viernes, 22 de junio de 2018

Mi música

"Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo si lo que quiero decirte es que te amo?" (Fernando Pessoa)


Mi música

Ellos necesitan ir hacia fuera,
yo necesito ir hacia dentro,
aquí encuentro mi música.

El silencio sugiere un abrazo que ahoga.
Hay una melodía en mí que nadie más puede escuchar.
Mi corazón no entiende de lealtad a medias,
sólo a razonamientos ignorantes de su sentir.
Con la misma suave brisa que escucho el mar, me escucho a mí.
Me brinda la misma paz.

Ellos necesitan caminar, yo necesito estar quieta.
Buscar la mano que me ha devuelto la vida.
Beber de sus muñecas el único sentido que aprecio,
las líneas difusas que presentan una ilusión remota.
Aquella que se aleja cada vez que pretendo alcanzarla,
como el escurridizo horizonte.
El horizonte es un amante de manual que tiene miedo a algo más.
Yo creo que soy capaz de amar desde el reinicio.
No importa cuánto haya sufrido, amo siendo nueva.
El mar me espera callado, expectante en sus aguas. Esperando.
Entumecido.

Ellos necesitan mirar, yo necesito sólo cerrar los ojos.
El destino juega conmigo y yo sin conocer las reglas de su juego.
Sólo conozco un camino y son tus muslos.
En ellos me siento a ver pasar este naufragio.
Creía que todo estaba seguro
y lo único seguro es que no hay nada seguro.
Las únicas letras que sigo ya han desaparecido, despacio.
No importa que dure un instante,
lo que he vivido es más grande que cualquier vida sin ese instante.

Ellos necesitan reservar su vida y yo necesito saber de ti.
Eso es lo único que yo necesito.


Beatriz Casaus 2018 ©


sábado, 19 de mayo de 2018

Soy


"Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no escucha música, quien no halla encanto en sí mismo. Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar." (Pablo Neruda)


Soy

Soy sensible, frágil, un corazón con piernas que se entrega con cada situación y persona. Cuando veo a cualquier ser humano lo veo más allá de su forma física, mirando a su interior, saludando y honrando ese interior. Me emociono con una simple y sublime sonrisa. Vivo envuelta en la particular magia de mis sentimientos. Todo me afecta y conmueve. Escuchar esta canción una y otra vez se convierte en un acontecimiento emocional en el que se despliegan mis alas. Busco la verdad. Mi alma artística ha tenido que adaptarse a un mundo donde imperan los números y todo lo relacionado con ellos: las calificaciones, las cantidades, la razón y lo material. Me resulta difícil entenderme y a veces me peleo conmigo misma, pero nunca me gano. Utilizo la escritura y cualquier forma de expresión porque me hace sentir un poco más libre y me cura (para mí la poesía no es una forma de escape, es una forma de respirar) Intento responder las preguntas existenciales en un contexto cotidiano. Vivo la vida como si fuera una película y cada instante como lo que es, lo único que hay.

(Inspirado en la canción “Amar Pelos Dois” de Salvador Sobral)

Beatriz Casaus 2018 ©


martes, 1 de mayo de 2018

¿Borrarse o no de Facebook?




“Debemos ir más allá del constante clamor del ego, más allá de las herramientas lógicas de la razón, al lugar tranquilo dentro de nosotros; al reino del alma. (Deepak Chopra)


“La egolatría es la fuente de todas las miserias” (Thomas Carlyle)

“El único y verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes sino en tener nuevos ojos” (Gautama Buda)

Confieso que he tenido una lucha interna al intentar dilucidar si merece la pena permanecer en las redes sociales o no. En especial de Facebook, no solo debido al escándalo mediático de su creador por utilizar datos de usuarios, (parecíamos no querer creer que nada es gratis) sino por el esperpento en lo que se ha llegado a convertir. O quizás sea en lo que nos hemos convertido de forma inapelable algunos habitantes de esta neurótica parte del mundo. Me pregunto si la gente ya no viaja por viajar y satisfacer sus inquietudes culturales, sino si lo hace sólo por colgar las fotos en Facebook. 

Cada vez conozco más personas con el síndrome del “ego del viajero”, que es ese sentimiento de superioridad hacia aquellos que no viajan y a quienes critican. Se sienten especiales por viajar, únicos e importantes y miran con condescendencia a quienes prefieren invertir su dinero en otras cosas o en ahorrar. Incluso necesitan competir con otros viajeros para ver quién visitó más países. En mi caso cada vez que viajo lo hago con humildad, sin colgar fotos, y con total agradecimiento por poder hacerlo, pero ante todo respeto a quien no pueda o no quiera viajar, porque nadie es más importante ni mejor que nadie por ello. Cada uno está en un momento de la vida y toma sus decisiones según cree en un momento determinado. Además creo que el verdadero viaje y la aventura más grande comienza en uno mismo y ese es el viaje que te hace mejor. El viaje hacia el interior es el más importante que se pueda alcanzar.

Volviendo a las redes sociales, la intimidad es un campo muy preciado del que nos estamos olvidando. Es aquel que se disfruta con el círculo cercano y del que se puede arrepentir si se pierde. En algunos casos hasta se roza la estupidez al compartir con extraños dónde y cuándo nos vamos de vacaciones, olvidando los daños colaterales que ello pueda ocasionar, como es por ejemplo que alguien se pueda aprovechar de la situación y entre a robar en su casa (se han dado casos de este tipo que han recogido los periódicos) La intimidad es algo que no se debe compartir de forma pública porque precisamente deja de hacerse íntimo para convertirse en un postureo más, y a veces en pura pantomima.

Ello nos lleva irremediablemente a la idea de que es más importante o más “cool” quien más comparte su intimidad, quien mejores fotos tenga, quien más amigos tenga, en definitiva, quien más lo enseñe todo. Pareciera que de nada sirve tener músculos si no se enseñan o que de nada sirviera tener amigos si no cuelgas fotos con ellos (en vez de estar cuando más lo necesitan sin que nadie se entere). Eres lo que muestras, parece ser la máxima a seguir. Es decir, nos estamos volviendo completamente locos y el sinsentido más hueco es lo que se valora. Si quedo con una amiga no es necesario que todo el mundo lo sepa para demostrar que soy querida o que gozo de amistades, así como si estoy una noche de fiesta no entiendo por qué se necesita colgar fotos sobre ello. Yo soy la primera que si salgo me divierto mucho, pero cuando llega el momento en el que te piden hacerte una foto para subirla a Facebook mi cabeza entona la frase: ¿pero para qué? ¿no nos lo estamos pasando bien así? ¿qué necesidad hay de colgar una foto? En realidad, ¿qué se está tratando de demostrar?

Qué mayor sinsentido que intentar rellenar un vacío a base de la aprobación de los demás y en eso se basan las redes sociales, en la cantidad de “me gusta”, comentarios, “followers” o amigos que se reciban o tengan. Todos esas cosas, le pueden dar placer momentáneo al ego, pero quizá en algún momento se descubra que ese el camino erróneo a la felicidad. Es la forma más fácil de crear un placer artificial basado en algo tan ficticio y superficial como son las redes sociales y la supremacía de la imagen.

No me interesan la cantidad de amigos o seguidores de las redes sociales, me interesan los verdaderos amigos, esos que están contigo cuando nadie más está. Cuando alguien me elimina de su lista de amigos, lo celebro. Me parece fantástico su ejercicio de honestidad y lo agradezco. Sólo quiero en mi vida gente que me acepte con todos mis defectos porque reconozcámoslo, son más  visibles que las virtudes. Quien sabiendo cómo soy y cómo pienso, aún quiera seguir siendo mi amigo (tanto en la vida real como en la virtual) es toda una proeza, porque entran en juego el no enjuiciamiento, la tolerancia y la amistad verdadera y eso es lo que a mí me interesa en las personas de mi alrededor.

En referencia al Whatsapp o los mensajes privados por redes, pido encarecidamente a la gente que quiera hablar conmigo que me llame por teléfono o que nos veamos en persona. Como hago casi cada día con mis amigos verdaderos y eso lo que me reconforta de verdad (la tarifa plana es un gran aliado). Ningún emoticono tiene la carga emocional de un abrazo. Tener una conversación escuchando la voz del otro con sus gestos únicos y característicos, mirar a los ojos, sonreír al ver la sonrisa de la otra persona, reír a carcajadas porque te peguen la risa, dar besos, hacer bromas a la velocidad de mi pensamiento y no a la de mis manos en un teclado es vivir y está cerca, tan cerca como cruzar el umbral que separa una pantalla de un ser humano, tan cerca y sencillo como eso.

Tengo hambre de ser mejor y no de aparentar serlo para que los demás lo vean. No me interesa aparentar. Me interesa ser yo, aunque no sea suficiente para muchos, lo es para mí y eso sí que es más que suficiente. Mientras yo sepa quién soy, no tengo absolutamente nada que demostrar.

Sin más dilaciones, ¿debería borrarme de Facebook? por ahora creo que no lo voy a hacer porque este mensaje no llegaría a tantas personas si no fuese por este medio, lo que está escrito se lee y las redes sociales son un instrumento poderoso que usado para el bien común, puede convertirse en una herramienta extraordinaria de distribución de la información (y no me refiero a las noticias falsas de las que por cierto hay que tener poco sentido común como para creérselas) sino a la instantaneidad de la información que puede llegar a cualquier parte del globo terráqueo con un solo click. Eso me parece un avance y una oportunidad. No me borro (de momento) porque por aquí tengo a mucha gente que no puedo ver todo lo que quisiera porque están lejos y de ellos me conformo con saber que están bien y verles en fotos de vez en cuando.

Volvamos a dar ese enfoque a las redes sociales, riámonos con el ingenio que origina la creatividad de algunos memes, compartamos información que nos ayude, no utilicemos las redes sociales sólo como mecanismo de publicidad del ego, hagamos uso de nuestra libertad de expresión, practiquemos debates tolerantes desde el respeto con los que aprender, ¡hagamos de esto un sitio mejor!, pero sobre todo, vivamos más allá de las fronteras de estos cuatro márgenes y cultivemos los valores que hacen grande al ser humano. Seamos sencillos, humildes y queramos de verdad, en persona, como ha ocurrido toda la vida, desde la noche de los tiempos.

Beatriz Casaus 2018 ©




sábado, 7 de abril de 2018

Nacimiento


“Cuando tu alma en capullo presta oído al bullicio mundanal; cuando responde a la  rugiente voz de la Gran Ilusión; cuando temerosa a la vista de las ardientes lágrimas de dolor, y ensordecida por los gritos de desolación, se refugia tu alma, a manera de cautelosa tortuga, dentro de la concha de la Personalidad, sabe, discípulo, que tu alma es altar indigno de su “Dios” silencioso”. (Extracto de “La Voz del silencio” de Helena Blavatsky)



Nacimiento

Llevo toda la vida deseando aprender y ahora, descubro impávida, que lo único que necesito es desaprenderlo todo.

Quedarme vacía, para observar lo que no se puede comprender con la razón.

Volar hacia la cumbre de un precipicio donde el sol todo lo inunda, con su majestuoso silencio.

No hay sombras que ocultar. Todo es diáfano, incluso la mente.

Miro hacia el océano perdido mientras toco con mi mano desnuda el cabello de un niño que pregunta qué es real.

Y creo que él lo sabe mejor que yo.

Alados, volamos sin cuerpo hacia una realidad inefable.

Perdidos en el mundo de los sentidos nunca la hallaremos, nadaremos en ella cuando hayamos dejado de ser nosotros.

Sumergidos en sus profundidades  de vida.

No existe vocabulario que pueda escribir lo que es dejar de ser hombre o dejar de ser mujer.

Intuyo que nunca podré compartirlo.

Sé, que soy amor, aunque a veces no lo sepa.

Cada átomo de materia está hecho de amor, y es lo único que quiero ver en los demás.

Aunque mis malas acciones y las de ellos intenten confundirme.

Siempre existirá el perdón como recompensa.

En este mundo de formas rudas el arte sugiere qué hay detrás.

La fuente que lo imagina debe ser la belleza en sí.

¿Y si todo lo creado existe también en mí?

Debo abandonarlo todo para ver. 


No es morir, es nacer lo que nos espera.



Beatriz Casaus 2018 ©




jueves, 25 de enero de 2018

De la rivalidad a la fraternidad


El cuento de Blancanieves de los hermanos Grimm es un cuento de un ejemplo de rivalidad femenina escrita por hombres. Blancanieves queda huérfana de madre y su padre viudo se casa con otra mujer. La madrastra de Blancanieves tiene un espejo mágico al que cada día pregunta quién es la más bella. Al cumplir los diecisiete años, el espejo revela que Blancanieves le destrona en belleza y eso provoca la ira y maldad de su madrastra quien manda asesinar a Blancanieves. Sin embargo, su verdugo no cumple la condena y le deja en el bosque para que pueda huir, allí conoce a unos enanitos que le dicen que puede vivir con ellos a cambio de que realice todas las labores del hogar. Su madrastra descubre que no está muerta e intenta por tres veces asesinarla disfrazada, en el tercer intento le da una manzana envenenada y consigue que Blancanieves muerda un trozo y pierda la conciencia. Los enanitos creen que está muerta y le construyen un ataúd de cristal. Un príncipe que pasaba por allí se queda prendidamente enamorado de ella y les pide a los enanitos que le den el ataúd. Durante el viaje a su palacio, Blancanieves escupe el trozo de manzana que le había envenenado, recobrando así la vida. Se casa con el príncipe y le cuenta lo que su malvada madrastra hizo con ella. Al final la madrastra perece pagando por su actitud en el pasado.

Este cuento muestra, además de un machismo latente, una rivalidad enfermiza que enfrenta a una mujer que tiene envidia de otra y de cómo es incluso capaz de matarla para conseguir ser la más bella. He de confesar que, en mi experiencia personal, he sufrido rivalidad en algunos momentos de mi vida. Incluso viví una situación difícil hace cinco años por parte de una chica en un mismo entorno. Fue un episodio que se alargó durante varios meses hasta que finalmente esta persona se fue a vivir a otro país. Durante ese tiempo yo lo pasé mal y eso creo que es algo que no se tiene por qué padecer. Después de ese suceso, he vivido otro más en ese mismo entorno, pero no tan intenso.

Creo que lo mejor que se puede hacer ante una tesitura así es ignorar esa actitud. Primero por salud mental y segundo, para rechazarlo y estar por encima de ello. Ignorar ese comportamiento aplaca el ego y enseña que no todas somos así ni que tenemos una actitud soberbia y un interés tan superficial. Siempre he dicho que el mejor piropo que me pueden hacer es que me llamen inteligente, interesante o buena persona, que guapa. Eso no quita que me siente bien si se da el caso de que me lo digan, porque reconozco que también tengo vanidad como todo el mundo, pero no es algo que ansíe ni valore más que otras cosas, desde luego. Aunque yo misma he tenido que aguantar esa situación que no era mi guerra, quiero creer que esa minoría que manifiesta la parte oscura de la psiquis femenina, no puede representar a una inmensa mayoría de mujeres nobles, personas con valores y buenos sentimientos, que forman el conjunto de la población femenina.

Me gustaría centrar la atención en esas mujeres. La mayoría no mira mal, ni te hace sentir mal, sólo la gente envidiosa lo hace, pero gente envidiosa existe en los dos géneros, aunque en las mujeres se centre más en el físico. La idea de que el peor enemigo para una mujer es otra mujer, debería erradicarse del inconsciente colectivo. La mejor forma de hacerlo es comportándose de forma diferente a esa actitud destructiva. Las mujeres debemos hermanarnos, ayudarnos, no competir y mostrarnos el cariño que proviene de pertenecer a un mismo género, precisamente porque sabemos lo difícil que es y romper con ese lastre de cosificación de la mujer que ha sido inducido por un sistema patriarcal y machista. Cambiar los roles tradicionales de género, los cuales nos enseñan desde pequeñas, como dice Gema Otero, experta en género e igualdad y colaboradora del Instituto Andaluz para la Mujer, que las mujeres tenemos que tener éxito en el amor o que hay que ser bellas y deseadas, mientras que a los niños se les enseña a ser fuertes y conseguir poder social.

Cuidarse y sacarse partido no está reñido con nada, pues es algo que tanto hombres como mujeres hacemos, el problema está en la cosificación que se produce sobre la mujer. A mí me gusta vestir bien y sentirme bien y por ello no sólo cuido mi cuerpo, sino que atiendo otros ámbitos igual de importantes o más. Entre nosotras, creo que no se debería mirar mal a alguien porque esa persona vaya arreglada o sea atractiva. Además, creo que es una pérdida de tiempo y una falta de educación mirar fijamente a alguien. La idea que me gustaría que se erradicara es que por el hecho de ser mujer se tenga la obligación de ser guapa, me parece una aberración que se demande eso, sobre todo porque no sucede lo mismo con los hombres. A veces he escuchado comentarios injustos hacia una mujer que sustenta un cargo político o público. En vez de comentar sobre lo que dice o hace, se comenta sobre su aspecto físico, como si por ser mujer se tuviera obligatoriamente que ser guapa o atractiva. Si una mujer está en el cargo que está, es porque debe ser válida para ese puesto, nada más. Sin embargo, no se escuchan esos comentarios si se trata de hombres que desarrollan esos mismos puestos. Al hombre se le da por sentado que es válido para un cargo más allá de su apariencia.

No solo el cuento de Blancanieves muestra la rivalidad entre mujeres, observando otros cuentos, dibujos, series de TV, libros, películas… aparece la competición entre nosotras para conseguir el amor del príncipe azul. Véase la Cenicienta compitiendo contra sus hermanastras para casarse con el príncipe, por ejemplo. Este solo pensamiento crea rivalidad, competencia y busca confrontación. No creo que el amor se tenga que conseguir, no es un premio que se ofrece después de una lucha. Hay que darse valor y eliminar cualquier clase de disputa y competencia.

Otra idea arraigada es el que las mujeres no pueden ser amigas. Esa idea está basada en la creencia de que las mujeres somos retorcidas y malas entre nosotras, y no es así. Cuando miro a mi alrededor la mayoría de mujeres que conozco ni son retorcidas ni actúan por maldad. Evidentemente existirán mujeres que sean de ese modo, pero no es debido a un fallo congénito femenino, sino a que como en todo, hay personas con actitudes buenas y malas, y no por ello todos somos malos, ni tienen que pagar justos por pecadores. Se trata de desprogramar viejos prejuicios y estereotipos machistas.

Para no perpetuar esta cosificación se pueden tomar varias decisiones, una de ellas es alejarse de personas que fomentan ese enfoque superficial, así como de los entornos que también lo promuevan, no ver programas de TV, películas o leer libros que cosifiquen a la mujer y cuidar mucho nuestra forma de hablar incluido nuestro vocabulario y expresiones, porque este cambio producirá un cambio en nuestra forma de pensar. Se trata de una toma de conciencia de nuestro rol en la sociedad, que puede ser el que nosotras decidamos y no el establecido. Requerirá un esfuerzo al principio, pero es cuestión de decidir quiénes queremos ser y qué queremos ser, más allá de un físico bonito.

 Beatriz Casaus 2018 ©




Os dejo con un poema que escribí en 2012:


Esta no es mi Guerra




Un corte en mi muñeca que no sangra


anuncia la llegada del próximo combate.

Hay un eco cayendo en la tarde,

y yo río, sonrío y me desdigo,

mientras un huracán me agita por dentro.

En esta guerra las palabras

se clavan como un puñal en el costado.

El mar inmenso de voz muda

que pugna por salir a la superficie

mantiene fresco mi honor.

Y los ojos,

los tengo turbios de mirar el campo de batalla,

y morados, de tantos golpes.

Mi mirada no ve a través de esta lucha,

¿o es que aquí siempre es de noche?

Tal vez, este es el día o la hora,

o el instante en que lo intuyo.

Si el cauce del río está en calma,

Pronto llega la caída en la cascada.

Y entonces siento fatiga,

y la fatiga no es amiga, aunque la conozca muy bien.

Ya se han gastado muchas vidas

en intentar solventar errores.

Malherida, alzo mi mano con el pañuelo blanco.

Las coordenadas del armisticio me dan tregua.

Estandarte rojo por la sangre derramada.

Una copa de vino al ganador

y destierro, para el que no sigue banderas.

He preferido dar mi otra mejilla

que responder al contraataque,

porque estas no son mis armas,

y esta, no es mi guerra.


Beatriz Casaus 2012 ©







miércoles, 22 de noviembre de 2017

Miradas que solo saben despedirse


“La imaginación no es un estado: es la existencia humana en sí misma.” (William Blake)

William Blake fue un poeta, pintor y grabador inglés del S. XIX. Debido a su singularidad artística diferente al arte imperante de la época y a su fuerte espiritualidad, fue un verdadero incomprendido, siendo incluso objeto de escarnio público en su tiempo. Hoy en día, sin embargo, es considerado como uno de los mejores artistas ingleses de todos los tiempos. Durante gran parte de su vida vivió en la pobreza y alejado del reconocimiento del público que le llegaría un siglo después de su muerte. Sin embargo, Blake vivió feliz al lado de su fiel mujer y manteniendo vivo su arte a través de sus visiones.

Varias cosas me han interesado siempre de Blake, la primera, mi empatía hacia su contenido profético y visionario, comparto su espiritualidad y es difícil ser entendido por ello, tanto en su época como por desgracia también en la mía. Con tan solo nueves años explicó a sus padres que había tenido una visión de un árbol lleno de ángeles. Sus visiones se mantuvieron durante el transcurso de su vida y fueron para él intensamente reales dejando una profunda huella en su arte y en sus escritos.
Le conocí gracias a mi grupo favorito “The Doors”, que precisamente se bautizaron con ese nombre en homenaje a uno de sus versos más conocidos: “Si las puertas de la percepción se abrieran, el hombre vería el mundo en todo el esplendor de su belleza” y a partir de haberle leído, me hice yo también una ferviente admiradora suya. Comparto con él no solo su lado místico sino también su desacuerdo con las injusticias sociales, su denuncia a la tiranía y a la corrupción del poder. Detestaba la esclavitud y creía en la igualdad sexual y racial y dentro de su simbolismo místico, creía en el Dios del Nuevo Testamento, y se sentía lejano al Dios del Antiguo Testamento, exactamente lo mismo que me ha pasado siempre a mí.
Leer a Blake es vivir la magia, es adentrarte en el mundo de la imaginación y dejar que se libere, es encontrar la verdad en lo imposible para abrir esa “percepción” y atestiguar lo que es real más allá de este mundo limitado. Blake tenía una mirada diferente, yendo más lejos de lo bello, volando a lo infinito.
Os dejo con dos extractos de dos poemas suyos y con mi último poema, "Miradas que solo saben despedirse". ¡Que tengáis un precioso presente!

 “Para ver un mundo en un
grano de arena
y un paraíso en una flor
silvestre,
sostén el infinito en la
palma de la mano
y la eternidad en una
hora…”
(William Blake)
 
“Oh, ¿qué tierra es la Tierra de los
sueños?
¿cuáles son sus montañas, y cuáles
sus ríos?
¡Oh padre! allí vi a mi madre,
entre los lirios junto a las aguas bellas.
¡Padre, oh Padre! ¿qué hacemos
aquí?
en esta tierra de incredulidad y
terror?
La Tierra de los sueños, allá lejos,
por sobre el lucero del alba.”
(William Blake)









Miradas que solo saben despedirse

Despierta después de un sueño lúcido
toco sin éxito una mano
que desconoce una partida.
 
Solitaria, abrupta está
la árida esperanza
enredada en sollozos de alegría.
 
He acabado con todas las ráfagas del viento
y limpiado mis pupilas
para mirar sin temor.
 
Si alguien te conoce como yo
que nos presente de nuevo
para revivir lo vivido contigo
hasta el final de los recuerdos.
 
Me gusta ser un escaparate,
no puedo ocultar lo que siento
y mostrar incluso
lo que está en la trastienda.
Sé olvidar que ha sido besada mi alma,
y cosido con un hilo invisible
lo que estaba roto
e incluso perdido.
 
Hay miradas que solo saben despedirse
bajo una lumbre de luz
que no da calor.
 
Estos desperdicios son mis restos
no los tires
los he guardado mientras recomponía sus piezas,
consérvalos en una urna de nubes
para que nadie los alcance.
 
Estoy financiada a plazos:
me gusta repartir abrazos de poco en poco
porque sé que las deudas ahogan
a los que los deben.
Lo más triste que sé
es que hay gente que muere sin darlos.
 
La búsqueda perpetua
entre puertos sin faro.
Aún me conservo de pie
con todo lo que ello conlleva:
mis sentimientos en ristre,
mis brazos en jarra
y mis lamentos en alto.
 
Mientras canto,
los nudos no se cansan de apretarme
y yo no soy un nudo,
soy un lazo.
 
Hay miradas que solo saben soñar
pero después de esas hay pocas.
 
Alcanzo una gota que muere
sin llegar al mar
como el desgarro que produce
dejar de ser.
 
El aleteo de un sentimiento
vuela
sin necesidad de ser pronunciado
pero este silencio que siento
hace mucho ruido.
 
Creo que soy una de esas
que vuelan sin destino.
Con los pequeños gestos delatando
el limbo entre una palabra y otra.
Sigilosa, lujuriosa y desnuda
encontrando en cada bocanada de aire
un consuelo que respirar.
 
Al cielo lo que es del cielo:
lo que me gusta es mirarte despacio
devolviéndote lo que es tuyo.
Mi sitio favorito del mundo
es a tu lado.
 
Beatriz Casaus 2017 ©


 


martes, 19 de septiembre de 2017

Feliz aniversario



 5 años ya. F E L I C E S.




Me he acostumbrado
(así, como quien no quiere la cosa)
a los domingos sin resaca,
al amor sin golpes
y a la gente sin doblez.
No es que la vida sea menos emocionante:
es que las emociones son reales, sencillas.
Y por tanto,
hacen bien.


(Ana Elena Pena)




¡Gracias por estos cinco increíbles años y por todos los que nos quedan, gracias por hacerme feliz y darme tanto...gracias por tu amor que es lo más importante para mí, gracias por ser mi familia, mejor amigo, amante, compañero, gracias por demostrarme lo que el buen querer es!





Creo que tengo



Cinco años creo que te tengo.


Tengo toda esta noche para dormir a tu lado

y escuchar como sueñas.

Tengo sueños que me sueñan a mí,

así que no los tengo.

Tengo tu abrazo con la forma de mi cuerpo.

Tengo tu olor en mi piel cicatrizado.

Cada mañana tengo una oportunidad más

de tenerte.

Tengo amigos

que también me tienen a mí.

Tengo septiembre repetido en el calendario.

Tengo lo perdido y lo ganado.

Tengo memoria y recuerdo por qué te quiero.

Tengo alegría porque tengo esperanza.

Allá arriba tengo un cielo estrellado

mirándonos.

Tengo tu piel desnuda en mi mano.

Tengo una lista de cosas que hacer

que no se hacen solas.

Tengo apetito de ti porque no sacian las horas.

Cinco años cogiendo tus manos sin tenerlas,

pero de algún modo,

también las tengo.

Tengo un te quiero empapado de versos.

Tengo verano todos los días con tu sonrisa.

Tengo la certeza de que formas parte de mí.

Tengo una vida,

y te tengo a ti

pero no tengo nada.

Beatriz Casaus 2017 ©