“Hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse, como
a una ventana llena de sol.” (Federico García Lorca)
“Conectar sin buscarlo, es lo más parecido al infinito.”
(Rubio José)
“I
feel like a part of my soul has loved you since the beginning of everything. Maybe
we´re from the same star.” (Emery Allen)
“I
feel there is nothing more truly artistic than to love people.” (Vicent Van Gogh)
Esto lo escribí hace tiempo, pero siento que es atemporal y que
siempre estará vigente. ¿Quién no se ha enamorado alguna vez? Todos nos hemos
sentido identificados con esa sensación mágica que de pronto todo lo inunda. Enamorarse
y sobre todo a una cierta edad, es descubrirte a ti mismo que no estás muerto. Pero
lo que de verdad empodera y te devuelve a tu centro es saber que los
sentimientos que te despiertan los demás en ti, no forma parte de ellos, sino
de ti mismo.
Si eres tú quien los sientes, celébrate a ti y al amor que hay en
ti que es capaz de sentir eso. Tú eres el que llevas el amor dentro de ti. Siéntete
orgulloso por la capacidad de sentir y de sentir de ese modo tan bonito. Porque
eso sale de ti, no del otro.
Un abracito.
Me gustas
Me gustas.
Me gusta la idea de saber que existes.
Me gusta que me inspires.
Me gusta que seas tú.
Me gusta que estés aunque no estás.
Más allá de que pase algo entre nosotros o no, eso da igual.
Me da paz que estés en este mismo tiempo y espacio.
¡Qué privilegio coincidir!
Me gusta más el mundo ahora.
Me gustas, aunque yo no te guste.
No tiene que ver conmigo.
Tiene que ver con la idea de que pensarte es un placer.
Me gustas, porque me gusta quien soy gustándome tú.
En el mundillo espiritual, te encuentras mucha
gente que va de “iluminada”. Como si estuvieran en otro nivel de evolución y miran
por encima del hombro a los demás. Eso es ego, ego espiritual al fin y al cabo.
Se creen perfectos y viven alejados del mundo. Piensan sus ideas, pero no las
viven. Y estamos aquí para vivir, no para pensar solo.
Y la espiritualidad no es algo abstracto.
Es aquí, con el vecino gruñón, con el compañero insoportable,
cuando te pitan con el coche, en el tráfico cuando tienes prisa, con la pareja
egoísta, con los hijos desagradecidos, con la amiga envidiosa.
Es ser amable con todos, incluso con los que no
te caen bien. Eso es una manifestación del amor incondicional. A mí cuando
alguien no me gusta, le digo mentalmente: “Gracias por dejarme practicar contigo
lo que es el amor incondicional. Te amo.” Y lo repito mucho, hasta que me
sale verdadero amor hacia esa persona e incluso las situaciones se revierten en
positivo.
Es tratar bien aunque estés teniendo un mal día.
Nadie tiene la culpa de eso.
Es ayudar, dar las gracias, aprender de todo. La espiritualidad
no es teoría, es una práctica diaria.
Es elevar el estado de conciencia, dando un
significado a todas las experiencias, las malas incluidas.
Es aceptar tu sombra, es sacar a la luz tus
partes oscuras para aceptarlas. Es abrazar tus errores, es pedir perdón. Es
perdonar.
Es amarte y poner límites. Es aceptarte con tus
michelines y tus canas y tu mala leche matutina. Es permitirte ser tú mismo.
Es elegir ser alegre y dar alegría. Ser un apoyo a los demás. Escuchar y comprender.
Es intentar no enjuiciar. Estar atento a los juicios
que emites y corregirlos, porque encarcelan.
Es disfrutar de los placeres sensoriales pero no
apegarse a ellos. Ser agradecido por vivirlos.
La espiritualidad es investigar, claro. Descubrir
quién eres, escuchar nuestra intuición.
Es tener intenciones puras y alimentarse de pensamientos positivos.
Preferir hacer una respiración antes que perder
los papeles. Es aprender a controlarse.
Es traer el cielo a la tierra. Es hacer sagrado
lo cotidiano.
Esa es la verdadera prueba. El desafío de vivir en este videojuego. Con todo lo que ello conlleva.
El dolor y la gloria que está asociado a ello y
que cada experiencia nos ofrece.
Estamos en el máster del universo. Nadie dijo que
fuera fácil, pero al menos lo estamos intentando y hacemos lo que podemos. Seamos
buenos con nosotros mismos y démonos mucho cariño. Porque es complicado, sinceramente.
Somos imperfectos como humanos, pero dentro de
nosotros mora la inmortalidad. La perfección. La esencia divina, nuestra
verdadera naturaleza.
(Os dejo con una canción muy"happy" como me gusta a mí llamarlas, jeje, que se titula: "Feels this good". Cuando se está bien por dentro, uno se siente muy bien, como el título de la canción. Y de eso se trata también la espiritualidad, de bailar, reír y pasarlo bien)
Cuando me preguntan incrédulos que por qué sigo teniendo esperanza en el futuro y en los seres humanos, recuerdo entre otras cosas, esto:
El pasado once de mayo se produjo un
fenómeno absolutamente sorprendente, y no solo para el campo de la ciencia,
sino para cualquier persona de a pie que pudo comprobar con sus propios ojos, cómo
se producían auroras boreales en sitios tan inesperados como pueden ser zonas
de España como Granada, Galicia, Cataluña, u otras zonas de México, América o Europa
donde no se suelen dar.
Ese hecho inverosímil fue causado por una fortísima tormenta
solar de la que incluso la NASA nos había alertado
sobre sus efectos.
Las pasadas tres últimas semanas, hemos tenido tormentas
solares como no se había visto en los últimos once años. La astrofísica
cataloga los ciclos solares en períodos de once años y cada vez estos ciclos están siendo mucho más
potentes. Normalmente, las llamaradas que se producen en el sol a las que
estamos acostumbrados, son de término medio, es decir, las denominadas como
“llamaradas M” en la nomenclatura científica, que son altas, pero no tan altas
como a las que nos hemos visto afectados estos días.
En estos once años, se producían tormentas una vez cada tres meses.
Pero desde el 19 de junio de 2023, las hemos tenido todos los
días de forma ininterrumpida. En las últimas dos semanas hemos
llegado a tener las más altas registradas, las llamadas “llamaradas X”, pero es que incluso, en
los últimos días, ¡hemos tenido las “llamaradas X.8”! que es el
doble o el siguiente nivel, por decirlo de algún modo.
Con esa tormenta geomagnética del once de mayo y que duró setenta y dos horas, se rompieron todos los
récords. Los índices magnéticos sobrepasaron todas las
escalas. En la actual escala de índice magnético, el nueve era el máximo
registrado, pero hemos llegado a tener más de once. Esto significa que el nivel de las llamaradas
era altísimo. Los científicos esperaban que el
gran pico del actual ciclo solar sucediera en 2025 pero sin embargo se está llevando
a cabo ahora.
Este hecho se traduce como una especie de tsunami de energía
fotónica y electromagnética fortísima. Y afecta directamente en nuestros
cuerpos físicos así como al de todos los seres vivos de la superficie
terrestre.
Del mismo modo, la resonancia “Shumann”, que es la energía
electromagnética que queda en las capas altas de la atmósfera y la superficie terrestre,
registró también su máximo el 19 de junio del pasado año 2023. Alcanzó nada más
ni nada menos que 90 Hz. Y teniendo en cuenta que lo normal es 7.8 Hz, estamos
hablando de casi más de cien veces lo normal.
Los seres humanos, somos una gran red de energía
pura y por supuesto que estos fenómenos nos influyen directamente, aunque no se hable de ello de forma oficial. Todo este raudal de energía influye en
nosotros y en todos los seres vivos. Lo hace en concreto en nuestro sistema nervioso y
en nuestro sistema energético. El sistema energético, por cierto, es el que ha sido estudiado por tantas culturas
ancestrales. Como por ejemplo la medicina tradicional china, que se basa en los
meridianos energéticos o en la medicina tradicional india, (el Ayurveda) con el estudio de los “nadis”.
A su vez, o quizá debido a esto, el sol central de la
galaxia, conocido como “Alycone” en la cultura maya, está teniendo su máxima
potencia y actividad, y los otros soles de los demás sistemas solares de nuestra galaxia, lo replican en cierto modo. Se están proyectando como si fueran una réplica de ese sol central.
Todo este fenómeno se puede entender en un nivel más profundo, como una
especie de evolución del universo. Es un momento trascendente para nuestra evolución, como si fuera un proceso de iluminación de la consciencia o una ayuda extra que está siendo enviada para la elevación de las mismas. Aunque no todos lo verán así o lo percibirán de ese modo. Todo esto puede sonar a ciencia ficción para la gran mayoría que vive ajena a los temas más allá de la materia, pero tengo la esperanza de que, al menos los lectores de este blog tengan como poco la mente abierta y algunos sé de forma certera que son personas espirituales que saben de lo que estoy hablando y con quienes no me tengo que justificar.
Este tsunami de luz lo inunda todo. Iluminando todo. Sobre todo en estos tiempos de guerras y de oscuridad en el que nos encontramos inmersos como humanidad. El hecho de que esté llegando tal cantidad de luz, es un símbolo de esperanza y una especie de señal para llenarnos
de fe. Porque la luz, como el amor, es la única fuerza capaz de todo y de vencer a la
oscuridad. Yo sí tengo esperanza en el futuro. Yo sí creo que el futuro es resplandeciente y que lo mejor está por llegar.
Casiopea y Cefeo, el rey de Etiopía, estaban casados y tuvieron a una hija, Andrómeda. Casiopea era bastante creída y se jactaba de que ella y su hija eran más bellas que las Nereidas, las ninfas marinas hijas de Poseidón. Ello provocó la ira de este, quien inundó el país y envió al monstruo Cetus para acabar con toda la población. Encadenaron a Andrómeda a unas rocas como sacrificio al monstruo, pero Perseo, quien venía de decapitar a Medusa, al verle allí atada se enamoró de ella y mató a Cetus. Poseidón, nada contento con esto, castigó a Casiopea a permanecer atada a una silla en el cielo con la cabeza boca abajo para siempre.
Esta historia de la mitología griega refleja cómo la soberbia, arrogancia y chulería de Casiopea, fueron capaces de desatar toda una serie de catástrofes, incluida la suya propia.
En mi vida me he encontrado con varias personas así y a diferencia de esta historia, las cosas parecen irles mejor que a las personas que son humildes, modestas, y que no van de nada, que son sencillas, vaya. Sin embargo, tal y como bien enseña este mito, al final, ellos mismos se caerán por su propio peso. Es una equivocación actuar y pensar de ese modo. Solo traerá un cúmulo de errores a la vida de la persona que los alberga. Las cosas pueden cambiar de la noche a la mañana, y el que hoy está arriba, mañana puede estar abajo y viceversa. Esto aplica a cualquier aspecto.
Valorar lo que nos hace distintos de los otros es maravilloso, pero siempre desde la perspectiva de que todos tenemos algo único y especial que aportar, sin vanagloriarse.
Las personas más grandes y sabias suelen ser humildes de corazón. Hay que valorar la humildad e igualdad por encima de todo. Aquí todos somos iguales y absolutamente nadie vale más ni es mejor que otro. Dan exactamente igual las condiciones físicas, económicas, sociales o la tontuna que sea por la que alguien se puede sentir superior a otro.
Teniendo esto como estandarte, las cosas siempre irán bien tarde o temprano, por lo menos las internas, que es desde donde vemos el mundo. Y se vive con más paz y autenticidad, que es lo importante.
“La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos
lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa. Tú puedes aportar
una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.” (Walt
Whitman)
El otro día me preguntó una amiga que de dónde saco la
inspiración para escribir. Le contesté que no lo sé. Esa es la verdad. Realmente
vivo en un universo imaginario y paralelo, el mío propio y lo sencillo para mí es escribirlo, porque es como mi lenguaje natural.
Mi estado original es como si me hubieran rociado con polvo
de hadas. Vivo en un permanente estado de enamoramiento, enamorada de la vida y
de todo. Las cosas me parecen bellas, sublimes y en ocasiones inabarcables.
Permanezco asentada en una nube permanente. Por lo tanto lo
único sólido para mí son las nubes. Es mi hábitat y mi campo de visión. Matizado,
eso sí, con una paleta etérea de múltiples colores donde los grises no tienen
cabida.
Las palabras me llegan en cataratas de susurros, donde de pronto
la magia me invade y me pongo a escupir lo que siento. No hay truco. Es mi
forma de ser. Es como el que es cantante, que se pasa el día cantando y entonando.
A veces mis manos no son tan rápidas como mi mente y eso me frustra.
El universo mental es mucho más instantáneo. Si lo piensas, existe en ti, mientras
que en el universo material tarda más en manifestarse. Lo difícil de las
palabras es abarcar lo inefable y para eso estamos aquí sus amantes. O al menos lo intentamos.
Al mismo tiempo, debido a ese carácter alcista, las
decepciones son asiduas a mi existencia. Me caigo mucho pero me vuelvo a
levantar como si reiniciara otra vez todo. Caer y vuelta a empezar. Es mi forma
de reiniciarme, resetearme y de volverme a inventar. Como decía Fito y los
Fitipaldis en su canción “Acabo de llegar”: “Dejadme nacer, que me tengo
que inventar”.
“Todo el mundo es un genio, pero si juzgas a un pez por
su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil.”
Cada vez que me doy cuenta de que me estoy hablando mal, inmediatamente
intento frenar ese diálogo interno y recordar la imagen de mí misma de cuando
era un bebé.
Nunca le hablaría mal ni a ese bebé ni a ningún niño. Por lo
tanto, si me hablo mal a mí, le estoy hablando mal a ese bebé, porque soy la
misma persona aunque unos cuantos (muchos) años después, jiji.
No debemos hablarnos mal ni auto flagelarnos pues nunca lo
haríamos con ese bebé que fuimos. Este pensamiento trae paz inmediata. Es
instantáneo y muy efectivo.
Hay que recordar siempre y repetirse como un mantra pero integrándolo
de forma genuina, que ocurra lo que ocurra, me trataré bien y que en nuestro
interior, siempre habrá paz.
Cada uno de nosotros somos lo más importante de nuestras
vidas. No hablarnos mal y no juzgarnos es el comienzo de una práctica bondadosa
hacia nosotros.
El hablarse bien es una muestra de amor, tal y como lo hacemos
con los demás. Hay que hacernos responsables de ello, pues nos otorga poder y
nos saca del victimismo.
El mismo amor que vamos a compartir es el que debemos
utilizar para con nosotros primero. Ya todos sabemos que de donde no hay, no se
puede sacar.
Seamos buenos con nosotros mismos como lo seríamos con la
persona a la que más queremos. No nos hagamos más auto sabotajes. Podemos ser
nuestro mayor enemigo y los únicos que nos marcamos límites a nosotros mismos. Dejemos
de autocriticarnos tanto. Yo como buena Virgo, tengo la necesidad de aprender a
no hacerlo. Pero me esfuerzo en conseguirlo.
En el momento en que me di cuenta de este hecho, el amor
hacia mí misma se desarrolló. No todos nos amamos desde que nos conocemos,
algunos lo hemos ido aprendiendo por el camino. A mí, en particular me ha
llevado toda una vida aprenderlo, por eso me gusta cumplir años. Porque cada
año aprendo a amarme y a amar mejor a los demás.
Las únicas limitaciones son nuestras creencias sobre
nosotros mismos y a veces, somos como ese elefante que sigue atado a un palito
pensando que no puede moverse de allí, porque de pequeño le ataron y no podía
moverse, y se cree que ya de mayor no es suficiente fuerte como para romperlo. Aún
no se ha dado cuenta de su verdadera fuerza y poder.
Por si le sirve a alguien, yo me suelo repetir la siguiente
frase: “Que yo esté bien, que yo esté feliz y que yo esté en paz”. Esta
frase es sacada de una historia que le contó Buda a sus discípulos y que voy a
contar ahora.
Se trata de “la práctica de la Bondad amorosa”, basada en cuidar
y amar, comenzando con uno mismo. Nos ayuda a practicar el amor incondicional
activamente a todos los seres, empezando, repito, por uno mismo.
En una ocasión, Buda mandó a sus discípulos a meditar en el bosque,
pero cuando sus discípulos fueron, había allí espíritus que les molestaban y no
conseguían meditar. Cuando volvieron, le contaron a Buda lo que les había pasado
y que tenían miedo. Buda les enseñó que cuando fueran molestados, les
dijeran la siguiente frase: “Que estéis bien, que estés felices y que estéis en
paz”. Así que los discípulos hicieron tal y como les había dicho el Buda y desde
entonces, aquellos espíritus les ayudaban e incluso desarrollaron una relación
amistosa con ellos. La situación se había solucionado.
Esta práctica se
puede realizar tanto con personas difíciles, como con nosotros mismos. No hace falta
verbalizarlo en alto, se puede decir mentalmente, y el resultado es automático.
Se trata de una práctica que he aprendido en el precioso
curso que he realizado de “Acompañamiento en paliativos” y que me ha servido de
mucho a todos los niveles. He aprendido una barbaridad y me ha hecho muy feliz.
Lo he disfrutado muchísimo.
Así que, tal y como dice la famosa frase “si tú cambias todo
cambia”, el tratarse bien a uno mismo, es el inicio de ese cambio.
Que haya paz, felicidad y amor en todos :) ¡Abrazón!
“La amistad es la joya más preciada en el cofre de las
relaciones humanas, tenerla es un privilegio.” (Jess. C. Scott)
“La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un
corazón que habita en dos almas”. (Aristóteles)
He pasado un fin de semana increíble y divertidísimo con amigos.
Uno de mis mejores amigos que vive en Milán, ha venido a visitarme y hemos sido
muy felices pasando tiempo juntos y de calidad. Cada vez que nos vemos, nos morimos
de la risa y las carcajadas están aseguradas. Casi no he dormido nada, pero ha merecido la pena. Lo hemos pasado genial todos los que nos hemos juntado. Sin duda, he ganado años de vida.
Poco se habla de la amistad, así en general. Para mí forma
parte de uno de los pilares de mi vida, está entre mis valores personales y le
doy mucha importancia. Se da todo el enfoque y la atención a la pareja y a
los hijos, pero no a las amistades, que están infravaloradas.
Las verdaderas amistades, son uno de los focos de felicidad
más importantes que existen. Compartir la vida con amigos, es uno de los
mayores placeres de la vida. Los buenos amigos favorecen incluso a la salud y la
alegría en el alma. La lealtad, el apoyo mutuo, el respeto, la tolerancia, el
no juicio, cultivar todo esto nos hace mejores. Es otra de las manifestaciones
del amor.
Regalarse conversaciones, risas, escuchar y ser escuchado, ofrecerse
apoyo incondicional, todo esto crea vínculos fuertes que nos hacen sentirnos
bien y satisfechos.
Lo más importante son las personas a las que amamos, el
amor que ofrecemos y recibimos y en ese círculo, entran los amigos de verdad. La
familia que se elige.
Aquellos que defienden tu nombre cuando no estás. Los que
te quieren y te lo demuestran. Los que están contigo en los buenos y en los
malos momentos. Esa es la verdadera riqueza.