viernes, 9 de agosto de 2013

Las dos caras de la luna


“No hay maquillaje en el mundo que pueda embellecer un corazón feo”. (Kevyn Aucoin)

“Los que te odian, son admiradores secretos que no entienden por qué tantos te aman”. (Paulo Coelho)
El siguiente artículo publicado en el periódico El PAÍS el pasado 31 de julio “Lápiz y papel, mercromina para las heridas” cita lo siguiente: “Un estudio de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, demuestra que expresar por escrito los sentimientos acelera el proceso de cicatrización” o, “la escritura sirve en ciertos momentos como terapia”. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/07/31/actualidad/1375306460_460795.html



Esta idea es algo que llevo largo tiempo defendiendo sin ningún estudio científico que lo avalara más que por mi propia experiencia e intuición al respecto. Escribir, ya sea de forma pública como es mediante la escritura de un blog, de redes sociales o de manera privada, a modo de diario o textos que nunca verán la luz, es la forma más sencilla e idónea, para plasmar pensamientos y emociones que de otro modo no saldrían de uno mismo y que una vez exteriorizados, se curan y se disuelven. Por ello mismo, me he puesto manos a la obra y he cogido lápiz y papel, o más bien me he plantado delante de una pantalla de ordenador desafiando una vez más a una hoja en blanco para soltar una injusticia que he padecido y que me ha hecho daño, pero de la que ahora me dispongo a liberar de una vez. Como bien decía Jung, La iluminación es traer la oscuridad a la luz”, todos tenemos una sombra o padecemos por algo en alguna ocasión, por ello el hecho de aceptarlo y de sacarlo, nos hace mucho bien y nos ayuda a seguir adelante dejándolo atrás, no sin antes habiéndolo reconocido para superarlo.
Disculpad mi honestidad, pero en este caso no espero que os guste lo que he escrito, no me gusta ni a mí, he escupido mucha bilis reprimida porque se trata de un ejercicio personal para soltar y liberarme que he querido colgar públicamente porque el compartirlo también es quizás, parte del proceso de curación. Eso sí, aprovecho para enviaros un cálido abrazo y daros las gracias por leerme. La próxima entrada prometo que os dejará un mejor sabor de boca :)
Todos tenemos algún asunto reprimido aunque no hablemos de ello y hoy, se trata de liberarlo. ¡Besitos!

 
Las dos caras de la luna

-(Aceptamos las cosas como vemos,
pero,
¿y si lo que vemos no fuera la realidad?
y si la luna,
¿no fuera la luna?)-
Sólo puedes brillar en la noche, luna, porque durante el día pasas inadvertida.
Fiel a tu naturaleza de impávida frialdad, con aire altivo te elevabas ante mí mostrando dádivas de envidia, afanada en representar la imagen impostora de dulzura femenina, de arquetipo de maternidad entrañable.
Un incendio se produjo en mi conciencia con tu mirada poseída en celos de fuego. Me incriminaste por algo de lo que no era culpable, pues en el amor no se es culpable, y sin entenderlo, callé mi inocencia.
Golpeó el abandono en tu orgullo, haciéndote caer hasta llegar a la ignominia.
Te hiciste enemiga en secreto del sol y durante milenios has perseguido su luz dorada que todo ilumina, su calidez honesta que regala con el brillo que sale de un corazón puro.
La soberbia pretendió captar el protagonismo y no aguantaste el segundo plano. Intentaste imitar sus rayos con atuendos que no lucías igual y con perfumes que taparan tu verdadera esencia gris. Pero nunca llegaste a parecerte a él.
Atrapada en la oscuridad de la noche, con pensamientos infectos provocaste violencia, partos, inundaciones y mareas, proyectando fuera lo que tenías dentro, sentimientos oscuros y un gran caos.
Con una cara, sonreíste delante de todos, pero una sonrisa no es una sonrisa si no tiene intención de serlo. Con otra cara, escondías las turbias miradas hacia mi persona.
La mayoría desconoce tus intenciones, que te sumergen en un mar profundo sin un timón que guíe las desidias de ilusiones zafias, excepto tus enemigos íntimos, quienes como yo, las hemos padecido y aguantado de forma estoica.
Sólo das una cara bonita y escondes la otra. Has engañado a muchos, pero resulta que yo soy lista y veo más allá de lo que mis ojos me permiten ver.
No eres una luna como las que tiene Júpiter. Ni tan siquiera creo que seas un satélite artificial, no me fío de ti. Más bien me pareces ficticia, como un trozo de metal gigante atrapado en nuestra órbita con intenciones desconocidas.
Ocultas tus verdaderas emociones, lo que considero lícito si no fuera porque ese amor idealizado, producto de ensoñaciones platónicas irreales, son la fábrica de odio y de celos que albergas hacia cualquier mujer que contemples como contrincante.
Odiar no es mi estilo, el tuyo sí, aunque lo hagas en silencio. Debe ser una condena ser así, vagando a la deriva del descontrol emocional y del rencor.
He sido engañada cada noche pensando que tu presencia provocaba romanticismo en los enamorados y evocaba sueños a los marineros.

Eres opaca y reflejas una luz que no es tuya. Ansío que el hombre vuelva a pisar tu tierra para poder por fin conocerte y desvelar tu cara sin rostro. Yo mientras estaré esperando el nadir en un nuevo día, resplandeciente de sol.
¿Un gesto tierno lo sigue siendo si se da sin amor? ¿Una sonrisa pierde su valor cuando esconde turbias intenciones o cuando se da sin ganas?¿Un apelativo cariñoso de alguien que te tiene rabia sigue teniendo validez?¿Y si la luna no fuera la luna? ¿Y si el sol la hubiera desterrado?¿Y si lo que parece bonito a simple vista, no lo es tanto en realidad? ¿Y si quien te muestra una cara gentil y sonriente hablase de ti a las espaldas?

Beatriz Casaus 2013 ©




 

sábado, 27 de julio de 2013

El sueño feliz

“Cada mañana es una buena noticia, cada niño que nace es una buena noticia, cada hombre justo es una buena noticia, cada cantor es una buena noticia, porque cada cantor, es un soldado menos. Todo esto y mucho más, lo aprendí de mi madre. Se llamaba Sara. La elegí como madre por la misma razón por la que Dios la eligió como hija. Nunca pudo aprender nada puesto que, cada vez que estaba por aprender, llegaba la felicidad y la distraía. Nunca usó agenda porque hacía sólo lo que amaba y eso, se lo recordaba el corazón. Se dedicó sólo a vivir y no le quedó tiempo para otra cosa.” (Facundo Cabral)


El sueño feliz

El sueño feliz es a lo único a lo que aspiro en esta vida. Se trata de vivir a gusto donde estoy, ahora mismo, en este preciso instante y sin preocuparme por nada, aún cuando mis circunstancias no sean las más idóneas o aunque sí lo sean. Es ese estado de satisfacción más allá de lo que uno tiene, más allá de la forma, porque no proviene de algo externo a mí, sino de dentro. De no identificarme con nada extrínseco, simplemente agradecerlo por estar ahí y de mirar hacia dentro, sonriendo.

El genial y tristemente desaparecido cantautor Facundo Cabral, cuenta la historia, cuando él estaba en la India, de un hombre mayor que vivía en una esquina de una calle que era como un basurero, donde también habían ratas y cucarachas. Él caminaba de vez en cuando por allí y aquel hombre siempre estaba sentado, tranquilo, contento y con una sonrisa. Facundo Cabral lo miraba, le saludaba y se iba. Un día, la curiosidad le llevó a hablar con aquel señor. Llevaba con él a dos personas más que eran traductores, y así comenzaron a hablar y a entenderse. Los traductores le presentaron a Facundo Cabral diciendo que era un músico importante y que viajaba por todo el mundo. El hombre se alegró de conocerle y siguió sonriendo. Entonces Facundo le preguntó: “Dentro de mi ignorancia, ¿le puedo hacer una pregunta?” El señor contestó: “Sí, ¿cómo no?” y le dijo: “De todas las partes del mundo en las que usted pudiese estar ahora mismo, ¿dónde le gustaría estar?” Y el hombre respondió con total rotundidad y siempre sonriendo: “Aquí”, de nuevo mientras sonreía. Facundo miró extrañado a su alrededor. No era precisamente un lugar bonito, incluso era sucio, por lo que Facundo le preguntó asombrado: “¿Por qué?” A lo que el hombre le dijo: “Porque aquí fue donde Dios me puso. ¿Qué otro mejor lugar que aquí?

Esta anécdota verídica, es el mayor ejemplo que puedo dar sobre qué es vivir el sueño feliz. Cuando llegamos a ese espacio, de no identificación con la forma que tenga nuestra vida, sino con un estado de paz y contento interior sin importar lo que haya a nuestra alrededor, es vivir el sueño feliz. Es a lo que aspiro cada día, y aunque aún no esté plenamente viviendo de esa manera, pongo todo mi esfuerzo en conseguirlo. Para ello, además de otras cosas, recurro a algo que no falla y que además tiene el poder mágico de que en cuanto se hace, te sientes inmediatamente bien. Se trata de dar las gracias. Además de ser una de mis palabras favoritas, tiene un efecto inmediato, como digo, por lo que animo a todos a que lo practiquéis a menudo. Me siento tremendamente afortunada y agradecida de estar viva y de todo lo que acontece en mi vida. El año pasado tomé una decisión acertada cuando decidí dejar Alemania y volver a Madrid. He vivido fuera de España, además de en Alemania en Estados Unidos y puedo decir totalmente con sinceridad que como aquí no se vive en ningún sitio. Soy una persona que me encanta viajar y conocer mundo pero cuando se está fuera, se echa mucho de menos la tierra y sobre todo a su gente. Aquí no vivimos en tan buenas condiciones económicas como en otros países, pero yo no me muevo sólo por intereses lucrativos sino más bien por intereses del corazón. Sé apreciar lo bueno y aquí estoy rodeada de personas extraordinarias de las que tengo la inmensa suerte de que estén en mi vida porque en realidad, son lo más importante de ella y la hacen grande. 

Estoy agradecida a mis amigos por demostrarme que la amistad es el regalo más preciado que alguien puede conservar. Agradecida porque tengo el privilegio de que me quieran y apoyen, por su madurez, por darme ánimos cuando lo he necesitado y compartir momentos y charlas muy fructíferas. Agradecida a mi familia, por quererme de forma incondicional y haberme enseñado las lecciones más duras y relevantes y por estar ahí siempre. Agradecida a mi chico, por apoyarme, darme amor, hacerme reír, escucharme, demostrarme su apoyo y por hacer que todo tome un tinte mucho más bonito a su lado. Estoy agradecida también a la parte negativa que ha habido en mi vida porque han sido mis verdaderos maestros. Agradecida porque estoy liberada de todo mal, sé que el Universo siempre ve y escucha y pone a la gente en su lugar en su debido momento. Confío en la justicia divina y sé que todo el mal o los malos deseos que le envías o haces a alguien son devueltos tarde o temprano, así como el bien, por ello me esfuerzo en no ir jodiendo a nadie, sino al contrario. Ayudar es otra de mis palabras favoritas. Me siento agradecida por alejarme de las personas que viven presas de la envidia y los celos, porque su presencia es dañina y por enseñarme que son justo lo contrario de lo que quiero ser. Estoy agradecida porque mi vida no ha sido fácil, gracias a ello he adquirido mucha experiencia, una gran dosis de comprensión y empatía hacia otros y un gran crecimiento personal, por ello sé apreciar las cosas importantes y me intento mover por amor. Estoy agradecida a mi cuerpo, por estar sano y rebosante de energía y por funcionar correctamente para ayudarme a transitar por este mundo. Agradecida por rodearme de personas de buen corazón y bonitas inquietudes, de mujeres nobles que no compiten entre sí, sino que se ayudan y se dan cariño y de hombres legales con valores que demuestran con sus actos. Estoy agradecida porque he perdido cosas, ya que me enseñan que nada es permanente y doy inmenso valor cuando tengo algo, siendo consciente de que en realidad, nada me pertenece e intento vivir en un estado de desapego permanente (y esto no quiere decir no tener cariño a nada, sino todo lo contrario, amar desde la libertad). Estoy agradecida porque mi única intención es cada vez intentar parecerme más a lo que escribo. No estoy ni mucho menos en ese estado todo el tiempo, pero pongo todo mi esfuerzo y empeño en que así sea. Estoy agradecida por todos los momentos que he vivido y por todos los que me quedan aún por vivir y por elegir en cada momento, mirar las cosas desde un lado positivo. Estoy agradecida por todo y por no cansarme nunca de dar las gracias. Estoy agradecida porque sigo mi pasión  y agradecida a la gente que me lee, que me sigue y que me demuestra su cariño mediante comentarios o mensajes que me tocan muy dentro. Estoy agradecida por cada día, no importa si el tiempo es bueno o malo, cada día es único y una oportunidad más para poder practicar dar las gracias. Así que, muy buenos días y gracias a todo y a todos :) 

El sueño feliz

He vivido dormida en una ilusión,
y sólo cuando he despertado,
me he dado cuenta
que vivo un sueño feliz.

Sueño
que la mayor riqueza es la de la paz,
desde donde fluyen
todas las bendiciones.
Sueño,
que el mayor tesoro,
es un corazón
lleno de agradecimiento.
Sueño que el dinero
no es el dueño de las personas.
Sueño
que los hombres se dan la mano en fraternidad.
Sueño
que no soy la única que sueño.

Vivo mi sueño feliz
sólo cuando no duermo.


Beatriz Casaus 2013 ©

Os aliento encarecidamente a leer este artículo: http://elpais.com/elpais/2013/07/19/eps/1374258169_173683.html





domingo, 21 de julio de 2013

El whisky no sabe igual por la mañana

  El escritor ha sido, es y seguirá siendo un descontento. Nadie que esté satisfecho es capaz de escribir, nadie que esté de acuerdo, reconciliado con la realidad, cometería el ambicioso desatino de inventar realidades verbales. La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor. La literatura es una forma de insurrección permanente, y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasarán. La literatura puede morir pero no será nunca conformista”. (Vargas Llosa: “La literatura es fuego” – 1967).

En la mañana del 7 de febrero de 1931, unas horas antes de contraer matrimonio, Amelia Earhart, se sentó a escribir esta carta dirigida a su futuro esposo, George P. Putnam. Amelia era ya por aquel entonces un mito de la aventura, en 1927 se había convertido en la primera mujer que cruzaba el Atlántico en monoplano.Creo que esta es la carta de amor más hermosa, libre y valiente que he leído:
“Querido GPP,
Creo que debería dejar escritas algunas cosas antes de que nos casemos, aunque ya hayamos hablado muchas veces sobre ellas.Tengo que reiterarte mis dudas con respecto al matrimonio, mi sensación de renunciar a oportunidades en un trabajo que tanto significa para mí. Tengo la sensación de que casarme es una de las decisiones más estúpidas que jamás he tomado. Sé que habrá compesaciones, pero no puedo ocultarte mis dudas.Para nuestra vida en común quiero que comprendas que no estarás sometido a ningún código de fidelidad y que yo tampoco me considero atada a ti. Si somos honestos, podremos evitar las dificultades que surgirán si tú o yo nos enamoramos de otra persona.Por favor, no interferamos en el trabajo del otro, ni permitamos que el resto del mundo contemple nuestras alegrías o desacuerdos. En este sentido, voy a tener que mantener algún lugar donde pueda ser profundamente yo misma. No puedo soportar los confinamientos, por muy atractiva que sea la jaula.Debo exigirte una promesa cruel: que me dejarás marchar dentro de un año si no hemos encontrado la felicidad juntos.Voy a tratar de hacerlo lo mejor posible y ofrecerte esa parte de mí que conoces y que tanto quieres”.
A.E.
George y Amelia contrajeron matrimonio aquella misma tarde y permanecieron juntos hasta la trágica desaparición de Amelia en 1937, cuando intentaba circunnavegar la Tierra en monoplano. A continuación os dejo con un mini-relato escrito en primera persona, pero para que no haya equívocos, aclaro como tantas veces lo he hecho antes que sale de mi imaginación y que no es autobiográfico. Besitos a todos.


El whiskey no sabe igual por la mañana

Hay un hueco en el colchón que ha dejado un cuerpo ajeno al mío. Se ha dejado su aroma olvidado en la almohada y eso no se lo perdono. Ahora cada vez que me cambie de lado, tendré que recordar lo que era compartir mi lecho, o la necesidad de tener a alguien en quien apoyar la cabeza, tratando de buscar la ternura en lo que se tiene más a mano. Tenía una especie de vacío en su mirada que yo anhelaba completar, un desliz muy propio de alguien ilusa como yo que se enamora de tipos problemáticos. Es la primera vez en mucho tiempo que me gusta tanto un olor. Creo que me estoy volviendo adicta a la fragancia de un conocido que desconozco muy bien, tan adicta, como lo somos todos al sufrimiento, hasta que nos damos cuenta del error y nos volvemos adictos al placer, que también es otro error.
Voy a darme una ducha. Tengo la creencia o más bien la estúpida esperanza, de que cada vez que lo hago todo empieza de nuevo. Salgo como una persona nueva y renovada, aparte de oliendo mejor. A partir de hoy, y durante veintinueve días lo habré olvidado, lo sé. Pero aún es reciente y todo adquiere un halo melodramático exasperante, como si formara parte del elenco protagonista de Madame Butterfly. En un mismo mes, he perdido la salud y las llaves de mi casa. Son dos cosas demasiado relevantes como para olvidarse de ellas y de las que sólo te das cuenta de su importancia hasta que las pierdes. Cuando perdí lo primero pensé en mi orgullo, en su tamaño y en cómo reducir su diámetro para llamarle. Mi médico por su parte, me recomendó que empezara a hacer vida normal y yo le pregunté que qué era eso. Él se rió, pero yo lo preguntaba en serio. Supongo que se refería a dedicar las veinticuatro horas del día a vivir de un modo convencional. Desayunar, trabajar, comer, pasear, cenar, dormir… pero mi ciclo circadiano es opuesto. Salgo los lunes y martes por la noche, intento desayunar antes de acostarme y despertarme bebiendo, sin embargo no encaja bien. Nadie te vende un croissant recién horneado a partir de las ocho de la tarde y el whisky no sabe igual por la mañana.  
Han pasado treinta días y aquel conocido se ha transformado en desconocido y en el recuerdo de un mísero hueco del lado derecho de mi cama. Eso me hace preguntarme cómo me recordarán a mí. Pongo ahínco en que sea por mi interés en convertirme en palabras, en señalar emociones, en criticar injusticias y en vivir al revés de las agujas del reloj. Prefiero que se me recuerde así, que por una cavidad en la cama de alguien. Muchos pensarán que estoy majareta perdida, pero a mí me parece desoladora la alternativa.
Sigo sin encontrar mis llaves, pero he recobrado lo más importante, mi salud y la certeza de que al final los cuatro gatos que salimos los martes por la noche, perdemos las llaves de casa tarde o temprano y por eso habitamos las ajenas con mucha más facilidad.
  
Beatriz Casaus 2013 ©


sábado, 13 de julio de 2013

Habitar mi cuerpo

"Me gustaría que cada vida humana fuera libertad pura y transparente" (Simone de Beauvoir)

"No se nace mujer: llega una a serlo. Ningún destino biológico, físico o económico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; la civilización es quien elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica como femenino". (Simone de Beauvoir)

"Seré una de las pocas poetisas en el mundo completamente feliz de ser mujer, no una de esas amargadas y frustradas, retorcidas imitadoras de hombres, que en su mayoría acaban destrozadas". (Sylvia Plath)


Habitar mi cuerpo

He empezado a habitar mi cuerpo. Desde hoy. Ya basta de habitar cuerpos ajenos sin reconocer el mío primero. He mirado el reflejo de la mujer sin maquillaje que había delante de mí esta mañana frente al espejo, y al fin me he visto.

He empezado a habitar mi cuerpo comenzando por los dedos de los pies, hasta los orificios de la nariz, sin olvidarme de las durezas, granitos, estrías, lóbulos de las orejas, lunares, patas de gallo, padrastros, o cualquier otro rincón de mi anatomía que ignoraba con parsimonia, al no ser mencionado en las letras de las canciones o poemas.

He empezado a habitar mi cuerpo reconociendo que es de mujer, aunque no tuviera atributos sexuales femeninos o fuese poco agraciado físicamente.

He empezado a habitar mi cuerpo, desde cada átomo que pienso que soy, y no por lo que aparento. Aunque no fuese sexy, aunque no tuviera ganas de tener hijos, aunque no supiera cocinar, aunque no supiese seducir. Aunque tuviera muy desarrollada cualidades viriles tales como la independencia, la propia autonomía, la competencia o la promiscuidad.  

He empezado a habitar mi cuerpo reconociendo que también tengo terminaciones nerviosas repartidas a lo largo y ancho de mi figura que son para mi gozo y disfrute y no sólo para el de los hombres.

He empezado a habitar mi cuerpo cambiando el delantal, por el uniforme de soldado. Ya no me toca cocinar, recoger la mesa, fregar los cacharros, el ir tropezándome con las sillas, o incluso planchar los manteles.  Ahora soy un soldado a sueldo que acude a las trincheras de la sociedad de consumo, librando una batalla con la feminidad tal y como es entendida.

He empezado a habitar mi cuerpo proclamando la imperfección. Estoy a favor de hablar a destiempo, de no tener una voz dulce y suave que diga a todo que sí, de no ser sumisa. A favor de las legañas matutinas y de las de la siesta, también. De los michelines, del estar hinchada antes de la menstruación, de las mujeres que se quejan a todas horas. A favor de las frígidas, de las que tienen mostacho, de estar depilada a medias, de las que no les gusta llorar y de a las que les duele la cabeza para no hacer el amor.

He empezado a habitar mi cuerpo hoy, considerándome una persona que piensa a partes iguales, a través de sus dos hemisferios y corazón.    

Ser mujer, es habitar el cuerpo siendo una misma, aun cuando no se tenga ganas de serlo. 
He empezado a hacerlo desde hoy, porque antes me desconocía,

y ya no.


Beatriz Casaus 2013 ©


lunes, 1 de julio de 2013

Hasta aquí y Dile al amor

"Mi diagnóstico es sencillo, sé que no tengo remedio" (Julio Cortázar)

"No me tientes, que si nos tentamos no nos podremos olvidar" (Mario Benedetti)


LOS CIEGOS

Alma mía, contémplalos; son horribles de ver.
Maniquíes parecen, vagamente ridículos;
son terribles, distintos cual si fueran sonámbulos;
acuchillan al aire con miradas de sombra.

Ya la chispa divina desertó de sus ojos, 
que parecen mirar a lo lejos, alzados
hacia el cielo; jamás les veréis inclinar
la pesada cabeza soñadora hacia el suelo.

Atraviesan así la negrura sin límites,
que se hermana al silencio que es eterno. ¡Oh, ciudad!
Ríes, cantas y bramas siempre en torno a nosotros,

insaciable de goce y capaz de lo atroz,
pero mientras, me arrastro, tan ausente como ellos, 
y pregunto: ¿Qué buscan en el cielo esos ciegos?

(Charles Baudelaire)


Hasta aquí

Hasta aquí hemos llegado.
Hasta aquí.
Hasta cerrar los ojos
al compás de cada sílaba
entonada con tu nombre.
Hasta quererte a gritos en secreto,
para no molestar
a los que no saben querer.
Hasta demostrarte
que cogerte de la mano
es mi mayor privilegio.
Hasta que me besas
como hace el viento
cuando acaricia
suavemente mi cuerpo.
Hasta cuando me sales de la boca
sin yo pretenderlo.
Hasta que me dejes de mirar así,
como si me conocieras desde hace tiempo.
Hasta que dejasen de contar como mito
que el placer dura milenios.
Hasta que tus hechos me hablasen tanto
como hacen tus silencios.
Hasta sentirme iluminada,
porque encendiste la luz
que todos llevamos dentro.
Hasta contar,
que ansío el cansancio para descansar contigo
y envidio a aquellos que pierden la memoria
porque se pueden olvidar de ti
y yo no puedo.
Hasta aquí hemos llegado,
compañero.
Donde el agua brota dulce y alegre al llorar,
y los espejos son puertas que los ojos
no pueden abrir,
engañados por el reflejo.

Hasta este preciso lugar,
donde hay dicha, sueños
y reposo a tu lado.
Porque más lejos no se puede llegar,
hasta aquí hemos llegado.

(Ni existe un sitio mejor).

Beatriz Casaus 2013 ©


Dile al amor

Dile al amor que me deje, que me ha hecho mucho daño.
Dice el amor que él no hace daño, al contrario, todo lo cura.
Dile al amor que no sea tan ñoño y se dedique a sus asuntos.
Dice el amor que sus asuntos los comparte. Que él comparte todo.
Dile al amor que comparta otra cosa, que sólo de amor uno se muere de hambre.
Dice el amor que no le escuchas, y que por eso estás malhumorado todo el tiempo.
Dile al amor que se fije en otro.
Dice el amor que él no elige, que ocurre de forma indeterminada y por azar.
Dile que deje de pretender ser lo más importante.
Dice el amor que si no fuera por él no habría nada.
Dile al amor que es un ególatra. Que me deje en paz.
Dice el amor que si quieres se va y no volverá.
Dile al amor que se vaya, ¡no! ¡Espera un momento! ¿Ya se ha ido? ¡Dile que le necesito! ¡Que vuelva!, que sin él no soy nada, que me siento solo, que no concibo un mundo sin él ¡que vuelva!
Dice el amor que volverá, pero que cambiará tu percepción sobre él a su vuelta. Sólo se habrá ido la parte que creías haber conocido de él.
Dile al amor que no quiero un romance, ¡que lo quiero todo!.
Dice el amor que hables con él directamente.
Dile al amor que no me atrevo.
Dice el amor que eres idiota, que ya lo estás haciendo.
Dile al amor que con él la vida es mucho más fácil y que aún en lo difícil, por él merece la pena.
Dice el amor que cuando habléis le invites a algo, que le cansas.
Dile al amor que lo que él quiera pero que vuelva.
Dice el amor que muchos predican con su nombre sin tener razón, que si se actúa desde él no se necesita proclamar, que mucha gente se confunde  y que por eso me necesita de intermediario.
¿Quién eres tú?
Tu corazón.
Pues dile tú, que sabes mucho más de esto que yo, que me libere de mí mismo, de quien habla en este momento.
¿Y cómo he de llamarte para referirme a ti?
Tu miedo.
Entonces ya quedas liberado, no hay necesidad de hablar con él.
¿Así de sencillo?¿Por qué?
En el momento en que te pronuncias a ti mismo y sales a la luz, quedas libre.
Por si acaso, dile al amor que me acuerdo mucho de él.

Beatriz Casaus 2013 ©


sábado, 22 de junio de 2013

El valor de la elegancia

“El bruto se cubre, el rico se adorna, el fatuo se disfraza, el elegante se viste” (Honoré de Balzac).

Si hay algo que he buscado siempre y he valorado entre las personas que he conocido o en mí misma, ha sido  entre cosas, la elegancia. No soy la más adecuada para hablar sobre ello, pero me atrevo a hacerlo porque desde mi humilde opinión le atribuyo una gran importancia que quiero compartir. Todo ello lo hago desde mi punto de vista y según como yo la entiendo, por lo que pido encarecidamente que no se tome lo que digo a pies puntillas pues no soy ni mucho menos una experta en el tema, esta es mi simple opinión personal.

 La elegancia no es una doctrina que sigue la filosofía de los gurús de revistas de moda ni mucho menos, incluso si así se hiciera no serviría para nada, porque debe tener un sello personal único que se debe notar más allá de la vestimenta por cara o exclusiva que sea. Se trata más bien del acto más puro y afín con uno mismo que alguien puede manifestar a nivel exterior, pues es un simple reflejo de lo que hay en el interior de cada cual, una exteriorización de la delicadeza y gracia que todas las personas poseen pero que tan sólo unos pocos saben demostrarla y que es tan bello observar, porque la elegancia va de la mano de la belleza y el atractivo personal.

La elegancia tiene que ver con la actitud, con los comportamientos que se demuestran con compostura y que van más allá de un protocolo social aprendido. Por lo tanto, es un modo de ser y de estar armonioso, que se manifiesta mediante la nobleza de espíritu, la sencillez, el respeto a los demás, la naturalidad y el buen gusto.  Su opuesto sería lo cutre, zafio o lo vulgar. Todo lo obvio y desproporcionado es vulgar. La elegancia está más bien ligada con el término medio, el que tanto anhelan los budistas o con la proporción equilibrada que buscaban los griegos o con “la virtud”, a la que apelaba Sócrates. Tiene que ver con la medida justa, con la proporción correcta, ya sea en palabras, actitudes o aspecto físico.

Está compuesta de adaptabilidad, estética, buen gusto, sencillez y cultura (según mi opinión, repito). Adaptabilidad, o el saber estar, porque ser elegante es aquella persona capaz de adaptarse a cualquier circunstancia de forma armoniosa y de modo que aprenda de cada una de esas situaciones o circunstancias y deje una huella positiva allá por donde pase. Estética, tema con el que podría explayarme a nivel femenino, es la capacidad de sacarse partido de forma equilibrada. Tal y como dice la cita que encabeza este texto, sólo los que son elegantes logran hacerlo del modo correcto. Si una persona no tiene cultivado su interior y tiene un mal gusto estético, da igual que se vista con los mejores vestidos o prendas, porque no llegará a parecer distinguida. Para mí, lo principal a nivel estético para vestir en una mujer, (porque el tema masculino no lo domino tanto) es el cumplimiento de las tres “S”: Sofisticada, sexy y sencilla. En un mundo como el de hoy en día en el que ser mujer significa hacer un exhibicionismo del cuerpo a toda costa yo reniego y sin embargo apuesto por resaltar aquellos atributos de nuestra anatomía que nos hagan ser especiales, sin necesidad de enseñar. No hace falta tener una talla 36 para ser elegante vistiendo, hace falta saber combinar y saber sacarse partido de forma precisa. Conozco mujeres que en un alarde de autoestima, se enfundan en vestidos minúsculos que resaltan sus figuras redondeadas, adolescentes que acaban de descubrir la moda de los grandes almacenes y se convierten en “chonis” de barrio, o mujeres que creen que enseñar delantera es todo lo necesario para resultar atractivas, todo ello ocasiona un cierto ridículo. Cada uno tiene que descubrir cuál es su punto fuerte a nivel corporal y sacarle el debido partido, es así de sencillo. Hay que aceptarse tal y como uno es y reconocer nuestros puntos fuertes y débiles actuando en consecuencia. 
El buen gusto es un atributo que pocas personas practican. Buen gusto no significa estar rodeado de riqueza (vivienda, prendas, objetos…) sino discreción y belleza en el gusto. Menos, siempre es más. La pomposidad está reñida con el buen gusto.La sencillez, es difícil de conseguirla en un mundo en el que hay tanto de todo, las personas tendemos a acumular cosas, incluso a nivel del interior de la persona.  Acumulamos costumbres, formas de pensar, pero sobre todo, acumulamos ego. El ego no sirve para nada más que para perderse y no encontrarse. Ser sencillo es darle importancia a las cosas que de verdad la tienen. Ser llano y no sentirse superior a nadie. Tener una actitud humilde que siga el lema de que todos los seres humanos somos iguales sin importar ninguna condición. Significa aparcar el protagonismo y la soberbia, ser natural. 

Por último, la cultura es el ejercicio de la elegancia. Otorga conocimiento y da valor al arte. El arte es la expresión de la creación en las personas a la que atribuyo suma importancia. Todo aquello que haga que se nos encoja el alma, al mirarlo, al leerlo o al escucharlo,  provoca que lo queramos compartir con nuestros seres queridos porque nos ha hecho sentir bien y queremos que nuestros allegados también se sientan así. Por lo tanto, es un valor ligado a nuestra alma, y a nuestro intelecto, porque nos hace crecer y expandir nuestra mente. Es de vital importancia, no sólo a nivel personal, sino para el conjunto de la sociedad y por eso, tal y como está el actual panorama social en nuestro país en el que se están haciendo recortes en los ámbitos más importantes como son la educación, la sanidad o la cultura, deberíamos poner el grito en el cielo y frenar esta atrocidad, porque nos están privando de lo básico para que un ser humano se pueda desarrollar a todos los niveles. Es un suicidio colectivo privar a una sociedad de lo más importante, como decía Federico García Lorca en su discurso “Medio pan y un libro”: “No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos”.

Ante todo, quiero resaltar desde aquí, que el universo interior es lo más importante de la persona, por encima de su coche o de su armario y que ese universo abarca desde nuestras opiniones, nuestros criterios, hasta nuestros gustos. Mientras unos tienen pensamientos vulgares, chabacanos, groseros, a otros, sus pensamientos les llevan por ámbitos culturales y artísticos, presididos por la delicadeza y la finura de espíritu. Pensamos en función de lo que somos (elegantes o vulgares, lo siento pero así es) sin embargo, tenemos la capacidad para cambiarlo y mejorar. Podemos cambiar cómo somos si nos lo proponemos.

La elegancia siempre va unida a la sencillez, que no a la simpleza. Se trata de un acto afín con uno mismo que va desde adentro hacia afuera y que se nota sin necesidad de ser resaltado. Hay personas que por el simple hecho de estar a su lado, hacen que aprendas y que mejores, esas personas, suelen ser elegantes porque además suelen gozar de buen gusto estético, por lo que es un placer observarlas y estar con ellas. Espero que cultivéis vuestro interior, como yo lo intento leyendo, escuchando, aprendiendo, porque no es más que lo que los demás vamos a observar desde fuera. Os envío un abrazo inmenso y espero no haber resultado pedante.


Beatriz Casaus 2013 ©


sábado, 15 de junio de 2013

Pisar el suelo de las nubes

 Fragmento de una de las cartas que Néstor Paz le escribió cuando estaba en la selva a su mujer Cecilia: "Ninguna muerte es inútil si la ha precedido una vida dedicada a otros, una vida en que hemos buscado sentido y valores. Te beso tiernamente, te tomo entre mis brazos…".

"La mayoría de las personas buscan la experiencia de estar vivos, pero sólo unos pocos se atreven a buscar el sentido de la misma"(No sé exactamente quién lo dijo, pero era algo más o menos parecido y que guardo en mi memoria desde que lo oí...)


Pisar el suelo de las nubes

Varada a un destino ficticio,

velaba, sin ton ni son
por aquellos que aún lloraban
sin consuelo en el fragor de la batalla.
Ahora se le antojaban pequeños
los brazos que le dieron cobijo,
la querencia a la culpa
la tediosa inseguridad.
No los necesitaba más a su lado,
los había cambiado por el amor
que le susurraba amistosamente,
con un dulce lenguaje que llevaba
tatuado como himno en su alma.
Un vendaval se había desatado
desde su ventana
sin darla el tiempo preciso
para huir, desplegando la futilidad de unas alas
ancladas a la espalda,
como sus pensamientos lo estaban a su mente.
Se desató de lo conocido
y se desprendió del mayor peso 
para poder volar,
de sí misma.
Así, voló, voló como hacía ella en sus sueños,
de forma ineluctable,
emprendiendo un ascenso limpio, largo y recto
hasta llegar tan alto como las infinitas
connotaciones de una palabra pueden llegar.
Se estableció en las nubes,
que no eran escurridizas y etéreas
como durante tanto tiempo había creído,
sino contundentes y tan reales
como la luz o el silencio.
La piel del viento las daba forma.
Allí la justicia no se arrepentía
de sus decisiones,
ni la vida se resistía al giro
de las horas de la tierra.
Los sentimientos flotaban
y como no había nada,
tampoco había sombra.
Su efervescencia mística se hizo fuerte,
resultando rimbombante a un mundo
en el que entre suspiro y suspiro,
la gente envejecía.
Pronto el cielo no era oscuro
por las noches y florecían
las semillas más hermosas,
las de las ilusiones,
que se guardaban en el pecho
para que creciesen a sus anchas,
porque un corazón encomendado al amor
es más grande que cualquier otro,
y esperaría con la paciencia que queda
sin el paso del tiempo
hasta el día en el que todos pudieran
pisar ese mismo suelo,
o hasta que la mayoría aceptase
la realidad tal cual es,
una simple visión
desde donde uno elige estar.



Beatriz Casaus 2013 ©