jueves, 9 de agosto de 2012

Cambiando la visión de los conceptos

"...¡Qué extraña ha sido realmente mi vida! -pensó-.¡ Qué rodeos tan curiosos ha dado!...¡Qué camino el mío, sin embargo! ¡Cuánta estupidez, cuántos errores, disgustos, dolores y desilusiones he tenido que soportar sólo para poder volver a ser un niño y empezar de nuevo!...He tenido que probar la desesperación, rebajarme ante la más insensata de las ideas, la del suicidio, para poder sentir la gracia, para volver a oír el Om, para volver a dormir bien y a despertarme tranquilo. He tenido que convertirme en un loco para redescubrir el Atmán en mi interior. He tenido que pecar de nuevo para poder revivir. ¿Por dónde me llevará aún mi camino? Es un camino absurdo, que avanza dibujando curvas, tal vez en círculo. Que avance como quiera. Yo lo seguiré... (Siddharta, Herman Hesse)

Esta semana se conmemora la muerte de Herman Hesse. Autor alemán de éxito mundial, destinatario de un Nobel de Literatura en 1946 y afamado icono de culto hippie durante la década de los 60. Hoy precisamente, se cumplen 50 años de su muerte.
Este autor me atrae no sólo por sus fabulosos libros “Siddharta”,  “El lobo estepario”,  “Demián,” ”El juego de abalorios” y un largo etc, sino por su complicada existencia y la forma en la que la transformó dando vida a libros de gran riqueza literaria y espiritual.
Sí, he de confesar que me resultan más interesantes las historias difíciles y turbulentas que las “happy forever” y la suya, plagada de crisis emocionales y existenciales es impactante. Herman Hesse fue ingresado dos veces en clínicas psiquiátricas y tuvo una tentativa de suicidio. Con todo ello lo que es extraordinario de este autor, es como todo aquel sufrimiento desembocó en una búsqueda espiritual tan acentuada. Logró transmutar el caos en el que estaba envuelto y convertirlo en libros que son fuente de gran inspiración y sabiduría. Se adentró para ello en la  filosofía oriental y gracias a él, le debemos en gran medida lo que a día de hoy es la espiritualidad, concebida ésta de modo individual, mediante el ejercicio del discernimiento y de la sensación personal, sacando conclusiones propias y no como pasivos seguidores de una doctrina religiosa.
Herman Hesse es además símbolo de movimientos contraculturales y una figura rebelde de lo que se espera de nosotros en la vida. Él mismo abandonó de joven el domicilio parental  porque se sentía asfixiado por las imposiciones que su padre le hacía sobre qué destino profesional seguir. Sin embargo, lo único que le interesaba era escribir y por ello comenzó varias formaciones pero no terminó ninguna. Herman perseguía con ahínco su vocación y la ejercía incesantemente mientras trabajaba de librero u otros oficios. Se casó tres veces y admitió, que la vida casera le oprimía por lo que se embarcó en varios viajes a lo largo de su vida. Al final de su trayectoria profesional se centró sólo en la pintura y dejó de lado la escritura, me imagino que el propio Herman se habría quedado contento habiendo dado a luz tales piezas literarias como las que en años anteriores había escrito.
Con este ejemplo no puedo remediar que me venga a la cabeza lo que la sociedad nos impone de forma mecánica: 1. Consigue un trabajo, 2. Luego contrae matrimonio, 3. Entonces adquiere una hipoteca que te permitirá tener hijos y 4. Te verás envuelto en la rutina. Aquellos valientes que vayan contracorriente basándose sobre lo que su propio instinto les dice y no sigan estas indicaciones al dedillo, serán tachados de locos, inadaptados o de raros y más aún, si se es mujer.
Que no se malinterprete lo que digo, tener una familia y un trabajo ¡es maravilloso!, pero lo que no lo es, es el modo en el que está concebido. La visión que se nos da subliminalmente de ello es horripilante, comenzando por la palabra trabajo. Es una palabra horrible. Etimológicamente, trabajo viene del latín “tripalium” que significa tres palos. El “tripalium” era un instrumento de tortura formado por esos palos donde se amarraba al esclavo.
Aquel sufrimiento no es ni más ni menos que nuestra actual concepción sobre una retribución económica por una labor profesional. Esta visión está equivocada. Deberíamos ir a nuestras labores diarias motivados, contentos porque ese oficio nos reporte sentido en la vida o en donde podemos convertirnos en profesionales y sacar lo mejor que llevamos dentro. Yo por ello me niego a usar esa palabra y la cambio por: aquello en lo que voluntariamente decido dedicar mi tiempo y en donde se me retribuye económicamente a cambio. En un futuro cercano incluso, espero que se me pague por mi talento y no por mis horas. 
La palabra familia, también se las trae… etimológicamente de nuevo, viene del latín “famulus” que significa esclavo, servidor, ¡la familia en Roma era el conjunto de esclavos sirvientes en una casa! Por ésto nuevamente me niego a utilizar este terrible sustantivo y en vez de ello, utilizo el del artista Víctor Brossa, quien lo define como: mi piña. Porque la piña es una fruta que me gusta mucho y en la que si uno se fija, está formada por figuras geométricas que aún estando todas juntas, tienen su propio espacio. Una unión voluntaria en donde los integrantes se quieren y se lo demuestran pero que no necesariamente tengan que vivir en la misma casa o de un modo estipulado, cada cual que tenga la piña que quiera. (Digo yo).
Sobre la hipoteca, aunque en la actualidad es muy difícil conseguirla, puede que eso no sea del todo negativo, porque es otra forma de esclavitud en la que destinamos nuestro dinero a una entidad bancaria que nos dará las condiciones de pago en ocasiones, bajo condiciones irreales, como se han estado llevando hasta ahora.
Y la rutina para terminar, es aquello que se hace sin pasión, de modo automático. La rutina suena mal, el trabajo suena mal, la hipoteca y la familia suenan fatal. Cambiemos los términos y la percepción sobre ellos, pero sobre todo, sigamos nuestro corazón y discernimiento propio siempre y atrevámonos a vivir de acuerdo a ellos.
Artículo Vanguardia: "50 años sin Herman Hesse. El Nobel indignado". http://www.vanguardia.com.mx/50anossinhermanhesse;elnobelindignado-1347908.html
Abrazos inmensos de corazón J
Beatriz Casaus 2012 ©

sábado, 4 de agosto de 2012

La niña de las estrellas



La niña de las estrellas


Cada día era peor que el anterior. Los gritos y los reproches habían consumido el oxígeno y sólo se respiraba odio y tristeza en aquella casa. La tristeza se escondía como se esconden los caramelos a los niños para que no se los coman, sumergida bajo los reproches que se hacían sus padres constantemente y los que le hacían a ella por haber nacido. Su madre, muy joven se quedó embarazada  y por tal motivo tuvo que casarse a la fuerza con su padre. En aquel pueblo no existía el divorcio a menos que una desgracia aconteciera en la familia por lo que si alguien era infeliz en su matrimonio, no quedaba otra que aguantar y salir adelante como fuera. Sus padres la querían tan poco que ni tan siquiera la habían puesto un nombre. Cuando se referían a ella, la llamaban "niña" y en todo el pueblo se la conocía por ese apodo.

La niña pasaba la mayor parte del tiempo metida en su cuarto para soportar lo menos posible ese ambiente insano donde había crecido. Su habitación se había convertido en su único refugio. Allí se encerraba y tapaba sus oídos con las manos para no escuchar cómo sus padres se faltaban el respeto peleándose por cualquier nimiedad. Los insultos entre ellos eran habituales y a veces hasta los golpes.

Un día durante una fuerte discusión, la niña se escapó por la ventana de su habitación y vagó sin rumbo por el pueblo. Encontró una casa alejada en donde había un gran cartel que decía: “Los niños son bienvenidos”.  La puerta estaba medio abierta y como empezaba a hacer frío, no se lo pensó dos veces y entró sin llamar. No era muy grande, sólo tenía una habitación y estaba atestada de libros, lo que le hacía parecer más pequeña aún. Una mujer mayor que estaba cocinando en ese momento, la descubrió.

-¡Niña! ¿Qué haces aquí? Espera un momento… ¡yo te conozco!, tú eres la hija de aquella terrible pareja.
Asustada, la niña contestó:
- Ya me voy señora, no se preocupe.
-¿Qué te pasa? ¿por qué estás llorando?
-Mis padres se odian y no paran de chillarse y lo peor es que a mí también me odian. Soy muy mala, porque no me quieren. (Lloraba desconsoladamente).
-Eso no es cierto. A veces no entendemos por qué nos pasan las cosas que nos pasan. Corriste la mala fortuna de haber nacido en una familia así, pero esa no es tu culpa. No eres mala.
-Entonces, ¿por qué las demás niñas de la escuela son felices con sus familias y sus padres las quieren? El problema debo ser yo.
-Eso no te lo puedo contestar. Tú has venido a aprender una lección y quizás haber nacido en esa casa te aporte algunas respuestas. No tienes la culpa de cómo se tratan ni de cómo te tratan. Dime, bonita, ¿cuál es tu nombre?
-¿Usted tiene hijos?
-No, por desgracia no puedo tener hijos. Vivo aquí sola. Dime, ¿cómo te llamas?
-No tengo nombre. Mis padres no me lo pusieron. Todo el mundo me llama "niña".
-Ah, ¡entonces debes ser alguien muy especial! ¡claro que tienes un nombre! Lo que pasa es que aún no recuerdas cuál es. Si quieres, puedes venir cada tarde después de la escuela a verme y así me haces compañía. A cambio te enseñaré todos mis conocimientos, ¿qué te parece?
-¿Conocimientos sobre qué?
-Sobre lo que tú quieras saber. Y si quieres y estás dispuesta, te ayudaré a recordar tu nombre.

Cada tarde, tal y como le había dicho aquella mujer, iba a visitarla. Pronto se sinceró y le confesó que se sentía culpable por la forma en la que sus padres la trataban y diferente del resto de las niñas. Ellas recibían muchos regalos en navidades, por sus cumpleaños y sus padres se comportaban de forma normal con ellas e incluso eran cariñosos. También le contó que sólo la noche le aportaba tranquilidad porque era el único momento del día en que los gritos cesaban, cuando había silencio y disponía de tiempo para soñar e imaginarse una vida mejor.

Tal y como le había prometido, la mujer le mostró sus libros para que eligiera sobre lo que quería aprender. La niña se sintió muy interesada por los libros que trataban sobre las estrellas, en concreto, por las que más resaltaban durante las noches: la constelación de la Osa Mayor y la de la Osa Menor. Leyendo, descubrió una constelación que se encontraba entre esas dos y que aún le interesó más: La de Virgo. La mujer le informó que en primavera se veía con más claridad y que el alfa, (la estrella más brillante de una constelación) de Virgo era "La Espica" o "la Espiga de Virgo". La mujer, asombrada de la contundencia de la niña por aprender le contó una leyenda:

“La diosa Virgen Astrea, también conocida por Dike, (la virgen estelar) hija de Zeus y Temis, era la diosa de las leyes de la naturaleza y de la justicia. Zeus, contemplando desde el Olimpo las guerras y el caos bajo el que yacía la humanidad, decidió enviar a su hija, por ser la más pura de las diosas, para que lo arreglara. Astrea impuso la justicia y el orden entre los mortales y convirtió en fértil la tierra. La época en la que la Virgen vivió entre los hombres, fue conocida como la Edad de oro en la Tierra. Astrea era inmortal y permaneció virgen. Su trabajo era presidir los tribunales castigando los delitos y dando paz al mundo. Cuando los hombres dejaron de respetarla y seguir con sus guerras, se disgustó tanto que los abandonó y subió a los cielos para convertirse en estrella”.

Esta historia estremeció mucho a la niña. Se sentía identificada porque su propia fecha de nacimiento correspondía con el signo de Virgo. Su madre siempre le había contado pestes de las personas nacidas bajo ese signo y de que se arrepentía de haber tenido una hija así porque temía que al crecer se convirtiera en alguien fría, criticona y perfeccionista en exceso o puntillosa. La niña en realidad no tenía ninguno de esos atributos, sino que era cálida, bondadosa, humilde y servicial, a veces era tan humilde que no gozaba de mucha autoestima y se infravaloraba o comparaba a menudo. La madre era más parecida a esas cualidades que ella misma y quizás por ello esos defectos la molestaban tanto, porque le recordaban a sí misma.

Los libros decían que la Virgen representaba la idea de la justicia, con el aspecto de una joven muchacha que portaba una espiga. La espiga significaba los bienes materiales y la buena fortuna. Se trataba de un ser que encarnaba los siete valores capitales: castidad, templanza, generosidad, diligencia, paciencia, caridad y humildad, además de la aspiración a la perfección, el servicio y la sencillez. Aquellos atributos le parecían dignos de desarrollar en cualquier persona así que puso todo su empeño y esmero en pulir sus defectos humanos para parecerse a su ideal. Estaba tan entusiasmada con sus estudios, que pensaba en ellos durante todo el día e incluso, cuando iba a la escuela, hablaba de ello a todas las niñas, por lo que pronto empezaron a llamarla, “la niña de las estrellas”.

El gélido invierno finalizó dando paso a la primavera, y se dice que la niña consiguió entonces recordar su nombre, porque una noche desapareció sin dejar rastro alguno. Sus padres no se entristecieron y no la buscaron y al poco tiempo pudieron divorciarse finalmente. La mujer con la que pasaba las tardes estuvo apenada por la pérdida pero desde entonces cada vez que miraba al cielo sonreía. Abrió una escuela en su casa en su memoria, en donde se enseñaban las disciplinas que los niños que venían de familias problemáticas o sufrían por algo elegían por ser sus favoritas. Así les ayudaba y les daba el valor que habían olvidado tener.

Dicen en el pueblo, que la niña consiguió cultivar tanto los valores de Astrea, que puede que ella también hubiera ascendido al cielo y se hubiera convertido en alguna estrella.

 

Beatriz Casaus 2012 ©

miércoles, 1 de agosto de 2012

Me han dedicado una poesía

Hoy dedico esta entrada a alguien que se ha molestado en escribir una poesía inspirada en mí. Me siento tan halagada y tan emocionada, que no he encontrado mejor manera de agradecérselo que publicándola aquí para compartirla con todos aquell@s que lo lean. ¡Ojalá seamos muchos los que contemplemos el mundo en versos!¡Os mando un abrazo inmenso a todos y en especial, gracias a Carlos por el precioso regalo!Si he servido como fuente de inspiración yo ya creo que me puedo morir tranquila...

La poesía no tiene nombre y así se queda. No soy quién para darle un título aunque el autor me haya dado el permiso de hacerlo. ¡Espero que os guste!

Poesía de Carlos Torres:

Cuando te leo escucho el eco de tu voz en mi propia alma.
En pensamientos que siento míos, mirando dentro.
Si este mensaje te llega en la tormenta,
en la duda, en la oscuridad entre las estrellas,
léelo, como el que relee una carta amiga,
un diario de alguien que fuimos, sonríe, ¿qué menos?

Mirar el camino andado es melancolía, el que viene
valentía, y el universo conspira para que tu Luz brille.
Ayudar, nutrir, sanar, como el mar, ser todo para todos,
y sólo responder ante una misma. Siempre distinta,
siempre igual, salubre y cálida como las lágrimas.

Contra ese espejo roto de la belleza efímera,
encuentras dentro lo que no muere.
Ese diamante cuyas múltiples facetas muestran todo
lo que eres, el alma generosa de la portadora de la Espiga.

La mujer que eres, la que todos imaginan, pero nadie ve,
más allá de lo que sus mentes perfilan, agobian
y clasifican. Que no puede dejar de luchar, para ser
por fin lo que ella misma ansía.




Para terminar, os dejo con un poema de un poeta sufí, que últimamente me está devolviendo a la vida y eso, que nació hace ocho siglos, se llamaba Yalal ad-Din Muhammad Rumi. Pero se le conoce como Rumi.
Por cierto, éste tampoco tiene título. ¡Disfrutad de las palabras!¡Besazos!



A través de la eternidad
La Belleza descubre Su forma exquisita
En la soledad de la nada;
coloca un espejo ante Su Rostro
y contempla Su propia belleza.
Él es el conocedor y lo conocido,
el observador y lo observado;
ningún ojo excepto el Suyo
ha observado este Universo.

Cada cualidad Suya encuentra una expresión:
la Eternidad se vuelve el verde campo de Tiempo y Espacio;
Amor, el jardín que da la vida, el jardín de este mundo.
Toda rama, hoja y fruto
revela un aspecto de su perfección:
los cipreses insinúan Su majestad,
las rosas dan nuevas de Su belleza.

Siempre que la Belleza mira,
el Amor también está allí;
siempre que la belleza muestre una mejilla sonrosada
el Amor enciende su fuego con esa llama.
Cuando la belleza mora en los oscuros vallecitos de la noche
el Amor viene y encuentra un corazón
enredado en los cabellos.
La Belleza y el Amor son cuerpo y alma.
La Belleza es la mina, el Amor, el diamante.

Juntos han estado
desde el principio de los tiempos,
lado a lado, paso a paso.


Deja tus preocupaciones
y ten un corazón completamente limpio,
como la superficie de un espejo
que no contiene imágenes.
Si quieres un espejo claro,
contémplate
y mira la verdad sin vergüenza,
reflejada por el espejo.
Si se puede pulir metal
hasta asemejarlo a un espejo,
¿qué pulido podría necesitar
el espejo del corazón?
entre el espejo y el corazón
ésta es la única diferencia:
el corazón oculta secretos,
pero el espejo no.


The Divani Shamsi Tabriz, XIII

(Yalal ud-Din Rumi)



viernes, 27 de julio de 2012

Mujeres auténticas

Pues no,

efectivamente,

no soy de esas cuyo único
objetivo en la vida,

es ponerse morenas.
Ni de esas,
que necesitan gastarse

el dinero para adquirir
la última prenda de moda.

Ni  quienes tienen,
como dirección alternativa

en su documento de identidad,
una tienda de ropa.

No soy de las que promulgan
su belleza como su único
atributo de personalidad.

Ni de quienes,
pretenden cazar un marido
para que les estabilice
económicamente.
Ni de las que van detrás
del dueño de un buen coche,
o de una buena nómina.
Pues no,
efectivamente,
no soy de esas.
No soy de las que miran mal
a otras mujeres
porque sean más guapas,
ni de las que se sienten mejor
que otras,
por ser más delgadas
o tener más delantera.
O de las que si su chico
les es infiel,
en vez de culparle a él,
responsabilizan a las otras.
Pues no,
efectivamente,
no soy de esas.
No soy de las que necesitan,
demostrar al mundo
que son únicas
y las mejores.
No soy de las que tienen
como hobby,
ir a discotecas.
O de las que aparentan.
No soy una persona
que necesite
que le adulen continuamente,
y que le repitan
lo bella que es.
(Ser mujer es algo más
que ser bella, créanme).
No soy de las que critican
a otras mujeres
por envidia.
Pues no,
efectivamente,

no soy de esas.
No soy de las que manejan
a los hombres a su antojo,
para conseguir sus objetivos.
No.
No de las que alardean

de todo lo que ligan,
(un detalle
directamente proporcional,

al tamaño de sus egos).

No soy,
de las que no tienen opinión propia,
y se convierten en muñequitas
de sus parejas.
Pues no,
efectivamente,
no soy de esas.
No soy de las que tienen
sólo conversaciones
frívolas y superficiales.

Por otro lado... ¡sí!,
¡sí soy,
de las que dudan
de lo que le cuentan!.
De quienes disciernen
y piensan por sí mismas.
De las que les gusta entablar,

conversaciones profundas
y
en
    ri
       que
             ce
                 do
                     ras.

De las que tienen inquietudes,
intelectuales y espirituales.

De las que les gusta,
pasarse las horas

leyendo libros,
y escuchando a la gente hablar.
¡De las que aman

re
   Ír
      se!.
Pasárselo bien,
rodeada de personitas
en quien confiar,
 y con las que se puede contar
porque lo han demostrado.
De las que no consideran,
de suma importancia

la apariencia física.
De las que se enfocan,
en un interior rico
y bonito por descubrir.
De las que valoran,
más los momentos que las cosas,
(como una vez me dijo,
una gran amiga).
De a las que les gusta
escuchar música de calidad,
y con buenas letras.
De las que abren su corazón,
y se entregan sin medida,
y de las que son capaces
de hacer,
cualquier cosa por amor.  

De las que gustan,
de ir a ver una obra de teatro
o pasar una tarde,

en la montaña.
De las que prefieren,
ser humildes,
que prepotentes.
De las que valoran,
a las personas por lo que son,
y no por sus profesiones
o bienes adquisitivos.

De las que tienen valores,

y una mente abierta.

De las que respetan,

de las que piden perdón,

de las que dicen te amo,

de las que dan la palabra,

de las que no se callan,

de las que miran a los ojos,

de las que tienden la mano,

de las que se equivocan,

de las que se arrepienten,

de las que son naturales,

de las que lloran,

de las que no esconden,

de las que ríen con el alma,

de las que abrazan,
de las que interrumpen,

de las que apoyan,

de las que dan,
de las que aprenden,

de las que sudan,

de las que dicen gracias,
de las que gritan las injusticias,
de las que están vivas,

de las que son,

                    auténticas.


Beatriz Casaus 2012 ©


lunes, 23 de julio de 2012

Silencio

Espero que algún día alguien me diga ésto :)

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

                       
 Mario Benedetti






Silencio
Guardo silencio.

Se ha ejecutado un genocidio

de mí.

Mal herida,

intento recobrar el aliento

mientras sigo tendida en el suelo.

La tristeza domina

el campo de batalla

y me ha arrebatado

la vitalidad,

haciéndose victoriosa.

Tan sólo un pálpito helado:

me percato que he sobrevivido

otra vez a la contienda.


Sólo queda el silencio

cuando ya no queda nadie.

Una casa de madera

por el desazón del viento

se ha caído

y quizás también caeré yo.


Mis aliados,

habían inscrito

en las paredes de la casa

"aquello no podía durar"

como si esas deliciosas palabras,

brindaran consuelo.


El silencio,

el que existe en medio de la respiración

que sube y baja,
 
y entre los pensamientos
que vienen y van,

mantiene mi esperanza
en que esta emoción
tal como ha venido,
sin ser invitada,
se vaya.

Qué extraña congoja
saber que he sobrevivido
y no entender por qué.

Como una esfera
resbalándose
constantemente
de entre mis dedos
se marcharon mis provisiones.
Las agoté luchando,
y ahora sólo noto
el corazón helado
sin que haya llegado el frío.
Esperaré,

harapienta y agotada

al rescate,

mientras conservo un propósito aún:

hacer del

                  dolor
                          algo
                               bello.



Beatriz Casaus 2012 ©




Beatriz Casaus 2012 ©

lunes, 16 de julio de 2012

Poemas cortos

"Hacer versos malos depara más felicidad que leer los versos más bellos" Herman Hesse.

"No digas de ningún sentimiento que es pequeño o indigno. No vivimos de otra cosa que de nuestros pobres, hermosos y magníficos sentimientos, y cada uno de ellos contra el que cometemos una injusticia es una estrella que apagamos." Herman Hesse.

Poemas cortos trascendentales:

¿Quién soy yo?

¿Quién soy yo?
Soy aquello
que hace la pregunta.
No el que piensa,
sino lo que hay detrás
de quién piensa.
¿Soy esa imagen que muestra el espejo?
Espero que no.
No me puedo creer que sólo sea,
un instante de un reflejo.
Quiero dejar de ser yo,
para serlo todo.


Beatriz Casaus 2012 ©


El miedo no es el medio.

Sobrevivir
no es un medio.
Es tener miedo
a que tu pareja te deje.
Es tener miedo
a perder el trabajo.
Es tener miedo
a no ser nadie en la vida.
Miedo,
a no saber qué pasará mañana.
Sobrevivir,
es tener miedo 
a morir.
Vivir no es el fin,
es el medio.
Desapegarse de todo,
Pero no como una renuncia.
Dejarlo ir,
y reservar ese espacio 
vacío y diáfano,
para algo más importante.


Beatriz Casaus 2012 ©


En una noche despejada

No hay mayor mentira
que creerse muy importante.
Sólo hay que mirar al cielo
en una noche despejada
y contemplar los millones de estrellas
encima nuestro.
Si te sigues sintiendo muy importante,
es porque estás ciego.


Beatriz Casaus 2012 ©









jueves, 5 de julio de 2012

Aquí cerca yace un sueño

"He sido un hombre que busca y aún lo sigo siendo, pero ya no busco en las estrellas ni en los libros, sino en las enseñanzas de mi sangre". Hermann Hesse.


Instantes ( de Jorge Luis Borges)
Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.

Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.


(Jorge Luis Borges)
 Aquí yace un sueño
Prefiero:


des-integrarme,
des-programarme,
des--informarme,
des-nudarme,
des-aprender,
des-ligarme,
des-culturizarme,
des-calzarme,
des-peinarme,
des-preocuparme,
des-ordenarme,
des-taparme,
des-acertarme,
des-considerarme,
des-armarme,
des-abrigarme,
des-vergonzarme,
des-prevenirme,
des-melenarme...

¡Recobrar
mi esencia olvidada!
Acudir
sin referencia alguna,
a lo que persigo
con un ansia ingente:
las intenciones puras
y vivir como si este aliento
se me acabara.

¡Respeto!,
aquí cerca yace un sueño.
Antes de partir
me enseñó que al negarme,
esa también era yo.
 
 
Ahora, 
cuando escribo
la felicidad me aflora.
Ya no me hace gozar
cualquier libro,
sino la fuente de una mano
de la que nace la poesía.

Beatriz Casaus 2012 ©