jueves, 25 de enero de 2018

De la rivalidad a la fraternidad


El cuento de Blancanieves de los hermanos Grimm es un cuento de un ejemplo de rivalidad femenina escrita por hombres. Blancanieves queda huérfana de madre y su padre viudo se casa con otra mujer. La madrastra de Blancanieves tiene un espejo mágico al que cada día pregunta quién es la más bella. Al cumplir los diecisiete años, el espejo revela que Blancanieves le destrona en belleza y eso provoca la ira y maldad de su madrastra quien manda asesinar a Blancanieves. Sin embargo, su verdugo no cumple la condena y le deja en el bosque para que pueda huir, allí conoce a unos enanitos que le dicen que puede vivir con ellos a cambio de que realice todas las labores del hogar. Su madrastra descubre que no está muerta e intenta por tres veces asesinarla disfrazada, en el tercer intento le da una manzana envenenada y consigue que Blancanieves muerda un trozo y pierda la conciencia. Los enanitos creen que está muerta y le construyen un ataúd de cristal. Un príncipe que pasaba por allí se queda prendidamente enamorado de ella y les pide a los enanitos que le den el ataúd. Durante el viaje a su palacio, Blancanieves escupe el trozo de manzana que le había envenenado, recobrando así la vida. Se casa con el príncipe y le cuenta lo que su malvada madrastra hizo con ella. Al final la madrastra perece pagando por su actitud en el pasado.

Este cuento muestra, además de un machismo latente, una rivalidad enfermiza que enfrenta a una mujer que tiene envidia de otra y de cómo es incluso capaz de matarla para conseguir ser la más bella. He de confesar que, en mi experiencia personal, he sufrido rivalidad en algunos momentos de mi vida. Incluso viví una situación difícil hace cinco años por parte de una chica en un mismo entorno. Fue un episodio que se alargó durante varios meses hasta que finalmente esta persona se fue a vivir a otro país. Durante ese tiempo yo lo pasé mal y eso creo que es algo que no se tiene por qué padecer. Después de ese suceso, he vivido otro más en ese mismo entorno, pero no tan intenso.

Creo que lo mejor que se puede hacer ante una tesitura así es ignorar esa actitud. Primero por salud mental y segundo, para rechazarlo y estar por encima de ello. Ignorar ese comportamiento aplaca el ego y enseña que no todas somos así ni que tenemos una actitud soberbia y un interés tan superficial. Siempre he dicho que el mejor piropo que me pueden hacer es que me llamen inteligente, interesante o buena persona, que guapa. Eso no quita que me siente bien si se da el caso de que me lo digan, porque reconozco que también tengo vanidad como todo el mundo, pero no es algo que ansíe ni valore más que otras cosas, desde luego. Aunque yo misma he tenido que aguantar esa situación que no era mi guerra, quiero creer que esa minoría que manifiesta la parte oscura de la psiquis femenina, no puede representar a una inmensa mayoría de mujeres nobles, personas con valores y buenos sentimientos, que forman el conjunto de la población femenina.

Me gustaría centrar la atención en esas mujeres. La mayoría no mira mal, ni te hace sentir mal, sólo la gente envidiosa lo hace, pero gente envidiosa existe en los dos géneros, aunque en las mujeres se centre más en el físico. La idea de que el peor enemigo para una mujer es otra mujer, debería erradicarse del inconsciente colectivo. La mejor forma de hacerlo es comportándose de forma diferente a esa actitud destructiva. Las mujeres debemos hermanarnos, ayudarnos, no competir y mostrarnos el cariño que proviene de pertenecer a un mismo género, precisamente porque sabemos lo difícil que es y romper con ese lastre de cosificación de la mujer que ha sido inducido por un sistema patriarcal y machista. Cambiar los roles tradicionales de género, los cuales nos enseñan desde pequeñas, como dice Gema Otero, experta en género e igualdad y colaboradora del Instituto Andaluz para la Mujer, que las mujeres tenemos que tener éxito en el amor o que hay que ser bellas y deseadas, mientras que a los niños se les enseña a ser fuertes y conseguir poder social.

Cuidarse y sacarse partido no está reñido con nada, pues es algo que tanto hombres como mujeres hacemos, el problema está en la cosificación que se produce sobre la mujer. A mí me gusta vestir bien y sentirme bien y por ello no sólo cuido mi cuerpo, sino que atiendo otros ámbitos igual de importantes o más. Entre nosotras, creo que no se debería mirar mal a alguien porque esa persona vaya arreglada o sea atractiva. Además, creo que es una pérdida de tiempo y una falta de educación mirar fijamente a alguien. La idea que me gustaría que se erradicara es que por el hecho de ser mujer se tenga la obligación de ser guapa, me parece una aberración que se demande eso, sobre todo porque no sucede lo mismo con los hombres. A veces he escuchado comentarios injustos hacia una mujer que sustenta un cargo político o público. En vez de comentar sobre lo que dice o hace, se comenta sobre su aspecto físico, como si por ser mujer se tuviera obligatoriamente que ser guapa o atractiva. Si una mujer está en el cargo que está, es porque debe ser válida para ese puesto, nada más. Sin embargo, no se escuchan esos comentarios si se trata de hombres que desarrollan esos mismos puestos. Al hombre se le da por sentado que es válido para un cargo más allá de su apariencia.

No solo el cuento de Blancanieves muestra la rivalidad entre mujeres, observando otros cuentos, dibujos, series de TV, libros, películas… aparece la competición entre nosotras para conseguir el amor del príncipe azul. Véase la Cenicienta compitiendo contra sus hermanastras para casarse con el príncipe, por ejemplo. Este solo pensamiento crea rivalidad, competencia y busca confrontación. No creo que el amor se tenga que conseguir, no es un premio que se ofrece después de una lucha. Hay que darse valor y eliminar cualquier clase de disputa y competencia.

Otra idea arraigada es el que las mujeres no pueden ser amigas. Esa idea está basada en la creencia de que las mujeres somos retorcidas y malas entre nosotras, y no es así. Cuando miro a mi alrededor la mayoría de mujeres que conozco ni son retorcidas ni actúan por maldad. Evidentemente existirán mujeres que sean de ese modo, pero no es debido a un fallo congénito femenino, sino a que como en todo, hay personas con actitudes buenas y malas, y no por ello todos somos malos, ni tienen que pagar justos por pecadores. Se trata de desprogramar viejos prejuicios y estereotipos machistas.

Para no perpetuar esta cosificación se pueden tomar varias decisiones, una de ellas es alejarse de personas que fomentan ese enfoque superficial, así como de los entornos que también lo promuevan, no ver programas de TV, películas o leer libros que cosifiquen a la mujer y cuidar mucho nuestra forma de hablar incluido nuestro vocabulario y expresiones, porque este cambio producirá un cambio en nuestra forma de pensar. Se trata de una toma de conciencia de nuestro rol en la sociedad, que puede ser el que nosotras decidamos y no el establecido. Requerirá un esfuerzo al principio, pero es cuestión de decidir quiénes queremos ser y qué queremos ser, más allá de un físico bonito.

 Beatriz Casaus 2018 ©




Os dejo con un poema que escribí en 2012:


Esta no es mi Guerra




Un corte en mi muñeca que no sangra


anuncia la llegada del próximo combate.

Hay un eco cayendo en la tarde,

y yo río, sonrío y me desdigo,

mientras un huracán me agita por dentro.

En esta guerra las palabras

se clavan como un puñal en el costado.

El mar inmenso de voz muda

que pugna por salir a la superficie

mantiene fresco mi honor.

Y los ojos,

los tengo turbios de mirar el campo de batalla,

y morados, de tantos golpes.

Mi mirada no ve a través de esta lucha,

¿o es que aquí siempre es de noche?

Tal vez, este es el día o la hora,

o el instante en que lo intuyo.

Si el cauce del río está en calma,

Pronto llega la caída en la cascada.

Y entonces siento fatiga,

y la fatiga no es amiga, aunque la conozca muy bien.

Ya se han gastado muchas vidas

en intentar solventar errores.

Malherida, alzo mi mano con el pañuelo blanco.

Las coordenadas del armisticio me dan tregua.

Estandarte rojo por la sangre derramada.

Una copa de vino al ganador

y destierro, para el que no sigue banderas.

He preferido dar mi otra mejilla

que responder al contraataque,

porque estas no son mis armas,

y esta, no es mi guerra.


Beatriz Casaus 2012 ©







miércoles, 22 de noviembre de 2017

Miradas que solo saben despedirse


“La imaginación no es un estado: es la existencia humana en sí misma.” (William Blake)

William Blake fue un poeta, pintor y grabador inglés del S. XIX. Debido a su singularidad artística diferente al arte imperante de la época y a su fuerte espiritualidad, fue un verdadero incomprendido, siendo incluso objeto de escarnio público en su tiempo. Hoy en día, sin embargo, es considerado como uno de los mejores artistas ingleses de todos los tiempos. Durante gran parte de su vida vivió en la pobreza y alejado del reconocimiento del público que le llegaría un siglo después de su muerte. Sin embargo, Blake vivió feliz al lado de su fiel mujer y manteniendo vivo su arte a través de sus visiones.

Varias cosas me han interesado siempre de Blake, la primera, mi empatía hacia su contenido profético y visionario, comparto su espiritualidad y es difícil ser entendido por ello, tanto en su época como por desgracia también en la mía. Con tan solo nueves años explicó a sus padres que había tenido una visión de un árbol lleno de ángeles. Sus visiones se mantuvieron durante el transcurso de su vida y fueron para él intensamente reales dejando una profunda huella en su arte y en sus escritos.
Le conocí gracias a mi grupo favorito “The Doors”, que precisamente se bautizaron con ese nombre en homenaje a uno de sus versos más conocidos: “Si las puertas de la percepción se abrieran, el hombre vería el mundo en todo el esplendor de su belleza” y a partir de haberle leído, me hice yo también una ferviente admiradora suya. Comparto con él no solo su lado místico sino también su desacuerdo con las injusticias sociales, su denuncia a la tiranía y a la corrupción del poder. Detestaba la esclavitud y creía en la igualdad sexual y racial y dentro de su simbolismo místico, creía en el Dios del Nuevo Testamento, y se sentía lejano al Dios del Antiguo Testamento, exactamente lo mismo que me ha pasado siempre a mí.
Leer a Blake es vivir la magia, es adentrarte en el mundo de la imaginación y dejar que se libere, es encontrar la verdad en lo imposible para abrir esa “percepción” y atestiguar lo que es real más allá de este mundo limitado. Blake tenía una mirada diferente, yendo más lejos de lo bello, volando a lo infinito.
Os dejo con dos extractos de dos poemas suyos y con mi último poema, "Miradas que solo saben despedirse". ¡Que tengáis un precioso presente!

 “Para ver un mundo en un
grano de arena
y un paraíso en una flor
silvestre,
sostén el infinito en la
palma de la mano
y la eternidad en una
hora…”
(William Blake)
 
“Oh, ¿qué tierra es la Tierra de los
sueños?
¿cuáles son sus montañas, y cuáles
sus ríos?
¡Oh padre! allí vi a mi madre,
entre los lirios junto a las aguas bellas.
¡Padre, oh Padre! ¿qué hacemos
aquí?
en esta tierra de incredulidad y
terror?
La Tierra de los sueños, allá lejos,
por sobre el lucero del alba.”
(William Blake)









Miradas que solo saben despedirse

Despierta después de un sueño lúcido
toco sin éxito una mano
que desconoce una partida.
 
Solitaria, abrupta está
la árida esperanza
enredada en sollozos de alegría.
 
He acabado con todas las ráfagas del viento
y limpiado mis pupilas
para mirar sin temor.
 
Si alguien te conoce como yo
que nos presente de nuevo
para revivir lo vivido contigo
hasta el final de los recuerdos.
 
Me gusta ser un escaparate,
no puedo ocultar lo que siento
y mostrar incluso
lo que está en la trastienda.
Sé olvidar que ha sido besada mi alma,
y cosido con un hilo invisible
lo que estaba roto
e incluso perdido.
 
Hay miradas que solo saben despedirse
bajo una lumbre de luz
que no da calor.
 
Estos desperdicios son mis restos
no los tires
los he guardado mientras recomponía sus piezas,
consérvalos en una urna de nubes
para que nadie los alcance.
 
Estoy financiada a plazos:
me gusta repartir abrazos de poco en poco
porque sé que las deudas ahogan
a los que los deben.
Lo más triste que sé
es que hay gente que muere sin darlos.
 
La búsqueda perpetua
entre puertos sin faro.
Aún me conservo de pie
con todo lo que ello conlleva:
mis sentimientos en ristre,
mis brazos en jarra
y mis lamentos en alto.
 
Mientras canto,
los nudos no se cansan de apretarme
y yo no soy un nudo,
soy un lazo.
 
Hay miradas que solo saben soñar
pero después de esas hay pocas.
 
Alcanzo una gota que muere
sin llegar al mar
como el desgarro que produce
dejar de ser.
 
El aleteo de un sentimiento
vuela
sin necesidad de ser pronunciado
pero este silencio que siento
hace mucho ruido.
 
Creo que soy una de esas
que vuelan sin destino.
Con los pequeños gestos delatando
el limbo entre una palabra y otra.
Sigilosa, lujuriosa y desnuda
encontrando en cada bocanada de aire
un consuelo que respirar.
 
Al cielo lo que es del cielo:
lo que me gusta es mirarte despacio
devolviéndote lo que es tuyo.
Mi sitio favorito del mundo
es a tu lado.
 
Beatriz Casaus 2017 ©


 


martes, 19 de septiembre de 2017

Feliz aniversario



 5 años ya. F E L I C E S.




Me he acostumbrado
(así, como quien no quiere la cosa)
a los domingos sin resaca,
al amor sin golpes
y a la gente sin doblez.
No es que la vida sea menos emocionante:
es que las emociones son reales, sencillas.
Y por tanto,
hacen bien.


(Ana Elena Pena)




¡Gracias por estos cinco increíbles años y por todos los que nos quedan, gracias por hacerme feliz y darme tanto...gracias por tu amor que es lo más importante para mí, gracias por ser mi familia, mejor amigo, amante, compañero, gracias por demostrarme lo que el buen querer es!





Creo que tengo



Cinco años creo que te tengo.


Tengo toda esta noche para dormir a tu lado

y escuchar como sueñas.

Tengo sueños que me sueñan a mí,

así que no los tengo.

Tengo tu abrazo con la forma de mi cuerpo.

Tengo tu olor en mi piel cicatrizado.

Cada mañana tengo una oportunidad más

de tenerte.

Tengo amigos

que también me tienen a mí.

Tengo septiembre repetido en el calendario.

Tengo lo perdido y lo ganado.

Tengo memoria y recuerdo por qué te quiero.

Tengo alegría porque tengo esperanza.

Allá arriba tengo un cielo estrellado

mirándonos.

Tengo tu piel desnuda en mi mano.

Tengo una lista de cosas que hacer

que no se hacen solas.

Tengo apetito de ti porque no sacian las horas.

Cinco años cogiendo tus manos sin tenerlas,

pero de algún modo,

también las tengo.

Tengo un te quiero empapado de versos.

Tengo verano todos los días con tu sonrisa.

Tengo la certeza de que formas parte de mí.

Tengo una vida,

y te tengo a ti

pero no tengo nada.

Beatriz Casaus 2017 ©










miércoles, 13 de septiembre de 2017

Reflexiones en mi cumpleaños :)

"Cuando yo tenía cinco años, mi madre me decía que la felicidad era la clave de la vida. Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera mayor. Yo respondí "feliz". Me dijeron que yo no entendía la pregunta y yo les contesté que ellos no entendían la vida." (John Lennon)









Es curioso que mucha gente intenta vivir la treintena cumpliendo con la mayoría de los condicionamientos sociales establecidos que se esperan de ellos, para sentirse bien o por pura presión social, pero el caso es llegar a esa edad sino con todos, al menos alguno de ellos. Casados, casados y con hijos, con coche o varios coches, casa y éxito profesional. Pero se olvidan de lo más importante: de vivir sus vidas y no las de otros. De vivir gozando el instante, como un niño lo hace. De seguir lo que sus corazones les piden a gritos porque cuando no se le escucha, a veces con el paso de los años, el cuerpo se revela. De escucharse y de darse ese espacio y tiempo para hacerlo. ¿Y si el éxito no se midiera solo por el profesional? ¿Y qué hay del éxito personal, pero no solo entendiendo el culmen de ello casarse y tener descendencia? ¿Qué hay de la felicidad?


Fijémonos en un país como Bután, conocido por ser “el país más feliz del mundo” siendo uno de los países menos desarrollados de Asia. Mientras que en el resto de los países el crecimiento económico se mide a través del Producto Interior Bruto (PIB), Bután acuñó el término “(FNB) Felicidad Nacional Bruta”. Siguiendo un concepto de desarrollo distinto, enfocándose en la felicidad de la población en términos holísticos y basándose en aspectos como protección del medio ambiente, conservación de la cultura, desarrollo socioeconómico sostenible, vida mentalmente sana… Cada dos años el gobierno evalúa la felicidad de sus habitantes con una encuesta. Para ellos la meta principal es encontrar el equilibrio entre el desarrollo material y espiritual y por eso la mayor parte de la población se sirve de la práctica de la meditación. Incluso su propio gobierno invirtió en la construcción de cabañas en las montañas para facilitar su práctica. Allí la espiritualidad se ha convertido en la máxima manifestación de su riqueza y felicidad. Quizás nos haga reflexionar sobre qué nos hace felices a nosotros en occidente, ¿el placer de consumir o valores subjetivos? ¿Crear riqueza en una sociedad descontenta con altos niveles de depresión y ansiedad? ¿O quizá aspiramos a otro tipo de desarrollo?


Mi única aspiración para llegar a la edad que cumplo hoy, siempre ha sido ser feliz y poder haber crecido espiritualmente. Lo digo sin tapujos, que sé que para muchos hablar de esto es tabú. Para mí no, ya no. Debo vivir mi vida y no la de los demás y el estar pendiente de lo que los demás piensan es vivir las suyas. Es vivir a medias. En la mía vivo mi espiritualidad día a día y ayudo en todo lo que pueda (esa es la espiritualidad en la práctica). Me enfoco en depositar toda la buena voluntad posible hacia mí y hacia todos. Conectar con otros planos, conocer realidades paralelas, saber la verdad acerca del universo y de la existencia, ahondar en lo profundo de mi ser y descubrir qué se esconde dentro. Esa ha sido y es mi aspiración más allá de tener un coche, una casa, casarme y tener hijos.

Mucha gente tiene miedo a cumplir años, les aterra envejecer y les aterra en última instancia la muerte. A mí, sin embargo, sí me gusta cumplir años, lo hago encantada y agradecida hasta la médula. Puedo decir que he descubierto quién soy en realidad y eso es la mayor proeza que se puede alcanzar. Estoy feliz y alegre por vivir un día más, una oportunidad más, una experiencia más. He aprendido a vivir sin miedos, superándolos, sin apegos, sin ego, sin juicios, sin expectativas y con sentido de humor. Viviendo conscientemente cada instante y no de forma automática, centrando mis sentidos en el presente y con quien quiera que esté compartiendo ese momento presente. Segura de mí misma, ¡sí, por fin segura! y con ganas de vivir y saborear hasta la última gota de esta existencia.

Cumplir años es una maravilla, te conoces mucho mejor, y si eres mujer, con los años aprendes a sacarte más partido, te sientes mucho más cómoda contigo misma y ya no tienes todas esas inseguridades que antaño tenías arraigadas en una mente adolescente o veinteañera. Ahora tu cuerpo no es un descubrimiento como en la adolescencia, ni una comparación con el de otros, como en la veintena, sino una maravilla sea como sea porque responde perfectamente a lo que eres y lo aceptas y cuidas más que nunca. El balance para mí sin duda, es bueno, muy bueno. Tienes mejor criterio en cuanto a gusto enológico, gastronómico, musical, cinematográfico, de estilo, conoces los mejores sitios de las ciudades, sabes dónde ir y dónde no ir... Ya no estás por la labor de perder el tiempo porque sabes que es limitado y por lo tanto te haces consciente de tus prioridades. También por ello, eres consciente de tu mortalidad. En la veintena ese tema parece una ilusión y se piensa que a uno no le va a tocar nunca y que la juventud y la belleza duran toda la vida. En Bután, se medita cinco minutos al día sobre la muerte y este hecho, al contrario de lo que pueda parecer, hace vivir la vida al máximo y con conciencia. Por eso hay que cultivar otras virtudes y sobre todo valorar las cosas importantes y tener claro que nada es permanente, sólo lo verdadero permanece para siempre. La belleza, la juventud, las cosas externas a uno, el materialismo, la apariencia, son efímeros. La belleza se esconde detrás de una mirada, no en los ojos. La belleza se esconde detrás de una sonrisa, no en la boca. La belleza es la que desprende el alma, no el cuerpo.

El amor es lo único verdadero y se disfraza detrás de cada gesto, incluso a un desconocido, aunque no nos demos cuenta de ello. Es la única energía que existe y a través de la cual vivimos. Desde este mundo limitado no creo que podamos ser nunca conscientes de lo que abarca ni de lo que significa, pero gracias a personas con el coraje y la valentía para hablar de ello, como el autor del libro "Ahora estás en casa" Antonio Gómez Martín, (a quien tengo el enorme privilegio de conocer y escuchar y quien ha llegado a mi vida como una bendición), somos capaces un poco más de dilucidarlo e intuirlo, aunque nuestra mente racional jamás alcance comprenderlo.

Siento que estoy viviendo el momento más pleno de mi vida y me siento una afortunada de todas las experiencias en ella. Tengo la inmensa fortuna de tener un compañero de viaje que me colma de amor verdadero, una familia que está sana y personitas a las que querer y abrazar y por supuesto mucha otra que me queda por conocer. Doy la bienvenida a este nuevo año con toda la ilusión, fuerza y energía para que me llene de vida y de experiencias que me permitan crecer y evolucionar. Deseo encarecidamente ayudar a los demás y servirles y también deseo que viváis vuestra vida con alegría, felicidad y mucha paz y que sepáis tal y como dice mi amigo Antonio Gómez, que estáis condenados, condenados a ser felices e inmortales. ¡¡Un abrazo!!


jueves, 31 de agosto de 2017

Lo frágil no dura

"Los buenos espíritus prefieren la poesía, pues ésta es cosa del alma" (Albert Camus)






Lo frágil no dura


Lo frágil,


lo etéreo de las palabras


que se sumergen y marchitan.


Tan solo el volátil instante,


permanece.


El gesto del agua se hunde


en el océano del cuerpo


flotando a la deriva,


sobre el pensamiento


que la mente distraída alberga.


Allí donde los miedos se mezclan


con las cabezas desiertas.


Lo frágil,


vuelve a hundirse como una balsa,


empapada sobre la prístina intención


que mueve a la caricia que calienta el sol.


Allí los abrazos se convierten


en una afrenta


para los que los han olvidado


bajo el aspecto pulcro


de una expresión blasfema


que hace obedecer con voluntad robada.


Los ásperos días no se delatan,


ocurren sin más


engullidos por la indolencia


se derriten en el calendario


mientras espero un milagro


con nombre de persona.


La frágil magia,


envuelve a los enamorados


con el paso de los años


y los mantiene unidos al unísono


de un simétrico compás.


Su imprecisa creencia en lo imposible


bajo el dominio de la propia voluntad


para cambiar el mundo,


aquella que nos permite creer


que es abstracto


cuando está constituido


por personas particulares


cargando sueños y memorias,


calculando una huida


que queda a la misma distancia


de quedarse.


La fragilidad,


de reverenciar el pasado


sin el bullicio del arrepentimiento


sintiendo la disolución del orgullo


que abriga y da calor.


Haber caminado sobre el mar


de un campo en sequía,


bajo la estela de una estrella fugaz


con el suave oleaje que envuelve


el aroma de la frágil existencia.


Descubrir el secreto de la clara


y simple satisfacción de ser


cuando el único lujo es permitirse


vestirse con un sueño,


porque venderse,


a cierta edad no es apropiado.


 


Beatriz Casaus 2017 ©





viernes, 14 de julio de 2017

Honestidad


“Ser honesto puede que no te de muchos amigos, pero te dará los amigos adecuados” (John Lennon)

“Estoy enfermo de escuchar a ignorantes, miopes, hipócritas e intolerantes; lo que quiero es la verdad” (John Lennon)

“Nada me detendrá y a pesar de que no esté aquí, siempre tendré los mismos pensamientos y diré lo que siento” (John Lennon)

“Sé tú e intenta ser feliz. Pero, ante todo, sé tú” (Charles Chaplin)

"Sé tú mismo, los demás puestos están ocupados" (Oscar Wilde)




Esto que ves soy yo


Esto que ves soy yo,
un jardín con ganas de ser montaña,
fíjate en este rostro que nunca he visto,
acarícialo con tu mirada
para que mis icebergs que flotan a la deriva,
vuelvan.

Ya no soy un felpudo donde limpiarse,
cada recodo de mi cuerpo está en orden
aunque parezca tierra recién arada,
este es el hogar desde donde paseo
y a donde vuelvo cuando estoy confundida.

Sin envoltura me desgasto hasta romperme.
Lo que ves es lo que tengo.
Gustaré solo a la gente apropiada,
con la que puedo ser yo,
los demás son días que pasan de largo.

Toca mis manos huecas,
todo lo que hay en ellas
te lo puedes llevar.
Mira mis dedos, son autónomos unos de otros
solo la palma los sujeta,
como el amor bien entendido.
Te ofrezco todo lo que soy
en este río que compartimos.

Esto que ves soy yo,
dócil llovizna,
puedes ahogarte en mi sonrisa
o desbordarte con ella.
Mis hojas no han llegado a las ramas
y ya esperan a caer,
la fiel contradicción
de abrirme y cerrarme
como una flor según el momento del día.

Soy espejo,
todo lo que ves en mí es lo que proyectas.
Mi reflejo eres tú.
No permitas que los prejuicios
se entrometan entre tú y yo,
no llegaré hasta tus ojos nunca
hasta que seas transparente.

Mi sueño es convertirme en universo,
es tan auténtico que solo sabe expandirse,
pero el necio se rinde ante su propia verdad.
En este teatro donde todos llevan máscaras
los honestos son los ciegos.

En mi boca sólo se inundan las promesas.
Mis párpados bailan con la inercia
de ser solo una persona.

No tienes que adivinarme.


Beatriz Casaus 2017 ©





domingo, 9 de julio de 2017

Cuarenta y nueve escalones

"We are led to believe a lie, when we see not through the Eye" (William Blake)


"(...)Estoy habitada por un grito.
De noche aletea
buscando, con sus garras, algo para amar (...)"

(Extracto del poema "Olmo" de Sylvia Plath)



Cuarenta y nueve escalones


Terribles voces se bifurcan en mi camino
como en un consuelo por encontrar
sentido a todo el dolor que viví.
A veces el mar se apodera de mí
y pretende ahogarme pero es entonces
cuando renazco y vuelvo a olvidar.
No confío en los milagros
ni el designio de las alucinaciones
para abrir la conciencia.
Confío en la vida que tantas veces me ha abrazado.
Aunque ni yo misma lo crea,
debo ser importante para este
acontecimiento universal también.
Me aterra pensar que no hay árboles que florezcan.
Pero antes deben caer sus hojas como lo hacen,
en silencio y sin que nadie se dé cuenta,
de forma sigilosa y casi accidental
para configurarse sobre una dignidad perdida.
Cuarenta y nueve escalones que unen
el cielo con la tierra.
Mi tierra natal con mi domicilio actual.
En un aparente caos azaroso se puede brillar
y conceder a la luz el lugar que le corresponde.
Antes era mañana
y caminar descalza hoy es toda una proeza.
No volveré a repetir las palabras malditas
si una ínfima parte de lo que el amor es,
me encuentra y me lleva.
Me inclino sobre la balanza
que tiende a descender sobre uno de sus brazos
de forma aleatoria.
Nunca entendí por qué un gran corazón no pesa más.
Sufrí la velocidad de la violencia silenciosa.
Hundida hasta la raíz,
mis gritos no se oían en otras paredes.
Toca pronunciar muchas palabras
hasta no decir nada para llegar lejos.
Lo oculto ve la luz y nos miramos
como si nunca antes nos hubiéramos visto.
Soy nueva cada día y por fin te veo.


Beatriz Casaus 2017 ©