martes, 11 de febrero de 2025

Somos polvo de estrellas

“Somos el medio para que el Cosmos se conozca a sí mismo” (Carl Sagan)


 Lo más importante que la mayoría de nosotros no conoce del universo y que deberíamos entender para tener un concepto totalmente diferente acerca de nosotros mismos y de nuestra naturaleza es el conocimiento de que en realidad, somos polvo de estrellas. Y no lo digo yo de forma poética, sino Margaret Burbidge, la reconocida y galardonada astrofísica británica aunque no muy conocida entre el gran público, quien decía “estamos hechos de polvo de estrellas” y así lo demostraba en uno de los artículos científicos más relevantes del S. XX, donde argumentó que el origen de los elementos que componen nuestro cuerpo y el universo provienen de las reacciones que tienen lugar dentro de las estrellas, conocido a nivel científico como “nucleosíntesis estelar”.

Pero no solo Margaret, sino otras figuras de renombre como la también científica Ashley King, decía que "es totalmente cierto que casi todos los elementos del cuerpo humano se formaron en una estrella y muchos se han creado a través de varias supernovas", así también como el archiconocido astrónomo y cosmólogo, Carl Sagan, quien decía “es cierto, realmente todos estamos hechos de polvo de estrellas y no solo los seres humanos, sino que nuestro planeta y las cosas que hay en él no existirían si no fuera por las estrellas”.

Este artículo que salió a la luz en 1957 con Margaret a la cabeza demostraba que la mayoría de los elementos que componen el cuerpo humano, y casi todo lo que nos rodea, se han formado en procesos estelares. Se formaron en una estrella o en varias supernovas (inmensas explosiones que esparcen los elementos creados por el cosmos), por lo que las estrellas y supernovas son las fábricas de los elementos químicos. Cuando las primeras estrellas murieron expulsaron todos los elementos que habían creado y los liberaron al cosmos, sembrando polvo estelar para formar la nueva generación de estrellas.

Nuestro ADN está compuesto de carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno y fósforo y todos estos elementos fueron creados hace miles de años en procesos estelares. Fueron producidos por las estrellas y liberados en el cosmos cuando las estrellas murieron y se produjeron supernovas. Por lo tanto, no es fantasía decir que nuestros átomos están hechos de polvo de estrellas.

Esta información con evidencia científica cambia nuestra visión de nosotros mismos, separados del cosmos, sino formando parte de él. Somos un todo unido, tal y como apuntaba Carl Sagan, conociéndose a sí mismo a través de nosotros. Por lo que formamos parte de su evolución y somos importantes en su desarrollo. Ahora deberíamos observarnos como parte activa del universo y no como una parte insignificante fuera de él.  El Universo está vivo dentro de cada uno de nosotros y eso nos debería hacer sentir grandes, no de forma egocéntrica, sino siendo conscientes de que formamos parte de algo mucho mayor.

Somos polvo de estrellas, no metafóricamente sino literalmente. Es importante reconocer eso.

¡Abrazón! 

 

Beatriz Casaus 2025 ©



viernes, 31 de enero de 2025

El poder de los abrazos

“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.” (El principito, Antoine de Saint-Exupéry)

 

Soy una persona a la que le gusta dar abrazos de corazón. Y si son de esos que duran, mejor. De los que nutren. Los valoro mucho por lo beneficiosos que son y sin embargo no somos conscientes de esos beneficios, ni se nos habla acerca de ello.

Durante el acto de abrazar, se estabiliza la energía del campo electromagnético que está desbalanceada o bloqueada. Según el científico Gregg Braden, quien ha comprobado a través de sus experimentos científicos que el corazón emite una frecuencia con fotones de luz, se ha podido cuantificar científicamente que algunas personas emiten frecuencias de hasta cinco metros de distancia.

Esos fotones son información que se emite de las emociones y sentimientos, así que cuando dos personas están abrazadas, en ese momento se da una interconexión de esos fotones, de esa información. Y es en esa interacción cuando se produce un equilibrio y se nivelan las energías.

El corazón es el órgano que emite más energía electromagnética del cuerpo humano, y existen, para asombro de muchos, neuronas del corazón.

Por ello, tendríamos que aprender a pensar con el corazón y a cambiar del paradigma de la mente al del corazón, pues tiene un campo electromagnético que es unas cinco mil veces más potente que el del cerebro.

Abrazar es una forma sencilla de comunicarnos con nuestro corazón y con el de la otra persona, es un ejercicio que nos conecta y que además hace sentir bien de forma instantánea.

Así que pues eso, ¡un fuerte abrazo!

 

Aquí dejo mi particular visión de lo que significan para mí:

 

El camino del abrazo


El abrazo es el camino que acorta

la separación entre dos personas,

permanece intacto en nuestra memoria

y eterno en nuestros corazones.

Es mágico.

Es la pomada para un alma rota.

El alivio para el que padece.

La expresión más elevada del aprecio.

Es la ofrenda más bonita y desinteresada.

El remedio más curativo que existe.

Sacia la necesidad de afecto 

y calma la soledad.

El anhelo materializado de la unión entre dos seres.

La distancia más cercana entre dos personas.

Se trata, de la expresión física del amor en este mundo.

Es el contacto directo de dos corazones

en esa simbiosis en la que se juntan por un instante,

se produce el gozo

y la dicha del reconocimiento mutuo.

Deja una huella imborrable en nuestro interior.

Es el camino más rápido hacia nuestro corazón

y al de la otra persona.

Es el arreglo inmediato del malestar

y equilibrador de las emociones.

Aquieta la mente, repara heridas, arropa con calidez,

no tiene ninguna contraindicación.

En el instante en el que se produce un abrazo,

el mundo se reinicia.

Todo alrededor para, se calla.  

Es lo más sagrado y a la vez lo más fácil que podemos brindar.

Está al alcance de nuestros brazos y manos.

Dar un abrazo es un acto de bondad,

de generosidad.

Nos inunda colmando de ternura, de cariño.

Es un gesto de apoyo y fraternidad.

Nos recuerda que aunque demos un abrazo,

en realidad es recíproco,

porque también somos abrazados.

Se necesitan dos personas para hacerlo posible.

Es altamente satisfactorio para quien lo da

como para quien lo recibe.

Es el recordatorio que sin el “TÚ”

no puede medrar el “YO”.

Necesitamos del otro para poder expresar y recibir amor.

Gracias al otro, lo experimentamos.  

Es expandir el pecho y estirar los brazos para recibir.

Abrazar es dar,

al otro y a nosotros mismos.

Es no temer, en el abrazo llega el olvido de todo lo que no es

para recibir lo único que importa.

Abrazar es el homenaje a nuestra verdadera naturaleza,

la que reside en la entrega.

No habría sentido sin abrazos.

Aunque a veces

los hayamos olvidado.


Tendríamos que abrazarnos más.

 

 

Beatriz Casaus 2025 ©



lunes, 27 de enero de 2025

Decálogo para dejar de ser una "people pleaser"

 “En ocasiones las personas más lastimadas, son las más bondadosas. Quizás un corazón herido entiende, cómo no causar dolor en los otros”. (Charles Chaplin)


Antes me sentía mal por no ser como los demás. Intentaba encajar en ambientes que no eran los que me gustaban y con personas que no eran como yo. Me forzaba a mí misma y me reprendía por ello, pero eso me generaba rechazo a muchos niveles y la mayor pérdida posible, la de mí misma.

Me perdí intentando agradar a los demás y olvidé quién era yo, buscando aprobación exterior. No escuchaba mi propia voz y permanecía callada para agradar y ser aceptada. Y en realidad, la culpa no era de ellos, ni de nadie, pero la única responsable en permitir aquello era yo. Pues La primera persona que se trataba mal a sí misma estaba siendo yo. Me boicoteaba. Era una “people pleaser” en toda regla.

Pero un día no sé cuándo exactamente, me empecé a ver a mí. Con los años y terapia aprendí a darme mi espacio, a ponerme en primer lugar y a aceptar que hacer eso no me hacía ni egoísta ni peor persona, sino que era lo sano y natural.

Me di cuenta de que mi valor era el mismo que el del otro y por lo tanto merecía el mismo respeto por mi parte.

Ahora encuentro una satisfacción inmensa en decir NO y en hacer lo que siento y lo que quiero y no lo que los demás quieren o esperan de mí. Intentando no hacer daño, claro, aunque a veces se haga sin querer.

Dar a los demás está bien, pero darse a uno mismo, es igual de importante. Las personas “dadoras” estamos en muchas ocasiones descompensadas en nuestras relaciones personales, y solemos atraer a personas que se aprovechan de nuestra falta de límites. Por eso es importante reconocerlo y gestionarlo.

Ahora lo que valoro es la autenticidad y esa individualidad que nos hace únicos y diferentes del resto, sobre todo cuando la gran mayoría tiene poca conciencia del otro y busca su única satisfacción personal.

Poca gente busca activamente ser mejor persona, la mayoría solo busca complacer sus intereses particulares y tiene una gran conciencia de su "yo". Hay pocas personas que piensan en los demás, que escuchan, que pidan perdón, que sean amables, empáticos y que intenten aprender de sus errores.

Hay incluso, algunas personas, que simplemente están en nuestras vidas para enseñarnos a no ser como ellos. Esa es su labor por alguna razón que desconocemos y lo importante es agradecérselo en silencio pero seguir adelante sin ellas.

Atreverse a ser uno mismo y aceptarse tal cual uno es, puede ser un trabajo que lleve toda la vida o que se nazca con ello. Pero lo importante es hacerlo. Sobre todo respetarse a uno mismo. Convertirte en la persona que te gustaría conocer. En alguien a quien admirarías. 

Comparto esto no solo como proceso catártico para mí, sino para dar esperanza. Del boicot a uno mismo, también se sale.

Fuerza para todos aquellos que tienen un día malo, para los que sufren en entornos en los que no encajan, en ambientes que no sienten como suyos o marcados por la tensión cotidiana. Aguantando situaciones difíciles con personas abusadoras. Para todos aquellos, vosotros sois importantes y valéis la pena. Merecéis lo mejor y todo lo bueno. ¡Un abrazo inmenso!


Beatriz Casaus 2025 ©



jueves, 16 de enero de 2025

Apreciemos el brillo ajeno

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde los ladrones minan y hurtan; sino haceos, tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde los ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:19)


 

La envidia nunca la he trabajado. Es un sentimiento pueril que no experimento ni he experimentado por mucho que cueste creerlo. Sin embargo es un hábito muy practicado por el ser humano formando parte incluso, de uno de los pecados capitales. Así que no es baladí ni estamos hablando de cualquier cosa, sino que es uno de los mayores agujeros negros en los que se puede caer y que hace bajar directamente al abismo del inframundo humano.  

Es un sentimiento muy negativo que no lleva a nada bueno y de una vibración muy baja que puede hacernos atraer circunstancias poco positivas a nuestras vidas. Por eso es sumamente importante tener y hacer limpieza mental. Cuidar muy mucho aquello que pensamos y sentimos y si no son sentimientos ni pensamientos elevados, es mejor soltarlos, porque el único perjudicado es uno mismo.

Yo cuido mucho mis pensamientos y me intento mantener limpia. Así como cuido y limpio mi cuerpo físico, cuido y limpio mi mente a diario. Soy muy consciente de que somos energía y que nuestra vibración depende de aquello en lo que ponemos nuestra atención, por lo que más nos vale cuidarla y mantenerla alta.

Hay personas tan pobres, que solo tienen dinero y que envidian la luz de otras personas. Esa luz o brillo, no se puede comprar ni con todo el oro del mundo y eso les debe frustrar. Como bien apunta el versículo del Evangelio de San Mateo, “pon tus tesoros en tu corazón, donde los ladrones no entren y roben”, es mejor dedicarnos a cultivar esos tesoros internos en vez de dedicarnos a mandar malas energías a otros. Porque al final, todo se devuelve.

Dejemos que cada uno sea como sea y alegrémonos por ello. Como decía María Teresa de Calcuta, “en el nivel del espíritu todos somos hermanos”, y a un hermano no se le puede envidiar, sino querer. (Como apunte personal, decir, que estoy muy orgullosa de que una de las mayores bendiciones de mi vida sean mis hermanos de sangre, jeje)

No me he librado sin embargo de experimentar otro sentimiento bajo como es, por ejemplo los celos, aunque gracias a Dios me he trabajado bastante como para superar esa herida. En realidad todos la tenemos, pero no todos se hacen cargo de ella y es bastante nocivo como para no hacerlo. No obstante en el caso de la envidia, no lo concibo. No vivo en competencia con nadie y me alegro del bien ajeno, es más, lo celebro.

Reconozco lo bueno de las personas y no tengo ningún interés en conseguir lo que alguien tenga, verdaderamente me da exactamente igual, sobre todo teniendo en cuenta que mis tesoros intento guardarlos en mi corazón y no depositarlos en bienes materiales. No tengo codicia y mi ambición está inclinada hacia lo espiritual o artístico.

Si alguien es mejor que yo en algo, me alegro y se lo digo. No tengo reparo en manifestar una obviedad que considero bueno resaltar para darle valor. Siempre es acertado decir un comentario positivo a alguien, le puedes alegrar el día, en vez de hacer un comentario negativo que en el fondo esconde envidia.

Hay una frase que dice que es de ser inteligente rodearse de personas más inteligentes que uno y eso lo aplico en mi vida totalmente. Me encanta rodearme de gente mucho más inteligente que yo de la que poder aprender. Pues siempre van a aportar algo positivo. Y eso es en lo que hay que enfocarse, en crecer como persona y en convertirnos cada día en nuestra mejor versión. Si todos nos enfocáramos en eso estoy segura de que la envidia desaparecería porque estaríamos más preocupados en otros menesteres que dan mucho más sentido a nuestras vidas. Si nos enfocáramos en ser mejor personas, otro gallo cantaría.  

Lo que sí me ha pasado a lo largo de mi vida, es que he sufrido mucho esto. Es decir, he sufrido la envidia siempre. Me considero una persona absolutamente normal, por lo que no entiendo que me pase, pero sí creo que quizá sea un poco más original y alegre que la media, y eso, en ocasiones, me ha generado estar rodeada de esto, sobre todo de parte de las mujeres. Lo siento profundamente, porque en realidad, tienen un corazón precioso que debería ser su foco de atención y no el ajeno. 

Mi forma de combatir esto es ignorando y siguiendo, siendo yo misma. Al fin y al cabo, el problema no es mío. Siento que convivan con ese sentimiento destructivo. Por mi parte me enfoco en ser feliz y en dar siempre lo mejor de mí. Y cuando veo que no puedo dar lo mejor de mí, me aparto. Así de sencillo. Apartarse de personas así es cuidarse a uno mismo. Es salvaguardar nuestra salud mental. 

Deseo que os liberéis de esa carga pesada que son los sentimientos bajos y cultivéis en la medida de la posible, los mejores sentimientos, que se reconocen fácilmente porque son aquellos que nos hacen sentir bien. Todo en la vida es una elección y nosotros somos los máximos responsables de cómo nos tomamos y vivimos las cosas. Intentemos elegir aquello que nos eleva.

Un fuerte abrazo y a los que envidian, uno aún más fuerte, porque son quienes más los necesitan.  

 

Beatriz Casaus 2025 ©



sábado, 11 de enero de 2025

Mi sueño más bonito



 “Dada la inmensidad del tiempo y la inmensidad del universo, es un placer inmenso para mí compartir un planeta y un tiempo contigo.” (Carl Sagan) 

(Foto del viaje a Málaga-Córdoba de hace unos días 🤩)

A continuación una poesía, la primera de este estrenado nuevo año, reflejo de la entrada de Venus en Piscis. 😅


El amor vive mucho más allá de mí 

me envuelve y me penetra ligero sin inmutarse, 

me trasciende. 

Viaja más rápido que mi pensamiento 

y llega mucho más lejos

de lo que mis pies podrían alguna vez caminar. 

Es más poderoso que aquello 

que la mente imagina 

y aunque nunca lo logre entender, 

no podría vivir sin él 

ni en un milésima de un segundo 

calculado por los límites del tiempo. 

Pues el amor no conoce el tiempo. 

Ni el espacio. 

No conoce ningún límite humano. 

Es aquello que hay detrás del límite. 

Ni siquiera un ápice 

de toda su magnificencia podría saborear, 

y aún así, 

en ese pequeño frasco 

que se me antoja conocer de él, 

me ahogo. 

Me pierdo porque me supera en escala y forma. 

Es el dueño de todas 

y sin embargo no reside en ninguna en concreto. 

Me olvido, 

porque me inundo 

con esa diminuta parte del todo. 

Siempre he sido amante 

de lo chiquitito, 

de lo poco que podemos llegar a comprender 

la inmensidad del infinito. 

Me siento inútil ante lo inabarcable, 

lo escurridizo que es entre mis dedos 

el término incondicional. 

Y aun así, 

tal vez gracias a esa insignificancia 

algún día sin pretenderlo 

y sin que importe mucho, 

me funda en él. 


Ese es mi sueño más bonito.


Beatriz Casaus 2025 ©



viernes, 20 de diciembre de 2024

Que levante la mano quien crea en Dios


 "Mi religión es simple, mi religión es la amabilidad." (Dalai Lama)

"Dios no creó el mal. El mal es el resultado de la ausencia de Dios en los corazones humanos." (Albert Einstein)


Desde que tengo uso de conciencia, tengo la sensación de saber en mi fuero interno que Dios existe. De sentirme acompañada y de percibir que está conmigo siempre. Me refiero a cuando era muy pequeña, quizá con 4 ó 5 años. Recuerdo tener la total certeza de este hecho y de incluso dirigirme hacia él, hablándole, sabiendo que me escuchaba.

A medida que fui creciendo no he perdido esa sensación, sino todo lo contrario. Es algo con lo que camino todos los días de mi vida y en lo que pongo mi foco porque es lo que verdaderamente me importa en esta vida. Pero debido a esto, he tenido algunos “incidentes” puntuales, por llamarlo así.

 Personas que no entendían que tuviera tan desarrollado la parte espiritual, discusiones con parejas que eran ateos, personas religiosas que no concebían mi forma de creer en Dios, profesores que me ponían en evidencia delante de los demás, juicios a mi inteligencia o burlas por mi credulidad. Sin embargo grandes personalidades tanto de la ciencia como de la cultura han creído en Dios: Albert Einstein, Isaac Newton, Kepler, Descartes, Antonio Machado, Walt Whitman, San Agustín, San Juan de la Cruz, Spinoza, Mendel, Galileo, Michael Jackson, Ayrton Senna, Facundo Cabral… por citar algunos.

 Desde pequeña tenía mi propia versión de lo que es Dios. Le sentía como el amor más cálido y reconfortante que existe y no como un Dios castigador que se enfadaba por los errores humanos y nos enviaba al infierno tal y como predicaba la iglesia católica. A los 9 años, recuerdo estar en clase y que la profesora preguntara a todos si creíamos en Dios, así que yo alcé la mano para pronunciar una frase que le enfadó tremendamente. Dije: “En realidad, para mí todos somos dioses”. Y me expliqué. Me refería a que Dios vivía en todos y cada uno de nosotros y que al estar en nosotros y ser sus hijos, teníamos los mismos dones que él, porque también éramos creadores, de forma que los seres humanos no éramos marionetas de la apetencia divina, sino seres poderosos que teníamos que reclamar esa divinidad que residía en nosotros. La profesora no sabía dónde meterse, se tiró días sin hablarme y mis compañeros no tenían ni pajolera idea de lo que acababa de decir, así que se olvidaron al instante.

Años más tarde, estando en el instituto, una profesora de filosofía que ese día no estaba por la labor de trabajar preguntó con sorna quién creía en Dios. Yo nunca he escondido mis creencias, porque me parece una falta de coherencia creer en Dios y ocultarlo, así que de nuevo, alcé la mano. Solo una persona más y yo la levantamos. Estoy segura de que muchos no se atrevieron a decir que creían en Dios aunque así fuera, para evitarse el mal trago que les iba a hacer pasar la profesora. Y eso fue lo que ocurrió conmigo. Me puso en evidencia delante de todos durante la hora que duró la clase y me pidió que hiciera el ridículo representando una especie de obra de teatro. Para su asombro, representé la obra bien y se llevó un buen chasco porque todos me aplaudieron. No sabía que amo la interpretación, aunque quizá fue la ayuda divina que me echó un cable.

A lo largo de mi vida he tenido múltiples evidencias del mundo espiritual. Me han pasado muchos sucesos paranormales y otros tantos que podemos catalogar como milagrosos. Actualmente, no puedo decir que creo en Dios, sino que sé que existe. Hace unos meses se lo contaba a una amiga escéptica. Le pregunté si había estado en Nueva York y ella contestó que no. Y le dije, “¿pero tú sabes que Nueva York existe aunque no hayas estado allí?” sonrió y me dijo que sí. Eso mismo sucede con Dios. No creo que Nueva York exista, sé que existe (además he tenido la fortuna de conocer la ciudad). Así como no vemos el oxígeno que respiramos, o las ondas eléctricas que nos rodean, las bacterias o los microorganismos, o el amor que profesamos a nuestros seres queridos, no quiere decir que no existan. Existen, solo que no los percibimos con nuestros sentidos físicos. Por lo tanto, sé que existen. 

Siempre he tenido una sed inabarcable de conocer la verdad y solo las religiones responden a estas cuestiones profundas. Ello me ha llevado a tener la inquietud de aprender e investigar sobre otras culturas y religiones para saber cuál podría ser el nexo de todas ellas y así sacar alguna conclusión que me llevara a responder a mis preguntas. He aprendido mucho durante el proceso y me he llevado algo de cada una. Los indios Hopi, los mayas, la religión católica, protestante, musulmana, la cultura védica de la India, el hinduismo, el budismo, La Cábala… de todas he sacado algo valioso y me han aportado conocimiento. También me han llevado a la confusión y por ello, me he dado cuenta de que el acceso hacia la divinidad está dentro de cada uno. El corazón es la fuente de ese acceso. Y Jesús, es el camino directo. 

Por último, quería compartir lo importante que ha sido para mí en periodos específicos de mi vida en los que he atravesado momentos difíciles, el aferrarme a Dios y en confiar en él. Orar y rezar tiene un gran poder. No sabemos cuánto. 

Para mí, los salmos más poderosos de la Biblia son los Salmos 23 y 91. Son las dos oraciones más potentes que hay. Os los recomiendo para cualquier situación difícil. Cuando estuve muy malita en 2020, (desde marzo hasta finales de mayo) la vida me presentó la oportunidad de encarar mis mayores miedos (a la muerte, la de mis seres queridos, a la enfermedad, a morir sola y a la soledad) Cada día, recitaba el Salmo 23 de la Biblia. Me lo aprendí de memoria de tanto repetirlo. Y no solo fue mi consuelo, sino que me sucedieron tantos fenómenos milagrosos, que tengo la seguridad de que fui asistida y ayudada para atravesar ese proceso. Tanto es así, que gracias a esa prueba, puedo decir que he trascendido esos miedos y que he crecido exponencialmente en ese sentido. Me sucedieron los eventos más bellos de mi vida durante el periodo más duro. Todo tiene una razón y un sentido aunque en el momento no lo veamos.

También tengo una anécdota con el Salmo 91. Del otro día sin ir más lejos. Me sucedió algo que nunca me había pasado: tuve un terror nocturno. Me desperté sudando, con el corazón a mil pulsaciones y gritando con toda la intensidad posible. (Estoy viviendo momentos de estrés altos y entiendo que debió de manifestarse de ese modo) No voy a contar lo que vi en ese terror, pero ha sido lo más terrorífico que he vivido. Al despertarme, y ser tranquilizada por Alber, mi pareja, me puse a rezar y a pedir la asistencia de Jesús y del Arcángel San Miguel (conocido por ser el guerrero celestial y capaz de cortar con su espada azul de fuego, toda energía o presencia negativa). Enseguida me relajé y gracias a Dios (nunca mejor dicho) no me ha vuelto a suceder. Pero lo mejor de todo, y por eso es por lo que cuento esta historia, es que esa misma noche, antes de volver a quedarme dormida, estaba entretenida mirando Instagram y justo me apareció un “reel” en el que un hombre hablaba del Salmo 91. Así que busqué en internet el Salmo (hacía años lo había leído pero no lo recordaba) y cuál fue mi sorpresa, cuando en uno de sus versos decía que si confío en Dios, “no temerás a los terrores nocturnos”. Otra prueba irrefutable para mí de que Dios siempre ayuda y asiste en cuanto se le pide. ¿Coincidencia? hay una probabilidad muy baja de que así fuera. A las coincidencias yo las llamo "diosidencias", me parece un término más acertado :P

No sé explicar con rigor científico qué es Dios. Aunque estoy segura que en algún momento lleguemos como sociedad a ese punto. Se le han dado muchos nombres a lo largo de la historia, así como diferentes características y atributos. Pero lo que sí sé es que vivimos en él y a través de él. Es como el pez que se pregunta dónde está el agua, cuando vive en ella pero no la ve. Es la causa primera, la conciencia primigenia y cuántica, el amor más puro, la luz más prístina, el alfa y el omega, el Todo. Vivimos en un cuerpo físico que tiene una mente y nos creemos que solo somos eso, cuando en realidad somos conciencia y alma que se experimenta a sí misma en este traje que es lo que dejamos cuando retornamos a casa. Somos seres espirituales teniendo una experiencia física, así que, hagamos que valga la pena.


¡Un súper abracito y Feliz Navidad!


Beatriz Casaus 2024 ©






jueves, 12 de diciembre de 2024

Día internacional de las montañas

“No me siento particularmente orgulloso de mí mismo. Pero cuando camino solo por el bosque o me acuesto en los prados, todo está bien.” (Franz Kafka)

 


Ayer fue el día internacional de las montañas. Las montañas tienen ese mágico poder de hacerte sentir bien inmediatamente. No solo son un remanso de paz donde olvidarse del mundanal ruido en el que estamos inmersos y acostumbrados a vivir, sino que es un lugar que relaja de forma instantánea aportando otra perspectiva. 

Es cierto que requieren el esfuerzo físico para poder acceder a ellas a través de la ruta que te lleve a conseguir las mejores vistas, pero una vez logrado, merece la pena y la recompensa reconforta el alma como pocas cosas lo hacen. No pain, no gain!

Allí arriba se acaban todas las tonterías relacionadas con las ciudades. La identidad asociada al ego, la forma en la que nos vemos a nosotros mismos, los juicios que emitimos tanto a nosotros como a las situaciones y a los demás… pues todos, todos somos iguales en las alturas. Allí todos son montañeros practicando el compañerismo, con el único objetivo de ayudarnos unos a otros para lograr que todos lleguemos a la cima. Sin importar nada más. Es un sitio donde sientes que conectas con las personas de forma genuina, porque su atención en ese lugar no está en las preocupaciones mundanas, sino en otros menesteres de supervivencia. 

La montaña y la naturaleza en general, nos ofrece ese regalo que todos podemos disfrutar. Es un gozo absoluto no solo para los sentidos, sino para el espacio que ahonda dentro de nosotros, porque nos ayuda a volver al corazón. El término recordar, proviene del latín “re-cordis”. En el que “re” significa volver y “cordis” corazón, por lo que recordar significa volver a pasar al corazón. Volver al corazón. Reconectar con nuestra verdadera esencia, tanto tiempo olvidada en nuestro ajetreado día a día.

El corazón es el único órgano humano que emite señales electromagnéticas. Es el camino directo que nos conecta con el universo. Sitios como las montañas, te devuelven a ese lugar dentro de cada uno en los que volvemos a recordar quiénes somos.

Tengo la inmensa fortuna de escaparme de vez en cuando con mi pareja a recorrer las alturas y aunque él no es muy consciente de todo este tema profundo que acabo de comentar, al menos es un gran conocedor de todos los peligros y el riesgo que conlleva la montaña. Además de ser un maravilloso capataz con quien ir acompañado y de quien aprender mucho. De él he aprendido a tenerle mucho respeto y a ser muy responsable con ella, entre otras muchas cosas más. Por eso es conveniente ir siempre con personas bien preparadas que sepan cómo desenvolverse en esos bellos y grandiosos lugares, porque pueden resultar muy peligrosos. A quien le guste le aventura, como es mi caso, ese doble rasero de belleza y riesgo nos atrae como un fuerte imán.  

¡Un abracito, aventureros, y feliz día de las montañas!

 

Beatriz Casaus 2024 ©