"Mi religión es simple, mi religión es la amabilidad." (Dalai Lama)
"Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en los corazones humanos." (Albert Einstein)
Desde que tengo uso de conciencia, tengo la sensación de
saber en mi fuero interno que Dios existe. De sentirme acompañada y de percibir
que está conmigo siempre. Me refiero a cuando era muy pequeña, quizá con 4 ó 5
años. Recuerdo tener la total certeza de este hecho y de incluso dirigirme
hacia él, hablándole, sabiendo que me escuchaba.
A medida que fui creciendo no he perdido esa sensación, sino
todo lo contrario. Es algo con lo que camino todos los días de mi vida y en lo que
pongo mi foco porque es lo que verdaderamente me importa en esta vida. Pero
debido a esto, he tenido algunos “incidentes” puntuales, por llamarlo así.
Personas que
no entendían que tuviera tan desarrollado la parte espiritual, discusiones con
parejas que eran ateos, personas religiosas que no concebían mi forma de creer
en Dios, profesores que me ponían en evidencia delante de los demás, juicios a mi
inteligencia o burlas por mi credulidad. Sin embargo grandes personalidades tanto
de la ciencia como de la cultura han creído en Dios: Albert Einstein, Isaac Newton,
Kepler, Descartes, Antonio Machado, Walt Whitman, San Agustín, San Juan de la
Cruz, Spinoza, Mendel, Galileo, Michael Jackson, Ayrton Senna, Facundo Cabral… por citar algunos.
Desde pequeña tenía mi propia
versión de lo que es Dios. Le sentía como el amor más cálido y reconfortante
que existe y no como un Dios castigador que se enfadaba por los errores humanos
y nos enviaba al infierno tal y como predicaba la iglesia católica. A los 9
años, recuerdo estar en clase y que la profesora preguntara a todos si creíamos
en Dios, así que yo alcé la mano para pronunciar una frase que le enfadó
tremendamente. Dije: “En realidad, para mí todos somos dioses”. Y me expliqué.
Me refería a que Dios vivía en todos y cada uno de nosotros y que al estar en
nosotros y ser sus hijos, teníamos los mismos dones que él, porque también éramos
creadores, de forma que los seres humanos no éramos marionetas de la apetencia
divina, sino seres poderosos que teníamos que reclamar esa divinidad que residía
en nosotros. La profesora no sabía dónde meterse, se tiró días sin hablarme y
mis compañeros no tenían ni pajolera idea de lo que acababa de decir, así que
se olvidaron al instante.
Años más tarde, estando en el instituto, una profesora de
filosofía que ese día no estaba por la labor de trabajar preguntó con sorna
quién creía en Dios. Yo nunca he escondido mis creencias, porque me parece una
falta de coherencia creer en Dios y ocultarlo, así que de nuevo, alcé la mano.
Solo una persona más y yo la levantamos. Estoy segura de que muchos no se atrevieron
a decir que creían en Dios aunque así fuera, para evitarse el mal trago que
les iba a hacer pasar la profesora. Y eso fue lo que ocurrió conmigo. Me puso
en evidencia delante de todos durante la hora que duró la clase y me pidió que
hiciera el ridículo representando una especie de obra de teatro. Para su asombro, representé la obra bien y se llevó un buen
chasco porque todos me aplaudieron. No sabía que amo la interpretación, aunque quizá
fue la ayuda divina que me echó un cable.
A lo largo de mi vida he tenido múltiples evidencias del
mundo espiritual. Me han pasado muchos sucesos paranormales y otros tantos que
podemos catalogar como milagrosos. Actualmente, no puedo decir que creo en
Dios, sino que sé que existe. Hace unos meses se lo contaba a una amiga escéptica.
Le pregunté si había estado en Nueva York y ella contestó que no. Y le dije, “¿pero
tú sabes que Nueva York existe aunque no hayas estado allí?” sonrió y me
dijo que sí. Eso mismo sucede con Dios. No creo que Nueva York exista, sé que
existe (además he tenido la fortuna de conocer la ciudad). Así como no vemos el
oxígeno que respiramos, o las ondas eléctricas que nos rodean, las bacterias o los microorganismos, o el amor que
profesamos a nuestros seres queridos, no quiere decir que no existan. Existen,
solo que no los percibimos con nuestros sentidos físicos. Por lo tanto, sé que existen.
Siempre he tenido una sed inabarcable de conocer la
verdad y solo las religiones responden a estas cuestiones profundas. Ello me ha
llevado a tener la inquietud de aprender e investigar sobre otras culturas y religiones
para saber cuál podría ser el nexo de todas ellas y así sacar alguna conclusión que me llevara a responder a mis preguntas. He aprendido mucho durante
el proceso y me he llevado algo de cada una. Los indios Hopi, los mayas, la
religión católica, protestante, musulmana, la cultura védica de la India,
el hinduismo, el budismo, La Cábala… de todas he sacado algo valioso y me han aportado
conocimiento. También me han llevado a la confusión y por ello, me he dado
cuenta de que el acceso hacia la divinidad está dentro de cada uno. El
corazón es la fuente de ese acceso. Y Jesús, es el camino directo.
Por último, quería compartir lo importante que ha sido para
mí en periodos específicos de mi vida en los que he atravesado momentos difíciles,
el aferrarme a Dios y en confiar en él. Orar y rezar tiene un gran poder. No sabemos cuánto.
Para mí, los salmos más poderosos de la Biblia son los Salmos
23 y 91. Son las dos oraciones más potentes que hay. Os los recomiendo para
cualquier situación difícil. Cuando estuve muy malita en 2020, (desde
marzo hasta finales de mayo) la vida me presentó la oportunidad de encarar mis
mayores miedos (a la muerte, la de mis seres queridos, a la enfermedad,
a morir sola y a la soledad) Cada día, recitaba el Salmo 23 de la Biblia. Me lo
aprendí de memoria de tanto repetirlo. Y no solo fue mi consuelo, sino que me sucedieron
tantos fenómenos milagrosos, que tengo la seguridad de que fui asistida y
ayudada para atravesar ese proceso. Tanto es así, que gracias a esa prueba,
puedo decir que he trascendido esos miedos y que he crecido exponencialmente en
ese sentido. Me sucedieron los eventos más bellos de mi vida durante el periodo
más duro. Todo tiene una razón y un sentido aunque en el momento no lo veamos.
También tengo una anécdota con el Salmo 91. Del otro día sin
ir más lejos. Me sucedió algo que nunca me había pasado: tuve un terror
nocturno. Me desperté sudando, con el corazón a mil pulsaciones y gritando con
toda la intensidad posible. (Estoy viviendo momentos de estrés altos y entiendo
que debió de manifestarse de ese modo) No voy a contar lo que vi en ese terror, pero ha sido lo más
terrorífico que he vivido. Al despertarme, y ser tranquilizada por Alber,
mi pareja, me puse a rezar y a pedir la asistencia de Jesús y del Arcángel San
Miguel (conocido por ser el guerrero celestial y capaz de cortar con su espada
azul de fuego, toda energía o presencia negativa). Enseguida me relajé y gracias a Dios (nunca mejor dicho) no me ha vuelto a suceder. Pero lo mejor de todo, y por eso es por lo que cuento esta
historia, es que esa misma noche, antes de volver a quedarme dormida, estaba entretenida
mirando Instagram y justo me apareció un “reel” en el que un hombre hablaba del
Salmo 91. Así que busqué en internet el Salmo (hacía años lo había leído pero
no lo recordaba) y cuál fue mi sorpresa, cuando en uno de sus versos decía que si
confío en Dios, “no temerás a los terrores nocturnos”. Otra prueba irrefutable
para mí de que Dios siempre ayuda y asiste en cuanto se le pide. ¿Coincidencia? hay una probabilidad muy baja de que así fuera. A las coincidencias yo las llamo "diosidencias", me parece un término más acertado :P
No sé explicar con rigor científico qué es Dios. Aunque estoy segura que en algún momento lleguemos como sociedad a ese punto. Se le han
dado muchos nombres a lo largo de la historia, así como diferentes características
y atributos. Pero lo que sí sé es que vivimos en él y a través de él. Es como
el pez que se pregunta dónde está el agua, cuando vive en ella pero no la ve. Es
la causa primera, la conciencia primigenia y cuántica, el amor más puro, la luz
más prístina, el alfa y el omega, el Todo. Vivimos en un cuerpo físico que tiene una mente y nos
creemos que solo somos eso, cuando en realidad somos conciencia y alma que se
experimenta a sí misma en este traje que es lo que dejamos cuando retornamos a
casa. Somos seres espirituales teniendo una experiencia física, así que, hagamos que valga la pena.
“No me siento particularmente orgulloso de mí mismo.
Pero cuando camino solo por el bosque o me acuesto en los prados, todo está bien.”
(Franz Kafka)
Ayer fue el día internacional de las montañas. Las montañas
tienen ese mágico poder de hacerte sentir bien inmediatamente. No solo son un
remanso de paz donde olvidarse del mundanal ruido en el que estamos inmersos y acostumbrados
a vivir, sino que es un lugar que relaja de forma instantánea aportando otra
perspectiva.
Es cierto que requieren el esfuerzo físico para poder acceder a
ellas a través de la ruta que te lleve a conseguir las mejores vistas, pero una
vez logrado, merece la pena y la recompensa reconforta el alma como pocas cosas
lo hacen. No pain, no gain!
Allí arriba se acaban todas las tonterías relacionadas con
las ciudades. La identidad asociada al ego, la forma en la que nos vemos a
nosotros mismos, los juicios que emitimos tanto a nosotros como a las situaciones
y a los demás… pues todos, todos somos iguales en las alturas. Allí todos son montañeros practicando el compañerismo,
con el único objetivo de ayudarnos unos a otros para lograr que todos lleguemos
a la cima. Sin importar nada más. Es un sitio donde sientes que conectas con
las personas de forma genuina, porque su atención en ese lugar no está en las preocupaciones
mundanas, sino en otros menesteres de supervivencia.
La montaña y la naturaleza en general, nos ofrece ese regalo
que todos podemos disfrutar. Es un gozo absoluto no solo para los sentidos,
sino para el espacio que ahonda dentro de nosotros, porque nos ayuda a volver al
corazón. El término recordar, proviene del latín “re-cordis”. En el que “re”
significa volver y “cordis” corazón, por lo que recordar significa volver
a pasar al corazón. Volver al corazón. Reconectar con nuestra verdadera
esencia, tanto tiempo olvidada en nuestro ajetreado día a día.
El corazón es el único órgano humano que emite señales
electromagnéticas. Es el camino directo que nos conecta con el universo. Sitios
como las montañas, te devuelven a ese lugar dentro de cada uno en los que
volvemos a recordar quiénes somos.
Tengo la inmensa fortuna de escaparme de vez en cuando con
mi pareja a recorrer las alturas y aunque él no es muy consciente de todo este tema profundo que acabo de comentar, al menos es un gran conocedor de todos los
peligros y el riesgo que conlleva la montaña. Además de ser un maravilloso capataz
con quien ir acompañado y de quien aprender mucho. De él he aprendido a tenerle
mucho respeto y a ser muy responsable con ella, entre otras muchas
cosas más. Por eso es conveniente ir siempre con personas bien preparadas que sepan
cómo desenvolverse en esos bellos y grandiosos lugares, porque pueden resultar muy
peligrosos. A quien le guste le aventura, como es mi caso, ese doble rasero de belleza y riesgo nos
atrae como un fuerte imán.
¡Un abracito, aventureros, y feliz día de las montañas!
“No hay prisa. No hay
necesidad de brillar. No es necesario ser nadie…salvo uno mismo.” (Virginia
Woolf)
¡Por fin Plutón ha entrado en
Acuario! ¡Estamos viviendo un momento histórico! El pasado 19 de noviembre,
Plutón ha entrado definitivamente en el grado 0 del signo de Acuario, después de haber estado entrando y
saliendo de Capricornio por los dos últimos años. Estará ahí por veinte años y
en esos veinte años que nos quedan por delante se esperan grandes cambios a todos los niveles.
Este tránsito cambiará el mundo
del modo en el que lo conocemos. Se producirán cambios radicales en las
estructuras de poder. Capricornio, que tiene que ver con las estructuras, con
las jerarquías, con el materialismo, ha pasado a mejor vida (ya era hora). Hemos
vivido la época que se puede resumir con la frase “tanto tienes, tanto vales”
y ahora entramos en una época completamente diferente en el que las ideas, el
idealismo, el humanismo y el conocimiento, tomarán el control. Será como volver
a una especie de era del Renacimiento. La
energía de Plutón tiene que ver con las transformaciones y renacimientos y la
energía de Acuario, con la disrupción de los sistemas tradicionales.
Se producirá la ruptura de
jerarquías obsoletas y un cambio de paradigma hacia la innovación, el colectivo
y la igualdad. Habrá más horizontalidad. Se producirán revoluciones
tecnológicas innovadoras que darán forma a nueva sociedad.
Acuario gobierna la tecnología y
Plutón las crisis, las transformaciones y el poder. Habrá innumerables avances
técnicos y tecnológicos, así como vanguardistas. La IA tomará el poder, las
energías renovables estarán a la orden del día, la exploración del espacio será
protagonista, así como la temática extraterrestre. Acuario rige todo lo que
tiene que ver con el espacio.
Va a haber una transformación en
la forma en la que vivimos e interactuamos. Acuario también puede ser un signo
frío que se centra en su individualidad. Esta cara de
la moneda, de forma negativa, puede suponer una menor interacción entre los
seres humanos y que esta interacción sea suplantada por las máquinas o la tecnología, con un correspondiente
auge e implementación del teletrabajo, de relaciones a través de aparatos en
vez de personales, un aumento de la realidad virtual… esto es lo
que podríamos considerar como "la sombra de Acuario". La parte más oscura de un signo o la sombra, es la parte que refleja los aspectos negativos relacionados al mismo. De todos
modos, podemos colaborar para que esto no suceda. Sabiendo el riesgo, podemos
adelantarnos para aminorarlo.
También tiene que ver con un despertar
global de la humanidad y de la conciencia. Dando paso a una época de
espiritualidad, una época dorada de luz e inquietudes que van más allá de la banal cotidianidad. Esta era ampliará la expansión de la conciencia, la colaboración
y la unidad, empujando a la humanidad a resolver sus mayores conflictos juntos.
El foco cambiará de “yo” a “nosotros”, así como el nombre de este blog, creando
un mundo más interconectado y justo para todos en el que nadie sea mejor que nadie
o valga más que el resto.
Habrá un mayor aumento de la
libertad individual y autenticidad de las personas. Por eso he añadido la cita
de Virginia Woolf al comienzo de este texto. Nos atreveremos a ser nosotros mismos
sin tapujos y mostrando lo que nos hace únicos. El verdadero éxito no son las
posesiones materiales, sino ser nosotros mismos, atrevernos a mostraros tal y
como somos, enseñando al mundo lo que nos hace únicos. Plutón en Acuario
animará a la gente a romper patrones y formas de comportamiento obsoletas y
romper las expectativas sociales para abrazar nuestra verdadera identidad.
Llegará una ola de empoderamiento personal y creatividad así como de originalidad.
Sin embargo, no estaremos exentos de revoluciones en los próximos tiempos. Si tenemos en
cuenta que la Revolución francesa se fraguó con la misma posición de Plutón en Acuario, nos podemos
imaginar o hacer una idea de lo que puede llegar a ocurrir. Los movimientos
sociales aumentarán así como las revoluciones para conseguir esa igualdad y
justicia para todos. Este tránsito trae cambios en los derechos humanos y
distribución de los recursos. Nuevas formas de gobernar aparecerán beneficiando
al colectivo.
Como habéis comprobado, tengo grandes esperanzas depositadas en los años venideros. El entusiasmo y la capacidad de soñar que me caracterizan, se han apoderado un poco de mí y espero poder compartir esa ilusión con vosotros. Creo que entramos en una época
luminosa en la que los valores humanos volverán a ser más importantes que los
bienes materiales. No todo va a ser de color de rosa, evidentemente, pues para
que surjan nuevos modelos deben derribarse los antiguos, y quizá al comienzo se
produzca caos e incertidumbre asociado a ello, pero si sabemos centrarnos en nuestro corazón y
confiar, todo se solucionará hacia nuestro mayor bien. Confiemos y colaboremos en la elaboración de una nueva humanidad y de un mejor mundo para todos. Es posible hacerlo.
“Por eso tengo en tan alta estima dos pequeñas
palabras: “no sé”. Pequeñas pero con potentes alas. Que nos ensanchan los
horizontes hacia territorios que se sitúan dentro de nosotros mismos y hacia
extensiones en las que cuelga nuestra menguada tierra. Si Isaac Newton no se
hubiera dicho “no sé”, las manzanas del jardín hubieran podido caer ante sus
ojos como granizo y él, en el mejor de los casos, se habría inclinado a
recogerlas para comérselas con apetito. Si mi compatriota Maria
Sklodowska-Curie no se hubiese dicho “no sé”, probablemente se hubiera
convertido en profesora de química en un pensionado de señoritas de buena
familia y en este trabajo, por otra parte respetable, habría transcurrido su
vida. Pero ella se dijo “no sé”, y fueron exactamente estas dos palabras las
que la condujeron, y no una sino dos veces, a Estocolmo, donde se galardona con
el Premio Nobel a las personas de espíritu inquieto en constante búsqueda. Asimismo,
el poeta, si es un poeta de verdad, tiene que repetir sin descanso “no
sé”.En cada poema intenta dar una
respuesta pero, no bien ha puesto el último punto, ya le invade la duda, ya
empieza a darse cuenta de que se trata de una respuesta temporal y
absolutamente insuficiente. Así pues lo intenta otra vez, y otra, y más tarde
estas pruebas consecutivas de su descontento con respecto a sí mismo los
historiadores de literatura las sujetarán con un clip muy grande y las
denominarán sus “logros”.”
(1996, Wislawa Szymborska)
Para el filósofo inglés Hobbes, el hombre era malo por
naturaleza. Él abogaba por la idea de que el ser humano necesita para poder convivir
una figura autoritaria, una especie de estado, que controle su impulso egoísta
y agresivo. Sin embargo, el también filósofo y escritor, Jean-Jacques Rousseau,
(con quien comparto pensamiento) decía todo lo contrario, que el hombre es
bueno por naturaleza. Porque si alguien ve a otro sufriendo, siente una
inclinación natural a auxiliar y que lo que hace malo al ser humano y despierta
su agresividad, es la propiedad. Porque ello conlleva a la competencia, la
envidia y la agresividad. Esto último no lo comparto. Todo sea dicho.
No obstante, me inclino en que la bondad es inherente al ser
humano. Nos han enseñado ideas de que el mal está en el hombre. Pero está tanto
el mal como el bien. Creo que nada es blanco o negro. Que dentro de nosotros
tenemos el potencial de la bondad y de la maldad. Es una elección personal, como
todo en nuestras vidas. Se trata sobre en qué lado nos posicionamos. Incluso la
mayoría de las personas que cometen actos malos son conscientes de ellos y se
arrepienten en algún momento. Tenemos dentro de nosotros un conocimiento intrínseco
que nos hace distinguir entre la bondad y el mal, y creo que si fuéramos solo
malos, no lo tendríamos. Hasta la persona más mala, ama a alguien o a algo. El mal es la ausencia de amor. Así como el frío es la
ausencia de calor.
En estas situaciones,
como lo que estamos viendo con la catástrofe de Valencia, es un ejemplo de ello.
De cómo el pueblo y sus ciudadanos se ayudan unos a otros y han sido los verdaderos
héroes demostrando una increíble capacidad de altruismo y cooperación. Y también
como en este caso, el Estado ha sido quien no ha cooperado con la catástrofe como debe (ni de izquierdas ni de derechas, ambos han demostrado velar solo por sus propios intereses) contradiciendo a Hobbes y confirmando lo que
la Madre María Teresa de Calcuta decía, que por cada acto de maldad, hay cien
actos de amor. Lo que pasa, es que el mal hace más ruido. La bondad y el amor
son silenciosos. Lo que predomina es la bondad, la ayuda, el altruismo, la
cooperación y la generosidad.
Todo el mundo quiere que le vaya bien a los demás. Todos
queremos paz y prosperidad para nuestros semejantes y sufrimos con las calamidades y malas noticias. Si hay alguien que no lo desea, es porque no está bien
en su interior y algo le atormenta, pero la inmensa mayoría desea la felicidad
y bienestar para todos.
Que no nos engañen. Estamos en una época de luz y de
despertar de la humanidad. Si no hubiera tanta luz, no saldría toda la porquería
y suciedad que está saliendo a la luz ahora (corrupción, escándalos sexuales,
abusos de poder…y no solo en España sino a nivel internacional) Solo cuando
tienes luz en el salón, puedes ver la suciedad que hay debajo del sofá para
poder limpiarla. Sin luz no se ve y ahí sigue sin limpiarse porque como no lo
ves, crees que no está. Solo la luz, la bondad, el perdón y el amor, pueden limpiar.
Tengamos fe y esperanza siempre. Somos amor, solo que hay personas
que lo han olvidado.
Las dos fuerzas más importantes
que existen son dos: el amor y el perdón. No hay nada más fuerte ni que se le asemeje.Y las llevamos marcadas en
nuestro ADN.
Gandhi decía: “Sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.
Ojito con la profundidad de esta frase...
He aprendido mucho en referencia a
esto. Ahora, cuando veo algo que no me gusta o que me desestabiliza de otra
persona, en vez de ponerme en modo de víctima y echarle la culpa al otro, pongo
mi atención en mí y no en esa persona. Es mi responsabilidad cómo me tomo las
cosas. Es también lo que demuestra el grado de evolución que tengo como almita
y de madurez como ser humano. En quien me aflige, no pienso más, sino enviarle amor. Solo está representando un papel para traerme luz en
algún aspecto de mi ser que no había visto o del que no era consciente.
Hago un ejercicio de introspección y me pregunto qué hay en
mí que proyecta eso que no me gusta. Es increíble lo revelador de esta técnica.
Y lo mejor de todo, es que cuando me hago consciente de ello, todo encaja
perfectamente y la situación se resuelve. La persona cambia totalmente. Pero el
cambio no es desde afuera, exigiendo, cabreándonos, reclamando y apuntando con
el dedo acusador. Si te sanas tú, elevas tu frecuencia y por ende, se resuelve
todo hacia el mayor bien de todos los implicados.Que sí, que la llave de todo está dentro de
nosotros y no es un cliché por más usada que esté esta frase.
Todo lo que traes a tu conciencia, dándote cuenta de ello,
te permite sanar. Comprendes qué hay en ti que ha atraído esta situación y las
cosas se solucionan. La magia empieza dentro de uno mismo. El cambio es desde dentro
de uno y todo lo externo, cambia por añadidura. Todo tiene una explicación aunque
la desconozcamos con nuestra mente racional. Por ejemplo, si tienes una pareja
que no se quiere comprometer, pregúntate si tú te comprometes contigo misma o
si es a ti a la que no le gusta comprometerse. Qué situaciones en tu familia o infancia has vivido para pensar que no eres merecedora de que alguien se comprometa
contigo. Ahí ya estás cambiando el foco de tu atención y poniendo cierta luz a
la situación.
También es importante saber que una vez descubres qué es y la
causa dentro de ti, entonces llega el momento del amor hacia uno mismo. De demostrar
una profunda compasión hacia nosotros sin juicio alguno, tal y como lo haríamos
con nuestros seres amados. Hemos obrado según lo que hemos vivido y aprendido.
Haciéndonos conscientes de esto, cambiamos y mejoramos.
En cuanto veo a una persona que aún actúa desde la reacción
y sin ningún tipo de conciencia, veo que la vida va a hacer con ellos lo que
quiera, que no van a tener cierto nivel de responsabilidad sobre lo que los
acontece y se van a perpetuar en el modo de existencia en el que se piensan que
todos conspiran en su contra y no es así. Sí podemos cambiar las cosas. Sí
somos poderosos. Para ello volvamos nuestra mirada hacia dentro. Desde allí,
todo se puede cambiar. No seamos marionetas de lo que nos acontece, seamos creadores. Seamos
conscientes. Sanemos. Cambiemos. Estamos aquí por alguna razón que aún nuestra mente
lógica desconoce, pero de la que estoy completamente segura es de que tiene que
ver con el amor.
No te quedes inmóvil al borde del camino
No congeles el júbilo, no quieras con desgana
No te salves ahora ni nunca, no te salves
No te llenes de calma
No reserves del mundo solo un rincón tranquilo
No dejes caer los párpados pesados como juicios
No te quedes sin labios, no te duermas sin sueño
No te pienses sin sangre, no te juzgues sin tiempo
Pero, si pese a todo no puedes evitarlo
Y congelas el júbilo y quieres con desgana
Y te salvas ahora y te llenas de calma
Y reservas del mundo solo un rincón tranquilo
Y dejas car los párpados pesados como juicios
Y te secas sin labios y te duermes sin sueño
Y te piensas sin sangre y te juzgas sin tiempo
Y te quedas inmóvil al borde del camino y te salvas
Entonces
No te quedes conmigo
(Mario Benedetti)
Aquí estamos los pocos que hemos venido a romper moldes,
prejuicios y estereotipos. Los que dudamos y lo clamamos en alto. Los que
hablamos de nuestros miedos y mostramos nuestras inseguridades. Los que
caminamos aunque esos miedos nos acompañen. Los que decimos lo
que pensamos y nos mostramos tal como somos. Los que enseñamos nuestras emociones y vulnerabilidad. Planteamos cuestiones y sugerimos nuevas
posibilidades.
Siempre ha habido dos tipos de personas, los que hacen y los que
observan lo que otros hacen.