jueves, 28 de febrero de 2013

Rescate

“Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo”
“La razón no me ha enseñado nada, todo lo que yo sé me ha sido dado por el corazón”
“Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”
(León Tolstói)

A continuación, uno de mis poemas favoritos del gran Mario Benedetti que por más que lo lea, aunque sea mil veces seguidas, sigue motivándome y haciéndome sonreír por dentro.

No te salves

No te quedes inmóvil 
al borde del camino 
no congeles el júbilo 
no quieras con desgana 
no te salves ahora 
ni nunca 
no te salves 
no te llenes de calma 
no reserves del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
no dejes caer los párpados 
pesados como juicios 
no te quedes sin labios 
no te duermas sin sueño 
no te pienses sin sangre 
no te juzgues sin tiempo 

pero si 
pese a todo 
no puedes evitarlo 
y congelas el júbilo 
y quieres con desgana 
y te salvas ahora 
y te llenas de calma 
y reservas del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
y dejas caer los párpados 
pesados como juicios 
y te secas sin labios 
y te duermes sin sueño 
y te piensas sin sangre 
y te juzgas sin tiempo 
y te quedas inmóvil 
al borde del camino 
y te salvas 
entonces 
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti


Rescate

Algún día
casi como sin querer hacerlo,
me rescataré de tantas sonrisas
que como la luna
esconden una cara.
También del trueque sentimental
entre dos individuos apegados
consumidores de relaciones
a cualquier precio.
Por mi parte
confesaré que tengo varios amantes
y que de entre ellos la cultura
es el que más satisfacción me da
y que amo lo original
bajo este monopolio establecido de clones.
Sigo orgullosa de ser rara, única, diferente,
pues lo contrario me horroriza.
La gente no me sitúa ni con su GPS,
no hay cabida para el encasillamiento
y me suelen preguntar:
“¿pero tú de dónde eres?”
y esto es razón de festejo.
Es pronto aún para que proclame
que se está más desnudo
cuanto menos se tiene que callar
y que quien más necesita taparse
es porque oculta algo.

Algún día
casi como sin querer pretenderlo,
me rescataré de los estados de ánimo
que esclavizan en un litigio
entre querer y no poder.
También, de la ilusión ficticia
de las propiedades
porque sé que cuando muera
no me las voy a llevar
y que por tanto nunca fueron mías
por más promesas publicitarias
y plazos crediticios que pagara.
Por no poseer, no poseo ni mis palabras
mucho menos cosas, personas o mi cuerpo
donde por cierto
vivo en alquiler.

Algún día
casi como sin querer pensarlo,
me rescataré de esta normalidad
porque si no lo hago yo
no habrá nadie que lo haga.

Beatriz Casaus 2013 ©



jueves, 21 de febrero de 2013

Mamíferos de asfalto

“Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres” (Albert Einstein)

"Lo que ves en el exterior es lo que hay en tu interior, si ves sólo lo negativo o todos te parecen malos, en realidad deberías preguntarte qué hay en ti que te muestra eso en los demás. Lo que ves en los demás no es más que una extensión de tu propia persona. Así que por la cuenta que me trae, yo pongo esmero en ver lo positivo". (De mi propia cosecha)

 Mamíferos de asfalto

(No cae el invierno este año
como hizo el pasado por tanta verborrea…)

Los cuadrúpedos envidiosos se estancan,
evolutivamente hablando,
por albergar pensamientos oscuros hacia los demás.
Se les reconoce por ser como aves feroces
que derraman injurias sobre presas inocentes.
Su cerebro no se ha desarrollado como lo deseado,
no así sus pezuñas.
Tienen un interior podrido 
por pestilentes comentarios y críticas hirientes.
Desgastan tiempo y energía en chismorrear,
y hablar mal.
Su presencia maloliente atrae a moscas
y buitres que buscan carroña
que en ellos encuentran.
Están corrompidos por bajos sentimientos
que creen no poder controlar.
Se distinguen por ser solitarios
o por sus grupos pequeños.
No puede haber más de tres personas en él
ya que no se aguantarían.
Ignorantes, no conocen que aquello
que lanzan a los demás les será devuelto por duplicado
y si desean el mal,
(que en ellos es un rasgo común),
en mayor medida.
Desconocen que los que hoy lloran por alguien,
mañana reirán y los que hoy se ríen de alguien,
mañana llorarán más.
Se expresan con vulgaridad,
el conjunto de la palabra les define ampliamente.
Sus miradas parecen sucias,
labradas por tenebrosas intenciones.
Viven en el odio, los celos y la amargura.
Son orgullosos y pueden ser altivos y prepotentes.
Es conveniente situarlos a la mayor distancia posible.
Pero no juzgarlos, dejarles a su libre albedrío.

Al otro lado están los bípedos elegantes.
Que lo serán en todos
y cada uno de los ámbitos de su vida.
Serán refinados, discretos, optimistas, positivos.
Se enfocarán en lo bueno de la vida
y en lo bueno que hay dentro de cada cual.
Dan importancia a lo positivo
y no malgastan su energía en hablar de nadie
y si lo hacen es para alabar.
Su presencia es grata y suelen rodearse
de cuantas más personas mejor
porque confían en la bondad que cada uno tiene.
Les gustan los cambios y la disparidad.
Admiran algo de cada persona,
no envidian porque saben que es de baja vibración
y les gusta compartir con todos.
Tienen luz propia y magia, y por ello,
son el blanco perfecto para ser la envidia
de los primeros cuadrúpedos clasificados.
Están contentos con lo que tienen
y no ansían lo ajeno.
Suelen irradiar paz y equilibrio
y su intención es buscar la armonía en todo momento.
No les oirás criticar a nadie
y tendrán temas de conversación interesantes
ya que su atención está enfocada en evolucionar
y en lograr ser mejores personas.
Gustan de ideas elevadas
como sus pensamientos también lo son.
Suelen ser humildes, soñadores y mansos de corazón.
Tampoco se les puede juzgar, porque no abundan.

En el tercer rango están los voladores,
quienes han desarrollado unas especies de alas mentales
que les permiten sortear de manera victoriosa
cualquier circunstancia
gracias a haber superado la dualidad
de las dos clasificaciones anteriores.
Han atravesado en algún momento de sus vidas
las mismas debilidades que los envidiosos cuadrúpedos
pero las han trascendido,
y poseen la misma positividad
que los bípedos elegantes gracias a ello.
Al conocer todos los estados mentales posibles
y en tal tesitura, haberse conocido a sí mismos,
son de alta evolución.
Gozan de gran empatía y comprensión elevada.
Son amables, gentiles y tienen un buen sentido del humor
que utilizan como su particular alquimia
para transmutar lo negativo y elevarlo.
Son graciosos, elegantes, bellos y han evolucionado
hasta convertirse en verdaderos
maestros de la evolución personal.
No son ambiciosos y huyen del poder.
No tienen como meta la seguridad
conocedores de su inexistencia.
No pretenden colonizar las creencias de los demás.
Les interesa el amor,
Y por ello, sólo se les puede juzgar.

Beatriz Casaus 2013 ©






sábado, 16 de febrero de 2013

INDULTO a mí misma


“No temáis la grandeza; algunos nacen grandes, algunos alcanzan la grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y para otros la grandeza se mantiene como una idea demasiado grande” (William Shakespeare)


Os dejo con el regalo de la mejor definición del amor jamás escrita:

"Amaos el uno al otro
pero no hagáis del amor una atadura,
que sea más bien un mar movible 
entre las orillas de vuestras almas.
Llenaos el uno al otro las copas
pero no bebáis de la misma copa.
Daos el uno al otro el trozo de pan
pero no comáis del mismo trozo.
Cantad y bailad juntos y estad alegres
pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas del laúd están solas 
aunque tiemblen con la misma música.
Dad el corazón pero no para que el compañero lo tenga,
sólo la mano de la vida puede contener los corazones,
y estad juntos, pero no demasiado juntos,
porque los pilares del templo están aparte.
Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés,
ni el ciprés bajo la del roble".

Khalil Gibran


INDULTO a mí misma

(Perdón si parezco un poco grosera,
pero quisiera disculparme con quien más se lo merece
que además es donde me toca vivir)

Perdón por haber perseguido en vano un ideal inalcanzable de belleza, la impuesta. La única belleza verdadera es la de cada cual.
Perdón por no haber tratado con importancia a flores, mares y ocasos y haber puesto mi atención en discursos obsoletos, siluetas o formas de conducta aprendida.
Perdón por no haberme dado cuenta de dónde quiero estar y hacia dónde quiero dirigirme.
Perdón por no haberme permitido ser más sincera con mis sentimientos y emociones.
Perdón por aceptar la realidad que no me gusta y no creer en mi fuerza para cambiarla.
Perdón por restar importancia a mi espacio personal por el de la pareja y creer en la utopía de la fusión.
Perdón por haber sido funesta y cruel conmigo misma en los momentos en los que más me necesitaba.
Perdón por haber fluído en ocasiones en las sombras de las críticas hacia mí misma.
Perdón por haber idolatrado los mecanismos de defensa mientras se apoderaba de mí el miedo a salir herida en vez de a lanzarme, que para vivir es de lo que se trata.
Perdón por no haber dicho “te quiero, lo siento, vete a la mierda” las veces que debía haberlo hecho.
Perdón por haber creído que soy víctima de mis circunstancias cuando soy yo quien las provoca consciente o inconscientemente.
Perdón por haber saboteado mis sueños por cobrar un sueldo.
Perdón por dar poder a lo externo en vez de a lo interno que hay en mí.
Perdón por dar credibilidad a mensajes que agobian el alma.
Perdón por haberme negado, cuando mi único reto en esta existencia es ser más yo.
Perdón por haberme abandonado en la duda y haber cuestionado mi poder.
Perdón por teñir un retrato hacia el exterior y no mostrar toda mi potencialidad.
Perdón por el llanto provocado cada vez que me he puesto excusas o he pensado que no podía.
Perdón por haber derramado tanta energía en nimiedades.
Perdón por haberme agarrado a los rescoldos de amores que ya no tenían cabida.
Perdón por las cadenas de los “debería” que he convertido en “me gustaría”.
Perdón por haberme sentido culpable, mala o no merecedora.
Perdón por nublar mi vista con negatividad y haber dejado escapar alguna oportunidad.
Perdón por haberme consumido alguna vez en el orgullo y la soberbia.
Perdón por haberme tratado como el último mono cuando en realidad, en mi vida soy lo más importante.
Soy libre porque sé quién soy gracias al néctar del abrazo de la soledad, 
y puedo cantar en paz, 
cuando me estoy perdonando.

Beatriz Casaus 2013 ©



miércoles, 6 de febrero de 2013

El cielo debe ser algo parecido a estar a tu lado


“Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños (...)” (Pablo Neruda)



Amor a primera vista

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún “lo siento”
o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,

y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

(Wislawa Szymborska, 1993)


El cielo debe ser algo parecido a estar a tu lado

Tengo prisa por quererte más
por saberte más
por vivirte
y que se me desgasten los dedos en tocarte,
y que una brizna de aire delate tu nombre.
Seas quien seas,
siempre serás TÚ, ajeno,
pero viviendo dentro de mi fuero interno.
Ya he visto muchos YO
anclados en su metódica individualidad.
¿Dónde estáis vosotros, todos TÚ?
Premura por mirarte más
por hablarte
por enseñarte
mucho más
y que no se aturda ninguno de mis sentidos
y explorarte sin agotamiento.
Sin demoras de equipaje a mis espaldas
sólo cargo aquello que me conmueve,
queda espacio para ti aquí dentro.
Decían que de mayor se saben las cosas,
pero sólo encuentro YOES mayores
que no saben de nada.
Por no saber,
no saben ni respirar sin ahogarse
y exánimes buscan sentido.
No hay urgencia,
excepto para tocar el cielo
que debe ser algo parecido a estar a tu lado
y es cuando a mí me entra el apuro
por salir a tu encuentro
con el recipiente lleno.

Beatriz Casaus 2013 ©




sábado, 2 de febrero de 2013

Mis grandes descubrimientos en Cataluña



Por desgracia, hemos aprendido a tener un pensamiento de división: distintos países, distintas razas, distintas clases sociales, distintas nacionalidades… y este pensamiento nos lleva a entender las fronteras como los límites de un territorio, cuando si le damos la vuelta a la tortilla, también podrían ser los puntos de unión entre dos tierras. Del mismo modo, creemos que lo que es como nosotros es mejor que lo que no es igual a nosotros. En esta idea simplista se basa el nacionalismo mal entendido. Por el lado positivo, es ese sentimiento de arraigo y devoción hacia una tierra, su cultura y hacia la población que en ella reside pero por el lado negativo, es la creencia de que por pertenecer a un sitio determinado soy mejor que la persona que no pertenece a él. Esta idea absurda y equivocada es además causante de un estúpido conflicto que no lleva a ninguna parte más que a la separación, la división, o al sentimiento de superioridad y que promueve mucho sufrimiento innecesario. Este dilema se sigue dando desgraciadamente en la actualidad y en nuestro país concretamente, con el caso de Cataluña y El País vasco.

Tuve la inmensa suerte de expandir mis miras y residir durante un tiempo en Barcelona. Desde mi experiencia particular, los catalanes siempre me trataron genial y fueron muy educados conmigo aún sabiendo que era de Madrid. Cuando notaban que no hablaba catalán, aunque yo me esforzaba en chapurrearlo, enseguida cambiaban al castellano y se disculpaban. Es igual de infantil creer que todos los catalanes son independentistas que cuando afirmamos tajantemente que todo el género masculino es de determinada forma, (aunque el hecho de que una parte sea independentista también es respetable como cualquier opinión por ajena que sea a la mía lo es). Es cierto que existen ciertos rasgos en común entre una misma población, y he de decir que los que descubrí de ésta en particular, me resultó  una grata sorpresa. Son gente mucho más abierta y moderna. La propia arquitectura de la ciudad condal así lo muestra. No hay más que ver los edificios de Gaudí, el arte de Dalí, Miró, Picasso o el modernismo que impregna sus calles... incluso su catedral emblemática,“La Sagrada Familia”, es toda un ejemplo de este modernismo. Son además muy educados y por lo que yo conocí, tienen un gran interés en temas nuevos o diferentes puntos de vista.

De mi estancia allí me llevé varios descubrimientos que a día de hoy aún sigo disfrutando: uno de ellos fue la contraportada del periódico La Vanguardia, el periódico de más tira en Cataluña y en la que se hacen entrevistas a personas que  promueven un pensamiento diferente o que aportan nuevos datos de la realidad. Esto ya de por sí dice mucho del pueblo catalán a su favor. Aquí os dejo una entrevista muy interesante al psicoterapeuta Christian Flèche sobre cómo las emociones repercuten directamente en las enfermedades:

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110530/54163306905/cada-organo-danado-responde-a-un-sentimiento.html#ixzz2IbRqsTEi

 Lo segundo que descubrí fue toda una nueva forma de vida más natural y alternativa. Terapias como la acupuntura, el reiki, el ayurveda u otras técnicas de relajación allí están a la orden del día. Hay miles de estos centros en la ciudad o supermercados en los que sólo venden comida ecológica BIO. Es además gracioso ver cómo la mayoría de los ejecutivos acuden con sus trajes a ellos en vez de ir al fisioterapeuta de toda la vida. Lo que me llamó tremendamente la atención fue que en muchas peluquerías se diera reiki mientras te cortan el pelo o que en todas las farmacias tuvieran productos y expertos homeopáticos. También allí descubrí el ayurveda, que es la medicina tradicional hindú en la que se concibe al ser humano desde un punto de vista holítisco, es decir, como el compendio entre el cuerpo, alma y mente y que desde entonces, junto con el riquísimo “pan tumaca”, me cambiaron la vida.

Me resulta triste ver la estúpida promoción de pelea que se infunde entre Madrid y Cataluña, cuando los dos pueblos son en realidad complementarios y necesarios el uno para el otro. Esta falsa creencia nacionalista que el fútbol o que algunos políticos transmiten en aras de ganar escaños no conduce a ningún lado más que a sentimientos de separación en un momento como éste en el que más que nunca deberíamos estar unidos para intentar salir del grave problema económico, político y social en el que estamos inmersos. Me quito el sombrero frente a todas aquellas personas que ven más allá de los nacionalismos porque tienen una visión más amplia del ser humano y que conciban a la humanidad como el conjunto de pueblos vecinos que deben ayudarse para salir adelante. Hay personas que piensan de este modo, incluso directores de banco, como es el caso de Joan Melé, director del banco de banca ética en España "Tríodos Bank" (otro descubrimiento que aprendí allí) en el que el dinero que se deposita se invierte en cultura, obras sociales, educación y ecología. Os adjunto un vídeo en el que comparto al cien por cien cada punto y coma de lo que en él se dice.Os animo a que leáis sobre él o que veáis más vídeos en Youtube, es una gozada escucharle y a muchos os parecerá absolutamente revelador que un banquero sea tan buena persona, apueste por los valores y hable de temas que no se suelen tocar. Espero que os guste y aprovecho para desearos... ¡Un feliz fin de semana! J

Beatriz Casaus 2013 ©


sábado, 26 de enero de 2013

Altos pero no intocables


“¡Cuántas veces os ha sucedido que desperdiciáis vuestra vida corriendo detrás de adquisiciones que no son tan importantes como la vida misma! ¿Habéis pensado en ello? Si pusierais a la vida en primer lugar, si pensarais en cuidarla, protegerla, conservarla con la mayor integridad, con la mayor pureza, tendríais cada vez más posibilidades de obtener lo que deseáis. Pues precisamente esta vida limpia, iluminada, intensa, es la que puede proporcionároslo todo”(Omraam Mikhaël Aïnvanhov, filósofo francés de origen búlgaro)


Altos pero no intocables

¿Cumbre? 
Sí, aquello alto que se ve pero no se toca.
Fascinación adversa de ser admirado.
Llegar tan lejos como la huella del dinero guíe.
Que digan con fuerza tu apellido
mientras olvidan el nombre.
Fidelidad al desnudo material,
amando a escondidas lo intangible.
La revisión periódica de la moral
para permanecer inquebrantable ante la saña.
Allí arriba, poder y escrúpulos 
no suelen ir juntos de la mano.
Poca visibilidad real por la niebla que circunda.
Engañosa perspectiva desde donde los de abajo, 
parecen pequeñitos.
Los aires son distintos,
no se crece más por ver desde más alto,
ni por estar más cerca del cielo.
¡Suban, suban! que yo me quedo.
Sólo miro arriba para superar las dificultades.
Desde aquí me baña el rocío por la mañana,
me regala el gorrión su canto sin pedírselo,
y tengo el gozo de tener contacto con mis iguales,
todos arropados,
por la misma claridad que dan las fábulas.

Beatriz Casaus 2013 ©




domingo, 20 de enero de 2013

Las cicatrices del guerrero


“Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.
Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.
Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.
Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.
También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada o todo”. (Fuente: Artículo publicado en La Vanguardia, escrito por la periodista Ángeles Caso)




Las cicatrices del guerrero

Había atravesado cinco puertas hasta llegar allí. La puerta de mi casa en donde dejaba todas  mis pertenencias y vida conocida, la puerta de la ambulancia en la que se me empezaba a tratar como un paciente sin nombre ni apellido, la del salón de urgencias en donde me hicieron toda clase de pruebas a un ritmo vertiginoso y sin preguntarme cómo me sentía emocionalmente veía cómo mi cuerpo se iba repartiendo en botecitos de análisis clínicos, la puerta de la salita de espera en donde te das cuenta que estás sólo acompañado de otras personas que también parecen estarlo, y finalmente, la puerta de aquella habitación perteneciente a las entrañas de ese inframundo llamado hospital en donde me habían despojado de toda dignidad y personalidad al quitarme mi ropa y colocarme una bata verde que dejaba mi espalda al descubierto  y mi ropa interior a la vista de cualquiera.

Mi sensación  era de humillación. No conocía a nadie en ese lugar y las enfermeras no eran del todo amables, aparte de estar avanzadas en años y no ser nada atractivas. Mi compañero de habitación llevaba dormido desde que entré, afortunado él, pensé para mí. No sabía cómo conseguía conciliar el sueño de forma plácida en un ambiente tan hostil como ese. El único contacto que había con el mundo exterior era la televisión que teníamos colgada en la pared y una ventana a escasos metros de mí que daba a un patio vacío con cubos de basura en el fondo. Llevaba días allí y no creo que me consideraran un paciente obediente y pasivo que aceptaba a pies puntillas las recomendaciones que me decía el doctor o los demás interinos. Imagino que era problemático porque cuestionaba su autoridad y preguntaba todo acerca de mis síntomas y les increpaba con toda clase de dudas. La mayoría de los pacientes que había visto por los pasillos parecían sumisos y no cuestionaban nada de lo que se les decía. Me enteré incluso que mi doctor había dado la sentencia de muerte a un paciente al decirle que le quedaban dos meses de vida y el tipo se murió casi de repente como para complacer al médico. No me gustaba nada ese sitio, sin duda. Parecía que mi papel consistía en asegurar que me encontraba bien o que iba a estarlo para aplacar la ansiedad que sentían  mis interlocutores sanos. Me hacía gracia cuando escuchaba los comentarios sobre mi buen aspecto, si lo tuviera, estoy seguro que no estaría durmiendo en aquel sitio, les contestaba.

Por las noches, como me costaba dormir, el silencio me llevaba a los momentos de calma y es como si entrara en comunión con mis pensamientos más recónditos y escondidos. Eché mi vista atrás y no tenía la sensación de sentirme completo por haber conseguido hacer tanto dinero. Eso era  a lo que me había dedicado en la vida y lo que mejor se me había dado, teniendo en cuenta los años de experiencia a ello ofrecidos. Había pasado demasiadas  horas en la oficina y echaba en falta no tener una familia directa a la que querer o alguien que me visitara. No podía decir que mi vida no había sido productiva, pero aquel dato no me hacía feliz. Me arrepentí incluso de haber dejado escapar a aquella novia que tuve y con la que pensé que compartiría el resto de mi vida pero a la que no traté del modo en que ella me lo pedía y que con razón me dejó. No podía cambiar, ni quería cambiar los detalles que le hacían daño…mi mejor amigo por aquel entonces me consolaba diciendo que no era una chica espectacular y que yo podía estar con mujeres mucho más despampanantes. Gracias a Dios perdí a ese amigo también. Pensé que el alcance económico de la cobertura de mi seguro haría mi estancia más grata en un sitio como éste llegado el día en que lo necesitara o que al menos me sentiría más seguro en un caso así, pero no. Me sentía vulnerable como nunca antes me había sentido. Era como si nada dependiese de mí y todo estuviera prendiendo de un hilo frágil al que no podía manejar a mi antojo ni siquiera pagándolo con todo mi dinero. Si saliese de allí tan siquiera sabía a ciencia cierta si mi vida volvería a ser igual que la de antes.

Mi compañero de habitación era todo lo contrario a mí. Todos le querían. Siempre estaba sonriendo y gozaba de un exquisito sentido del humor aunque llevaba a sus espaldas una larga y estoica lucha para superar el cáncer que había extenuado su organismo, e incluso cuando la medicina ya había agotado todos sus recursos, su deseo de vivir y su esperanza le hicieron seguir adelante durante muchos meses más. Recuerdo el último día que pasé con él. Cómo olvidarlo… me preguntó qué veía desde la ventana. Yo, al notar su expectación sobre mi descripción personal y ver cómo sus ojos brillaban en chispas de curiosidad, le conté que había un bello jardín donde los niños jugaban y las parejas se metían mano mientras se decían guarrerías al oído, él se rió durante un buen rato y luego me preguntó si la gente parecía feliz, entonces miré de nuevo y le dije que sí, que sí  que lo parecían y aquello le tranquilizó y me dijo que esa visión le gustaba. Preferí contarle aquello en vez del patio vacío con los cubos de basura al fondo. Él vivía con esperanza y no se la iba a arrebatar. Me contaron que cuando murió, tendió la mano a su hija como última ofrenda de amor  y que abrió sus ojos y su rostro se iluminó de alegría. Se fue tal y como vivió, alegremente. Estoy seguro que vio algo que nadie podía ver y que le haría gracia, como siempre.

Tardé unos meses en salir de aquel inframundo y otros cuantos meses más en olvidar el horrible sabor de la comida que servían en bandejas de plástico. Sin embargo y para mi sorpresa, me llevé dos regalos de aquel sitio infame. El amor de una enfermera que me daba la mano cuando mis dolores me impedían moverme y que hizo cambiar mi idea del aspecto físico colmándome de afecto, y el conocimiento que de ese mismo amor descubrí que trajo de forma reveladora: que el amor es curativo y que en realidad es lo único que merece la pena cultivar porque es lo que guardas en tu interior y que es posible que te lleves cuando partas. Aún así creo que me siguen recordando como el peor paciente que pisó aquel hospital, pero yo sigo pensando que los doctores deberían cuidarse de dar algunos “veredictos” y que los pacientes no somos sólo casos sino seres humanos que albergamos una historia personal que quizás haya repercutido de forma directa en nuestra enfermedad. Dada mi trayectoria personal, no sé cómo no había desarrollado más patologías graves y me sentí un tipo afortunado cuando me dieron el alta. A partir de aquella estancia dejé espacio para que el humor, la risa y las caricias llenaran mi día a día y para que mis cicatrices, se convirtieran en tatuajes que tenían un significado muy especial para mí. Su función sería recordarme cada vez que me percatara de su presencia de lo que es importante y en lo que merece la pena invertir tiempo. Después de todo aquello, soy un tipo con suerte.

Beatriz Casaus 2013 ©