sábado, 22 de junio de 2013

El valor de la elegancia

“El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste” (Honoré de Balzac).

Si hay algo que he buscado siempre y he valorado entre las personas que he conocido o en mí misma, ha sido  entre cosas, la elegancia. No soy la más adecuada para hablar sobre ello, pero me atrevo a hacerlo porque desde mi humilde opinión le atribuyo una gran importancia que quiero compartir. Todo ello lo hago desde mi punto de vista y según como yo la entiendo, por lo que pido encarecidamente que no se tome lo que digo a pies puntillas pues no soy ni mucho menos una experta en el tema, esta es mi simple opinión personal.

 La elegancia no es una doctrina que sigue la filosofía de los gurús de revistas de moda ni mucho menos, incluso si así se hiciera no serviría para nada, porque debe tener un sello personal único que se debe notar más allá de la vestimenta por cara o exclusiva que sea. Se trata más bien del acto más puro y afín con uno mismo que alguien puede manifestar a nivel exterior, pues es un simple reflejo de lo que hay en el interior de cada cual, una exteriorización de la delicadeza y gracia que todas las personas poseen pero que tan sólo unos pocos saben demostrarla y que es tan bello observar, porque la elegancia va de la mano de la belleza y el atractivo personal.

La elegancia tiene que ver con la actitud, con los comportamientos que se demuestran con compostura y que van más allá de un protocolo social aprendido. Por lo tanto, es un modo de ser y de estar armonioso, que se manifiesta mediante la nobleza de espíritu, la sencillez, el respeto a los demás, la naturalidad y el buen gusto.  Su opuesto sería lo cutre, zafio o lo vulgar. Todo lo obvio y desproporcionado es vulgar. La elegancia está más bien ligada con el término medio, el que tanto anhelan los budistas o con la proporción equilibrada que buscaban los griegos o con “la virtud”, a la que apelaba Sócrates. Tiene que ver con la medida justa, con la proporción correcta, ya sea en palabras, actitudes o aspecto físico.

Está compuesta de adaptabilidad, estética, buen gusto, sencillez y cultura (según mi opinión, repito). Adaptabilidad, o el saber estar, porque ser elegante es aquella persona capaz de adaptarse a cualquier circunstancia de forma armoniosa y de modo que aprenda de cada una de esas situaciones o circunstancias y deje una huella positiva allá por donde pase. Estética, tema con el que podría explayarme a nivel femenino, es la capacidad de sacarse partido de forma equilibrada. Tal y como dice la cita que encabeza este texto, sólo los que son elegantes logran hacerlo del modo correcto. Si una persona no tiene cultivado su interior y tiene un mal gusto estético, da igual que se vista con los mejores vestidos o prendas, porque no llegará a parecer distinguida. Para mí, lo principal a nivel estético para vestir en una mujer, (porque el tema masculino no lo domino tanto) es el cumplimiento de las tres “S”: Sofisticada, sexy y sencilla. En un mundo como el de hoy en día en el que ser mujer significa hacer un exhibicionismo del cuerpo a toda costa yo reniego y sin embargo apuesto por resaltar aquellos atributos de nuestra anatomía que nos hagan ser especiales, sin necesidad de enseñar. No hace falta tener una talla 36 para ser elegante vistiendo, hace falta saber combinar y saber sacarse partido de forma precisa. Conozco mujeres que en un alarde de autoestima, se enfundan en vestidos minúsculos que resaltan sus figuras redondeadas, adolescentes que acaban de descubrir la moda de los grandes almacenes y se convierten en “chonis” de barrio, o mujeres que creen que enseñar delantera es todo lo necesario para resultar atractivas, todo ello ocasiona un cierto ridículo. Cada uno tiene que descubrir cuál es su punto fuerte a nivel corporal y sacarle el debido partido, es así de sencillo. Hay que aceptarse tal y como uno es y reconocer nuestros puntos fuertes y débiles actuando en consecuencia. 
El buen gusto es un atributo que pocas personas practican. Buen gusto no significa estar rodeado de riqueza (vivienda, prendas, objetos…) sino discreción y belleza en el gusto. Menos, siempre es más. La pomposidad está reñida con el buen gusto.La sencillez, es difícil de conseguirla en un mundo en el que hay tanto de todo, las personas tendemos a acumular cosas, incluso a nivel del interior de la persona.  Acumulamos costumbres, formas de pensar, pero sobre todo, acumulamos ego. El ego no sirve para nada más que para perderse y no encontrarse. Ser sencillo es darle importancia a las cosas que de verdad la tienen. Ser llano y no sentirse superior a nadie. Tener una actitud humilde que siga el lema de que todos los seres humanos somos iguales sin importar ninguna condición. Significa aparcar el protagonismo y la soberbia, ser natural. 

Por último, la cultura es el ejercicio de la elegancia. Otorga conocimiento y da valor al arte. El arte es la expresión de la creación en las personas a la que atribuyo suma importancia. Todo aquello que haga que se nos encoja el alma, al mirarlo, al leerlo o al escucharlo,  provoca que lo queramos compartir con nuestros seres queridos porque nos ha hecho sentir bien y queremos que nuestros allegados también se sientan así. Por lo tanto, es un valor ligado a nuestra alma, y a nuestro intelecto, porque nos hace crecer y expandir nuestra mente. Es de vital importancia, no sólo a nivel personal, sino para el conjunto de la sociedad y por eso, tal y como está el actual panorama social en nuestro país en el que se están haciendo recortes en los ámbitos más importantes como son la educación, la sanidad o la cultura, deberíamos poner el grito en el cielo y frenar esta atrocidad, porque nos están privando de lo básico para que un ser humano se pueda desarrollar a todos los niveles. Es un suicidio colectivo privar a una sociedad de lo más importante, como decía Federico García Lorca en su discurso “Medio pan y un libro”: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos”.

Ante todo, quiero resaltar desde aquí, que el universo interior es lo más importante de la persona, por encima de su coche o de su armario y que ese universo abarca desde nuestras opiniones, nuestros criterios, hasta nuestros gustos. Mientras unos tienen pensamientos vulgares, chabacanos, groseros, a otros, sus pensamientos les llevan por ámbitos culturales y artísticos, presididos por la delicadeza y la finura de espíritu. Pensamos en función de lo que somos (elegantes o vulgares, lo siento pero así es) sin embargo, tenemos la capacidad para cambiarlo y mejorar. Podemos cambiar cómo somos si nos lo proponemos.

La elegancia siempre va unida a la sencillez, que no a la simpleza. Se trata de un acto afín con uno mismo que va desde adentro hacia afuera y que se nota sin necesidad de ser resaltado. Hay personas que por el simple hecho de estar a su lado, hacen que aprendas y que mejores, esas personas, suelen ser elegantes porque además suelen gozar de buen gusto estético, por lo que es un placer observarlas y estar con ellas. Espero que cultivéis vuestro interior, como yo lo intento leyendo, escuchando, aprendiendo, porque no es más que lo que los demás vamos a observar desde fuera. Os envío un abrazo inmenso y espero no haber resultado pedante.


Beatriz Casaus 2013 ©


sábado, 15 de junio de 2013

Pisar el suelo de las nubes

 Fragmento de una de las cartas que Néstor Paz le escribió cuando estaba en la selva a su mujer Cecilia: "Ninguna muerte es inútil si la ha precedido una vida dedicada a otros, una vida en que hemos buscado sentido y valores. Te beso tiernamente, te tomo entre mis brazos…".

"La mayoría de las personas buscan la experiencia de estar vivos, pero sólo unos pocos se atreven a buscar el sentido de la misma"(No sé exactamente quién lo dijo, pero era algo más o menos parecido y que guardo en mi memoria desde que lo oí...)


Pisar el suelo de las nubes

Varada a un destino ficticio,

velaba, sin ton ni son
por aquellos que aún lloraban
sin consuelo en el fragor de la batalla.
Ahora se le antojaban pequeños
los brazos que le dieron cobijo,
la querencia a la culpa
la tediosa inseguridad.
No los necesitaba más a su lado,
los había cambiado por el amor
que le susurraba amistosamente,
con un dulce lenguaje que llevaba
tatuado como himno en su alma.
Un vendaval se había desatado
desde su ventana
sin darla el tiempo preciso
para huir, desplegando la futilidad de unas alas
ancladas a la espalda,
como sus pensamientos lo estaban a su mente.
Se desató de lo conocido
y se desprendió del mayor peso 
para poder volar,
de sí misma.
Así, voló, voló como hacía ella en sus sueños,
de forma ineluctable,
emprendiendo un ascenso limpio, largo y recto
hasta llegar tan alto como las infinitas
connotaciones de una palabra pueden llegar.
Se estableció en las nubes,
que no eran escurridizas y etéreas
como durante tanto tiempo había creído,
sino contundentes y tan reales
como la luz o el silencio.
La piel del viento las daba forma.
Allí la justicia no se arrepentía
de sus decisiones,
ni la vida se resistía al giro
de las horas de la tierra.
Los sentimientos flotaban
y como no había nada,
tampoco había sombra.
Su efervescencia mística se hizo fuerte,
resultando rimbombante a un mundo
en el que entre suspiro y suspiro,
la gente envejecía.
Pronto el cielo no era oscuro
por las noches y florecían
las semillas más hermosas,
las de las ilusiones,
que se guardaban en el pecho
para que creciesen a sus anchas,
porque un corazón encomendado al amor
es más grande que cualquier otro,
y esperaría con la paciencia que queda
sin el paso del tiempo
hasta el día en el que todos pudieran
pisar ese mismo suelo,
o hasta que la mayoría aceptase
la realidad tal cual es,
una simple visión
desde donde uno elige estar.



Beatriz Casaus 2013 ©


martes, 28 de mayo de 2013

¿Por qué lo llaman amor cuando quiere decir apego?


“Aquel que mira hacia fuera, sueña, aquel que mira hacia dentro, despierta” (Carl Jung)



¿Por qué lo llaman amor cuando quiere decir apego?

No he nacido sólo para mimarte,
besarte, acariciarte.
Perderme en esa sensación fantasiosa
que aplasta mis sentidos por mis anhelos
y los mezcla de forma uniforme
para perder permanentemente
mi centro y mi identidad.
Aunque disfruto cuando lo hago
y tu placer se convierte en mi fruición,
no estoy aquí sólo para darte amor,
entiéndelo.
Mi gozo empieza por mi desarrollo.
No te quiero menos por saber quién soy,
lo hago más y mejor,
porque no te necesito,
como tú a mí tampoco.
Decidimos compartir nuestras vidas
nuestros sentimientos, 
de forma desapegada.
No estoy aquí para completarte,
no me impongas esa responsabilidad,
sino para enseñarte
lo que quiero mostrarte
y tú, 
enseñarme lo que necesito aprender.
Te dejaré libre para que respires
el oxígeno que te rodea
y tú me dejarás libre
para que pueda conocer
lo que existe a mi alrededor, 
tanto a ti,
como a otras personas más
que cumplan su rol para conmigo,
al igual que tú tendrás las tuyas.
No soy menos poeta o romántica
por darte el espacio específico que tienes.
Tu valor es inmenso, 
tal y como el mío lo es,
por eso respeto ambos.
Tú no me completas,
yo no te completo.
Los dos somos únicos y diferentes,
practicamos con nuestras diferencias
y por ellas nos admiramos.
No he nacido para darte placer,
aunque elijo dártelo,  
porque al dártelo a ti,
me lo doy también a mí.
Te quiero no como a un objeto
que cuando es nuevo y bonito se le aprecia.
Quiero a tu esencia, 
a tu interior,
a quien respira a través de tus pulmones,
a quien ve a través de tus ojos,
a las palabras que pronuncia tu boca.
Me siento afortunada y agradecida
porque cada día comparto,
porque cuando te miro,
te veo a ti, 
me veo a mí.
No vas delante,
caminamos al mismo ritmo
pero si te adelanto,
te enseño el atajo, 
o viceversa.
Soy lo que he aprendido,
y tú formas parte de esas lecciones.
Agradezco tu comprensión, tus manos, 
tus miradas.

Eres lo que eres
soy lo que soy
y me das gracias por las veces
que te doy la mano 
para que no te pierdas.

Es un lujo caminar a tu lado.

Te adoro,
pero te suelto 
y te dejo ir.
Ese es mi mayor regalo.


Beatriz Casaus 2013 ©




miércoles, 15 de mayo de 2013

Si me lo permites


“Una vez que alguien ha soñado un sueño,
ese sueño ya existe y no puede escapar a su propia existencia.

Pero si el que lo sueña no puede recordarlo,
¿qué pasa con él, a dónde va?



El sueño se va a vivir al país de Fantasía,
a un lugar muy profundo dentro de la Tierra.

Hay sueños olvidados,
todos almacenados en distintas capas.

Cuánto más profundo logres cavar,
más cerca estarás de él.

El país de Fantasía
se levanta sobre los sueños olvidados”

(Michael Ende, “The Neverending Story”)

La historia interminable fue uno de mis libros favoritos que leí cuando era pequeña, ni siquiera las quinientas y pico páginas lograron disuadirme de su lectura a mis 9 años de edad. Luego recuerdo que vi la película y que me gustó muchísimo y ahora años más tarde, recordándola, me doy cuenta de que es uno de esos cuentos que entretienen a los niños y que despiertan a los mayores. Hay un momento cuando el padre de Bastian, (el protagonista) le dice algo que a mí me produce la misma muerte lenta que a la emperatriz infantil: "Tú sabrás lo que te gusta o no, hijo, pero procura tener siempre los pies en el suelo. Deja de soñar despierto y empieza a ver las cosas como son de verdad”  Pero, ¿cómo son las cosas de verdad?, ¿qué es la verdad?, ¿la tuya o la mía? Como dijo Calderón de la Barca, "La vida es sueño, y los sueños, sueños son". Os reto a que dejéis de creer que ser realista es abandonar los sueños y alienarse para no resaltar del montón. El filósofo Krishnamurti ya decía en los años 70: "No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma". No perdáis la esperanza, ni dejéis de ser fieles a vosotros mismos como se nos intenta instaurar desde pequeños. De nuevo, haciendo analogía con “La historia interminable”, otro personaje del libro, el lobo G´mork, que persigue a Atreyu y está del lado de La Nada, le dice: 

-”Yo odio este mundo y por eso ayudo a La Nada.
- ¿Porqué?
-Porque las personas que no tienen ninguna esperanza son fáciles de dominar y quien tiene el dominio tiene el poder.
- ¿Quién eres en realidad?
-Soy el servidor del poder que surge tras la nada”.

El paro, la crisis y la desesperación que se nos infunde son la clave perfecta para instaurar un estado mental indefenso, apartarnos de nosotros mismos y ser fáciles de manipular. Soñad si queréis, sed originales si sabéis y nunca dejéis de tener esperanza J

Por último, os dejo con un poema creado por mí para dejaros con un buen sabor en la boca, o al menos, eso pretendo. Mil besitos a todos.


Si me lo permites

Permíteme convertirme en tus palabras
para nacer en tu garganta dulce,
ser pronunciado por tus labios mojados
y ver el mundo a través de tus ojos.

Permíteme ser el germen de tu inspiración
para vivir la realización de tus propios sueños
y experimentar la fantasía de tus manos.

Permíteme convertir este campo estéril y yermo
en un oasis donde crezca el amor,
para alimentar mi piel con tu sudor
y del cielo caigan pedazos de cenizas,
que yo fui.

¡Pero qué bonito estás cuando dices la verdad!,
se te hace ese hoyuelo que me evoca poesía
y el ombligo se me desata,
a sonrisas,
para volver a nacer en tus brazos.

Permíteme dejar esperanza
en este lodo fracasado
donde las arenas movedizas atrapan
y hunden,
por creer que olvidarse de soñar es maduro.

Permíteme que me desnude
como si no llevara ropa
para darte la llave de mis caderas
sin nombre
y déjame bautizarlas con el tuyo.

Quererte,
no es más que una pregunta
que respondo todos los días
afirmativamente.

Déjame prometerte una cosa,
si me lo permites,
vivirás en mí 
hasta que el último día se haga noche
o hasta que siempre,
deje de ser demasiado tiempo.

Beatriz Casaus 2013 ©




sábado, 11 de mayo de 2013

Mi estrella

“Si observas una persona realmente feliz, la encontrarás construyendo un barco, escribiendo una sinfonía, educando a sus hijos, plantando dalias en su jardín, o buscando huevos de dinosaurio en el desierto de Gobi. No la encontrarás buscando la felicidad como si fuera la cuenta de un collar que se ha deslizado bajo el radiador”. (W. Beran Wolfe)

Cómo va a ser tu día hoy  (Poesía de Mario Benedetti)


Esta mañana desperté emocionado 
con todas las cosas que tengo que hacer 
antes que el reloj sonara. 

Tengo responsabilidades que cumplir hoy. Soy importante. 
Mi trabajo es escoger qué clase de día voy a tener. 

Hoy puedo quejarme porque el día esta lluvioso 
o puedo dar gracias a Dios porque las plantas están siendo regadas. 

Hoy me puedo sentir triste porque no tengo más dinero 
o puedo estar contento que mis finanzas me empujan 
a planear mis compras con inteligencia. 

Hoy puedo quejarme de mi salud 
o puedo regocijarme de que estoy vivo. 

Hoy puedo lamentarme de todo 
lo que mis padres no me dieron mientras estaba creciendo 
o puedo sentirme agradecido de que me permitieran haber nacido. 

Hoy puedo llorar porque las rosas tienen espinas 
o puedo celebrar que las espinas tienen rosas. 

Hoy puedo autocompadecerme por no tener muchos amigos 
o puedo emocionarme y embarcarme en la aventura de descubrir nuevas relaciones. 

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a trabajar 
o puedo gritar de alegría porque tengo un trabajo. 

Hoy puedo quejarme porque tengo que ir a la escuela 
o puedo abrir mi mente enérgicamente 
y llenarla con nuevos y ricos conocimientos. 

Hoy puedo murmurar amargamente porque tengo que hacer las labores del hogar 
o puedo sentirme honrado porque tengo un techo para mi mente, cuerpo y alma. 

Hoy el día se presenta ante mi esperando a que yo le de forma y aquí estoy, 
soy el escultor. Lo que suceda hoy depende de mí, 
yo debo escoger qué tipo de día voy a tener. 

Que tengas un gran día... a menos que tengas otros planes.


(Mario Benedetti)





Este poema ha sido creado en recuerdo a la mujer más maravillosa del mundo, de la que tuve la inmensa suerte de que fuera mi abuela.


Mi estrella

Bajo sus manos esparce efluvios de savia,
por no saber que no es tarde nunca.
Pretende pronunciar retahílas de disculpas
a sus enemigos asteroides,
cuando se pierdan por el espacio.
Quien le dio la espalda ahora viene arrepentido,
pero para ella jamás es tarde.
Un susurro le cuenta historias mágicas
que avivan su curiosidad
de un lacónico mañana que se hace esperar,
como el horizonte esquivo
a lo lejos de su pueblo
que intenta agarrar sin éxito.
Es la estrella de las noches oscuras
en las que se cometen secretos a voces.
Se esconden caricias
como si fueran actos criminales,
mientras los actos criminales
se enaltecen en público.
Quien navega en alta mar reconoce
el rastro de su luz que les guía.
Su hermano sol emana
el protagonismo durante los días
abriendo pétalos con su despliegue de belleza,
mientras ella, humilde,
alumbra sin pretenderlo la sombra del cielo.
Desde allá a lo lejos muestra caminos
con su ejemplo,
que sólo los sabios conocen.
Marca la celeridad de la corriente en los ríos
con ternura, siempre con ternura,
para depositar los sedimentos inservibles
y convertir los desiertos en valles,
los reproches en halagos,
los errores en proezas.
Princesa de la noche que trae esperanza
con el mismo fuego que enciende la chispa en los ojos
de quienes cantan canciones,
como la luz que trae fortuna sembrando sonrisas.
Ha besado en la frente a mañanas, tardes, noches,
tantos equinoccios y solsticios
encadenada a su destino por eones de años.
Ofrece el mayor regalo de todos a quien le mira,
les presta atención con todo su cariño,
y reconoce su valor como astro.
Es la luz que hay detrás de la luz de su núcleo.
Puede caer en ignorancia
por desconocer el número exacto
de nubes a su alrededor,
tan sólo sabe que ellas también tienen su función.
No conoce la eternidad,
sólo sabe que es ahora.
Ha escuchado las quejas de la luna,
quien le envidia porque su luz depende del sol
y sólo tiene una cara bonita.
Pero ella no hace réplica,
la estrella sólo existe para brillar.
Según se mire,
allá donde esté habrá cielo que necesite abrazarla.
Ella siempre está jugando.
Ahora juega a ser recién nacida para no morir.
Estará sobre nosotros para no perderla de vista
y así,
yo nunca tendré que despedirme de ella.

Para ti, lala :)

Beatriz Casaus 2013 ©

jueves, 9 de mayo de 2013

Gracias, te amo, perdón.


Desde que practico el Ho´oponopono, puedo decir que mi vida ha cambiado a mejor. Para quien no sepa lo que es, se trata de un antiguo método hawaiano de curación que se basa en el perdón. 

Después de esta genial anécdota histórica del encuentro que tuvieron Alejandro Magno y el filósofo cínico Diógenes, que he querido compartir con vosotros, os he dejado mi particular visión de este método ancestral, que como todo lo que hago, primero he masticado y digerido por mí misma para sacar de ello mis propias conclusiones de modo que resuene conmigo misma si se diera el caso y como ha sido así, lo muestro por si a alguien también le pueda servir. 

Por último comentar que el vídeo que he adjuntado a este post es digno de ver. Os vais a quedar con la boca abierta por las preciosas imágenes que en él aparecen. Vivimos en un mundo precioso que hay que cuidar, espero que os guste y ¡os mando un fuerte abrazo!



Historia del filósofo Diógenes y Alejandro Magno

Al oír hablar sobre Diógenes, Alejandro Magno quiso conocerlo. Así que un día en que el filósofo estaba acostado tomando el sol, Alejandro se paró ante él. Diógenes se percató también de la presencia de aquel joven espléndido. Levantó la mano como comprobando que, efectivamente, el sol ya no se proyectaba sobre su cuerpo. Apartó la mano que se encontraba entre su rostro y el del extraño y se quedó mirándolo.
El joven se dio cuenta de que era su turno de hablar y pronunció:

- "Mi nombre es Alejandro El Grande”. Pronunció esto último poniendo cierto énfasis enaltecedor que parecía más bien aprendido.

- "Yo soy Diógenes el perro”

Hay quienes dicen que retó a Alejandro Magno con esta frase, pero es cierto también que en Corinto era conocido como Diógenes el perro. Alejandro Magno era conocido en la polis así como en toda la Magna Grecia.

A Diógenes no parecía importarle quien era, o quizá no lo sabía.

El emperador recuperó el turno:

- "He oído de ti Diógenes, de quienes te llaman perro y de quienes te llaman sabio. Me place que sepas que me encuentro entre los últimos y, aunque no comprenda del todo tu actitud hacia la vida, tu rechazo del hombre virtuoso, del hombre político, tengo que confesar que tu discurso me fascina".

Diógenes parecía no poner atención en lo que su interlocutor le comunicaba. Más bien comenzaba a mostrarse inquieto. Sus manos buscaban el sol que se colaba por el contorno de la figura de Alejandro Magno y cuando su mano entraba en contacto con el cálido fluir, se quedaba mirándola encantado.

- “Quería demostrarte mi admiración por ti", dijo el emperador. Y continuó: "Pídeme lo que tú quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombre más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar".

- “Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es ahora mismo, mi más grande deseo. No tengo ninguna otra necesidad y también es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción”.

Más tarde, Alejandro comentó a sus generales: "Si no hubiera nacido Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes."

(Sacado del blog: "cuentosqueyocuento.blogspot.com)


Gracias, te amo, perdón.

Mis tres palabras favoritas:
Gracias, te amo, perdón.

Gracias:
Date un paseo por el mundo y regocíjate al descubrir que todo lo que ves ahí fuera también está dentro de ti. ¿Qué hay en común en cada ser vivo? Justo eso, que está vivo, dentro de cada ser hay vida. Desde una simple hormiga, una flor y hasta un ser humano. Brindemos reverencia a la vida que habita dentro de cada ser. Para ello lo único que necesitas hacer es vivir y dejar vivir. Respetando. Así de sencillo y de complejo a la vez.

Te amo:
Como decía San Agustín: “Ama y haz lo que quieras” porque si amas de verdad, podrás hacer lo que quieras sin causar daño a nada ni a nadie y además serás feliz doblemente porque cuanto más das, más recibes. El verdadero amor consiste en reconocer al otro como si fueras tú mismo.

Perdón:
El perdón es el mejor instrumento para el amor. Como dice Paulo Coelho: “Perdonar significa aceptar las disculpas que nunca fueron pronunciadas”. Sólo se da desde el corazón de cada uno, es a nivel interno. No tiene nada que ver con decírselo a alguien de palabra, sino en sentirlo de verdad. Hay que perdonar no una vez, sino tantas veces como te hayan dañado, porque la mayoría de las veces las personas no son conscientes del daño ocasionado. El reto más grande es perdonar a quien sí ha sido consciente y lo ha hecho a propósito, este milagro no sólo concierne a grandes almas como Jesús, Teresa de Calcuta o Gandhi, que precisamente fueron grandes almas por practicar este perdón, sino que dentro de cada uno de nosotros también existe la capacidad de perdonarlo TODO. Jesús mismo decía: “Vosotros podéis hacer cosas como las que yo hago y aún superiores todavía” .Es cuestión de práctica, de ponerle mucha intención y de querer soltar, pues cuanto más perdonas, más te liberas y más te limpias a todos los niveles.

Beatriz Casaus 2013 ©



viernes, 26 de abril de 2013

Un hombre vale más que mil palabras

"La vida para mí, no es una vela que se apaga. Es más bien una espléndida antorcha que sostengo en mis manos durante un momento, y quiero que arda con la máxima claridad posible antes de entregarla a futuras generaciones." (George Bernard Shaw)

"A veces prefiero hablar con obreros y albañiles, que con esa gente estúpida que se hace llamar culta." (Frida Kahlo)

Esta mañana he sido testigo, como tantas otras veces que camino por el centro de Madrid, de un hecho que no por verlo a menudo adquiere menor importancia. Me refiero a la cantidad de indigentes, inmigrantes que piden limosna, personas que piden en el metro o de los "sin techo", que deambulan por las calles o acampan en alguna esquina provistos tan sólo de cartones, mantas, y en ocasiones tetrabricks de vino (lo que denota que tienen problemas de adicción, lo que no es razón de juicio sino de comprensión).

Ha sido una persona de entre todas ellas, un hombre de raza negra que vendía un periódico de beneficencia y que pedía atención mientras lloraba angustiado sin que nadie le hiciera caso, que me ha llevado a pararme un rato con él. Relatando esta anécdota me niego rotundamente a que se tenga una visión de mí como de "buena persona". Debería ser algo normal tener conciencia de los demás y sobre todo de estas personas desfavorecidas, en vez de sorprendernos cuando alguien se para y comparte un diálogo o limosna con alguien que tiene una enorme desazón porque está solo, lejos de su familia, en un país que se le presenta hostil, del que desconoce su lengua y en el que además malvive en condiciones insalubres. Cuento este hecho sólo para intentar difundir conciencia de la situación injusta en la que viven muchas personas, y para que no se las ignore. Vivimos en un mundo en el que la avaricia por consumir colma nuestras prioridades y nos hace seres egoístas e inconscientes de las necesidades primarias de otras personas que lo están pasando mal.

Pretendo que nos preguntemos cuál es la causa que provoca el sufrimiento de estas personas, no así que lo justifique, para que seamos críticos, y al menos de ese modo, nos volveremos más tolerantes, empáticos y sobre todo agradables con ellos, en vez de ignorarlos o de ponerles mala cara (esta mañana misma he visto eso de parte de unas señoras que vestían con marcas de diseño). Porque esa persona también podrías ser tú y porque todos merecemos unas condiciones dignas de vida.



Un hombre vale más que mil palabras

Como una brecha invisible en el cuerpo,
que abofeteará
con intención inocua de hacer daño.
Invisible atraviesas
cual espectro,
los ojos huecos
de quienes miran y no te ven.
Tal perversidad radica
en su establecimiento de prioridades:
primero prendas,
(estupidez disfrazada de apariencia),
luego clases sociales,
después títulos, objetos,
y al final personas,
pero sólo las que son iguales a ellos.
Sordos, que voluntariamente
no oyen llover.
Haré que el llanto
sea la lluvia de tu Guinea
para que así la escuchen,
y haré también que broten de tus ojos
flores y no más lágrimas.
¿Hechos a imagen y semejanza de Dios?
Dios no ignoraría la clemencia
a quien pide ayuda.
Todos creados iguales,
pero casi todos lo han olvidado.
Nadie, aquí eres nadie,
o tal vez igual
a quien dejó de ser alguien,
como un ángel que no sabe que ha caído.
Gracias por dejarme 
experimentar la hermosura
en tu piel, bella noche,
que es lo más parecido a la revolución
que he palpado.
En tus dientes de alabastro,
que provocan un diálogo
necesario con mi conciencia,
mientras tu mirada hurga
sin anestesia en el corazón,
mostrando un dolor de emergencia
que no es atendido.
Hacemos trueque de regalos,
yo te doy un papel sin valor
y tú me regalas una sonrisa,
como puertas que se abren 
de par en par,
y me das la mano.
Me imagino que tu familia
no querría esto para ti,
ni yo tampoco...
Eres, ¡sin duda lo más bonito que he visto!,
un simple hombre
desnudo de orgullo
pidiendo atención.
A quien el mundo desampara,
condenado a la imperceptibilidad
de una sociedad difunta,
vetado a ser feliz
por injustas prioridades.
¡Aquí no existes amigo!
Un gran hombre perdido,
un diamante encontrado.

Beatriz Casaus 2013 ©