viernes, 6 de octubre de 2023

Volver a nacer

Nicodemo le dijo: “¿Y cómo puede un hombre nacer, siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar en el vientre de su madre, y volver a nacer?” Jesús le respondió. “De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es; y lo que nace del Espíritu, espíritu es.”

Pero entonces, ¿no he sido yo, quien ha dirigido su vida? ¿no he sido yo la que ha transitado por ella? ¿no he estado al mando en todo este tiempo?

Siento que he vivido mi vida ajenamente, como a lo lejos. He estado maniatada sin saberlo. A expensas de las voluntades ajenas y cercanas a la vez. Tan cercanas como las de mis seres queridos y tan lejanas, pero tan propias y hechas mías, como las voluntades del colectivo y de lo que se espera de mí.

Encerrada dentro de una burbuja de creencias limitantes basadas en la poca autoestima que esgrimía mi fuero interno. Viviendo, sí, pero como si “gerundio” fuera un nombre de persona de pueblo, sin participar activamente en ese tiempo verbal. Y luego está el miedo, ese aliado de batallas perdidas. Ese programa que te programa para coartar la autenticidad de ser uno mismo y dejarte a tu suerte.

Crecer, normalmente, es ir acumulando miedos. Es respaldarse en los refranes populares, en vez de ir inventando frases o dichos propios. Siempre es hacer más caso a lo ajeno que a lo propio. Por el “no vaya a ser…”  y establecerse “en el por si acaso”. Es un poco como hablar de lo que les sucedió a terceros: “Cuidado que a Fulanito le pasó tal cosa…” el tal Fulanito verdaderamente es un hombre de poca suerte, bastante gafe, podríamos decir. Todo le sucede a él. Y lo peor, es que Fulanito alcanza su gloria al arrebatarnos el único poder que tenemos en nuestras manos, el del poder hacer. Es el fatal destino del dejar de hacer cosas por el miedo, perdiendo así nuestra identidad para proyectar temores que paralizan.  

Solo los valientes se desprenden de sí mismos, de todo lo aprendido, oído, he incluso recitado durante años como pueriles borregos. Y, sin embargo, qué ironía, eso se considera una locura.

Me gusta distinguir que una cosa es crecer y otra madurar. Crecer, crecemos todos en mayor o menor medida si las circunstancias no nos son adversas, pero madurar, eso son palabras mayores. Es un término que va asociado a aprender a dejar ir, a soltar.

Creando el hábito de soltar pensamientos, creencias, situaciones, trabajos, relaciones y hasta personas… y transitando el duelo que va asociado a ello, pero despacito, de nuevo sin miedo, con coraje. Como si estuviéramos atravesando un pantano a pie, sin miedo a quedarnos atrapados en él. Sin regocijarse en el sufrimiento, (que hay alguno que es muy adicto a él) Pero un hábito, al fin y al cabo, del que no te acostumbras ni con la práctica adquirida.

Aceptando esa honesta y diáfana realidad de que no tenemos el control de nada. Solo podemos controlar lo que hacemos y cómo nos tomamos las cosas y eso se adquiere a través de la ayuda del conocimiento.

El conocimiento suele dar una aparente tranquilidad. Gracias al conocimiento no tienes miedo de que, si te pierdes, aparezcas en la luna. Sabes que es imposible que suceda. Pero si no lo supieras creerías que, si te pierdes, aparecerías allí. Saber da un ligero respiro, o un falso remanso de paz. Ahí es cuando interviene otra vez el término madurar, porque más pronto que tarde, hay también que dejar ir lo que sabemos.

Solo cuando te liberas de todo lo aprendido, puedes reinventarte. Renacer, tal y como dijo el nazareno. Volver a nacer, pero esta vez no de un vientre cálido y maternal, sino un nacimiento sin anestesia ni epidural. Un renacimiento en toda regla y digno de un ave fénix en todo su esplendor. Una reinvención de uno mismo, desde el lugar donde lo has perdido todo y lo has dado todo y te quedas sin nada. De pronto ese abismo puede asustar. Por eso hay que llenarlo con un delicado condimento que agregue sustancia al caldo. Ese condimento es el amor. Llenarse, regocijarse y bañarse de amor.

 

Volver a nacer


Dentro de la humildad de no saber,

querer saber.

Dentro de la sencillez de no tener,

querer no tener.

Dentro de la decisión de escoger una verdad,

reconocer la única verdad.

Nacer para bañarse en el amor.

Rendirse para abrazar al amor.

No luchar, para ir de la mano del amor y no del miedo.

Seguir adelante,

para reconciliarnos con nuestro verdadero ser.

Entregarse, desnudos de toda forma,

al amor.

 

Beatriz Casaus 2023 ©





viernes, 15 de septiembre de 2023

Habitarme

 “Todavía soy un niño. Un niño de 59 años” (Keanu Reeves)

Nací un jueves 13 de septiembre para averiguar de qué se trataba el mundo. Al año de nacer aprendí a andar por las calles de Alicante. A los 2 años era un bebé sonriente y simpático. A los 4 años me vestían de flamenca y bailaba para mi familia. A los 5 años recuerdo orar con Dios o una inteligencia superior, y lo he seguido haciendo durante toda la vida. A los 7 años vivía mis cumpleaños con magia, a esa edad descubrí la verdadera amistad y hoy en día es lo que más valoro. A los 9 años amaba mi cuerpo y el de todos, no existía ni un atisbo de comparación. Todo el mundo era bello y perfecto, incluida yo.  A los 10 años mi mundo interior se empezó a desarrollar, me llené de fantasía y ensoñaciones. Vivía en una realidad paralela. Siempre me ha costado mantener los pies en la tierra. A los 12 años empecé a estudiar astrología y a dejar de comer. Vomitaba casi todo lo que comía. Me diagnosticaron anorexia nerviosa y bulimia. A los 14 años me di mi primer beso y comencé a ser vegetariana. A esa edad tuve mi despertar espiritual y devoraba libros de metafísica. A los 15 años fue la primera vez que volé a Estados Unidos. A los 16 años dejé de vomitar. A los 17 años tuve una experiencia real con mi ángel de la guarda, hacía ballet, estaba en un equipo de fútbol femenino y fui la reina del baile en un instituto americano. A los 18 años perdí la virginidad. A los 19 años tuve episodios de ataques de pánico. A los 20 años comencé a leer poesía. A los 21 años me pasaba todos los fines de semana borracha. A los 22 ya había tenido 10 novios. A los 23 años estudiaba es una escuela de cine y trabajaba para poder pagarlo. A los 24 años tuve un gran desamor y ese dolor emocional me derivó en una enfermedad. A los 26 años estudié Reiki y lo practicaba. A los 27 años me fui a vivir a Barcelona y luego a Alemania. A los 28 volví a Madrid y empecé a hacer cartas astrales. Pasé una etapa bastante promiscua. A los 29 años superé mi miedo a escribir y abrí un blog de escritura, recitaba en bares de Lavapiés y bares alternativos de Madrid. A los 32 años publiqué mi primer libro de poesía. A los 33 años emprendí, pero lo cerré al año. Aprendí mucho. A los 34 años entendí lo que era el verdadero amor. A los 35 años renací porque tuve que enfrentarme a mis peores miedos y los superé. Perdoné todo lo que tenía que perdonar. Sobre todo a personas que nunca pidieron perdón. Volví a comer carne y desde entonces mantengo una dieta sana y practico el ayuno intermitente. A los 37 años fue la primera vez que comí jamón. Descubrí mi propósito vital. Que es ayudar a otros y desde entonces me dedico a ello cada vez que se me requiere. A los 38 años me di cuenta que soy tan importante como los demás. Me ha llevado toda esta vida descubrirlo. A los 39, siento que he aprendido a habitarme. Y me siento tremendamente cómoda dentro de mí. 

 Me siento feliz, plena y honrada de vivir cada día practicando el amor en su forma concreta, que es amando a mis seres queridos y a desconocidos, de diversas maneras. 

Dando lo mejor de mí a cada persona con la que me encuentro. Para llegar hasta este punto, he tenido que atravesar varias tormentas, pero creo que esa es la forma en la que nos vamos puliendo para el honrado cometido de volvernos más evolucionados. Nadie dijo que fuera fácil. 

No sé qué me depara el destino de ahora en adelante, pero estoy segura de que será para mi mayor bien, así como a todos. 

Aún me queda por vivir la mejor época de mi vida. Da igual cumplir años, vivo mejor en mí cada año. 

Que no nos engañen, la vida no se acaba a los 20. La mayor parte de nuestras vidas las pasamos siendo adultos, ¡así que disfrutemos!. Nunca se es demasiado mayor para disfrutar. 

En todo este tiempo he aprendido a “habitarme”, de ahí el título del siguiente poema. También, a poner la mente en conexión con el corazón. Pero sobre todo, a darme cuenta de que a lo único a lo que venimos aquí, es a evolucionar en el amor. 

El amor es la única fuerza del universo. Lo único importante es el amor, como bien sabían los Beatles, vivimos en  y a través de él, por eso, pasar tiempo con nuestros seres queridos es lo más importante. Y aprender a amar, a todos, ese es nuestro gran desafío en esta tierra. 

Le pido a Dios aprender a vivir la vida como se merece y a seguir aprendiendo a amar. 

Por mi parte, hace mucho que me comprometí en esa tarea. En hacer que cada año, y cada día valgan la pena. 


Habitarme


Qué extraña sensación esa

de conocerse,

de sincerarse,

como si uno fuera el otro,

y a medida que te vas conociendo,

se va haciendo todo más sencillo.

Pienso que sí,

que todos somos lo mismo

en diferentes envolturas.

Sin perpetrarse en un estado

de conocedor de las circunstancias

sino cambiándolas

desde tan dentro como uno mismo.

Prefiero ser culpable de equivocarme.

Soy adicta al perdón.

En todas sus formas posibles.

Y sin esa necesidad azarosa de incordiar,

vivir sin molestar es más satisfactorio

para todos.

No estoy incluida en la palabra nadie.

Allí se ha perdido mucha gente.

Yo solo he estado escondida

en un gran silo de piedra,

esperando ser descubierta

por la persona que habitaba más lejos,

yo misma.

Y ahora que me noto cerca,

me gusta esta sensación

de confort íntimo,

de alegría profunda

y paz neutra,

porque no depende de nada,

para que resida en mí

y me abarca,

abrazándome despacio

como si quisiera no romperse.

No vaya a ser

que la volvamos a perder.

 

Beatriz Casaus 2023 ©



martes, 18 de julio de 2023

Te he logrado besar en mi sueño

 "Todo lo que vemos o sentimos, es solo un sueño dentro de un sueño" (Edgar Allan Poe)


He logrado derrumbar

todas tus estructuras,

sentido tus latidos

convertidos

en mi único

compás.

Mis esperanzas se disecan

con ese ritmo incesante

de humedad.

He sembrado un campo

en tu pecho

sin aprehensiones.

He logrado

desarmar

mis recuerdos

con un futuro 

de ensoñación.

He dado a tus labios 

su merecido

sellándolos de nubes.

Eres la sombra

de un amanecer invertido

y el agua de la oscuridad de un pozo

donde yacen mis ilusiones.

He dado a tus hombros

la línea de mi horizonte

y sentido en tus brazos

mis susurros

que son polvo cuando

marchitan.

Espera

mi retorno

de lluvia transformada.

Esbozado

las posibilidades

convertidas todas,

ya en oxígeno para mí.

A la realidad 

le he dicho adiós

hace ya mucho

y a la verdad 

la he escondido

bajo mis sábanas

que se han bautizado

como mi nuevo manifiesto.

Ya te he besado el cuello

dulce y cantado

y abrazado fuerte

como si fueras mar.

Florecen hasta nuestras risas

en el consuelo 

de una esquina.  

Te he logrado besar

en mi sueño.

No te conozco aún,

pero te reconozco cerca.

Acercándote en colores

renovados de alegría,

como llegando a tiempo,

cuando ya es tarde.

Y tu guiño no dice nada

de lejanía,

del silencio por el que me invade,

que no cesa de mirar el suelo

de mi mente.

No creo en este sueño

que me permite

percibir 

tus volúmenes.

Queriendo convertir 

esa realidad remota

tan irreal

que siento 

tan verdadera.

 

Beatriz Casaus 2023 ©




viernes, 7 de julio de 2023

El sol siempre está / Aún tienes tiempo

"Este es el milagro que sucede a aquellos que aman de verdad: Cuánto más dan, más poseen". (Rainer Maria Rilke, poeta alemán)


Dejo aquí una reflexión que últimamente estoy aplicando :)

Las certezas vienen del corazón. La mente siempre duda. Por eso cuando sabemos algo,  a veces no podemos explicar por qué. Y es algo a lo preferentemente hay que hacer caso, porque sino luego nos podemos arrepentir. 

Las certezas vienen directamente del corazón. De ese sitio donde la razón no tiene nada que hacer, ni explicar. 

Lo que llega desde la mente no es tan claro, ni da tanta paz. Sin embargo, las certezas llegan directamente del reino de lo inexplicable.

Si sientes algo como verdadero, más allá de toda lógica, hay que ser lo suficiente valiente, como para seguirlo y hacerle caso. 

Los sentimientos son el lenguaje que usa nuestra alma para expresarse. Por eso hay que permitirse sentir. Aunque algunos no sean placenteros, una vez se transitan, desaparecen. Doy fe de ello. Y si son sentimientos buenos, hay que disfrutarlos, porque si están ahí es por alguna razón aunque no lo comprendamos.

De vez en cuando es importante chequear en nuestra vida cómo están nuestros niveles de paz, armonía, amor y equilibrio. Y eso va ligado a lo que acabo de decir antes, escuchar nuestro corazón. Hacerle caso, darle la mano, integrar lo que haga falta integrar y escuchar las certezas. 

Aquí dejo dos poemas. En el primero he jugado un poquito con verbos y el segundo, creo que tiene un cariz de esperanza, que hace mucha falta en estos momentos. 

¡Un abrazo!


El sol siempre está


El sol siempre está.

Dentro o fuera.


Soltar un llanto.


Enmudecer dulcemente.

Hacer tangible 

una quimera.

 

Escuchar,

las certezas del corazón.


Mirar,

hacia una ilusión

que yace muerta.


Tratar de entender 

un mundo loco. 

 

Habitarse.

Cuántos años cuesta lograrlo.


No bañarse en el desasosiego.

Creer en un sueño.

 

Lastimar sin querer,

sobrar de falta de estima.


Querer ser albor,

sin llegar a tocar el cielo.

 

No hacer caso

a los consejos de personas

que no son un ejemplo.


Elegir,

entre la voz del ego

o la voz del alma.


Discernir,

para ser libre.


Abrazar

sin que te hayan pedido perdón.

Llenar el corazón

con sobredosis de cariño.

 

Ser humilde

para ser grande.


Repararse,

para poder acercarse.


O alejarse,

para encontrarse

aunque se esté lejos

de uno mismo.

 

Es difícil de explicar.

Me estoy haciendo cada vez más joven

a medida que voy creciendo.

 

Huir como método

de usar el amor propio.

Saber algo

sin pronunciar palabra.

 

Amar,

como te amas a ti.

Ser faros de luz

donde hay oscuridad.

 

El mar siempre está.

Es fácil recordarlo.

 

Hemos venido a celebrar,

que somos.

 

Hemos venido,

para recordar

 

quiénes 

                  somos.

 


Beatriz Casaus 2023 ©


 

Aún tienes tiempo


¿Quieres tocar algo abstracto?

Pon la mano sobre tu pecho 

y siente tus latidos.

¡¡Son tu vida!! ¡¡Estás vivo!!

Y si estás vivo, 

aún tienes tiempo.


Tiempo para amar otra vez,

sin importar el daño que tuviste en el pasado. 

La vida no se acaba a los veinte. 

Sino todo lo contrario,

ahí es cuando comienza la aventura. 


A este mundo le gusta mucho los números. 

Cuántos años tienes, 

tanto tienes, tanto vales. 

Sin embargo eso no es cierto. 

No existen cifras en en cielo. 

Ni dentro de nadie.


¡¡Atrévete a sentir de nuevo!!

Tienes tiempo para hacer lo que te hace sonreír,

para hacer lo que te gusta,

para vivir lo que quieras vivir.


Esos latidos indican que hay vida dentro de ti

y créeme si te digo, 

que esa vida,

nunca dejará de existir.

Quizá en otra forma,

pero quién dice que no sea mejor que esta,

en la que no existan las enfermedades, 

ni el tiempo,

ni el decir adiós.


Ahora que estás aquí,

que tu corazón sigue 

con su incesante bombeo de sangre,

¡¡Vive!!


Di lo que tengas que decir. 

Experimenta todos los verbos 

y sus tiempos verbales.

Ama, ríe, llora, baila, canta, juega, sonríe y perdona. 

Perdona mucho. 

Y suelta.

Venimos a aprender a soltar.


Da las gracias por cada segundo 

que puedes disfrutar de esta experiencia.

Ábrete a vivir. 

A ser tú.


Cada latido es un recordatorio 

de que todo es posible.

De que estás vivo,

y si estás vivo,

aún tienes tiempo.


Beatriz Casaus 2023 ©


martes, 23 de mayo de 2023

Mis habitantes

“May you find someone who speaks your language, so you don´t have to spend a lifetime translating your soul”. 

 

Por poder puedo


Podría,

vivir como si no te conociera.

 

Podría,

respirar cada segundo sin tu anhelo.

 

Podría,

nombrar innumerables obras de arte.

 

Podría,

por poder puedo,

pero ninguna es parecida a ti.

 

Podría,

tener todo

y querer saberte todo.

 

Podría,

dejar este mundo sin poder hacer nada.

 

Podría,

contar las estrellas que no veo.

 

Podría,

decir que no sé nada.

 

Podría,

llegar a ti con el recuerdo.


Podría,

cercenar mis ganas de abrazarte.


Podría,

aprender el perímetro de tu cuerpo

y constatar la divina proporción con mis dedos. 

 

Podría,

por poder puedo,

 

Podría quererte,

 

y perderlo todo

y poderlo todo.

 

 

Beatriz Casaus 2023 ©

 

Mis habitantes

 

Bocanadas

desesperadas de aire

arraigadas en mí

tratando de sujetar

una vida que no siento

me habita.

 Siento que me respiran a mí

y no yo a ellas.

Ninguna historia está tan lejos

de uno como cuando se cuenta.

Y yo ya cuento mi historia

como si no fuera la mía.

Tan lejos,

que solo pensándote

me siento habitada

en esta aridez.

Callar me hace cálida.

Me sumerge en este destierro

del que soy presa voluntaria.

Este es un país lejano

sin tus abrazos.

No hay lugar al que llegar

sin rumbo.

Estoy perdida aquí,

y mi corazón es el único

que me habita con fuerza.

Hay mucha distancia

entre nuestras mentes,

pero la distancia más grande

es la del abismo

de la comisura de tus labios.

No sé si te has convertido

en todo lo que hay

o si ya estabas antes.

Parece que todo existe en ti,

incluso yo.

Abrazarme a esta canción

de la que conozco bien la melodía

es lo único que me queda.

Hay fuego en la nieve,

¿nadie lo ha visto?

Solo consigo llegar

a ver más allá de mi ombligo

y parece que todo arde

ahí fuera.

Me he quedado sin provisiones

de lo que conocía.

Hasta los artilugios esenciales

para caminar

hacia tu dirección.

El secreto mejor guardado

yace en los dolores

que callamos.

Es esta quimera

llena de certezas.

Ya no quiero menos,

menos que todo,

no lo quiero.

Yo me llego tarde ya.

Tarde para amar sin un recuerdo.

Tarde para callar lo que he querido.

Tarde para andar fantaseando

como una quinceañera.

Cómo me hago entender

si no me entiendo.

Si no sé lo que siento,

o si lo he perdido de tanto buscarlo.

Se me ha olvidado en el parque

como tantas otras cosas

a las que no di importancia.

No me atrevo.

No me atrevo a mirar

con deseo otra vez.

Pero tampoco

me atrevo a quedarme.

Son estos habitantes

los que viven en mí.

Les invito a que se den la mano,

pero no se llevan bien.

Caen abatidos en cuanto

se produce el desarme

de mis sentimientos.

 

Los he condenado

a vivir fuera,

en el exilio.

 

Allí

no viven más

dentro de mí.

 

 

Beatriz Casaus 2023 ©


miércoles, 10 de mayo de 2023

Territorio de la luz

Renacimiento


Galerías del alma… ¡El alma niña!

Su clara luz risueña;

y la pequeña historia,

y la alegría de la vida nueva…

¡Ah, volver a nacer, y andar camino,

ya recobrada la perdida senda!

Y volver a sentir en nuestra mano,

aquel latido de la mano buena

de nuestra madre… Y caminar en sueños

por amor de la mano que nos lleva.

 

En nuestras almas todo

por misteriosa mano se gobierna.

Incomprensibles, mudas,

nada sabemos de las almas nuestras.

Las más hondas palabras

del sabio nos enseñan,

lo que el silbar del viento cuando sopla,

o el sonar de las aguas cuando ruedan.

 

(Antonio Machado)

 

Muchos días voy a desayunar a un restaurante antes de ir a la oficina. 

Allí trabajan unos camareros a los que ya incluso considero amigos por lo majos, buena gente y simpáticos que son.

Uno de ellos, es sin duda, el mejor camarero que conozco. Nada más estoy entrando por la puerta, y ya me está sirviendo mi té verde y una pieza de fruta. Siempre está pendiente de todo, es rápido, encantador y atiende con mucho sentido del humor.

Todos los clientes que vamos allí continuamente salimos con una sonrisa dibujada en la cara o incluso habiendo soltado unas cuantas carcajadas, como es mi caso.  Puedo asegurar que el restaurante siempre está lleno y estoy segura, que, él tiene mucho que ver con eso.

Este es para mí un ejemplo de la sublime relevancia de las cosas pequeñas. Para mí lo más importante es ser buena persona, amable y alegre. Vivir con alegría hace la diferencia y para conseguirlo, es tan sencillo como empezar siendo amable con los demás.

Hay gente que vive amargada y de mal humor. Y no se merecen vivir así. Existe otra alternativa y solo se trata de la elección permanente de estar alegre, pero de forma auténtica, sin postureos ni dobleces. Desde luego si se tiene un dolor hay que transitarlo, pero con nuestra mejor cara y jamás pagándolo con los demás. Ser alegre es una elección constante en cada situación y circunstancia.

Aunque me considere una persona profunda, y eso puede parecer serio, soy muy alegre. Y lo soy porque al ser consciente de la profundidad de las cosas, me tomo la vida con alegría porque según mi punto de vista, todo tiene un sentido, o al menos así lo percibo yo. La Madre Teresa de Calcuta decía: “Que nadie se acerque jamás a ti, sin que al irse se sienta un poquito mejor y más feliz”.

Ese es el modo en el que intento interaccionar con cada persona que me encuentro por el camino. Sobre todo, porque es mucho mejor vivir así y porque todos nos merecemos recibir eso de los demás.

Os dejo con mi último poema:

 

El territorio de la luz


En los márgenes del tiempo

donde no corre el olvido.


Las noches sueñan días

y no tenemos nada que aprender,

solo recordar.


Caminan juntos de la mano

la pureza de las formas

y las miradas limpias.


Que no nos engañen,

no hay nada más fuerte que la dulzura.

La que construye y crea vínculos

en un mundo perdido.


Lejos, ya no hay soles

que brillen más que uno.


Se reconocen corazones

en tierras que son amaneceres.

Es una calidez amiga,

en una estrofa cantada

por voces celestiales.


Allí los espejos son lienzos

donde dibujarnos.


No hay nada que esperar,

cuando los actos buenos

han dejado su impronta.


La vida se sueña antes

y se reparten los papeles.


Hay una sencillez que calma

como en la armonía

de los brazos de una madre.


Una huella imborrable quedó impresa

en el centro mismo de mi alma.

Allá donde solo se puede entrar

de la mano de la poesía y la música.


Es el territorio del amor incondicional,

propiedad de la luz y del sosiego.

Donde los mares son aguas conscientes

de su propia infinitud.


Donde solo se hacen eco,

el perfecto binomio del amor y el perdón.

Pues todo consiste en eso.


Amar sin esperar nada a cambio,

como cuando éramos puros.

 

Beatriz Casaus 2023 ©





jueves, 27 de abril de 2023

Un aullido silencioso

 Una vez, un discípulo le preguntó a su maestro quién era la persona con más carácter que conocía. El sabio señaló a un hombre que estaba sentado, siempre llevaba una sonrisa en la cara y gozaba de buen talante. El discípulo se extrañó y fue a increpar a aquel hombre empujándole. El hombre tan siquiera se inmutó y se quedó callado sin dejar de tener buen gesto en su cara. 

Cuando el discípulo regresó, le manifestó al sabio su perplejidad ante la elección de aquel hombre como una persona con carácter, a lo que el sabio replicó: “Hay que ser muy fuerte y tener mucho carácter para no reaccionar con enojo ante las vicisitudes que se nos presentan. La gente iracunda, violenta, o con mucho pronto, son débiles de carácter. El autocontrol para no reaccionar así y el dominio sobre los deseos o reacciones primarias, es de personas con carácter fuerte. Ese hombre, es un hombre de verdadero carácter”.   


Últimamente estoy focalizada en desarrollar mi lado espiritual, que en realidad es nuestra verdadera naturaleza, pero estamos tan enfocados en este cuerpo físico y en todo lo que aquí acontece, que es visto de forma extraña y hasta singular dedicarse a ello. Aunque cada vez noto que puedo compartir esto con más gente.

 Creo firmemente que somos seres espirituales experimentando una existencia humana, aunque nuestros sentidos físicos nos limiten para reconocerlo y por ende, hayamos olvidado quiénes somos. 

Algunos lo sabemos y lo sentimos desde nuestro fuero interno desde siempre. En el último mes, estoy haciendo un voluntariado indescriptible, he asistido a un retiro espiritual y estoy realizando varios cursos que me están enriqueciendo a niveles que es difícil explicar. 

He dejado un poco de lado las redes sociales porque aunque para mí son una herramienta maravillosa para compartir momentos o reflexiones mías y poder llegar a bastante gente con un solo clic, notaba que me estaba orientando mucho hacia el exterior y descentrándome. 

Siento que el mundo material en el que vivimos no tiene sentido y que proyectarse solo en él, no ayuda para nada en hacernos felices sino que nos aleja más de ello. Cultivarse en todos los sentidos y convertirse en la mejor expresión posible de uno mismo a base de distintas técnicas, es algo que nos empuja a elevar nuestra conciencia y a mejorar como seres humanos. Meditar es una de esas técnicas fundamentales para conseguirlo.

Ante cualquier problema o desasosiego, meditar ayuda. Lo resuelve todo. Lo disuelve todo, porque cuando se medita, uno deja de representar su personaje, aquel que vive alimentado de su separación individual, para disolverse en el todo. 

Nunca se percibe el "mañana", ni el "luego". Ahora es el único tiempo que siempre sucede. Las líneas del tiempo son un concepto inventado por el ser humano porque aquí se percibe de ese modo. En otras dimensiones, todo sucede al mismo tiempo, por lo tanto, el acceso a cualquier realidad temporal es instantáneo ya que en el eterno presente del alma, todo sucede a la vez. 

El secreto, es sentir. Y gracias a la meditación, se aprende a sentir.

El siguiente escrito me vino de forma automática mientras estaba meditando, tuve que parar y ponerme a escribir inmediatamente :)

Así que aquí lo dejo con todo mi cariño:


Un aullido silencioso


En el silencio todo es posible.

En el silencio no hay límites.

En el silencio me expando.

En el silencio pierdo la forma del cuerpo.

En el silencio percibo todo de una forma plena.

En el silencio siento quién soy.

En el silencio vivo en autenticidad.

En el silencio experimento mi esencia.  

En el silencio dejo de ser yo para ser lo que soy.

En el silencio me hago consciente de la conciencia

que hay detrás del pensamiento.

En el silencio todo es.

Lo que parece ser se disuelve

y lo que verdaderamente es,

se manifiesta.

El viaje es hacia dentro,

la salida es hacia el interior.


Beatriz Casaus 2023 ©