lunes, 12 de marzo de 2012

La ratita que encontró su don

"Entre las mariposas hay cierta especie nocturna en la que las hembras son menos numerosas que los machos… Si capturas una hembra de esta especie -y esto ha sido comprobado por los científicos- los machos acuden por la noche, haciendo un recorrido de varias horas de vuelo. Varias horas, ¡imagínate! Desde muchos kilómetros de distancia los machos notan la presencia de la única hembra de todo el contorno. Se ha intentado explicar el fenómeno, pero es imposible. Debe tratarse de un sentido del olfato o algo parecido, como en los buenos perros de caza, que saben encontrar y seguir un rastro casi imperceptible. Ya ves, la naturaleza está llena de estas cosas, y nadie puede explicarlas. Y yo digo entonces: si entre estas mariposas las hembras fueran tan numerosas como los machos, éstos no tendrían el olfato tan fino. Lo tienen únicamente porque lo han entrenado. Si un animal o un ser humano concentra toda su atención y su voluntad en una cosa determinada, la consigue. Ese es todo el misterio…Pero si una de esas mariposas, por ejemplo, quisiera concentrar su voluntad sobre una estrella, o algo por el estilo, no podría hacerlo. Así, ni lo intenta siquiera. Elige como objetivo sólo lo que tiene sentido y valor para ella, algo que necesita, algo que le es imprescindible. Por eso logra lo increíble; desarrolla un fantástico sexto sentido, que ningún animal excepto ella posee. Nosotros tenemos un radio de acción más amplio y más intereses que un animal. Pero también estamos limitados a un círculo relativamente estrecho y no podemos salir de él. Yo puedo fantasear sobre esto o aquello, imaginarme algo -por ejemplo, que me es indispensable ir al Polo Norte, o algo por el estilo- pero sólo puedo llevarlo a cabo y desearlo con suficiente fuerza si el deseo está completamente enraizado en mí, si todo mi ser está penetrado de él. En el momento en que esto sucede e intentas algo que se te impone desde dentro, la cosa marcha; entonces puedes enganchar tu voluntad al carro, como si fuera un buen caballo de tiro." Hermann Hesse

Esta es la historia de una humilde ratita que quería convertirse en una bella gata. La ratita vivía en un agujero muy pequeño en la pared de la casa de una familia feliz. La familia feliz tenía una gata persa muy bonita a la que mimaba mucho y le decían cuánto la querían todos los días. La ratita vivía sola y desde su pequeño agujero veía cómo la gata era querida y apreciada. La gata tenía un pelo suave y frondoso y unos bigotes largos y curvados que cubrían parte de sus grandes ojos. Cuanto más miraba a la gata más quería parecerse a ella, así que untaba en mantequilla sus pequeños bigotes para darles una forma similar, cepillaba sus pelos cortos y se coloreaba los ojos para hacerlos parecer más grandes.
Un día, la ratita muerta de hambre en su agujero fue a buscar un trozo de alimento por la casa. Encontró un trocito de queso en un rincón pero fue descubierta por la madre de la familia y ésta se puso a chillar. Llamó a su marido inmediatamente para que la persiguiera pero la ratita fue más rápida y logró escaparse. Antes de llegar a su agujero, se encontró a la gata comiendo relajadamente. La ratita la miró admirada y le preguntó si le podía dar algo de comida. La gata, mirándola con menosprecio le dijo que no compartía su comida con un animal de tan baja estirpe.
La ratita se fue pensando que el mundo era injusto con ella, ¿por qué la gata lo tenía todo, belleza, cariño y comida y ella no tenía nada? No paraba de darle vueltas a la cabeza a ese pensamiento y se puso muy triste. De pronto una luz entró en su pequeño agujero y le habló. Era una luciérnaga. La ratita no entendía qué hacía una luciérnaga en su agujero pues aquel no era sitio para ella. La luciérnaga le dijo que ella era una luciérnaga especial, se llamaba a sí misma “luciérnaga consejera” porque había desafiado lo que se supone que su especie debía hacer para vivir a su propio ritmo haciendo lo que mejor se le daba, dar consejos. Tenía el don de aparecerse en el sitio perfecto y el momento perfecto para alguien que necesitaba un consejo. Le preguntó por qué estaba tan triste y la ratita le contó cómo se sentía. La luciérnaga le dijo que no podía compararse con la gata porque eran animales diferentes y por lo tanto sus vidas eran diferentes. Le enseñó que las ratas son animales muy astutos y que si quería ser una buena rata debía de descubrir aquello que la hacía especial y diferente del resto de las demás ratas del mundo. La luciérnaga le dijo que en la India las ratas eran animales sagrados porque una vez existió un hombre muy importante llamado Buda que meditó casi toda su vida debajo de un árbol. Cuando ese hombre se iba a morir, pidió auxilio a los animales y el primero en llegar a socorrerle fue una rata. La rata se alegró mucho al conocer la historia porque pensó que quizás en ese país la iban a querer y no se asustarían cada vez que alguien la viera. La luciérnaga se despidió no sin antes decirla que recordase siempre que la única persona que debía darse cuenta de su valor era ella misma.
La ratita dormía plácidamente cuando sintió algo en su interior que se agitaba. No sabía muy bien qué era así que se despertó e hizo caso a su instinto animal. Se dejó llevar por aquella intuición y salió corriendo de su agujero. Se encontró con la gata a quien avisó que algo raro pasaba y que avisara a la familia para que saliesen de allí, pero la gata le miró con desdén y no le hizo caso. La ratita se fue y corrió por las calles sin saber muy bien a donde dirigirse. Llegó muy lejos y se encontró con otras ratas de otros muchos sitios que también corrían como ella. Preguntó a una de ellas hacia donde iban, pero tampoco lo sabía. La rata continuó haciendo caso a su intuición y se subió en un barco que le llevó a un país muy lejano. Cuando llegó, se enteró de que el pueblo del que había huido había sufrido un terrible terremoto y pensó en la suerte que habría corrido la familia feliz y la gata.
La ratita en poco tiempo consiguió un agujero bastante grande y espacioso en una pared muy bonita. Pensó que como no tenía a nadie que le dijera que le quería, tal y como había visto que hacían con la gata, ella misma se lo diría a menudo. Pronto se sintió muy feliz con su vida. Desde que empezó a tener ese nuevo pensamiento, todos los días le dejaban comida en la entrada de su agujero. Un día dando una vuelta por aquella ciudad, descubrió unos gatitos abandonados que tenían mucha hambre. La ratita sintió compasión por ellos y les llevaba cada día parte de la comida que le dejaban en su agujero. La ratita se comenzó a sentir muy bien dando lo único que tenía y así consiguió que los gatitos crecieran. Al poco tiempo, los gatos le estaban muy agradecidos y le preguntaron qué podían hacer por ella porque ningún otro animal los había ayudado tanto y menos uno que fuera rata. La rata les dijo que la agradecida era ella, porque se sentía mejor dando que recibiendo y que gracias a ellos había descubierto su don, lo que le hacía especial del resto de las demás ratas: ayudar a quien lo necesitase. Les dijo que en ese tiempo había encontrado su lugar en el mundo porque se había encontrado a sí misma. Ya no se comparaba con ningún otro animal más bello o más querido o más rico, y se sentía feliz con quién era y con lo que tenía. La ratita, solo les pidió un favor antes de que marcharan, y aquel favor fue que le dijeran cómo se llamaba el país donde estaban. Los gatos, se miraron entre ellos asombrados y extrañados ante la ignorancia de la ratita. Le dijeron que estaban en India. La ratita en aquel momento sonrió para sí misma y pensó en la luciérnaga consejera.

Beatriz Casaus 2012 ©




jueves, 8 de marzo de 2012

Crónica de un olvido


A las 7.00 de la mañana del día X, Edwina se preparaba en el cuarto de baño para salir a trabajar. Mientras, en ese mismo instante que Edwina rizaba sus pestañas, Luke, miraba por la ventana del tercer piso de un apartamento sin balcón. En ese momento, su novia Kim recogía toda su ropa del armario mientras le recriminaba que se iba porque él no la quería. Cuando se oyó el portazo de Kim abandonando el apartamento, la Sra. Smith en el apartamento de al lado, rezaba su ave maría matinal mientras regaba las plantas del salón. La Sra. Smith vivía sola desde que su marido murió hacía X años y sólo recibía la visita de sus dos hijos en navidades, quienes la advertían que pronto le llevarían a un asilo. En el mismo segundo que la Sra. Smith pronunciaba la palabra amén, el gato del Sr. Howards se volvía a colar por la ventana de la cocina de Patty, quien dormía plácidamente durante el día porque trabajaba por las noches en un pub en las afueras. El gato se comía las sobras de la cena de Patty y solía dejar señales maleducadas de agradecimiento ante la hospitalidad de su vecina. Señales que sacaban a Patty fuera de sus casillas cuando las veía y las tenía que recoger. El Sr. Howards era soltero y jubilado. Estaba obsesionado en aprender arameo, porque no concebía no poder leer la biblia en la misma lengua en que fue escrita. Dedicaba todo su tiempo libre en acudir a grupos con otros judíos para estudiar la cábala. Su gato, se había convertido en la única relación verdadera que tenía con otro ser vivo desde hacía años. Patty tenía toda la casa repleta de notas que pegaba por todas partes. Recopilaba frases inspiradoras que leía en libros y luego las copiaba en esos papeles. Estaba enamorada de su jefe y en ese preciso minuto, soñaba que se besaban apasionadamente en el ático de su amiga Amy mientras sonaba la canción "At last". Amy, salía con el ex-novio de Edwina y era tan celosa que la observaba todos los días desde su ático con unos prismáticos para compararse en belleza y de paso, perder toda dignidad. Cuando la veía desarreglada se alegraba, pero cuando estaba guapa y bien maquillada, le rogaba a su novio que la dijera quién le parecía más bella. Su novio era un tipo muy superficial que prestaba mucha atención al físico de otras mujeres. Cuando iban por la calle, se fijaba en todas las chicas guapas a su paso, lo que obsesionaba a Amy para intentar estar perfecta siempre. A las 7.47 de aquel día X, Edwina salía del edificio mientras guardaba sus llaves en el bolso ante la atenta mirada de Amy, quien analizaba desde las alturas de su ático, su look detalladamente. De pronto Luke, quien aún seguía mirando por la ventana, oyó un golpe seco en el apartamento de al lado. Salió corriendo de su casa y aporreó la puerta de la Sra. Smith. Ante tanto jaleo, el Sr. Howards quien estaba en toalla de baño porque acababa de salir de la ducha, salió al corredor y vio a Luke intentando derribar la puerta de la Sra. Smith. Haciendo fuerza entre los dos, consiguieron abrirla y vieron a la pobre mujer muy dolorida quejándose por la caída. Mientras Luke pedía auxilio por teléfono, el gato del Sr. Howards terminaba de comerse el último trozo de pizza que estaba encima del fregadero. En un movimiento rápido, el gato tiró por casualidad un vaso de cristal y Patty se despertó estrepitosamente. "¡Otra vez el gato del vecino!" chilló enfurecida. El gato asustado, abandonó rápidamente la cocina pisando accidentalmente uno de los botones de la caldera de gas de Patty y provocando un ligero incendio. Patty salió de su casa hacia la del Sr. Howards para decirle que su gato había vuelto a entrar en su cocina. Llamó al timbre con insistencia pero nadie respondía. Mientras, en aquel preciso instante, Edwina esperaba congelada en la parada del autobús y se dio cuenta que había olvidado su maletín de trabajo en casa. Estresada para no perder el autobús, salió corriendo mirando su reloj mientras cruzaba la carretera y no se percató que un coche cruzaba a la vez que ella con una rapidez endiablada. Amy, quien contemplaba la escena aún con sus prismáticos, chilló desconsolada, pero nadie la escuchó. El coche atropelló a Edwina y ésta salió disparada unos dos metros hacia adelante golpeándose la cabeza contra el asfalto. Todos los testigos del accidente se congregaron en torno a ella armando un gran revuelo. La policía no tardó en llegar ante tanto barullo. Luke y el Sr. Howards, escucharon lo que pasaba en la calle y aprovecharon para bajar escaleras abajo a la Sra. Smith y sacarla del edificio para pedir ayuda. Patty, quien aún seguía en la puerta llamando al timbre sin éxito, sintió curiosidad por los gritos, así que también bajó. Todos observaban a Edwina tendida en el suelo inconsciente, cuando un estallido gigantesco les ensordeció. Una explosión se produjo en su edificio y pronto ardió en llamas. Amy atónita, aún observaba todo desde arriba. Al ver a Edwina en aquella situación se dio cuenta que en realidad esa chica no era su problema, sino que se había olvidado prácticamente de sí misma para agradar a un hombre que no merecía la pena. En ese instante, Luke, quien cogía la mano temblorosa de la Sra. Smith, recordó que no le había dicho a su novia cuánto la quería y que ya era demasiado tarde. La Sra. Smith por su parte, miró al Sr. Howards con ternura porque le recordó por un instante a su marido, y se dio cuenta que olvidaba cada mañana recitar un padre nuestro por él. El Sr. Howards pensó en su gato, y se entristeció al pensar que no hubiera sobrevivido a la explosión. Se dio cuenta que olvidaba ponerle comida en su cajita todos los días y que quizás esa fuese la razón por la que el pobre animal estaría hambriento y buscaría en la cocina de Patty algo para comer. Se había olvidado de cuidar la única relación verdadera que tenía. Patty, pensó que se estarían quemando todos los papeles que había recopilado con esmero durante años y que le hacían recordarse a sí misma quién era en realidad. El gato, quien había sido el causante de todo aquel desastre, apareció de entre las llamaradas del edificio medio cojeando. El Sr. Howards lo vio aparecer de lejos y se dirigió hacia él emocionado. El gato tenía pegado en su patita derecha un trozo de pizza y un papel arrugado. Aquel papel era una de las tantas notas que Patty tenía colgadas por su casa. El Sr. Howards lo cogió y lo leyó en voz alta, mientras una lágrima caía por su mejilla: "Nunca olvides lo más importante" decía. El gato maulló y la policía les retiró del edificio para evitar que nadie saliese herido. En ese instante, la Sra. Smith cogió la mano del Sr. Howards y cuando se dirigían a la ambulancia ella le dijo: “Al fin, cada uno de nosotros lo ha encontrado”.



Beatriz Casaus 2012 ©
 


martes, 6 de marzo de 2012

El nombre que encontró su palabra

"What´s in a name? that which we call a rose by any other word would smell as sweet" (William Shakespeare)


El nombre que encontró su palabra



Las palabras me buscan 
y me encuentran.
Hallo en ellas un respiro
en cada noche
que me hace seguir adelante.
Saco a la luz mi escondite,
que ha velado para que mi voz duerma.


Me contamino, 
por lo que sale de mi boca
y no como siempre pensé,
por lo que en ella entra.
Lo que digo,
me condena o me libera.


Me preocupa 
que me limiten tanto...
A veces, es como un campo extenso 
que anhela convertirse en mar.
Otras, bellas cascadas de sonidos 
que pocos entienden.
Escucho un lenguaje 
que no entiende de fronteras
y puedo hablar a todos por igual.


Los pensamientos han dejado de pensarse
cuando se pronuncian.
Se llenan los labios
de esperanzas 
que parecen no ser mías
y entonces me callo,
porque mi corazón me habla en silencios
que no comprendo y sólo recito.
Me refugio en los nombres 
que 
encontraron 
palabras.


Otra vez la noche me dice qué hacer:
dormir...
Y yo solo quiero estar despierta 
para escuchar
al silencio que me habla.
Lo importante no son los nombres,
me repito.
Sino lo que hay detrás 
de cada palabra.


Beatriz Casaus 2012




ROMEO & JULIET


Juliet:          
O Romeo, Romeo, wherefore art thou Romeo?
Deny thy father and refuse thy name;
Or if thou wilt not, be but sworn my love
And I'll no longer be a Capulet.
Romeo:
[Aside] Shall I hear more, or shall I speak at this?
Juliet:
'Tis but thy name that is my enemy:
Thou art thyself, though not a Montague.
What's Montague? It is nor hand nor foot,
Nor arm nor face, nor any other part
Belonging to a man. O be some other name!
What's in a name? That which we call a rose
By any other word would smell as sweet;
So Romeo would, were he not Romeo call'd,
Retain that dear perfection which he owes
Without that title. Romeo, doff thy name,
and for thy name, which is no part of thee,
Take all myself.

William Shakespeare.



jueves, 1 de marzo de 2012

¿Qué está pasando?

Numerosos casos de muertes de ballenas y delfines han estado ocurriendo a lo largo de estos últimos años, no sólo debido a la abominable caza comercial de ballenas sino, probablemente a un fenómeno del que aún los expertos no saben nada. En la segunda mitad del pasado mes de enero, 85 delfines encallaron en Cape Cod (Massachusetts).Durante el año 2010 se tuvieron que ocupar de 120 delfines, cifra que se ha alcanzado ya cuando apenas ha empezado este año. En esta fecha, 99 ballenas se quedaron varadas en Nueva Zelanda, muriendo muchas de ellas. En Irlanda se ha producido un récord de ballenas y delfines varados en los últimos doce meses. En la web del "National Oceanic and Atmospheric Administration" también se puede ver el claro aumento de cetáceos varados entre 2011 y en este 2012, esta vez en el Golfo de México:

http://www.nmfs.noaa.gov/pr/health/mmume/cetacean_gulfofmexico2010.htm

Esta misma web, anuncia que los cintíficos están estudiando el origen de estos acontecimientos, y apuntan a si estos casos se producen por una bacteria llamada "Brucella". Otra posible causa es el hecho que ocurrió el pasado 20 de abril de 2010 en este mismo Golfo de México, en el que se produjo el peor desastre ecológico de la historia. El derrame de petróleo de un pozo de extracción de una conocida empresa petrolífera. Es probable que este lamentable suceso haya provocado las muertes de estos animales en esa zona, pero, ¿qué pasa con todos los demás casos que se dan de forma similar en diferentes lugares terrestres? ¿tiene ésto algo que ver con la muerte misteriosa de miles de aves que aparecieron muertas también en diferentes partes del mundo? No existe correlación directa sobre estos hechos, ni siquiera una explicación por parte de los científicos. Existen diferentes teorías, algunos apuntan incluso, que estos hechos no tienen por qué estar provocados necesariamente por la acción del hombre, sino por la intensa actividad de nuestro sol, el cual está inmerso en uno de sus ciclos de tormentas solares. Según dicen, estas tormentas solares, afectan al electromagnetismo terrestre, por lo que dichos animales pueden perder el rumbo y se desorientan.

En cualquier caso, hay que estar muy alerta de estos dramáticos hechos y como sea, intentar solucionarlos.

Fuentes: http://www.nmfs.noaa.gov/pr/health/mmume/cetacean_gulfofmexico2010.htm
             http://www.ifaw.net/ifaw_latin_america/join_campaigns/index.php
             http://www.iwdg.ie/

Beatriz Casaus 2012


jueves, 23 de febrero de 2012

Hay de todo en esta viña

Hay ojos que ni ven,
ni oídos que escuchan
la composición que una mente
interpreta con unas manos.

Hay voces destruídas
antes de reproducirse
en las cuerdas vocales
de una garganta.

Hay ideas ignoradas
al ser un planteamiento
de gente que no ha comprado su fama.

Hay medidas de alienación
para olvidar quién eres
y mantener el orden
en una uniforme masa.

Hay cerebros que son ordenadores programados
con "programas de televisión"
y hay palabras que siguen
adheridas a conceptos equivocados.

Hay razones sin lógica
y una sinrazón del sentir,
pues es más fácil ser lógico con lo que sientes
que con aquello que piensas
para ser feliz.

Hay personas que no viven
y que siguen pensando que el éxtasis
es propio del monopolio del cielo.
Hay quienes piensan,
que se encuentra en cada expresión de grandeza.

Hay infinidad de imágenes
requeridas en el apartado de "importante recordar",
a la hora de enfrentarse al mundo.

Hay manos que no tocan
y besos que palpan esas manos.
Hay espéctaculo en una mirada
que no necesita hablar.
Hay, quien por no hablar nada,
no utiliza ni sus labios, ni sus manos.

Hay relaciones por doquier
de personas doloridas
que buscan en la otra persona
todo aquello que les falta.

Hay aparatos que miden sincronicidades,
libros que dicen lo que otros han dicho,
radios que hablan lo que otros hablan,
y sin embargo,
hay gente que no está preparada.

También hay,
quienes como Ulises
sólo pensaban en su Penélope,
sin escuchar tan siquiera,
los bellos cánticos de las sirenas.

Beatriz Casaus 2012 ©

martes, 14 de febrero de 2012

Amar sí es mérito humano


Te busqué en muchos hombres pero ninguno eras tú.

Te dejé alas para que buscaras tu libertad y me aparté.

Te llamé pareja cuando en realidad eras compañero de experiencias.

Te tendí la mano y el brazo si hubiera hecho falta.

Te enseñé que el amor tiene numerosas ventajas.

Te escuché cuando habías olvidado tu voz.

Te alimenté con un vocabulario de emociones del que eras analfabeto.

Te protegí como una madre cuando ese no era mi papel.

Te brindé los mejores instantes compartidos.

Te respeté al descubrir que la perfección no es mérito humano.

Te acompañé cuando cambiaste de rumbo.

Te intenté cambiar y me liberé

al conocer que el cambio viene a través de mí.

Te reconocí,

cuando me rebelé contra mí misma.

Te encontré,

cuando me reconcilié con la vida.

Me equivoqué,

cuando te responsabilicé

       de mi felicidad.

Y te perdí,

 el mismo día

que
        te
             necesité.

Beatriz Casaus 2012 ©


miércoles, 8 de febrero de 2012

Hasta luego, New York

En la ciudad de Nueva York, se puede encontrar de todo excepto un taxi cuando hace falta o un apartamento de alquiler que no sea demasiado caro.

Yo vivía en el barrio de Chelsea, entre la novena y la décima avenida, y compartía piso con un compañero, quien se había convertido en mi mejor amigo, como suele pasar con aquellas personas que te ven a menudo en pijama y ropa interior. Mi calle estaba repleta de muchas galerías de arte y en los últimos meses había sido testigo de cómo varias de las que proliferaban en el Soho se habían movido allí. Era gracioso ver a los críticos de arte escondidos bajo sus caros sombreros, vergonzosos, mientras deambulaban los jueves y los viernes noche  para encontrar una pieza única. Estoy segura que preferirían pasear relajadamente con sus mejores prendas por la quinta avenida, pero el caramelo de un precio mucho más económico era razón suficiente como para ir al barrio gay de la ciudad a comprar.
 Esa noche llegaba tarde, lo habitual en mí. De nada me servía el reloj que mi madre me acababa de regalar para intentar ingresar un poco de orden y formalidad a mi vida.  Se le había metido en la cabeza que ese aparato de precisión me iba a cambiar. No lo llevaba nunca en la muñeca y lo guardaba con ahínco en las profundidades más recónditas de mi bolso. Me gustaba mi vida caótica y no tenía ninguna intención de cambiarla. Había pasado varios años en la universidad estudiando física y no me sirvió para nada. Mi madre pensaba que mi vida siempre iba hacia un mayor desorden, como “la teoría del caos”, pero yo tenía un orden establecido en ese caos, sólo que era diferente al nivel de organización que el de mi familia.
Me dirigía al club de moda. Había dos cosas que me encantaban del “Oasis Club”, que la entrada era gratuita y que allí se cocía lo más moderno del panorama alternativo de la ciudad, y decir eso de una ciudad como aquella, significaba encontrarte con artistas desconocidos que en un futuro próximo podrían convertirse en los próximos “Red Hot Chilli Pepppers”.  Tardé media hora más bajo el invierno frío de Manhattan para encontrar un taxi libre. Cuando lo encontré, resultó ser un taxista hortera que llevaba una camiseta con la bandera americana, y se cercioró de que el viaje le saliera rentable, porque aunque el club no quedaba demasiado lejos de casa, (en el “East side”) me  cobró casi veinte dólares por el trayecto.
Cuando llegué, el sitio estaba abarrotado como todos los viernes.  Bajé directa al sótano, no sin antes pedir en la barra una cerveza bien fría y darle un par de tragos. Lo primero que vi, fue como un fan borracho vagaba sobre el escenario intentando besar a Antoni mientras le quitaba el micrófono de la mano. Antoni no le daba importancia riéndose, pero al instante dos tipos aparecieron y le echaron sin vacilación del local. Antoni paró de tocar el piano, agarró una copa, brindó a su salud y siguió con su show. El Oasis era el lugar de culto de los músicos bohemios por aquellos años. Solían tocar allí sus nuevos trabajos y así conocían de primera mano si gustaba o no. Últimamente el local se había convertido en un sitio de ambiente gay e incluso muchos de sus cantantes eran travestis que acababan de salir del armario.
Yo también cantaba, pero sólo hacía versiones de clásicos porque no me atrevía aún a componer. No había vencido el miedo que me provocaba el pensamiento de que algún día la inspiración se pudiera ir. Por eso cuando escuchaba a Antoni interpretar sus propias canciones, me invadían sentimientos contrarios, por un lado, le albergaba una profunda y devota admiración y por otra, la envidia me mataba. Aquella noche me invitaron a la fiesta que daba uno de los chicos del local después del concierto y allí fue donde nos conocimos. No tardamos ni dos copas para convertirnos en íntimos. Le confesé embriagada que tenía el don de hacerme llorar cada vez que tocaba, no sabía explicarlo, pero era como si su música estuviera envuelta en un aura espiritual. Con las pintas de tipo duro que tenía, me parecía gracioso que en realidad no fuera cantante “punk”. Su sensibilidad era la más auténtica que había encontrado en ningún otro artista. Se hacía tan palpable sobre el escenario, que el público le miraba  hipnotizado y hambriento, para no perder ni uno de sus gestos, que conmovían  y llegaban muy dentro. Esa misma noche, acabamos revolcándonos por el suelo de la habitación de su apartamento y los dos nos olvidamos completamente de quiénes éramos. Él, un chico que no me quería y yo, una chica enamorada de alguien que no me convenía.
Al cabo de unos meses, Antoni se volvió autodestructivo, me hacía muchísimo daño ver como alguien con tanto talento lo estropeaba todo. El alcohol y las drogas se habían convertido en parte de su rutina diaria y aunque yo no quise admitirlo, me enteré de que incluso pudo haber participado en alguna orgía. Traté de no escucharme, y durante meses me hacía la loca, simplemente porque me sentía afortunada de estar con la persona a la que más admiraba. Pero una noche, él colapsó. O quizás fui yo. Le encontré en su apartamento tendido en el suelo e inconsciente. No paré de gritar su nombre histéricamente y de intentar reanimarle, los minutos se hacían eternos hasta que llegaba la ambulancia.Sentí como si mi vida también se iba junto con la suya.

Antoni mejoró y  el mismo día que se dio cuenta de que tenía que dejar ese mundo irreal en el que se había sumergido, le dejé. Recuerdo que antes de irme me preguntó: “¿Qué razón hay en el mundo para seguir manteniendo la esperanza?”  y yo, que siempre tenía una explicación científica para todo, haciendo alarde de mis años de carrera,le dije: “Bueno, la naturaleza ha hecho un gran esfuerzo para que existamos...cada célula de nuestro cuerpo contiene casi dos metros de código de ADN y si juntáramos todas las células de nuestro cuerpo por los extremos, se podría dar la vuelta a la tierra cinco millones de veces. Esa es una cantidad demasiado grande como para no darla importancia... Adiós Antoni…” Recuerdo su risa por el comentario mientras me iba. Al cerrar la puerta de su apartamento, comprendí que la longitud de nuestro ADN no era en ningún caso una señal de desorden, aunque mi madre se empeñara que en el mío sí...

Los artistas que de verdad emocionan son aquellos que usan el arte como una necesidad de expresar lo que llevan dentro. Me convencí que lo que yo tenía dentro también tenía que sacarlo, porque lo necesitaba.

En la ciudad de Nueva York, se puede encontrar de todo excepto un corazón dispuesto a querer y una belleza acogedora en sus edificios. El tiempo pasa rápido pero los inviernos se hacen largos, su belleza no es suficiente y los artistas bohemios duermen con nostalgia hasta que llegue la primavera. Yo, necesitaba una ciudad que fuera más dulce…

Beatriz Casaus 2012 ©

(Inspirado en Rufus Wainwright y en su canción Grey Gardens)