viernes, 2 de enero de 2026

El coraje de ser: hacia el 2026 con autenticidad

“Si no hubiera creado mi propio mundo, sin duda habría muerto en el de los demás.” (Anaïs Nin)

“Ser uno mismo en un mundo que está constantemente tratando de hacerte alguien diferente es el mayor logro.” (Ralph Waldo Emerson)




2025 ha traído aprendizajes intensos y un crecimiento profundo para muchas personas. Ha sido un año en el que muchas cosas se han derrumbado y otras, como algunas creencias e ideas que erosionan nuestra alma, se han ido disolviendo. Por eso, ha sido también un tiempo de limpieza, de verdades incómodas a nivel social y personal y de máscaras que ya no podían sostenerse. 

Una de las ilusiones que merece la pena señalar, porque ha empezado a desmoronarse, es la del no merecimiento. Cada vez más personas hemos atravesado esa creencia y la hemos ido soltando. No creernos suficientes, de que nuestra existencia no es significativa o de que no aportamos nada al mundo. Y hemos empezado a recordar lo que siempre fue verdad, que somos suficientes y merecedores. 

Esos derrumbes, algunos los hemos aprovechado como impulso para ayudarnos a regresar a casa: a nosotros mismos. Ha sido una transición necesaria para atrevernos a acercarnos hacia nuestra verdadera identidad, aquella que no sostenemos para agradar a los demás, sino la que nos pertenece de forma auténtica, sin maquillaje. 


En la cultura japonesa existe un concepto llamado Ma. Se traduce como vacío o pausa. Pero no es un espacio desde la carencia sino una transición necesaria que propicia el estado intermedio entre las cosas. 2025 ha requerido ese Ma. Para que lo nuevo y diferente pueda brotar, lo antiguo debe desvanecerse, soltarse. Ese tránsito, da lugar a un silencio lleno de posibilidades; deseo que así sea nuestro 2026.


Tengo la sensación que este año nuevo nos va a pedir, entre otras cosas, a dejar de vivir desde el miedo para comenzar a vivir desde el amor. Aprender a consultar primero nuestro corazón antes que nuestras cuentas bancarias, por ejemplo, y  ponerlo como prioridad. Que nuestra mayor ambición sea vivir en coherencia con él. Hablar desde el corazón, decidir desde él y alinear nuestra existencia en base a él. Y seguir la intuición, porque es curioso que solo sobrepensamos y nos sentimos confundidos cuando nos alejamos de ella. La intuición no nace de la mente, sino del corazón, y por eso es tan certera.


Como recordaba Heráclito, lo único permanente es el cambio. Así que toca soltar lo seguro, para saltar al precipicio (en sentido figurado). Dar el paso. Lanzarse al vacío. Hacer las cosas con miedo, pero hacerlas. Perder el miedo al miedo, al fracaso, a la inseguridad. Nunca se está preparado para nada importante; y eso es precisamente lo que distingue a los valientes: quienes, aún temblando, avanzan. 


Tetis, la madre de Aquiles, una nereida inmortal, había sido advertida de la muerte temprana de su hijo. Sabía que, si Aquiles marchaba a la guerra de Troya, alcanzaría una gloria eterna, pero no regresaría con vida. Aterrada por esa profecía, intentó protegerlo sumergiéndolo en las aguas del río Estigia para hacerlo inmortal,  pero al sujetarlo por el talón, esa parte quedó sin proteger, convirtiéndolo así en su único punto débil.


Cuando por fin Aquiles conoció la verdad, Tetis le rogó que no fuera. Pero Aquiles comprendió que su destino no era sobrevivir, sino vivir con sentido. Y le respondió con la grandeza que define a los verdaderos héroes, que un héroe es quien, aún conociendo su destino, se enfrenta a él. 


He elegido este episodio de la mitología griega como inspiración y es la actitud con la que quiero enfrentarme al próximo año y a la vida. No huir de lo que me asusta, no esconderme de lo que me transforma, sino elegir conscientemente la verdad de mi corazón, aunque me haga temblar. Mi intención es vivir desde el corazón y no alejarme más de él. Escuchar lo que siento y construir mi vida a partir de su verdad. 


Si en 2025 ha sido tiempo de regresar a uno mismo y de dejar ir, incluso nuestra identidad, en 2026, no queda otra que reinventarse. Deseo que el 2026 nos encuentre más fieles a nosotros mismos, más valientes, más unidos, más humanos y siguiendo nuestro corazón, porque ese es el camino más directo hacia la autenticidad. 

¡¡Feliz autenticidad!!


Beatriz Casaus 2026 ©



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