domingo, 7 de abril de 2013

Dejar ir


“Nacen para estudiar, estudian para trabajar, trabajan para morir. Estaban muertos desde un principio”. (Gonzalo Arango)

“Conocimiento es aprender algo cada día, sabiduría es desapegarte de algo cada día.” (Proverbio zen)

Mi visión del futuro que Walt Whitman describió a la perfección:

Surgirá un nuevo orden
y sus hombres serán 
los sacerdotes del hombre,
y cada hombre será 
su propio sacerdote.
(Walt Whitman)


Dejar ir 


Existe un refrán que dice: “Vivimos como si fuésemos a morir y morimos como si nunca hubiésemos vivido”. Si somos lo suficientemente curiosos y lo analizamos, llegaremos a un diálogo interior en el que uno se pregunta a sí mismo qué es realmente la vida para poder vivirla como se merece. Cuando hacemos esta pregunta, se presentan delante de nosotros irremediablemente una gran cantidad de interrogantes que si llegamos a pensarlos en profundidad, nos podrían hacer cambiar drásticamente la forma como vivimos o al menos como intentaremos vivirla. En general todos queremos progresar, lograr satisfacer nuestras necesidades, adquirir más bienes que nos den lujos y placeres o dar lo mejor a nuestras familias, (en el caso de que se tengan). Una gran pregunta entonces llega a mi mente que oí en algún sitio que ahora no recuerdo, ¿no será que nos aferramos a las cosas sin darnos cuenta de que las cosas, o al menos las mejores cosas de la vida, no son cosas? Y entonces me surge otra pregunta ¿cómo vivir sin aferrarnos a las cosas de este mundo?
Nos han enseñado a vivir nuestra vida teniendo control. Estamos inmersos en un constante forcejeo, tratando de buscar cosas o de alcanzar metas, en ocasiones muy altas, con el estrés que todo ello conlleva… ante esta situación se nos presentan dos problemas: uno, puede ser que no alcancemos lo que queremos, lo que producirá una falta de autoestima o todo tipo de problemas psicológicos, o dos, que alcancemos esas cosas y después de obtenerlas nos demos cuenta que no nos hacen tan feliz como creíamos que nos iban a hacer. Entonces continuaremos buscando nuevas cosas para que suplan esa ansiada felicidad y cuando las alcancemos, buscaremos más cosas nuevas porque las anteriores tampoco las satisfacían. El problema que aquí radica es que estamos buscando afuera lo que creemos que nos va a hacer feliz cuando la felicidad está ya dentro. Lo que hay que hacer es conectar con nuestra  parte interna que es donde está esa felicidad o regocijo, y allí hallaremos paz, que una vez descubierta, la extenderemos y compartiremos fuera.
En mi vida he pasado por momentos en los que las cosas que quería se derrumbaron, como pudo ser una relación sentimental y en la actualidad sin ir más lejos y por razones ajenas a mi voluntad, estoy en búsqueda activa de trabajo. Sin embargo, estos hechos se han convertido en mis maestros porque me han hecho ver en dónde estaba yo apegada psicológicamente a las cosas de este mundo. Qué es lo que no me estaba permitiendo reconocer mi verdadera esencia. Cuando he dejado a un lado todo lo que yo estaba buscando fuera de mí, dos cosas comenzaron a suceder: primero, que he empezado a experimentar una paz un poco más profunda porque empiezo a tener una relación más directa e interna con mi fuero interno, con mi ser, (que es el que todos compartimos), y segundo, me ha dado cuenta que la razón de mi vida no es estar adquiriendo nada, sino que mi vida es para que yo pueda servir al prójimo a través de cualquier talento o lo que sea que yo pueda ofrecer. Nada más y así de sencillo, porque no creo que haya nada que pueda hacerme más feliz.
Hay que dejar ir, desapegarse. Aunque esto no sea fácil en un principio, una vez se consigue es liberador. Cuando dejas ir estás dejando a un lado todo lo que tú crees que sabes o todo lo que tú crees que necesitas para dejar espacio a conocer quién eres realmente. Cuando descubres que eres algo mucho más grande o poderoso de lo que hayas podido imaginar y que no tiene nada que ver con lo que has estado buscando toda la vida, tus viejos esquemas se derrumban y se comienza desde cero. Aprender a dejar el control a un lado y empezar a confiar en la parte interna de ti, que es todo lo opuesto a lo que se nos ha enseñado, es el comienzo del cambio. No estoy haciendo apología de ninguna religión en particular, sino más bien apelo a esa esencia ilimitada que mora dentro de cada uno en vez de estar buscando las cosas de este mundo que son limitadas y también transitorias. Todo lo que se busca fuera es transitorio porque todo tiene un principio y un final y cuando dejas ir, estás dejando a un lado lo temporal para abrirte a lo que es permanente. Gracias por leerme y espero que os haya servido de algo. A continuación os dejo con tres poemas si es que se pueden llamar así...¡Mil besitos!.

Beatriz Casaus 2013 ©



Oferta de trabajo

Atención, la siguiente oferta es de alto contenido espiritual. 
Abstenerse personas que no satisfagan los requisitos.

Se reclutan locos,
el único requisito es perder la razón
para confiar en lo que no se ve.
Paz como salario base.
Se ofrecen incentivos de felicidad.
La oferta no es indefinida
porque nada es permanente.
Vosotros seréis vuestros propios jefes,
todo queda bajo vuestra responsabilidad.


Beatriz Casaus 2013 ©


Proceso de ser uno mismo (I)

No soy lo que veo
la belleza es ilusión.
No soy lo que escucho
las palabras son ilusión.
No soy lo que toco
las formas son ilusión.
No soy lo que huelo
los olores son ilusión.
No soy lo que como
los sabores son ilusión.
No soy lo que pienso
los pensamientos son ilusión.
No soy lo que siento
los sentimientos son ilusión.
Esta es mi experiencia
pero no es la realidad.
El sufrimiento es la mayor ilusión
pero como experiencia,
es el camino directo al desprendimiento.
Sólo cuando yo no soy,
SOY.

Beatriz Casaus 2013 ©



Proceso de ser uno mismo (II)


¿Dónde estás?
Siempre aquí.
¿Quién eres?
No soy yo.
¿Hacia dónde te diriges?
Donde estoy exactamente.
¿De dónde vienes?
Nunca me he ido.
¿Quién habla?
Mi subconsciente.

Beatriz Casaus 2013 ©




miércoles, 3 de abril de 2013

No te rindas


"The purpose of life is to do something that will live forever" (Yogi Bhajan)



Pequeña gran anécdota

Quisiera compartir con vosotr@s una pequeña gran anécdota que me pasó el otro día. Últimamente he encontrado bastante paz en el hábito de salir a correr. Soy una persona que necesito moverme porque tengo mucha energía. Soy un nervio vaya, tanto es así que cuando consumo chocolate, aunque sea en pequeñas cantidades, debe ser que se dispara el nivel de azúcar en mi metabolismo y me convierto literalmente en el diablo de Tasmania. Soy capaz de subirme hasta por las paredes. En alguna ocasión incluso, he llegado a subir montañas en un arrebato, por exagerado que suene, mis vecinos de San Lorenzo de El Escorial son testigos de ello durante la etapa que estuve viviendo allí. Es por ello que sólo el deporte logra aportarme una cierta calma que también una buena lectura o meditar consiguen igualar.

Como iba diciendo, aprovechando que la lluvia nos daba una pequeña tregua por unas horas, decidí salir al campo. Ese día andaba yo un poco baja de moral, "razón de más para salir a correr", me dije, así que durante mi ejercicio, puse esfuerzo en correr más tiempo y más deprisa. Llegué a un punto en que el corazón parecía que se fuera a salir del pecho y la respiración se convirtió prácticamente en jadeo.Corrí tanto que me salí del recorrido establecido y aparecí en otro sitio, un parque distinto perteneciente a otra ciudad. De pronto, una voz femenina muy dulce me llamó, me giré y vi cómo una chica más o menos de mi edad se me acercaba y me hablaba como si me conociera de toda la vida. Noté que hablaba lento y enseguida me percaté que tenía un cierto grado de discapacidad. Sin venir a cuento, me cogió de la mano y seguimos hablando tranquilamente. Entonces sus dos amigos, un poco más mayores que ella y que en ese momento estaban jugando con un balón, se me acercaron y me comenzaron a abrazar y a decirme "bonita". A todo esto aunque yo disfrutaba de su conversación debo confesar que no daba crédito ante tanta muestra de cariño gratuito y me sentí muy afortunada. Pasado un rato, les agradecí su amor y me despedí de ellos. Mientras me marchaba, de lejos oí cómo me gritaban: "¡Adiós amiga!" 

Me quedé completamente perpleja  ante una situación tan singular que no me había pasado nunca y de la que aprendí mucho. Esas personas, conocidas como discapacitadas y discriminadas por la sociedad en muchos aspectos, son juzgadas cruelmente como inferiores y pueden despertar cierta incomodidad para algunos o benevolencia para otros, sin embargo, están más cerca del amor que cualquiera de nosotros. Ellos no juzgan, viven en el ahora y quieren de forma incondicional. Me atrevería a decir que a mí me despierta mucha más benevolencia una persona sin escrúpulos o alguien incapaz de querer que estas personas, a las que reconozco como mis iguales y que no me despiertan indulgencia alguna, lo que me despiertan es admiración. No pretendo ser cursi, pero debo decir que esos abrazos espontáneos y sinceros de personas desconocidas en un momento en el que los necesitaba especialmente, me alegraron el día e hicieron que me sintiera mucho mejor. A vosotros, nuevos amigos donde quiera que estéis, espero volveros a encontrar y os envío un fuerte abrazo duplicando el amor que me ofrecisteis. ¡GRACIAS!.



No te rindas

Prométeme que no te rendirás,
aunque te hayan pisado el corazón
y lo hayan exprimido a golpes.
Prométeme entonces
que no caerás de rodillas,
levantarás tus manos y te someterás
con un grito sordo.
Prométeme que dejarás tiempo
para reconstruirlo, curar sus heridas,
darle el remedio necesario
o lo que haga falta para que renazca
uno nuevo
y lo compartas como si nunca
se hubiera hecho trizas.
Nunca dejes de querer,
lleva tatuado como lema en el pecho,
pues sólo con ello te expandes.
Ama, hasta lo que no conoces
o te desespera,
pero no desistas.
Prométeme que no desfallecerás,
cuando nadie crea en ti
o en lo que haces,
te sientas seguro en la desidia
o el rechazo
y en el desdén te rindas.
Mantente en alto, firme, perenne
impávido si es menester,
y disfruta de lo que ellos no tienen,
ilusión.
Prométeme que no te rendirás,
aunque no te queden fuerzas
cuando se hayan perdido los nombres.
Recuerda que las olas hacen el mar
y los deseos,
tejen los sueños.
Sigue en pie, ¡adelante!
hasta que ocurra lo que no ocurre.
Corona tu corazón,
¿acaso tu cerebro ama?
y prométeme sólo una cosa,
la más difícil de todas,
no dejes de ser tú.

Beatriz Casaus 2013 ©



martes, 2 de abril de 2013

Homenaje a Whitman y un poema

"Dismiss what insults your soul" (Walt Whitman)





Este mi escueto homenaje a un poeta americano que dejó honda huella no sólo en la literatura americana de su época sino en la universal, traspasando fronteras y centurias y cuyas influencias han llegado directamente a autores de la talla de Rubén Darío, Federico García Lorca, Pablo Neruda, T.S. Elliot y un largo etcétera que no conviene destacar por ser precisamente eso, un largo etcétera. 
Padre del verso libre, es uno de los autores que más me ha inspirado siempre, puedo decir además que es uno de mis favoritos, capaz de transportarme a un estado más allá de lo tangible del que tanto disfruto (sí, admito que también soy trascendental como el propio Whitman lo fue) porque sus versos tocan y dan alas al alma. 
Su muerte se rememoró hace justo una semana, un 26 de marzo de 1892, abandonaba el mundo dejando un legado cultural y humano incalculable con obras tan significativas como "Hojas de Hierba" o "Canto a mí mismo" y para homenajearlo, qué mejor modo que dejando aquí dos fragmentos de la maravillosa "Song of myself" en su verdadera forma, en inglés, tal y como lo escribió el autor. 
Disfrutad de este regalo que nos legó para recordar quiénes somos realmente y darnos el valor que merecemos.

                                                          I

I CELEBRATE myself, and sing myself,
And what I assume you shall assume,
For every atom belonging to me as good belongs to you.


I loafe and invite my soul,
I lean and loafe at my ease observing a spear of summer grass.


My tongue, every atom of my blood, form'd from this soil,
     this air,
Born here of parents born here from parents the same, and
     their parents the same,
I, now thirty-seven years old in perfect health begin,
Hoping to cease not till death.


Creeds and schools in abeyance,
Retiring back a while sufficed at what they are, but never
     forgotten,
I harbor for good or bad, I permit to speak at every hazard,
Nature without check with original energy.


(...)

III

I have heard what the talkers were talking, the talk of the
     beginning and the end,
But I do not talk of the beginning or the end.


There was never any more inception than there is now,
Nor any more youth or age than there is now,
And will never be any more perfection than there is now,
Nor any more heaven or hell than there is now.


Urge and urge and urge,
Always the procreant urge of the world.
Out of the dimness opposite equals advance, always
     substance and increase, always sex,
Always a knit of identity, always distinction, always a breed
     of life.


To elaborate is no avail, learn'd and unlearn'd feel that it is so.


Sure as the most certain sure, plumb in the uprights, well
     entretied, braced in the beams,
Stout as a horse, affectionate, haughty, electrical,
I and this mystery here we stand.


Clear and sweet is my soul, and clear and sweet is all that is
     not my soul.

Lack one lacks both, and the unseen is proved by the seen,
Till that becomes unseen and receives proof in its turn.


Showing the best and dividing it from the worst age vexes age,
Knowing the perfect fitness and equanimity of things, while
     they discuss I am silent, and go bathe and admire myself.


Welcome is every organ and attribute of me, and of any man
     hearty and clean,
Not an inch nor a particle of an inch is vile, and none shall be
     less familiar than the rest.


I am satisfied — I see, dance, laugh, sing;
As the hugging and loving bed-fellow sleeps at my side
     through the night, and withdraws at the peep of the day
     with stealthy tread,
Leaving me baskets cover'd with white towels swelling the
     house with their plenty,
Shall I postpone my acceptation and realization and scream
     at my eyes,
That they turn from gazing after and down the road,
And forthwith cipher and show me to a cent,
Exactly the value of one and exactly the value of two, and
     which is ahead?


(Walt Whitman)



Camino

 Estoy siguiendo un camino
y mientras ando por él
tengo la fastidiosa costumbre
de preguntarme qué camino seguir,
como si estuviera ciega
y no viera el que sigo,
¡pero si ya estoy siguiendo uno!
delatan mi recorrido las huellas chivatas...

He conocido a muchas personas entretanto
algunos incluso se quedaron atrás,
otros  siguieron diferentes
sendas y muchos más,
se han perdido.

Por mi parte sólo quiero llegar
al único lugar que ansío conocer,
mi destino,
pero para poder llegar a él,
el único modo es disfrutar de todo esto.
Pido  para tener certeza,
no fe, sino certeza,
de que a cada paso que dé,
se siga presentando la tierra bajo mis pies,
los árboles den oxígeno
y haya un sendero que pisar.

Beatriz Casaus 2013 ©



sábado, 23 de marzo de 2013

Madame Faithful y dos poemas cortos


No quiero convencer a nadie de nada

No quiero convencer a nadie de nada. Tratar de
convencer a otra persona es indecoroso, es atentar contra
su libertad de pensar o creer o de hacer lo que le dé la
gana. Yo quiero sólo enseñar, dar a conocer, mostrar, no
demostrar. Que cada uno llegue a la verdad por sus propios
pasos, y que nadie le llame equivocado o limitado. (¡Quién
es quién para decir "esto es así", si la historia de la
humanidad no es más que una historia de contradicciones y
de tanteos y de búsquedas?)

Si a alguien he de convencer algún día, ese alguien ha de
ser yo mismo. Convencerme de que no vale la pena llorar, ni
afligirse, ni pensar en la muerte. "La vejez, la enfermedad
y la muerte", de Buda, no son más que la muerte, y la muerte
es inevitable. Tan inevitable como el nacimiento.

Lo bueno es vivir del mejor modo posible. Peleando, lastimando,
acariciando, soñando. (¡Pero siempre se vive del mejor modo
posible!)

Mientras yo no pueda respirar bajo el agua, o volar (pero de
verdad volar, yo solo, con mis brazos), tendrá que gustarme
caminar sobre la tierra, y ser hombre, no pez ni ave.

No tengo ningún deseo que me digan que la luna es diferente
a mis sueños.

(Jaime Sabines)


Madame Faithful

He vislumbrado de noche la luz de tu día al mirarte recostado sobre aquella cama que no dice nada y ya dice más que tú.
Recuerdo que no te tengo y qué malestar me proporciona ese pensamiento…
Nací de noche para no molestar, no me gusta. Con sigilo me muevo no vaya a ser que interrumpa a los que aún a estas horas duermen a pierna suelta, que son los mismos que proclaman que madrugan.
También hablo bajito y despacio para no incordiar a los que siempre se incordian por todo, “los grandes incordiados”.
Soy prohibida y deseada a partes iguales: deseada por ex-parejas, novios, amantes de amantes, y prohibida por sus mujeres.
Una mañana me despierto hombre y me acuesto como mujer, o al contrario.
Tu cuerpo a mi lado calla que me quiere pero me lo muestra cuando me pregunta qué hora es, así, sutilmente requiere mi adivinanza.
No exijo nada y ofrezco todo lo que tengo.  
Llevo con dignidad mi soltería como si fuera lo único en lo que realmente me siento a gusto y se me da bien.
La defiendo porque sé que es verdadera y lo prefiero a estar atada a algo irreal. Estar con alguien por sentirse querido es irreal y cruel no se confundan, y yo soy bastante auténtica en ese aspecto.
Sólo soy feligresa de mi propia parroquia a la que acuden varios fieles.
Como una repudiada meretriz muy digna en su oficio, fría al dar placer y experta en ofrecer cobijo. Sin sentimiento, pero siempre fiel y leal.
Fiel, hasta que me duela la sangre que no sangra. "Madame Faithful", me llaman.
Leal, hasta que me falle la memoria que para entonces también lo seré, pero sin enterarme.

Beatriz Casaus 2013 ©


A veces, un día

A veces, un día,
creo que te quiero
trato de convencerme en esa mentira
y a veces,
hasta me la creo.

Beatriz Casaus 2013 ©


Demencia sana

Un llanto desconsolado
que no sabe por qué llora.
Una vida sin aire
soñar como combustible
en el camino hacia delante.
Vamos a restarle importancia a esta locura
ya que sólo los cuerdos 
gozan 
      de ella.

Beatriz Casaus 2013 ©




martes, 12 de marzo de 2013

Poemas muertos

"De nuestros miedos nacen nuestros corajes, y en nuestras dudas viven nuestras certezas. Los sueños anuncian otra realidad posible, y los delirios otra razón. En los extravíos nos esperan los hallazgos porque es preciso perderse para volver a encontrarse." (Eduardo Galeano)

Estados de ánimo

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montañas
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento 
como un acantilado
y otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es 
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas 
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

Mario Benedetti.


Poemas muertos

Llega,
la oscuridad con la madrugada
aunque no te pregunte 
si quieres que venga.
Llega
tu sombra en la noche
aunque no exista
detrás tuya está siempre
soldada
a tu figura de marfil.
La certeza en la mirada
que guía al águila en su vuelo.
La claridad del búho 
que todo ve sin luz desvela
que no existe animal miedoso
ni preocupado.
Quisiera atrapar la paz escondida
en sus miradas
pero el mar no es pequeño
y mis redes no agarran lo suficiente.
Llegan vientos viejos que sermonean
con reflejos volátiles.
Ráfagas de cambio
para los débiles con alma.
Poemas muertos,
palabras acabadas
en los confines de comisuras de labios
esperando resbalarse
en el abismo del descuido.
Allá llegan las hojas
tendidas en el suelo cuando caen
como flores 
que nunca llegaron a serlo.
Llegan horas esdrújulas
que siempre se acentúan.
Llega la duda,
asentada en mi cabeza
como un nido de alondras.
Qué poco sabes
una vez me descubres.
Nunca
me he arrepentido de guardar silencio,
no así de haber hablado
más de la cuenta...
Llegan poetas perdidos
dejados a su suerte
para desembocar en ciudades,
muertos de frío.
Llega el polvo con la ceniza
cuando se ha quemado la tierra.
Llega la metáfora acabado el cuento,
Llega,
el oxígeno que exhalo de los árboles
que a su vez me han respirado 
a mí antes.
Todo llega.

Beatriz Casaus 2013 ©





domingo, 10 de marzo de 2013

La Dolce far niente


Los invisibles átomos del aire
en rededor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
el rumor de besos y el batir de alas;
mis párpados se cierran...¿Qué sucede?
¡Es el amor que pasa!

(Gustavo Adolfo Bécquer)

La Dolce far Niente

No podía deshacer las maletas, acostumbrarme a aquellas vistas y pretender que me iba a quedar allí para siempre. La idea era fascinante pero a mi vuelta los montones de legajos y expedientes se habrían apilado inexorablemente en la mesa a esperas de que tomara importantes decisiones sobre ellos. No importaban las coordenadas exactas de mi paradero, la situación, el lugar, la fecha, ni la hora, ni siquiera si se trataba de un lugar tan paradisíaco como en el que me encontraba. Aquello era secundario si lo comparaba con la razón de mi exilio temporal. Me sentía desubicada, intranquila, perdida, ¿cómo uno puede hacerse a la idea de que se puede estar desubicada en el paraíso? Conocía a la perfección mi emplazamiento preciso gracias a las incesantes búsquedas en Google map y de la Travel Guide que se había convertido en prolongación de mi mano derecha pero yo mientras parecía desentenderme de los eventuales ajustes con la realidad que me rodeaban. Eso sí, las interminables horas de vuelo y sus correspondientes cambios de horario indicaban que estaba muy lejos de mi hogar, sobre todo si me quería comunicar de algún modo con alguien porque no entendía ni una palabra de lo que hablaban y su inglés no era, digamos, lo suficientemente comprensible. “No sé qué hago aquí” me repetía incesantemente mientras mi desasosiego aumentaba a medida que las horas pasaban y que la culpa hurgaba con su dedo en la profundidad de mi herida subyacente. ¿Era posible estar en un lugar como ese y sentirse tan perdida? desde luego el personaje ficticio de Robinson Crusoe bien lo sabía porque lo había vivido en sus carnes durante veintiocho años. “El paraíso también puede ser un lugar hostil si se está sólo”. Estoy segura que el propio Crusoe como yo, lo habría pensado en algún momento de su cruzada.

Mi viaje había comenzado por una pregunta y esa pregunta era mi único acompañante durante la travesía. Entonces, delante de mí apareció él y comprendí que estaba destinada a comenzar la realización de un sueño que acariciaba desde hacía años. ¡Cuánto había cambiado desde la última vez que nos vimos! Aún así, seguía siendo muy atractivo y su sola presencia embadurnaba el ambiente de una sensualidad embriagadora. Una atracción imposible de ignorar obligaba a acercarnos peligrosamente y cuando agarró con sutileza mi cintura, sentí electricidad atravesar todo mi cuerpo. Aquella fue la señal. Mi duda era si logrado mi sueño, esa energía habría perdido súbitamente su vigor o si sería el comienzo del asedio de mi perdición. Sólo teníamos un día. Para ello había recorrido miles de kilómetros, rellenado formularios de aduanas, había sido vacunada de múltiples enfermedades, hablado con diferentes traductores en hoteles, cogido autobuses más calurosos que el propio infierno y anulado mis horas de sueño. ¿Qué se puede hacer en un día para que contrarrestase todos aquellos requisitos previos? Nada. “La Dolce far niente” o el placer de no hacer nada. Sólo estar juntos, disfrutar de cada una de sus miradas, de nuestra conversación, de estar abrazada a él y de besarle como si no le fuera a ver nunca más, porque en realidad eso sucedería al día siguiente. 

Cogimos un bote a motor e hicimos el amor mar adentro donde los únicos testigos de nuestro éxtasis fueran el cielo, el sol y el mar. Más tarde fuimos a una isla remota y pasamos las horas abrazados, sin más, pero juntos. No hicimos nada especial y no nos hacía falta porque sólo queríamos disfrutar de nuestra compañía. El ambiente paradisíaco era propicio pero creo que aun habiendo estado en un zulo lo hubiera disfrutado de igual modo. Seguía teniendo una piel suave y aunque era muy peludo, acariciarle se convertía en un placer para mis sentidos. Estábamos luchando a contrarreloj para aprovechar los únicos instantes que jamás volveríamos a tener, mientras una extraña melancolía parecía apoderarse de nosotros aunque no quisiéramos darnos cuenta. Él se casaba al día siguiente y yo tenía una familia a miles de kilómetros de distancia que me necesitaba. Cualquiera nos habría juzgado y tachado de infieles, incluso en algunas culturas a mí por ser mujer me habrían apedreado. Pero aun así hubiera merecido la pena pasar por el calvario de la culpa. Aquel recuerdo ya era parte de nosotros y de nuestras vidas porque durante años habíamos ansiado haberlo vivido. Las ganas superaban los juicios de lo que estaba bien o mal o de los convencionalismos establecidos. Lo mantendríamos para siempre escondido como nuestro secreto más especial al que nos aferraríamos en los peores momentos. Nuestra cuenta pendiente saldada.

Al marcharse, le miré por última vez y parecía tener veinte años más. Mientras su silueta se iba difuminando por el camino a mí el mundo se me cayó encima de golpe y me sentí como a un niño al que se le da el mejor regalo que alguien puede desear y se le arrebatara al instante, o como tocar el cielo y luego darse de bruces con la cruda realidad al caer en la tierra. Sin embargo, de camino al hotel contesté a la pregunta con la que había comenzado el viaje. ¿Merece la pena haber vivido algo aunque luego duela o no haberlo vivido nunca para evitar así el sufrimiento? La respuesta para cualquier persona cabal hubiera sido clara: no, nada justifica el sufrimiento, ni la más dichosa experiencia, sin embargo para mí la respuesta llegó sin dudarlo, y con tremenda firmeza afirmé para mí misma, aunque lo hubiera proclamado a voces a los cuatro vientos si se hubiera requerido: “Desde luego que sí, ahora yo soy rica”. A mi izquierda contemplé cómo un ganado se revolcaba en un charco y algunos aldeanos se bañaban en esa misma agua y me visualicé a mí misma como una burguesa en una aldea perdida del paraíso. Me di cuenta que yo era una habitante de ciudad, por mucho que me costara admitirlo, a la que se le empezaba a encorvar el cuerpo bajo el ardiente sol. Miré a mi alrededor y  aunque el paisaje era sublime, yo seguía siendo un náufrago perdido que tenía ganas de volver a casa y abandonar el paraíso.

Beatriz Casaus 2013 ©


miércoles, 6 de marzo de 2013

Al revés

"Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar" (Charles Baudelaire)



Mucha locura es juicio divino

Mucha locura es juicio divino
Para el ojo más sagaz
Mucho juicio, la más estricta locura
Para la mayoría;
En esto y en todo, prevalece
Asiente, y entonces eres normal,
Disiente y eres directamente peligroso
Y manejado con cadenas.

(Emily Dickinson)


Al revés

 Al revés,
se empieza por aquello con lo que se termina.
Se dice adiós cuando se entra
para evitar a la salida sufrimiento.

Los últimos ganan la carrera.
Los adolescentes marginados
son triunfadores de mayores.
Nosotros despedimos a los jefes.
La intención cuenta
más que los resultados.

Los de arriba son los de abajo.
El débil es más fuerte.
Durante el día dormimos en una ilusión,
despiertos por la noche
creemos que soñamos.

Cumplir años rejuvenece.
Se dice todo sin articular palabra.
Sonreímos para pretender ser felices.
Perderse,
para encontrarse.

Soledad para rodearse de uno mismo.
El cielo está en la tierra.
Relaciones-amor-odio.
Los que critican en realidad envidian.
Los que dan abrazos en realidad los necesitan.

Gritar para que se callen.
Se gana dinero para perder salud.
Insensibles a los que todo les sienta mal.
En los castillos no se construyen muros.
Ir deprisa para llegar tarde.

Vivir para morir
morir para...¿vivir?
Atar para luego dejar libre.
Prometer para luego desdecirse.

Al revés,
se crece sin justa medida.
La mariposa se cree oruga.
Se venden sentimientos
en subastas al mejor postor.

Altivos altamente inseguros.
Tus palabras son órdenes
para mi subconsciente.
No saciarse de comer.
Se habla de lo que no se sabe.
Se habla,
antes de pensar.

Los reyes son súbditos del pueblo.
A la noche cae el alba.
Los que miran alto se tropiezan con el suelo.
Viajar sin rumbo.
No acostumbrarse a la costumbre.
Servir a los que sirvieron.

Se trafica con personas en vez de con objetos.
Los objetos, tienen más valor que los dueños.
Jamás queda cerca.
Lo barato sale muy caro.
Lo caro no entra en los bolsillos.

Practicar sexo para sentirse amado.
Ser amado y dejar de practicarlo.

Se vuela sin alas y se cae sin red.
Las quimeras se hacen realidad.
Se miente para decir la verdad.
Lo sutil hace igual de daño.

Olvidarse para perdonar
perdonar para... ¿olvidarse?

 Al revés,
lo normal es incongruente.
Igual hay un alivio sucesor
para lo extraño…

He hecho lo posible
para transformar la realidad
y aún al revés,
me llevará toda una vida conocerte.

Beatriz Casaus 2013 ©