jueves, 27 de abril de 2023

Un aullido silencioso

 Una vez, un discípulo le preguntó a su maestro quién era la persona con más carácter que conocía. El sabio señaló a un hombre que estaba sentado, siempre llevaba una sonrisa en la cara y gozaba de buen talante. El discípulo se extrañó y fue a increpar a aquel hombre empujándole. El hombre tan siquiera se inmutó y se quedó callado sin dejar de tener buen gesto en su cara. 

Cuando el discípulo regresó, le manifestó al sabio su perplejidad ante la elección de aquel hombre como una persona con carácter, a lo que el sabio replicó: “Hay que ser muy fuerte y tener mucho carácter para no reaccionar con enojo ante las vicisitudes que se nos presentan. La gente iracunda, violenta, o con mucho pronto, son débiles de carácter. El autocontrol para no reaccionar así y el dominio sobre los deseos o reacciones primarias, es de personas con carácter fuerte. Ese hombre, es un hombre de verdadero carácter”.   


Últimamente estoy focalizada en desarrollar mi lado espiritual, que en realidad es nuestra verdadera naturaleza, pero estamos tan enfocados en este cuerpo físico y en todo lo que aquí acontece, que es visto de forma extraña y hasta singular dedicarse a ello. Aunque cada vez noto que puedo compartir esto con más gente.

 Creo firmemente que somos seres espirituales experimentando una existencia humana, aunque nuestros sentidos físicos nos limiten para reconocerlo y por ende, hayamos olvidado quiénes somos. 

Algunos lo sabemos y lo sentimos desde nuestro fuero interno desde siempre. En el último mes, estoy haciendo un voluntariado indescriptible, he asistido a un retiro espiritual y estoy realizando varios cursos que me están enriqueciendo a niveles que es difícil explicar. 

He dejado un poco de lado las redes sociales porque aunque para mí son una herramienta maravillosa para compartir momentos o reflexiones mías y poder llegar a bastante gente con un solo clic, notaba que me estaba orientando mucho hacia el exterior y descentrándome. 

Siento que el mundo material en el que vivimos no tiene sentido y que proyectarse solo en él, no ayuda para nada en hacernos felices sino que nos aleja más de ello. Cultivarse en todos los sentidos y convertirse en la mejor expresión posible de uno mismo a base de distintas técnicas, es algo que nos empuja a elevar nuestra conciencia y a mejorar como seres humanos. Meditar es una de esas técnicas fundamentales para conseguirlo.

Ante cualquier problema o desasosiego, meditar ayuda. Lo resuelve todo. Lo disuelve todo, porque cuando se medita, uno deja de representar su personaje, aquel que vive alimentado de su separación individual, para disolverse en el todo. 

Nunca se percibe el "mañana", ni el "luego". Ahora es el único tiempo que siempre sucede. Las líneas del tiempo son un concepto inventado por el ser humano porque aquí se percibe de ese modo. En otras dimensiones, todo sucede al mismo tiempo, por lo tanto, el acceso a cualquier realidad temporal es instantáneo ya que en el eterno presente del alma, todo sucede a la vez. 

El secreto, es sentir. Y gracias a la meditación, se aprende a sentir.

El siguiente escrito me vino de forma automática mientras estaba meditando, tuve que parar y ponerme a escribir inmediatamente :)

Así que aquí lo dejo con todo mi cariño:


Un aullido silencioso


En el silencio todo es posible.

En el silencio no hay límites.

En el silencio me expando.

En el silencio pierdo la forma del cuerpo.

En el silencio percibo todo de una forma plena.

En el silencio siento quién soy.

En el silencio vivo en autenticidad.

En el silencio experimento mi esencia.  

En el silencio dejo de ser yo para ser lo que soy.

En el silencio me hago consciente de la conciencia

que hay detrás del pensamiento.

En el silencio todo es.

Lo que parece ser se disuelve

y lo que verdaderamente es,

se manifiesta.

El viaje es hacia dentro,

la salida es hacia el interior.


Beatriz Casaus 2023 ©


martes, 28 de febrero de 2023

Go away toxicity!

 


Debido a la naturaleza bondadosa de muchas personas, en las que permitidme que me incluya, a veces, caemos en el craso error de no establecer límites con personas que son altamente demandantes emocionales e incluso, tóxicas. Yo ya voy aprendiendo con los años, pero mi trabajo me ha costado y buenas leñes me he llevado en este aspecto.

Son personas que puedes encontrar en diversas áreas de la vida: compañeros de trabajo, amistades, vecinos, familiares e incluso parejas, no es mi caso este último, todo sea dicho. Y es importante reconocerlas cuanto antes para poder marcar barreras, y establecer límites que no nos hacen peores seres humanos, sino protectores de nosotros mismos, porque se suelen aprovechar de las personas que, como nosotros, brindamos nuestro apoyo en base a ese carácter compasivo.

Si miramos las cartas astrales de este tipo de individuos que caen en sus garras, en las que me vuelvo a incluir, solemos ser personas con varios elementos en Piscis o en la casa XII, o con un Neptuno muy marcado en la carta, porque Piscis es el signo más compasivo, y al que más le cuesta marcar límites. Al menos al arquetipo, que es a lo que me refiero.

A estas personas se las reconoce por los siguientes comportamientos: Suelen ir de víctimas, de ahí nuestra compasión hacia ellos si nos los creemos. Critican a otras personas. Elemento tóxico y contaminador por excelencia que suele ser el indicativo más claro que encienda la señal “DANGER” para reconocerles con rapidez y huir despavoridos de su compañía. Se quejan por todo, son pesimistas y a todo le sacan un "pero". También pueden usar la mítica frase “pues yo más”. Si les cuentas algo, ellos son más en todo, incluso en lo peor, válgame Dios... No suelen escuchar, porque están inmersos en hacer monólogos de sus penurias en vez de escuchar otros puntos de vista que quizás les hagan salir de su bucle autodestructivo... y así la lista se vuelve interminable con este tipo de atributos que no son precisamente agradables. 

En caso de no haberles descubierto, debido a que muestran también una cara más encantadora que puede encandilar y desconcertar a los que vamos de “salvadores” por la vida, es el hecho de su fino arte para manipular y así conseguir sus deseos. Ese sí que es otro indicativo clarificador que enciende la alarma de emergencia automáticamente. Al final, y a lo que me voy a referir, es que es a nuestra intuición a la que debemos hacer caso, porque nunca falla.

Lo importante es tener una idea bien clara: Las personas felices no pierden el tiempo criticando y menos haciendo mal a los demás, porque la maldad es para la gente infeliz, frustrada y envidiosa, que no ha podido encontrar su luz. Solo te pueden ofrecer oscuridad y toda la basura que tienen por dentro, porque ese es su estado mental. Por ello contaminan el ambiente y hasta nos desgastan. Cada uno da lo que tiene, y en este caso, lo que se es. Esta gente da lo que son. Tampoco le podemos pedir peras al olmo y si alguien ha demostrado en varias ocasiones un tipo de comportamiento de ese estilo, lo más inteligente es alejarse. Perdonarle, pero desde la más recóndita distancia, si puede ser.

La Madre Teresa de Calcuta dijo “quien dedica su tiempo a mejorarse a sí mismo, no tiene tiempo para criticar a los demás”. Así que os sugiero a las personas de buen corazón, a que dediquéis vuestro tiempo si os apetece, a mejoraros a vosotros mismos porque así también estaréis mejorando vuestro entorno. Al menos en eso intento invertir mi tiempo. Y se vive mucho mejor, oiga. 

Gandhi decía “sed el cambio que queréis ver en el mundo”, porque el cambio comienza con uno mismo. Haciéndonos conscientes de nuestra propia oscuridad y aceptándola, lograremos trascenderla y no solo señalar la de los demás. Sobre todo, sin la intención de cambiar a nadie. Eso no nos nos corresponde a nosotros. Lo único de lo que sí somos responsables es sobre cómo nos tomamos las cosas. Si uno cambia hacia las circunstancias de la vida, esas circunstancias aunque no cambien, al nosotros responder ante ellas de otra manera, no nos afectarán de igual modo. 

La crítica y los juicios, son un signo de pobreza emocional y espiritual. Jesús decía, “a los pobres siempre los tendréis a vuestro alrededor” y mi intuición me lleva a pensar a que se podría referir a los pobres de espíritu. Valiente interpretación la mía que he hecho libremente de una frase bíblica, pero, creo que los protestantes en eso nos llevan la delantera por goleada, pudiendo hacer este tipo de interpretaciones subjetivas y personales sin necesidad de un sacerdote que sea quien las interprete. Pero que no se me confunda, no profeso la religión protestante ni ninguna otra. Y sin embargo me empapo de todas, para aprender de cada una.  

Las apariencias engañan, pero la intuición no miente. Cuando una persona tiene un buen corazón, eso se nota desde lejos. Las apariencias se construyen, pero la esencia siempre se revela. Nadie puede ocultar lo que es y trae consigo. La vibración habla mucho más que las palabras, revela las intenciones que lleva el alma. Las personas intuitivas sabemos leer esas vibraciones, pero muchas veces, nosotros mismos nos boicoteamos por nuestra falta de confianza. Aunque eso se trabaja y se mejora, lo digo con conocimiento de causa. 

Las personas hermosas siempre son aquellas que nos abrazan por dentro, que nos hacen sentir bien con su presencia, que poseen un aura de afecto, bondad y luz. Las personas no solo establecemos amistades, afectos y relaciones por gustos, sino por la sintonía energética. Hay que limpiar lo que hay en nosotros que ha atraído a ese tipo de personas.

La energía, el alma y la intuición, jamás mienten.

Alejarse de algunas personas es también, un acto de amor hacia nosotros mismos.

 

Beatriz Casaus 2023 ©

jueves, 19 de enero de 2023

Felicidades


El profeta” Sobre el amor y el matrimonio: (Khalil Gibrán)

 “Nacisteis juntos y juntos para siempre.

Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.

Sí; estaréis juntos en la memoria silenciosa de Dios.

Pero dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

Llenaos el uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.

Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga,

porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos,

porque los pilares del templo están aparte.

Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.”

(Khalil Gibrán)


Te celebro

 

No solo eres el protagonista de tu historia,

también lo eres de la mía.  

No sé cuántos eones hace 

desde que te conozco.

Probablemente nunca lo sabré

bajo este paraguas de existencia.

Solo sé que la primera vez 

que rozaste mi brazo

una energía que nunca antes había sentido,

lo recorrió de arriba abajo

y me di cuenta de ese hecho,

de que te conocía de antes.

Siempre noté familiaridad en tu mirada

y me he sentido cálida dentro de ella.

Amarte es un deber de mi alma.

Una brisa que refresca mi realidad,

que la hace más llevadera 

y mucho más bonita.

Estar solo es mejor que estar mal acompañado,

pero también es mejor

estar bien acompañado,

y tú eres esa compañía

que siempre nutre, cuida y reconforta.

No puedo agradecerte cada segundo

que me has dedicado,

o cada caricia que me hace sentir

tan cerca de ti.

He aprendido mucho contigo.

Las experiencias difíciles

han sido una bendición incluso,

a fin de cuentas,

me han traído hasta aquí,

hasta el ser humano que soy hoy.

Y me gustan mis cicatrices.

Las bendiciones que me has regalado

son incontables.

La mayoría no tienen un precio

y por eso su valor es incalculable.

Juntos, bebemos de este cáliz de amor

en copas separadas,

pues como bien decía Khalil Gibrán,

“llenaos el uno al otro vuestras copas,

pero no bebáis de la misma copa”,

esa es la forma más sana de amar,

del bien querer.

Y yo te quiero bien

incluso si no fueras mi carne.

Porque el lazo no es de aquí,

sino de nuestra verdadera naturaleza.  

Gracias,

por abrirme la puerta de par en par

y por brindarme la oportunidad 

de esta experiencia

a tu lado.


No hace falta decir te quiero,

he gastado esas palabras de tanto usarlas.


Hoy te celebro yo a ti.

 

 

Beatriz Casaus 2023 ©



martes, 17 de enero de 2023

Cuerpos

Primera entrada de este año. 

Me siento muy agradecida por vuestras lecturas. Por cada palabra leída que os haya evocado imágenes lejanas de la cotidianidad y hayan hecho caer el fino velo que existe entre el mundo de la poesía y el real, porque en el primero, todo es posible. 

Solo la imaginación da alas para volar. Y a mí la imaginación me ha ayudado tanto...

El verdadero éxito es conquistarse a uno mismo. Dominar, o al menos aprender a gestionar las emociones y empaparse de amor. 

Gracias a la poesía, uno está más cerca de eso.

 

Abrazos. 



Cuerpos

 

El silencio

imita losas de labios cerrados

corrompidos

por miradas dormidas

en un final que ya estaba

escrito

desde el principio.

 

Se repite el confinamiento,

esta vez de una mente

aprisionada en un cuerpo.

Como un esbozo

de un trazado mejor,

y un calabozo sin rejas.

 

Percibo cuerpos líricos

anidados

con lo inefable.

Vivir entre sus límites

es comprender

las fronteras desde dentro.

 

La lejanía de llegar a comprenderse

cuando se tarda una vida entera.

Y mientras inseguridad,

más dudas,

o más cansancio.

 

Liviana

formada

la sapiencia de un estado

más grande de conciencia.

Ser un sujeto sutil,

ser,

un fragmento

de un tapiz

o una célebre imagen

con la que se forma

una misma 

alma.

 

No hay guía

con rutas jalonadas.

La misma sepultura

entierra sueños,

desafíos,

gravedad

y los transforma

en simples ilusiones

que se hacen innecesarias

en el ahogo

de los años.

 

Los niños crecen,

los adultos,

envejecen.

Sus enemigos

son ellos mismos

en su afán de amar a otros

quedan abandonados

en horas desiertas.  

 

Levantan

cuerpos vacíos,

los inmortalizan

para la mente fidedigna

de un parámetro perpetuo.

Recordar

que nunca se podrá

dejar de nacer

o descubrir

que se nace

para dejar ir.

 

Pocos saben erigir

bases sólidas

sobre corazones edificables.

Los corazones no bombean

solo reparten ganas.

La mayoría se construyen

bajo un interés

tan indómito

como famoso,

la felicidad.

Pero esta se escabulle

entre los dedos

que tratan de retenerla,

solo existe

detrás de nuestro

rincón secreto.  

 

Sentidos hablan

de realidades individuales.

Se oyen

mentiras,

se ven atrocidades,

se tocan sin sentir,

no saborean

la verdad

ni se percibe el amor

con el cerebro.

 

Una montaña blanca

de deseos

que se sacrifican por una vida

conveniente.

Antes de ser clavados

sobre un suspiro sin aliento.

 

Estos, no son casas,

son ataduras de hábitos

que con en el transcurso

de los años,

pierden hasta la capacidad

de vivir.

Son como campanas

que resuenan

con los daños de otros,

como un rezo quebrado,

atado al dolor

que alguna vez 

se causó.

 

 

Beatriz Casaus 2023 ©


domingo, 25 de septiembre de 2022

Vale ser yo

 


Cumplir años me ha enseñado entre otras cosas, que la opinión de los demás, es solo es eso, la opinión de los demás. Hay casi ocho mil millones de opiniones como personas existen en el mundo. Solo son opiniones y cada cual tiene la suya. Ninguna tiene más valor ni es más verdadera que la otra. Por lo tanto, no darle importancia es una muestra de inteligencia. Siempre he basado mi valor en opiniones ajenas y eso solo me ha llevado a apartarme cada vez más de mí misma. A traicionarme de algún modo, descentralizarme y a proyectar en los demás una idealización más allá de toda realidad y lógica. Al darme cuenta de este nimio pero revelador detalle, la liberación que va a asociada a ello, es lo más esclarecedor que me ha pasado. No importa lo que hagas, la gente opinará sobre ello, y puedes ser malentendida/o, criticada/o, cuestionada/o, juzgada/o e incluso atacada/o. Y da igual, es solo su opinión. Ahora hago lo que siento y creo que es correcto basado en la creencia de que tomo las decisiones acertadas en las diferentes áreas de mi vida. Yo soy como yo soy y eso, y creedlo o no, es lo más importante que hemos venido a hacer. Ser quienes somos, saber de nuestro valor y simplemente, ser. Actuar según uno siente, cree y piensa, se llama coherencia y practicarla, es un hábito que otorga salud y un valor que suele faltar en nuestros comportamientos. Un abracito.


Vale ser yo.

A veces se hace difícil

apuntar la dirección de una lanza sin punta.

No se puede ser tan cobarde

como para no escucharse a uno mismo.


¿Y si el fin del mundo se produjera en mí misma?

Pues es solo mi mundo el que se rompe

dentro de un alegato encerrado

en una sepultura de por vida.


Nos han enseñado a resignarnos

mientras perdemos las ilusiones

que nos han permitido crecer

y no solo la comida,

cómo nos hicieron pensar.

“Para crecer tienes que comer”,

nos han dicho siempre.

Pues no.

Yo me nutro de esperanza, sueños e ilusiones

y si no las albergo en mis células,

mi vida no se puede pronunciar en mi boca.


Se desvanecen las palabras antes

de pronunciarlas porque me quedaría sin voz.

Muda y despierta a la vez no se puede estar.


He conocido las gestas de los héroes

que claman su verdad

y estas no son oídas por todos,

porque todos tenemos una idea diferente

de cómo deberían ser las cosas.


No es un fatuo final pronunciarse,

es no hacerlo y vivir bajo los entresijos

de los manejes ajenos.  


Yo solo sigo las exigencias de la justicia,

que no perdona ni un acto en el olvido.

No somos bellos por lo que callamos,

sino por lo que decimos en alto,

y, sobre todo,

por lo que nos decimos a nosotros mismos.


Luces y sombras son ajenas entre ellas.

Los cumplidos me encarcelan

y manejan a sus anchas.

Las críticas sin embargo son amigas,

porque siempre he sido mi principal verdugo.


No quiero integrarme en el río

de las opiniones de los demás,

porque me pierdo

y no sé dónde queda mi límite 

entre los otros y yo.


Se me hace difícil liderar mi vida de ese modo.

La vida no se puede transitar en modo pasivo.

O se vive, o se muere en vida

y yo ya he muerto tantas veces 

que me sé el camino.


Me suelo regañar a menudo por no entender

que el mañana no se puede regalar,

así que intento con arduo 

y casi hercúleo esfuerzo 

de hacer valioso cada despertar.


Beatriz Casaus 2022 ©




domingo, 26 de junio de 2022

Nadir

 "¿Estás seguro de que estamos despiertos? me parece que aún dormidos, soñamos" (Sueño de una noche de verano, William Shakespeare)


Sueños de una mañana

se acercan en la misma posición celeste

en la que sale el sol.

No es el zénit lo que acaricia el deseo,

sino lo diametralmente opuesto.

Su nadir, me atrae más y me embarca 

en dulces ironías

flotando como el aire 

enmarañado de pensamientos.

Se acerca esa marejada,

su mirada oculta y perdida

en los albores de mi memoria.

Allí donde caen los recuerdos al ser olvidados.

Todo lo recoge ese sol del horizonte,

se lo lleva el recuerdo palpitante.

Voy construyendo los pasos en libertad

mientras me levanto sola en esta habitación,

donde se han perdido los gemidos de un placer lejano.

Ya no me levanto por las noches

a contemplar las vísceras de los días caídos.

Los ojos me pesan como losas cargadas de costumbres.

Vivo sin esperar nada a cambio.

Vivo, por si pueden cambiar las cosas.

Las esperas nunca han sido lo mío

y sin embargo son mi mejor costumbre.

Es la noche la que me acoge

entre sus infatigables brazos de descanso.

Allí me puedo derrumbar si quiero

y ser un huésped en mi propia casa.

Lo más lejano del punto opuesto,

brillante, luminoso, soy,

porque no puedes ser amanecer

sin haber tocado el ocaso.

El mismo punto conecta entre una y otra cosa.

Es el declive del éxito lo que hace saborear la gloria.

Aguas bravas empapan los tiempos

en los que los soñadores

mirábamos por la ventana.

Todo es cuestión de intención.

Qué alimentar en los castillos

que cada uno se ha construido.

Las noches más oscuras acompañan 

a las mañanas más luminosas.

Luces y sombras son la misma cosa.  

No hay nada más placentero

que adentrarse en el propio hecho

de perderse para saber tu procedencia.

Solo los valientes caen para levantarse,

los que indagan en las profundidades

para conocer las superficies 

con soberana facilidad y desapego.

Todo llega cuando estás más lejos de algo.

Vuelve,

para tocar los oscuros espejos del nadir.

Robados de esperanza y consuelo.

De esa esperanza

de llegar a lo alto

para saborear el suelo.

 

Beatriz Casaus 2022 ©




domingo, 15 de mayo de 2022

La chica del fondo


Nunca se sintió princesa, sino más bien un G.I. Joe. No le gusta el rosa, ella prefiere vestir de blanco. No le gustan las joyas, ni la bisutería. Odia los pendientes de perlas. No le gusta hablar mal de otras mujeres. Si le preguntan cuál es su mejor complemento en un look, ella dice que un libro.

Le gustan los niños, los perros y los bebés, es lo único que ve por la calle. Pero nunca tuvo un sentimiento maternal muy desarrollado. Su anhelo u objetivo en la vida no ha sido casarse sino aprender más sobre la consciencia y sobre cómo evolucionar como ser humano y como alma. Se aburre soberanamente cuando los únicos temas de conversación de la mayoría de las mujeres con las que se relaciona giran en torno a sus hijos. Le gusta hablar de ideas suyas o de las que otros han escrito antes, cultura en general o sobre temas tabú como la muerte y las experiencias cercanas a la muerte, porque cree que son los únicos momentos en los que el velo se cae y se muestra la verdad.

No le gusta cocinar, ni compartir recetas. La pasta o la pizza no es su comida favorita. No le gusta la música salsa, el reggaetón o la bachata. Le gusta Chopin, el rock y las letras comprometidas o las creaciones originales. No le gustan los tíos cachas. Ni los muy guapos. Encuentra sumamente atractiva la bondad y la vulnerabilidad. No le gusta alardear de nada. Le gusta ser humilde. No le gusta ser el centro de atención. Se le facilitó un ego como quien reparte caramelos a la salida de un colegio y a ella le tocó uno lo suficiente básico como para que le permitiera utilizarlo para no llegar tarde a los sitios, saber la fecha que es o cosas mundanas por el estilo, porque si no, ella se considera de otro planeta. No se siente irremplazable o el ombligo del mundo. Cosa inhóspita en ese reparto de egos superlativos. Se queja de que conoce muy poca gente con poco ego.

Le gusta ser considerada con los demás y no hacer sentir de menos. Todo lo contrario, le gusta hacer sentir bien a todo el mundo a su alrededor. Su propósito es ser feliz haciendo feliz. No le gusta el idioma francés. Le gusta la sutil musicalidad y delicadeza del idioma portugués. Cuando algunas mujeres le indican sus gustos sobre Netflix y todos giran en torno a telenovelas sudamericanas que ni siquiera aparecen en su lista de sugeridos (la propia plataforma sabe que no le despiertan ni el más mínimo ápice de interés) ella les comenta para su sorpresa, que lo último que ha visto en Netflix han sido cuatro documentales, el último, muy interesante, trata sobre un ensayo clínico con setas alucinógenas en personas que sufren depresión desde hace más de dieciocho años y la frustración que sienten tanto doctores implicados en el estudio como los propios voluntarios al no poder continuar con esos tratamientos que han comprobado que sí funcionan pero que están prohibidos.

Disfruta mucho estando con gente, pero ama estar sola. Se considera honesta y sincera, leal y devota. Si alguien no le cae bien se le nota, no puede ser hipócrita. No le gusta hablar de la gente a sus espaldas. Vive sola y sin embargo lleva diez años con su pareja. Cree que la convivencia es un error. Pasa muchos días seguidos junto a su pareja, pero el espacio de cada uno, así como el tiempo de cada uno cuando lo necesite, le parece vital. No le gusta mandar a los demás o hacer que hagan lo que quiera. No es sutil ni sibilina. No le gusta convencer a alguien de nada. Si tiene un mal día no lo paga con nadie, en el peor caso, no sale de casa y así no tienen que aguantarle. Le gusta sudar, hacer ejercicio y no poder hablar si va corriendo. No le gusta hablar hasta por los codos. Le gusta el silencio y a veces hace ayunos de silencio. Le gusta hablar bajito. Le gusta viajar, pero no le gusta aparecer en las fotos de sus viajes. Nunca ha estado en París, y sin embargo muere de ganas de ir a Nueva Guinea o los destinos de los que nadie habla. No le gusta planear los viajes. No le gusta planear nada. Le gusta la improvisación y no saber qué va a pasar. No le gusta hablar por teléfono ni por WhatsApp. Le gusta mirar a la gente a los ojos y cogerles de la mano si comparten con ella algún dolor. Le gusta ir a los restaurantes caros, pero disfruta igual en una tasca o una franquicia. No se fija en los detalles de las cosas, no es observadora. No necesita nada caro en su vida. No distingue una gama cromática más allá de los colores primarios.  No le gusta criticar, juzgar o analizar la vida de nadie. Le gusta decir a las demás cosas bonitas. No le gusta que las personas tengan que adivinar qué le pasa. Le gusta la vida sana, pero se ha emborrachado en incontables ocasiones en su vida. Alguna vez le han tenido que llevar a casa y acostarle o sostener su cabeza para vomitar. No le gusta decir no, cuando quiere decir que sí. Le gusta hablar diciendo palabrotas. No le gusta ser políticamente correcta todo el tiempo. No le gusta opinar igual que la mayoría. Le gusta pensar por sí misma, por eso no ve la televisión. No le gusta sentirse la más guapa, ni tiene esa necesidad. Sus inquietudes son intelectuales y espirituales.

Es como esa chica del fondo de un local de moda, que se esconde tras una copa cargada de ron y poco Sprite, y que no para de tocarse el pelo porque se siente nerviosa si le observan. Lleva aún el abrigo en la mano porque no sabe cómo marcharse de una fiesta que no va con ella. La que se obliga a socializar. La que intenta pasar desapercibida, la que no necesita estar en la primera fila. De la que nadie habla al entrar. Pero de la que nadie se olvida, y no por lo bonita que es, sino porque cuando se la conoce, te das cuenta que no quedan muchas así.

 

Beatriz Casaus 2022 ©


**** Documentales y series recomendados de Netflix: End Game, Extremis, Surviving death, Doing Good, Magic Medicine, The Last Shaman, La asistenta, Pretend it´s a city, Life after death, El dilema de las redes sociales, After Death (con Ricky Gervais) The Crown, Anne with an E, Lo que el pulpo me enseñó, Stranger Things....***