intenciones de aquellos quienes al no poder entender la genialidad, la envidiaban.

Pasaron los años, las décadas y como al final de un concierto, cuando la música ya ha terminado, las luces se han apagado y ya no queda nadie, es la música sólo la que permanece en el recuerdo de los asistentes cuyos corazones han sido tocados por las composiciones sutiles y emotivas que han escuchado. Queda una cierta serenidad, una infinita paciencia, un deje de melancolía y la presencia de la satisfacción del trabajo bien hecho. Así, la música del joven pianista ciego permaneció en el recuerdo de todos y la vida de aquella música emotiva siguió latiendo más allá de su fama y de su nombre.

 

Beatriz Casaus 2012 ©




                                          

sábado, 13 de octubre de 2012

Los años robados

NOTA:

¡Cuánto poder tienen las historias cuando son pronunciadas por bocas ajenas a las de los implicados de las mismas! Como la hoja de un cuchillo afilado, pueden rajar despiadadamente la vida de cualquiera en un instante y hacerla parecer pueril, fútil y mezquina. No hay cabida para el interés de las personas que hay detrás de esas historias pues los protagonistas no son ellos en realidad, sino las historias en sí y cuanto más disparatadas, exageradas y dramáticas parezcan, mejor será el chisme y más daño colateral provocarán. Una simple frase en una situación diferente y  sacada de contexto puede desquebrajar al corazón más estable o fundir la confianza más afianzada. Todo lo que sale de boca ajena en referencia a la vida de otro sin comprensión, suena mal, así de simple.

Siempre he sido de los que no les gusta hablar de la vida de otros, más que nada porque odio que hablen de mí o de la mía propia y albergo una ligera esperanza en que si me guardo de hacerlo de los demás, se me respetará de igual modo. No soy de los que les gusta que comenten sobre mí por lo que no suelo alardear de nada y sólo mis allegados conocen mis historias personales,(bueno y ahora algunas, facebook) a quienes no dudo en contar y en pedir consejo si hace falta, porque sé que no me van a juzgar y que me van a entender. Intento pasar desapercibida lo más a menudo posible y a veces pierdo los nervios cuando no es así. Huyo de los corrillos y de los dimes y diretes pues casi puedo asegurar con “rigor empírico” que  hay un tanto por ciento bastante elevado de que lo que se cuece en ellos sea exagerado como pueda ser una hipérbole o un esperpento de Valle-Inclán.

Siempre he sido fiel defensora de todas aquellas víctimas que en algún momento han sido objeto de comentarios y les he dado un voto de confianza mayor que para aquellos quienes desataron las crueles habladurías. Despiertan mi empatía porque suelen haber cometido errores de los que me puedo sentir identificada y eso señala que son humanos, como yo. Los que cuentan los chismes creen tener el poder de la invulnerabilidad y en un ejercicio de arrogancia, juzgan a los demás como si ellos fueran santos y no hubieran hecho nada que no fuera intachable en sus biografías. Todos, absolutamente todos, somos susceptibles de aparecer en miles de chismes porque a ojos de cualquiera, todo lo que un tercero hace, puede resultar extraño o vulnerable de ser criticado sobre todo si hay ganas de hacer daño.

“Acepta todo lo que te viene entretejido en el patrón de tu destino, pues, ¿qué otra cosa podría acomodarse mejor a lo que necesitas?”  (Marco Aurelio, “Meditaciones”)


Los años robados


Nos vimos cruzando la esquina en esa calle tan poco transitada. Nos quedamos mirando absortos en nuestra perplejidad porque el destino nos hubiera juntado de nuevo al azar por aquella inmensa ciudad. No se me ocurrió otra forma de saludarle que darle un beso en la mejilla en vez de dos, me hubiera lanzado a sus brazos para fundirme en un abrazo eterno pero en aquel momento no conseguía  salir de mi asombro y los dos nos sonrojamos sin mediar palabra. Teníamos tanto que contarnos y que aclarar por los años perdidos, que el silencio nos hacía un flaco favor. Mi pulso se aceleró de forma vertiginosa en cuanto me di cuenta de la importancia de la situación. Tenía delante de mí al amor de mi vida, aquel que creí haber perdido y por el que tantas lágrimas había derramado. En estos años hubo momentos en los que incluso me dieron ganas de arrancarme el corazón del pecho por el agudo dolor provocado por su ausencia, pero finalmente la medicina del tiempo logró acostumbrarme, aunque olvidarle fuera imposible. Toda aquella templanza conseguida por los años fue arruinada en ese instante, pues en un abrir y cerrar de ojos, me había vuelto a enamorar.

Me invitó a tomar algo en una cafetería cercana. El sitio me pareció tener el atrezzo de una película de Fellini y el hombre que tenía delante de mí me recordaba a Marcello Mastroianni, en nada se parecía al recuerdo que tenía de él. Su pelo estaba mucho más corto y canoso, las patas de gallo, los surcos de su cara junto con las arrugas de la frente desvelaban el lapso temporal que había pasado sin vernos, pero aún así conservaba un gran atractivo. Bruscamente, me agarró del brazo y ahí le reconocí de nuevo. Recordé de inmediato la pasión que compartimos y que tantas habladurías había generado. Sin embargo, le aparté el brazo mientras las rodillas se me encogían y  me invadía una profunda fatiga. Mi cuerpo no podía reaccionar con normalidad y me empecé a marear. Había llegado a esa ciudad sola, sin amigos, sin trabajo y con una visa que tenía que renovar cada cinco años. Lo había dejado todo para no provocarle problemas  y empezar de cero alejada de todo lo que conocía. Pero con él delante, de pronto me di cuenta que quizás todo tuvo que haber sido de ese modo. Estábamos juntos de nuevo y aunque fuera por casualidad, al fin y al cabo eso era lo que contaba. Nadie nos podía hacer más daño ya de lo que nos habían hecho y yo aprendí a liberarme de la opinión de los demás y a no identificarme con el drama en mi vida sino a ver las oportunidades que se presentan, y aquella desde luego, era una de ellas.
Me llevó en coche hasta mi casa y le invité a subir. Le dejé pasar primero para deleitarme observando la elegancia de su caminar y al cerrar la puerta, le susurré en voz baja: “Ya estamos en casa”.
                                                                                                                                      Rebeca.

Era como si el tiempo no hubiera transcurrido entre nosotros, la complicidad era palpable y la cercanía se produjo rápidamente. Nos vimos por casualidad en una calle de aquella ciudad que tan poco me gustaba pero a la que iba de vez en cuando por negocios, yo estaba de camino a una reunión cuando me la encontré. La vi más guapa que nunca y eso que habían pasado muchos años. No podía creer que fuera ella y ni siquiera pude articular palabra. Sólo salió de mi boca un mísero pero estupefacto: “Hola Rebeca”. Ella se acercó y me dio un cálido beso en la mejilla, eso produjo que los dos nos sonrojáramos y que yo inmediatamente después la invitara a tomar un café. No quería perder ni un momento más a su lado, teníamos mucho que aclarar. Noté una luz que brillaba a través de sus ojos. Le pregunté por qué desapareció y entonces me contó que había aceptado los comentarios en vez de reaccionar contra ellos y que encontró correcto marcharse de allí para no causarme problemas. Su vida había sido difícil desde entonces pero la vi más suave y gentil que nunca. Mientras me contaba su historia, aquello me hizo evaluar mi vida. Yo había puesto todo mi empeño en olvidarla, y para tal propósito me sumergí en la sensualidad de cualquier mujer que me prestara un poco de atención, pero ninguna me trajo la dicha que me dio ella, más bien mi tristeza aumentó. De pronto pensé que con el paso de los años me había vuelto rígido y dedicado únicamente a identificarme con los roles sociales, enfocándome sólo en mi trabajo. Sin embargo ella, con su sonrisa y gesto gentil, me recordó a la de aquellos niños que había visto por esas calles, a quienes les falta de todo y te regalan lo único que tienen, su sonrisa.

 Las mentiras del pasado nos habían robado la felicidad y parecía que la hubiésemos vuelto a recobrar. Salimos de allí cogidos de la mano, ansiosos por intentar aprovechar los años perdidos. Llamé a mis colegas del trabajo para decirles que me tomaba la tarde libre, ya todo me daba igual. Lo único que recuerdo después, es que conduje hasta que se hizo de noche porque ella vivía en los suburbios de la ciudad y que aquel viaje en coche, me pareció inolvidable.
Si hubiera podido borrar los desafortunados comentarios que desencadenaron tanto sufrimiento…Sin embargo cuando subí a su casa, al cerrar ella la puerta y estar por fin a solas, comprendí  en ese momento que todo aquello fue lo mejor que nos podía haber sucedido.
                                                                                                                                       Eduardo.

Beatriz Casaus 2012 ©

Inspirado en la canción "No Past Land" de Russian Red.



martes, 9 de octubre de 2012

No tienes que darme excusas amor

"No vayas detrás de mí, tal vez yo no sepa liderar. No vayas delante, tal vez yo no quiera seguirte. Ve a mi lado, para poder caminar juntos." (Proverbio)


“Si eres capaz de ver al mundo 
en un grano de arena, 
si eres capaz de ver el cielo en una flor, 
si eres capaz de captar el infinito 
en la palma de tu mano, 
y la eternidad en una hora… 
Entonces puedes Crear 
el Cielo en la Tierra.”
(William Blake) 



No tienes que darme excusas amor

Si caminamos juntos es para construir,
con lo que me das tú,
con lo que te doy yo.

Y de entre tanto abandono,
me sale quererte sin un aunque,
o ningún pero.

Porque me bebo en tus ojos,
sacio esta sed que tengo de ti.
Porque eres,
como aquel espejo que muestra
lo que un reflejo sincero no puede callar,
y que con ingenio escondo, 
disimuladamente.

Si caminamos juntos es para soñar,
con lo que te cuento yo,
con lo que me cuentas tú.

Mi valor es huésped en casa ajena.
Sin más,
las palabras baldías ya no le parecen groseras
a mi sensibilidad.
Lo carnal, es ahora celestial.

Si caminamos juntos es para aprender,
con lo que enseñas tú,
con lo que enseño yo.

Somos cómplices en vez de culpables.
El tifón del deseo le dice al amor
una confidencia:  “ssshhhhhh
…mi devoción por ti…”.

Si caminamos juntos es para ser felices,
con lo que comparto yo,
con lo que compartes tú.

No tienes que darme excusas amor,
porque no me perteneces.
Llegas como un regalo sin dueño,
sin condiciones, ni expectativas.

Si caminamos juntos es para ser libres,
con el espacio que te doy yo,
con el espacio que me das tú.

La autonomía en la intimidad
trabaja a propósito
para mantenerse siempre sola,
sin heredarla de nadie.

Veo el raíl diáfano al éxito
en lo opuesto que hay en ti
para integrarlo en mí.

Si caminamos juntos es para ganar,
con lo que te respeto yo,
con lo que me respetas tú.

No cantaré más letanías
en mi abstinencia,
ni  callaré lo que sienta,
pero te lo diré con dulzura.

Si estamos juntos es para mejorar,
con lo mejor de mí sin pretenderlo.
Con lo mejor de ti,
sin buscarlo.

Beatriz Casaus 2012 ©